viernes, 24 de febrero de 2017

EL ROL DE LOS PADRES EN LA EDUCACIÓN ESCOLAR

Profesionales hablan sobre los deberes y límites de los padres en el proceso enseñanza-aprendizaje.
‘Este es un trabajo en equipo donde cada miembro tiene derechos, deberes y límites’, asegura la docente María del Carmen de Brown, con referencia a la participación de los padres en la educación escolar de los hijos.

Sobre el mismo tema, la psicóloga infantil, Laura Mendieta, afirma que ‘desde la infancia el rol de los padres juega un papel sumamente importante en el aprendizaje de los hijos y esto no cambia en la etapa escolar’.
Por su parte, el estudio ‘La participación de las familias en la educación escolar’ (edición 2014), divulgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, España; y realizado por profesionales en la materia, señala que ‘existe una amplia evidencia empírica que indica que la participación de las familias en la escuela, además de constituir un derecho y un deber, aporta grandes beneficios, tanto a los estudiantes como a la escuela y a los propios padres y madres’.
Expuesto lo anterior, se hace necesario delinear las responsabilidades y límites de los padres en el proceso enseñanza-aprendizaje de sus hijos.
‘La enseñanza o preparación que los padres le dan a sus hijos para ingresar y desenvolverse en el campo escolar debe empezar desde el día uno de nacimiento del niño. Con esto me refiero a que la formación de valores y principios es lo más importante en todas las facetas de la educación’,

LAURA MENDIETA
PSICÓLOGA INFANTIL
LA EDUCACIÓN INICIA DESDE EL DÍA DEL NACIMIENTO
Mendieta explica que ‘la enseñanza o preparación que los padres le dan a sus hijos para ingresar y desenvolverse en el campo escolar debe empezar desde el día uno del nacimiento del niño. Con esto me refiero a que la formación de valores y principios es lo más importante en todas las facetas de la educación’. Añade que ‘los docentes intervienen de manera temporal, por lo que conviene aliarse con ellos y no ser sus enemigos’.
También es responsabilidad de los padres, agrega la psicóloga, fortalecer la autoestima de sus hijos. Brindarle afecto, felicitarlos frente a buenos resultados, apoyarlos cuando no se obtienen los deseadod y frecuentemente motivarlos a superarse así mismos.
Considera Mendieta, que ‘los padres, deben sacar algún tiempo del día para involucrarse en los deberes escolares de sus hijos, aún cuando designen la labor de revisar y apoyar en tareas a otra persona. Con esto demuestran interés por sus hijos, a pesar de la falta de tiempo que tengan.
Mientras que Brown indica que ‘si no hay un adulto pendiente de los deberes escolares del menor el proceso de enseñanza-aprendizaje se complica’.
UN TRABAJO EN EQUIPO
‘Este es un trabajo en equipo donde cada miembro tiene derechos, deberes y límites. Los padres tiene derecho de obtener información en cuanto al docente, plantel y sobre todo sus hijos. Pero con estos derechos viene el deber de velar en casa porque el proceso de enseñanza-aprendizaje se cumpla. Nosotros damos las bases y ellos deben reforzar en el hogar’, señala Brown.
Según explica la docente, uno de los errores cometidos frecuentemente por los padres, es tomar ‘actitud de rival’ frente a los docentes por algún desacuerdo.
‘Lo mejor es aliarse al maestro. Hay que saber exponer nuestro descontento sin llegar a caer en desafíos de autoridad’, dice Brown. Añade que ‘siempre existirán desacuerdo si tomamos en cuenta que regularmente los padres desean que a sus hijos les vaya muy bien, pero lo más importante es tratar estas diferencias de la mejor forma posible’.
Las profesionales coinciden en que debe haber un grado de independencia en el niño, ‘este grado de independencia debe ir aumentando conforme vaya creciendo. Primero se le ayuda a hacer la tarea, luego solo supervisar y por último solo revisa’, dice la psicóloga infantil.



Por: Keila E. Rojas
Fuente: http://laestrella.com.pa/vida-de-hoy/familia/padres-educacion-escolar/23987492
Continue Reading...

lunes, 20 de febrero de 2017

La hipersexualización de la sociedad: niñas sexis, infancia frágil

Los expertos aseguran que la falsa madurez y el hecho de vivir rodeado de mensajes sexuales afecta a la autoestima

Suena a hipocresía que la sociedad se lleve las manos a la cabeza cuando se plantea el debate de la sexualización cada vez más temprana de la infancia, sobre todo de las niñas. Una sociedad que dice que observa pasmada las fotos que las adolescentes y preadolescentes cuelgan en sus redes sociales, la ropa que visten, el maquillaje que aparece cada vez más pronto. Sólo con observar alrededor queda claro que los más jóvenes beben de un mundo en el que se ha producido una hipersexualización generalizada, donde la sexualidad se ha puesto en el centro con unas connotaciones muy concretas.
En los vídeos musicales, la publicidad, las series o la moda aparece en muchísimas ocasiones este telón de fondo de la hipersexualización (sobre todo de la mujer), los cuerpos como reclamo y como mercancía. En este contexto, en una cultura también muy visual, señala Begonya Enguix, antropóloga y profesora de la UOC, se añaden las redes sociales y el uso que hacen de ellas los chicos y chicas cada vez más jóvenes. Una redes sociales mediatizadas, indica, por la imagen, ya que es la imagen que se proyecta en ellas la que estructura las relaciones y la convierte en una medida del éxito.
Desde edades muy tempranas (que puede empezar incluso antes de los diez años) se atisba el peligro de crecer bajo la falsa creencia de que el éxito social está vinculado a la imagen, explica Amàlia Gordóvil, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación (UOC), y se corre el riesgo en estas edades de perder una serie de valores fundamentales como la espontaneidad, el disfrute o la creatividad. En los niños se percibe menos porque en este mundo de la infancia se trasladan también los roles de género de los adultos, pero las niñas sí que pueden acabar a la larga actuando como objetos sexuales. Es decir, indica Begonya Enguix, asumir un sistema de relaciones de género en el que ellas están para agradar al chico, al hombre.
La traslación al mundo de los más jóvenes de esta sociedad hipersexualizada afecta al desarrollo natural de las etapas de la vida, altera el crecimiento durante la infancia, indican los expertos. Las niñas sobre todo aparecen situadas en una falsa madurez que no entienden, rodeadas de mensajes de contenido sexy que puede desembocar en una falta de seguridad, en la construcción de jóvenes frágiles que se sentirán obligadas a librar una batalla con su cuerpo en busca de un ideal inexistente. La vida centrada en la mirada del otro resta autonomía personal y quemar etapas vitales para niños y niñas, recuerda Gordòvil, psicóloga en el centro GRAT, afecta a la autoestima. Y la separación entre la conducta sexual y la afectiva puede plantear en el futuro problemas relacionales.
Hablar de una sociedad hipersexualizada no es hacerlo desde la mojigatería. Se entiende que la sexualidad es libertad y es necesaria también una información sexual adecuada para los más jóvenes. Asimismo, la adolescencia tiene un pulso reivindicativo que se expresa también en las formas de vestir, un momento en el que se producen cambios físicos, la propia imagen cobra importancia y es lógico querer gustar. Pero esto no es sexualización.
La sexualización consiste, según un informe del Parlamento Europeo, en un enfoque instrumental de la persona mediante la percepción de la misma como objeto sexual al margen de su dignidad y sus aspectos personales. “La sexualización supone también la imposición de una sexualidad adulta a las niñas y los niños, que no están ni emocional, ni psicológica, ni físicamente preparados para ello”, se indica.
Precisamente el Parlamento Europeo abordó este debate hace cuatro años cuando constató con alarma el aumento del número de imágenes de niños con enfoque sexual. Los puntos trabajados en la comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad planteaban algunas reflexiones sobre las consecuencias de esta erotización, en un trabajo que abarcaba de los seis hasta los trece años. La influencia negativa de la sexualización en la autoestima, se señalaba, puede llevar a trastornos de alimentación de base psíquica. Y se alertaba, sobre todo, de que este peligro de autoobjetualización “incrementa la posibilidad de conductas agresivas hacia las niñas”. Degradar el valor de la mujer, se subrayaba, contribuye a un incremento de la violencia contra las mujeres y al refuerzo de ac­titudes y opiniones sexistas que a la larga acaban derivando en discriminación laboral, acoso ­sexual e infravaloración de sus logros.
Asimismo, se ponía el acento en el creciente número de niños y niñas que acceden a internet a edades cada vez más tempranas, lo que supone también avanzar el primer contacto con la pornografía.
En el libro American girls (2016), su autora Nancy Jo Sales explica a través del testimonio de decenas de chicas estadounidenses una sociedad en la que todas (pequeñas, jóvenes, mayores) quieren parecer hot. Y donde los sexting rings –en los que fotografías de adolescentes desnudos se comparten en amplios grupos– existen en la mayoría de institutos. Entre otras cuestiones, la autora indica que los niños estadounidenses empiezan a ver pornografía en internet a los seis años, y que la gran mayoría lo han hecho antes de cumplir los dieciocho.
La hipersexualización de la sociedad es un hecho, señala la profesora Begonya Enguix, pero también se debe remarcar que a la par crece la conciencia crítica y la denuncia. Tuvieron repercusión internacional las críticas a Vogue cuando utilizó en el 2011 a una modelo de diez años con ropa y poses de mujer adulta. Desde entonces, la publicación se comprometió a no utilizar modelos menores de dieciséis. En una escala muy distinta, hace unos días las redes reaccionaban contra un disfraz infantil de enfermera sexy que se vendió el año pasado en San Blas (Madrid).
Es evidente que no toda la sociedad compra esta hipersexualización, pero también es obvio que los mensajes se encuentran por todas partes y, por tanto, se filtran en todas las edades. En su estudio El cuerpo de las mujeres y la sobrecarga de sexualidad, la profesora de Sociología del Género (Universidad de A Coruña), Rosa Cobo Bedia, indica que el contexto en el que se produce esta hipersexualización es un “mercado libre y sin límites que ha entendido que los cuerpos de las mujeres son una mercancía de la que se extraen plusvalías necesarias para la reproducción social de los patriarcados y el capitalismo neoliberal”.
Entre otras cuestiones, Cobo indica que tras el éxito del feminismo radical en EE.UU. llegó una dura campaña antifeminista que cuajó en los años noventa con una alianza entre la reacción patriarcal y el neoliberalismo que tuvo “graves consecuencias para las mujeres” en términos de subordinación y explotación económica. Pero este discurso patriarcal, explica, no sólo reclama la vuelta de las mujeres a la vida doméstica y la exaltación de la maternidad, sino que apela también a la sexualidad femenina. Se apropia de la libertad sexual de los años 60 y 70, pero vista como un “derecho natural” de los varones. Y se rediseña así el ideal de feminidad incorporando elementos explícitos de sexualidad. Bajo el paradigma de la libertad sexual lo que se produce es una ampliación del “marco de derechos masculino”.
Cobo considera que el atractivo sexual se ha convertido en parte fundamental del nuevo modelo que se exige a adolescentes y mujeres adultas, imágenes sexualizadas que eclipsan otros tipos de representación femenina. Esta presión para que las mujeres hagan de su cuerpo y de su sexualidad el centro de su existencia se manifiesta en una cultura de la exaltación de la sexualidad, en la pornografía y en la prostitución, señala la profesora. La mujer, de nuevo, despersonalizada bajo el discurso de que la sexualización forma parte de la naturaleza femenina.
Pero esto ya no es suficiente. El dominio masculino y el neoliberalismo, indican las expertas, han puesto en el mercado los cuerpos de las niñas. Sólo cabe por tanto la reacción crítica.
La edad y las pasarelas de moda
El debate sobre la edad en la que las chicas modelos pueden subir a las pasarelas ha prendido también en el mundo de la moda y ha llevado en los últimos años a elaborar distintas recomendaciones. El CFDA (Consejo de Diseñadores Americano) aconsejó en el 2012 que la edad mínima para desfilar fuese de 16 años, un consejo que surgió después del estudio realizado por The Model Alliance. Esta plataforma surgida para reivindicar y vigilar los derechos de las jóvenes que trabajan en el mundo de la moda realizó una encuesta entre 240 modelos. Los resultados indicaron que la mayoría (un 54,7%) empezaron entre los 13 y los 16 años, mientras que un 37,3% lo hicieron entre los 17 y los 20 años. La encuesta también reveló que una mayoría de las chicas menores de 18 años nunca o casi nunca están acompañadas por los padres o algún tutor durante su trabajo.
La fundadora de The Model Alliance es la exmodelo Sara Ziff, quien conociendo por dentro la profesión decidió dar un paso al frente para denunciar una industria desregulada en la que no se tiene en cuenta el bienestar emocional de las jóvenes. Y donde, a su entender, las lucrativas carreras de unas pocas supermodelos esconde las duras condiciones económicas de las demás. Ziff denuncia que el acuerdo sobre los 16 años se rompe en muchas ocasiones.
La reflexión del Europarlamento
1. Contexto. El Parlamento Europeo abordó el debate sobre la sexualización de la infancia (sobre todo de las niñas) en el 2012. Cinco años antes lo hizo en Estados Unidos la Academia Americana de Psicología por lo que se considera un problema social que sigue vivo.
2. Violencia. Entre sus advertencias, el Parlamento indica que las manifestaciones de sexualización de las niñas, que pueden llevar a la autoobjetualización incrementan la posibilidad de conductas agresivas hacia ellas. Degradar el valor de la mujer contribuye al aumento de la violencia.
3. Definición. La sexualización no es sinónimo de sexualidad sino que debe entenderse como un enfoque instrumental de la persona mediante la percepción de la misma como objeto sexual, siendo valorada en función de su atractivo personal, Supone también la imposición de una sexualidad adulta a los niños, sobre todo a las niñas, que no están preparados ni emocional, ni psicológica ni físicamente para ello. La sexualización choca con el desarrollo natural y saludable de la sexualidad.


Fuente


Continue Reading...

domingo, 19 de febrero de 2017

“COMPRE USTED PARA SER FELIZ”

Nos bombardean constantemente a través de los medios de transmisión o medios de adoctrinamiento: compre la casa de sus sueños, el reloj que le hará sentir bien…apueste su dinero al poker on line o cómprese un coche nuevo…y así hasta un sin fin de mensajes diarios a los que todos estamos expuestos por el solo hecho de encender la televisión, abrir el periódico o navegar por la red. “Si compra mi producto usted será feliz”, parece ser la consigna, y la consigna, generalmente, es creída.

La publicidad, en efecto, nos transmite directamente un mensaje claro: “debe usted comprar mi producto”, pero asociado a esto se nos “cuelan” una serie de mensajes o supuestos que a menudo pasan inadvertidos como también sus consecuencias, supuestos que son mayoritariamente aceptados. El primero de ellos es el de la infelicidad humana. Los seres humanos somos infelices ya que nos falta algo: nos falta un producto, la mercancía que se nos anuncia. Sin él, la vida no tiene sentido. El primer supuesto es por tanto que debemos creernos infelices.
El segundo supuesto es el que ya hemos comentado, que si compramos el producto nos sentiremos mejor. Veo al señor o a la señora que aparece en el anuncio y me transmiten felicidad, tienen una sonrisa de oreja a oreja; la familia que sale en el anuncio televisivo parece feliz, con lo cual mi familia y yo también lo seremos si adquiero el producto: debo comprar.
Ya tenemos dos de los mensajes subliminales o supuestos que se nos transmite a través de la publicidad. Nos quedarían muchos más pero ahora nos ocuparemos de dos de ellos (sobre todo en los productos caros) como son el prestigio social y la envidia. Con respecto al primero se nos intenta hacer creer que el comprador del flamante coche será alguien que gozará de un prestigio social que ahora no dispone, y es que la sociedad, sí, valora a aquellos que posean riqueza y además la exhiben. El comprador del coche será admirado por los demás produciéndose un reconocimiento de su valía, de su valor: ahora es un héroe ya que ha sido protagonista de una gran gesta: comprar; ahora es alguien que puede ser feliz. Pero además será envidiado. Conducirá por las calles de su ciudad con su lujoso coche y allá donde vaya se le envidiará con lo cual el sentido de la vida del comprador cobrará toda su importancia; ¿quién no sería feliz siendo alguien valorado y envidiado?
Así, tenemos que se nos transmite el pésimo y falso mensaje de que la felicidad depende de la adquisición de productos materiales y hasta que no se consigan estos se vivirá en la infelicidad, así es que si no se dispone del suficiente dinero para consumir (superfluamente) uno tendrá la felicidad vetada. Se nos crean con todo esto unas necesidades que en realidad no tenemos, la necesidad de comprar productos porque sin ellos, así es, la vida carece de sentido. El problema es que este tipo de mensajes han calado en las distintas sociedades y de este modo se valora a las personas no por sus acciones en beneficio de las mismas sino por su capacidad de consumo. Los referentes sociales serán personas adineradas y no aquellos que están implicados en la construcción de un mundo mejor. Finalmente se llegará a la conclusión de que los que dispongan de menor capacidad de consumo deberán sentirse inferiores y los que mayores bienes materiales tengan, superiores y afortunados.
Y esta es la gran falacia y el gran engaño al que gran parte de la población se somete, el creer que nuestra felicidad depende de lo exterior y material en lugar de lo interior e inmaterial, una falacia que aparta a todo el mundo del ansiado bienestar, tanto a los consumidores irracionales que compran productos buscando la plenitud como a los que no pueden lanzarse compulsivamente a comprar y por ello creen que nunca la van a alcanzar. Y es que el anhelado bienestar depende mucho más de lo sentimental, de nuestras relaciones humanas y de la adopción de un adecuado sistema de pensamientos y valores que del conseguir un gran coche o un caro reloj abocándonos sin embargo esta última actitud a una pseudofelicidad que en realidad nos alejará de una vida plena.
No nos dejemos engañar pues por embaucadores; no otorguemos a las empresas comerciales el poder de decidir sobre nuestro bienestar presente y futuro; y, seamos en cambio, personas independientes que no se ciñen por parámetros materialistas ni consumistas ni por falsos prestigios sociales.



Por: Vicente Berenguer, asesor filosófico
vaberenguer@gmail.com


Continue Reading...

domingo, 1 de enero de 2017

LOS NIÑOS NECESITAN SER FELICES, NO SER LOS MEJORES

Vivimos en una sociedad altamente competitiva en la que parece que nada es suficiente y tenemos la sensación de que si no nos ponemos las pilas, nos quedaremos rápidamente atrás, siendo barridos por los nuevos adelantos.

Por eso, no es extraño que en las últimas décadas muchos padres hayan asumido un modelo de educación sustentado en la hiperpaternidad. Se trata de padres que desean que sus hijos estén preparados para la vida, pero no en el sentido más amplio del término sino en el más restringido: quieren que sus hijos tengan los conocimientos y las habilidades necesarias para hacerse de una buena profesión, obtener un buen trabajo y ganar lo suficiente.
Estos padres se han planteado una meta: quieren que sus hijos sean los mejores. Para lograrlo, no dudan en apuntarles en disímiles actividades extraescolares, allanarles el camino hasta límites inverosímiles y, por supuesto, empujarles al éxito a cualquier costo. Y lo peor de todo es que creen que lo hacen “por su bien”.
El principal problema de este modelo educativo es que añade una presión innecesaria sobre los pequeños, una presión que termina arrebatándoles su infancia y crea a adultos emocionalmente rotos.
LOS PELIGROS DE EMPUJAR A LOS NIÑOS AL ÉXITO
Bajo presión, la mayoría de los niños son obedientes y pueden llegar a alcanzar los resultados que sus padres les piden pero, a la larga, de esta forma solo se consigue limitar su pensamiento autónomo y las habilidades que le pueden conducir al éxito real. Si no le damos espacio y libertad para encontrar su propio camino porque le colmamos de expectativas, el niño no podrá tomar sus propias decisiones, experimentar y desarrollar su identidad.
Por eso, pretender que los niños sean los mejores encierra graves peligros:
– Genera una presión innecesaria que les arrebata su infancia. La infancia es un periodo de aprendizaje, pero también de alegría y diversión. Los niños deben aprender de manera divertida, deben equivocarse, perder el tiempo, dejar volar su imaginación y pasar tiempo con otros niños. Esperar que los niños sean “los mejores” en determinado campo, poniendo sobre ellos expectativas demasiado elevadas, solo hará que sus frágiles rodillas se dobleguen ante el peso de una presión que no necesitan. Esta forma de educar termina arrebatándoles su infancia.
– Provoca una pérdida de la motivación intrínseca y el placer. Cuando los padres se centran más en los resultados que en el esfuerzo, el niño perderá la motivación intrínseca porque comprenderá que cuenta más el resultado que el camino que ha seguido. Por tanto, aumentan las probabilidades de que cometa fraude en el colegio, por ejemplo, ya que no es tan importante lo que aprenda como la nota que consiga. De la misma manera, al centrarse en los resultados, pierde el interés por el camino, y deja de disfrutarlo.

– Planta la semilla del miedo al fracaso. El miedo al fracaso es una de las sensaciones más limitantes que podemos experimentar. Y esta sensación está íntimamente vinculada con la concepción que tengamos sobre el éxito. Por tanto, empujar a los niños desde temprano al éxito a menudo solo sirve para plantar en ellos la semilla del miedo al fracaso. Como consecuencia, es probable que estos pequeños no se conviertan en adultos independientes y emprendedores, como quieren sus padres, sino que sean personas que apuesten por lo seguro y acepten la mediocridad solo porque tienen miedo a fracasar.
– Genera una pérdida de autoestima. Muchas de las personas más exitosas, profesionalmente hablando, no son seguras de sí. De hecho, muchas supermodelos, por ejemplo, han confesado que creen que son feas o están gordas, cuando en realidad son iconos de belleza. Esto sucede porque el nivel de perfeccionismo al que siempre han estado sometidas les hace creer que nunca será suficiente y que basta el más mínimo error para que los demás las desprecien. Los niños que crecen con esta idea se convierten en adultos inseguros, con una baja autoestima, que creen que no son lo suficientemente buenos como para ser amados. Como resultado, viven pendientes de las opiniones de los demás.
¿QUÉ DEBE SABER REALMENTE UN NIÑO?
Los niños no necesitan ser los mejores, solo necesitan ser felices. Por eso, solo debes cerciorarte de que tu hijo sepa:
– Que es amado, de forma incondicional y en todo momento, sin importar los errores que cometa.
– Que está a salvo, que le protegerás y apoyarás siempre que puedas.
– Que puede hacer el tonto, perder el tiempo fantaseando y jugar con sus amigos.
– Que puede elegir lo que más le gusta y dedicarse a esa pasión, sin importar de qué se trate. Que puede pasar su tiempo libre haciendo collares de flores o pintando gatos con seis patas si es lo que le apetece, en vez de practicar la fonética o el cálculo.
– Que es una persona especial y maravillosa, al igual que muchas otras personas en el mundo.
– Que merece respeto y que debe respetar los derechos de los demás.
¿Y QUÉ NO DEBEN OLVIDAR LOS PADRES?
También es fundamental que los padres sepan:
– Que cada niño aprende a su propio ritmo, y que no deben confundir la estimulación que desarrolla con la presión que agobia.
– Que el factor que más influye en el rendimiento académico infantil es que los padres les lean a sus hijos, que les dediquen un rato cada noche para cultivar juntos esa pasión por la lectura, no las escuelas carísimas o los juguetes hípertecnologicos.
– Que el niño que mejores calificaciones saca casi nunca es el pequeño más feliz porque la felicidad no se mide en esos términos.
– Que los niños no necesitan más juguetes sino una vida más sencilla y despreocupada, así como más tiempo con los padres.
– Que los niños merecen la libertad para explorar todo y decidir por ellos mismos que les gusta y les hace felices.



Por: Jennifer Delgado Suárez
Fuente:
http://www.rinconpsicologia.com/2016/04/los-ninos-necesitan-ser-felices-no-ser.html


Continue Reading...

domingo, 16 de octubre de 2016

AVERIGUA QUÉ CUENTOS NO SE DEBEN CONTAR A UN NIÑO

Los cuentos son una hermosa manera de llegar al corazón del niño de una manera sutil y profunda. Desde tiempos inmemoriales han pasado de generación en generación funcionando como transmisores de contenidos pedagógicos.

Pero si bien son una poderosa herramienta educativa, es necesario tener en cuenta que existen muchos tipos de cuentos y que no todos son adecuados para la etapa evolutiva en que se encuentra cada niño. Los cuentos deben estar adaptados al nivel de desarrollo cognitivo de tu alumno o hijo.
Aquí tienes 3 claves que puedes tener en cuenta a la hora de elegir qué cuento contar a tus alumnos o hijos:
 1. ELÍGELOS CON FINAL FELIZ
Los cuentos que terminan mal pueden ser interesantes para un adulto, en la medida en que en la vida las cosas no siempre suceden como uno desea. Sin embargo, para un niño este mensaje puede ser aún difícil de digerir. Los niños necesitan sentirse seguros y protegidos y ciertos finales trágicos pueden generar en ellos ansiedad y pesimismo. El pensamiento mágico infantil que precede al desarrollo del razonamiento lógico puede crear angustiantes asociaciones entre causa y efecto. No se trata tampoco de pintarle un mundo de color de rosa ni de negarle la evidencia sino de introducir la información adaptada a su nivel de desarrollo en el momento adecuado para evitar un impacto traumatizante.
2. EVITA LOS CUENTOS DIDÁCTICOS PUNITIVOS
Los cuentos en los que los niños terminan mal por desobedecer a mamá son una manera de educar desde el miedo. El mensaje perjudicial que pueden sacar de ellos es “Si no recoges tus juguetes, no te querré”. La base de toda comunicación entre niño y adulto debería estar basada en una amor incondicional: “Yo te quiero hagas lo que hagas pero si no recoges tus juguetes, mañana no jugarás con ellos. ¿O es que sólo podemos querer a un niño cuando se comporta exactamente como nosotros deseamos? ¡En ese caso el problema es nuestro, no suyo!” (Paola Santagostino, psicoterapeuta y autora del libro  “Cómo contar un cuento e inventarse cientos”). Las órdenes se deben comunicar de una manera clara y no atemorizarlos a través de un cuento.
3. PERTENECIENTES A SU ÁMBITO CULTURAL
Los cuentos sobre culturas diferentes también pueden ser muy nutritivos para los adultos, ya que pueden ampliar y cuestionar las más arraigadas tradiciones. Pero para un niño que está intentando identificar su propio ámbito cultural, puede resultar confuso llegando a interpretar su significado como su imaginación le da a entender.
Si estás interesado en profundizar en el mundo del cuento y utilizarlo como herramienta en tus clases te recomiendo el libro “Cómo contar un cuento e inventarse cientos”de Paola Santagostini



Por: Haydeé Mesa


Continue Reading...

lunes, 10 de octubre de 2016

¿CRIANZA MODERNA EN CRISIS? EL RETO DE EDUCAR EN LA ACTUALIDAD

 Héctor es el primer hijo de un matrimonio joven, tiene siete años y ha concluido que es feo, ya que nadie lo soporta. Todos los días en vez de esperar a su padre, sentado en el pasillo del colegio como todos los niños, sale a la calle principal de su escuela a jugar al oficial de tránsito, metiéndose entre los autos para intentar hacerlos parar.

En otras dos ocasiones, cuando su padre lo fue a recoger, lo encontró en el bote de basura, intentando pillar algo “interesante”. De inmediato y de un jalón de orejas lo sacó de ahí. El niño no entiende de “buenos modales” y menos quiere escuchar a sus padres.
En clase hace aviones de papel, no acepta hablar con las niñas y se molesta si no se hace lo que él quiere. Incluso, lo trataron de expulsar del colegio hace un par de años, pero al final conmovió a los maestros y logró quedarse.
Pese a todas esas experiencias, él sigue igual. Llora y hace berrinche por todo. Héctor tiene dos hermanos menores (un varón y una mujer), ellos no se tiran al suelo por un capricho, escuchan a sus padres y son niños aplicados en la escuela.
Mauricio e Isabella, son los padres, ellos creen que son los culpables del comportamiento de su hijo, pues cuentan que como fue el primero, estuvieron solos con él por casi cuatro años y lo consentían en todo.
“Siempre tenía lo que quería. Lo alzábamos para dormir desde bebé,  si se antojaba algo se lo comprábamos, pasábamos casi todo el día con él, jugando y atendiéndolo, siempre a su disposición, pero hablándole, porque creíamos que si actuábamos así sería lo mejor”, explica Isabella.
Primero se pensó que el niño tenía un problema de hiperactividad, es decir, un trastorno de la conducta, que lo orillaba a desarrollar una intensa actividad motora, traducida en el moverse continuamente, sin que toda esta actividad tenga un propósito.
Sin embargo, luego de algunas revisiones y charlas con psicólogos se llegó a la conclusión de que Héctor había sido muy mimado y no tuvo reglas ni límites claros durante sus primeros años de vida. Esto desencadenó en que asuma tal comportamiento.
Los errores y la educación hoy
Javier Urry, pedagogo y psicólogo, explica que los padres en la actualidad, sobre todo los primerizos, tienen muchas inseguridades y angustias al momento de cuidar y educar a sus hijos. Por lo general, estos problemas son transmitidos a los menores y ocasionan que éstos adquieran comportamientos no deseados. Sobre todo, que se pongan en una posición de dar órdenes en vez de obedecer.
Aclara que no existen fórmulas ni reglas establecidas e infalibles para educar a los niños; sin embargo, identifica algunos errores que son usualmente cometidos y que ocasionan malos hábitos y comportamientos en los menores.
De tal manera, asegura que “la sobreprotección” es uno de ellos. Según dice, los padres asumen muchas tareas de los hijos, estudian con ellos, les disculpan ante el profesor, intervienen antes de verles sufrir las consecuencias de una mala decisión, les dicen constantemente lo que han de hacer, organizan toda la vida familiar a su alrededor a fin de evitarles disgustos.
“Esta sobreprotección resulta muy perniciosa porque forma ciudadanos dependientes y a veces muy tiránicos, porque crecen pensando que el mundo gira a su alrededor, que son los reyes de la casa, no uno más de la familia”, advierte.
Añade que esto además se traduce en personas inseguras, incapaces de tomar decisiones y de enfrentar las dificultades y contratiempos diarios, seres que no saben asumir las consecuencias de sus actos y con problemas de autoestima.
Victoria Gómez es orientadora familiar y explica que otra de las grandes fallas al momento de educar es la “falta de unidad de criterio” entre las figuras de autoridad, ya que si el niño recibe de entrada mensajes contradictorios, es decir, si sus progenitores se desautorizan entre ellos, el menor no sabrá a quién hacer caso y se sentirá perdido, sin referencias claras.
Así, a medida que crezca, aprenderá a utilizar esas discrepancias o diferencias de criterio para hacer lo que quiera. “Siempre es mejor equivocarse juntos que acertar por separado”, añade.
En otro error, cita la falta de continuidad como otro fallo habitual de los padres, quienes se dejan llevar por su estado de ánimo a la hora de educar, de modo que permiten o no determinadas conductas en función de que estén más o menos cansados, contentos o enfadados. “Hay que tener conciencia de que estamos educando siempre, no en momentos concretos”, señala Gómez.
Dice también que otro de los errores continuos en los que muchos padres caen es el de “castigar mal” o poner sanciones desproporcionadas y sin lógica, imponer castigos imposibles, hacer promesas inalcanzables o que no se cumplen.
Si los castigos no se aplican por imposibles o por dejadez, los padres pierden autoridad y transmiten la idea de que sus normas pueden quebrantarse fácilmente. Por eso el psicólogo Julio Fernández recomienda “ser moderado en el castigo y llevarlo a la práctica. En lugar de castigar al adolescente sin salir todo un mes o exigirle que estudie cinco horas diarias, limitarle a una hora la conexión a las redes sociales”.
Finalmente, prometer y no cumplir; las comparaciones entre hermanos; no poner límites ni poner normas mínimas; ser malos ejemplos y estar constantemente negativos, son otros de los errores que también se cometen usualmente en la actualidad.
¿A la antigua, lo mejor?
Para Fernando, quien tiene 59 años de edad y es padre de tres hijos- todos profesionales- las familias jóvenes de hoy transitan por un abanico de consejos y estudios sobre cómo educar a los niños, que a su entender, en vez de ayudarlos los confunden.
Dice que le ha tocado ver a muchos hijos de sus familiares y amigos que se levantan tarde de la cama, que hay que llamarlos varias veces para que vayan a desayunar o ir al colegio. “No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos, ayudan a poner orden en su hogar. Se levantan irritados, pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono, viendo tele o conectados al Internet”, añade.
Uno de los peores defectos que ha visto en los menores y adolescentes de hoy es que “sacan pecho” por sus amigos y viven poniéndoles “defectos” a sus padres, a quienes además los acusan de “sus traumas”. “No hay quién les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo”, explica.
Por todo esto, Fernando cree que los métodos de hoy no son positivos ni buenos para las familias de la actualidad, ya que no forman personas con carácter y los hace desobedientes.
Recuerda que los horarios estrictos eran una regla inquebrantable en su hogar. Habían horas establecidas para levantarse de la cama, desayunar, ir al colegio, retornar de clases, almorzar, hacer las tareas, jugar, ver tele y dormir.
Del mismo modo, era prohibido levantar la voz o cuestionar las decisiones de los padres, puesto que en caso de hacerlo, el castigo no era tan solo una prohibición. De hecho, los chicotazos eran el principal  temor y básicamente era lo que obligaba a los hijos de su época a pensar más de tres veces antes de cometer alguna travesura.
Fernando cuenta que así fue criado y agradece a sus padres por aquello, ya que según dice, gracias a esa forma de educar que asumieron sus padres él pudo ser un hombre de bien, lograr una profesión, pero sobre todo, tuvo un buen modelo a seguir para poder criar y educar a sus tres hijos.
Empero, reconoce que la dureza y restricciones para con sus hijos bajaron de tono, en relación a lo que él tuvo que pasar durante toda su infancia, sin embargo, asegura que siguió el modelo que conocía y por ello, recomienda a las familias de hoy aplicar el mismo.
Un nuevo punto de vista
La tendencia en la educación actual es dejar que los chicos exploren y desarrollen todo su potencial, sin restricciones, para que en un futuro sean adultos exitosos. Muchos padres dejan la educación en manos de los docentes, porque el trabajo y las actividades no les dejan tiempo para ocuparse de los niños, pero se refugian en “estamos tranquilos porque va  una de las mejores escuelas del país”, ¡gran error!
Por otro lado están las viejas enseñanzas, en las cuales las mamás “acosaban” a sus hijos para que cumplieran con sus tareas, revisaban cada aspecto de la vida de sus hijos (sus cuadernos, sus amistades, qué programas ve en la televisión, qué busca en Internet, etc) y los mantenían muy bien guardaditos en su casa para que no se “juntaran” con las malas amistades. Si llegaban a desobedecer se les daban unos buenos chicotazos para que “aprendieran” disciplina.
Para  la psicóloga, Carla Tapia, ni lo uno ni lo otro es lo adecuado. El dejar crecer a los pequeños con tantas libertades, permisos, sin una orientación adecuada ni el fomento de valores, sólo ocasionará que se convierta en un monstruo, pues no conoce de límites, no sabe lo que es el respeto ni por él ni por los demás.
Según afirma, se puede crear un nuevo modelo de educación, al aplicar inteligentemente las viejas usanzas con las actuales. Por ejemplo: estar al pendiente de lo que al pequeño le ocurre en la escuela, revisar sus tareas y trabajos escolares, platicar ¡sin gritar! para saber si se encuentra bien o algo le preocupa.
Cinco debilidades al criar a los niños de hoy
1. Tenemos miedo de nuestros hijos
“Acostumbro hacer una prueba en la que observo cómo los padres sirven el desayuno a sus hijos en la mañana. Si el niño dice: ‘¡quiero la taza rosa, no la azul!’, aunque la madre ya haya vaciado la leche en la azul, la cambia por temor al berrinche”.
2. Hemos bajado las expectativas
“Cuando los niños se portan mal, ya sea en público o en privado, los padres sólo se encogen de hombros, como si dijeran: ‘así son los niños”‘. Te aseguro que no debe ser de esa forma. Los niños son capaces de mucho más de lo que los padres generalmente esperan de ellos en cuanto a sus modales.
3. Hemos perdido las costumbres locales
Hace tiempo se acostumbraba que los maestros y otros padres de familia tuvieran carta abierta para corregir a los niños maleducados. Eran los ojos y oídos de los padres cuando los niños se portaban mal, hoy no aceptan que maestros u otras personas hablen de sus hijos y menos que los corrijan.
4. Nos apoyamos en los atajos
Creo que es maravilloso que los padres tengan todo tipo de aparatos electrónicos para ayudarlos durante los vuelos o los largos recorridos para ir al consultorio del médico. Pero los atajos también pueden ser un terreno resbaladizo.
Ellos deben aprender a entretenerse por su cuenta. Los bebés deben aprender a tranquilizarse solos en lugar de sentarlos en una silla vibradora cada vez que estén de mal humor.
5. Los padres ponen las necesidades de los hijos por encima de las suyas
De manera natural, los padres tienden a cuidar a sus hijos primero, y eso es bueno para la evolución. Pero los padres de ahora han ido muy lejos, sometiendo completamente sus propias necesidades y salud mental a la de sus hijos. Así, es frecuente ver a muchas madres levantarse una y otra vez de la cama para satisfacer los caprichos del niño, o padres que dejan todo y corren de extremo a extremo del zoológico para traer una bebida a su hija.


Por: Arturo Fernández

Fuente: http://www.elpaisonline.com/index.php/2013-01-15-14-16-26/sociedad/item/231687-crianza-moderna-en-crisis-el-reto-de-educar-en-la-actualidad
Continue Reading...

viernes, 9 de septiembre de 2016

POR QUÉ LOS PADRES DEBEN ESTAR ALERTA: GROOMING, TENDENCIA PARA OBTENER BENEFICIOS SEXUALES DE UN MENOR

El Grooming es un conjunto de estrategias que un adulto realiza por medio de redes sociales para ganarse la confianza de un menor con la finalidad de obtener beneficios sexuales.
Dichos beneficios van desde charlas comprometedoras, imágenes sexuales o en su caso, tener encuentros físicos. Es entonces, un asunto de seguridad que los padres deben tomar como parte del uso del internet.

Esta práctica se basa principalmente en ganarse la confianza del niño, demostrando interés o cariño. Una alerta importante es cuando el menor comienza con el uso de las redes sociales de forma sospechosa, es decir se aísla o sostiene largas conversaciones con un “amigo” en línea. El Grooming puede ser el primer paso para la pornografía infantil y la pederastia.
Según datos de una encuesta realizada ESET Latinoamérica, los jóvenes entre las edades de 11 a 15 años son los más vulnerables, sumado a la forma anónima en la que los acosadores se mueven por la red.
Algunas medidas que los padres deben tomar para evitar que sus hijos sean víctimas de esta práctica son: razonar los horarios de conexión, además de establecer reglas para el uso de la cámara web, la cual es la principal vía que se utiliza para la circulación de imágenes.
Es vital evitar proporcionar información personal, fotos y demás datos que permitan al acechador tener acceso a la víctima.
Usar el control parental en los navegadores, es decir en Google, Yahoo! y Firefox existen configuraciones que permiten a los padres a restringir el acceso a páginas pornográficas o demás accesos no permitidos para menores.
Algunos especialistas recomiendan a los padres tener acceso directo a las redes sociales de sus hijos, con lo que podrán checar los mensajes, personas y tipo de comunicación que mantienen, como una medida importante para evitar el Grooming. Esta medida no puede ser utilizada frecuentemente, por lo que es recomendable advertir a los hijos sobre los peligros y sobre todo mantener constante comunicación para denunciar algún tipo de acoso.
El Grooming es cuestión de minutos, los acosadores son hábiles y saben por dónde atacar, por lo que los padres son la pieza vital para evitar que sus hijos sean víctimas y formen parte de los números diarios que se registran.


Por: Denisse Pérez Antonio
Fuente: http://imparcialoaxaca.mx/en-la-web/cO0/por-qu%C3%A9-los-padres-deben-estar-alerta


Continue Reading...

jueves, 4 de agosto de 2016

FAMILIAS QUE ENTRAN EN LAS AULAS

 Cada vez son más los centros que se coordinan con las familias y las aceptan como un agente educador fundamental para la mejora de los resultados de los niños.


Grupos interactivos, asambleas en el centro, talleres de deberes conjuntos… son algunas de las formas que toma la participación de las familias cuando va más allá de las AMPA y del Consejo Escolar.
Carme repasa la lectura con Julia, su hija, en la biblioteca de la escuela Mas Masó de Salt (Girona), que está llena de familias -padres, madres, niños-, que hacen deberes y actividades conjuntamente. “Antes le costaba mucho leer y concentrarse sola, pero aquí aprendemos de forma divertida y se la ve más interesada”, explica Carmen. Como ella, la mayoría de familias que participan en el taller de estudio asistido de Mas Masó -muchos de ellos no llevan ni medio año- están convencidos de la importancia que tiene su presencia en la escuela para el aprendizaje de sus hijos. “Están más motivados”, “están contentos de ver que sus padres se preocupan”, “cogen el hábito de estudiar también en casa”, “mejoran los resultados”… Estas son algunas de las valoraciones que hacen Mohammed, Seidatou, Fatima, Lamiae, Carmen, Choumicha o Karima, todos ellos padres y madres de Salt que han decidido entrar en la educación de sus hijos al ver que la escuela les abría las puertas.
La escuela Mas Masó hace sólo dos años que tiene en marcha este programa de trabajo entre familias, alumnos y maestros -que supervisan la actividad-. En su caso lo hacen en horario extraescolar. Pero cada vez hay más centros que han visto en la implicación familiar una palanca hacia la mejora de los resultados de los niños y en la reducción de las desigualdades, y apuestan incluso para trasladar su participación dentro de las aulas y en la organización del centro. “La participación de las familias y también de otros miembros de la comunidad en el programa escolar tiene una gran incidencia en los resultados académicos de los niños”, expresa Ramón Flecha, catedrático de Sociología en la UB y coautor del estudio Actuaciones de éxito en las escuelas europeas, que repasa diferentes modelos de centro europeos por encargo del Ministerio de Educación.
Pero la voluntad de muchos centros no se reduce a aumentar la participación de los maestros, sino que pretenden provocar un cambio de concepción de la escuela que permita a los padres y madres “sentir que forman parte de ella”, en palabras de Gerard Ros, director del Mas Masó. “Nos paseamos por aquí como si fuera nuestra casa, los niños nos ven, venimos a la biblioteca…”, explica la Karima. En este sentido, los programas de trabajo conjunto entre familias y docentes “van acompañados de una coordinación y un diálogo constante, de una predisposición de la escuela”, explica Ros. De hecho, en este centro de Salt los maestros y padres y madres preparan juntos, cada lunes, las actividades y estrategias que seguirán durante el tiempo que pasan con los hijos en el taller asistido.
Grupos interactivos: las familias en clase
Entre las muchas experiencias de participación familiar en las escuelas juegan un papel principal las comunidades de aprendizaje, proyectos de centro que intentan implicar a todas las personas que influyen en el desarrollo del niño -maestros, amigos, vecinos, asociaciones vecinales, voluntarios y, sobre todo, familias- para mejorar su educación. Mas Masó es un ejemplo. En Cataluña hay unas 40 comunidades de aprendizaje. Otro caso es el de la escuela Tanit, de Santa Coloma de Gramenet, que hace años que por las tardes organiza grupos interactivos. “Durante una hora y media, la clase se divide en grupos, y para cada uno de ellos hay un referente adulto -puede ser un maestro, una familia o un voluntario-. Entonces los grupos de niños van rotando por las actividades de cada adulto, que son temáticas e interactivas, experimentales, con un componente de juego”, relata Montse Ruiz, directora de Tanit.
“No se trata de enseñarles, sino que se enseñen entre ellos; los alumnos se esfuerzan por explicar lo que hacen, y eso obtiene unos resultados espectaculares”, apunta Flecha, impulsor de las comunidades de aprendizaje en España. Màrius Martínez, profesor de Orientación Profesional de la UAB y referente también de la implicación familiar en las aulas, enumera más ventajas de estos grupos: el “trabajo en la heterogeneidad”, “la colaboración” o incluso “el empoderamiento de los padres y madres “, que en algunos casos piensan, de manera equivocada, que no pueden aportar nada a la educación de sus hijos.
La directora del Tanit, que cuenta con este proyecto desde el año 2000, asegura que ya no sabría enfocar su relación con las familias de otra manera, y añade otras ventajas fundamentales. Por un lado, “si familia y escuela van juntos, el niño se siente reforzado y le sube la autoestima, se siente seguro porque todos vamos en una misma dirección”. Además, “la presencia de familias y voluntarios al aula hace que tengas más personal, que disfrutes de una atención más personalizada que es clave, entre otras cosas, para reducir las desigualdades”, subraya Ruiz.
Familias y maestros: una persona un voto
Considerar la familia como parte integrante de la escuela conlleva también darle cierta capacidad de intervención y decisión en el día a día de los centros. En la mayoría de escuelas, los padres y madres tienen voz a través de los canales clásicos: las AMPA -en tareas sobre todo de organización: comedores escolares, actividades extraescolares…- y el Consejo Escolar -organismo formado por diferentes actores de la comunidad educativa, entre los que se encuentran las familias, y que ahora pierde la capacidad de decisión con la entrada en vigor de la LOMCE-. Pero las escuelas que tienen comunidades de aprendizaje apuestan por reforzar la participación de padres y madres con comisiones mixtas -de maestros y familias- que se encargan de diferentes necesidades de la escuela y que rinden cuentas ante la asamblea del centro.
En la escuela Lledoners, de Granollers, estas comisiones tienen como objetivo “llevar a cabo proyectos que nos marcamos cada cuatro años”. “Pueden ser de fomento de la lectura, de servicios extraescolares, de alimentación, de decoración…”, comenta el director Ricard Las Heras, que añade que están formadas por “voluntarios que son familias, algún exalumno, entidades, el Ayuntamiento…” Y una vez al año deben rendir cuentas ante el plenario, una asamblea en la que toman parte los vocales de cada comisión, del AMPA y del Consejo Escolar. “Procuramos que haya consenso para aprobar los puntos, pero de entrada cada persona es un voto”, explica Las Heras, remarcando que incluso en materia pedagógica los padres y madres tienen la misma capacidad de decisión que los maestros.
Horarios laborales, ¿un inconveniente?
“Estoy encantada de poder venir a ayudar en la educación de mi hijo, porque si mis padres hubieran hecho lo mismo conmigo quizá ahora no estaríamos así, pero también es cierto que si encontrara trabajo no podría venir”, explica Seidatou. En el caso de Lamiae, hay días que no puede venir, porque trabaja, y entonces es su hijo mayor el que viene a la escuela a ayudar al pequeño. Catalunya está lejos de conseguir una integración familiar como la de Finlandia, el país europeo de referencia en este aspecto, que reserva un espacio en las aulas para los padres y madres que quieran asistir a las clases. ¿Pero hasta qué punto no es culpa de las extensas jornadas laborales? ¿O de la normativa que rige los centros?
“Sí que hay muchos factores que lo dificultan: la conciliación laboral, la tradición, la falta de ayudas a las familias, incluso el marco legal… Pero al final es la escuela quien puede decidir si abre sus puertas o no”, analiza Jordi Collet, sociólogo de la Universidad de Vic. “Todo son condicionantes, pero ninguno es determinante, y la prueba es que ya hay muchas escuelas que lo hacen muy bien”, concluye Collet, que se muestra bastante crítico con la actitud hasta ahora de los centros y los docentes de aceptar la familia como agente educador.
Màrius Martínez, por su parte, profundiza en el hecho de que no es necesaria una participación como la finlandesa siempre que haya una “predisposición” por parte de centros y escuelas. “Tenemos que aceptar que la implicación puede tener varias intensidades, no se puede ser purista y pensar que la participación debe ser absoluta en todos los casos, porque mucha gente no puede”, opina Martínez. Es tan importante aquel padre que toma parte de los grupos interactivos cada tarde como la madre que sólo tiene dos horas libres a la semana y las dedica a editar desde su casa la página web del centro. “Esto es la igualdad de las diferencias”, sentencia Martínez.


Por Pau Rodríguez
Fuente: http://www.nodo50.org/filosofem/spip.php?article372
Continue Reading...
 

Histats

Histats

Stat Counter

Escuela y familia Copyright © 2009 WoodMag is Designed by Ipietoon for Free Blogger Template