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jueves, 19 de septiembre de 2019

¿Consumimos lo que queremos?


 El New York Times cree que no Reveló la existencia de un sombrío grupo internacional que determinaría la política alimentaria en países en desarrollo y que promueve la comida chatarra. ILSI está financiado por los gigantes como Coca-Cola, Danone, Monsanto, DuPont y PepsiCo, dice la investigación del NYT. 
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El diario estadounidense The New York Times sacó a la luz la existencia de un sombrío grupo de personas que, según afirma, determina la política alimentaria en los países en desarrollo y que promueve la comida ‘chatarra’. Se trata del International Life Sciences Institute (ILSI), fundado en los Estados Unidos por el exvicepresidente de Coca-Cola, Alex Malaspin. Aunque el diario, afirma que el ILSI –con sucursales en 18 países– "determina la política alimentaria en todo el mundo", en su artículo menciona solo países en desarrollo: China, la India, Brasil, México e incluso Argentina. El autor dice que ILSI “se infiltró silenciosamente en organismos gubernamentales de salud y nutrición de todo el mundo”.
Aseguran que el ILSI está casi totalmente financiado por los gigantes de la agroindustria, la industria alimenticia y farmacéutica, como Danone, Monsanto, DuPont, PepsiCo, Coca-Cola y General Mills. "El poder de esta industria es aún mayor que el de la industria tabacalera", le dijo Sunita Narain, directora del Centro para la Ciencia y el Ambiente en Nueva Delhi, al periodista Andrew Jacobs, autor de la investigación.
 La influencia de ILSI en la India coincidió con elevadas tasas de obesidad, enfermedades cardiovasculares y diabetes, dice la investigación "En las economías emergentes es donde está la acción”, explicó al NYT Laura A. Schmidt, profesora de política sanitaria en la Universidad de California. “Estos son lugares donde la infraestructura sanitaria está menos establecida y las poblaciones pueden estar menos informadas sobre los riesgos para la salud. Si las corporaciones pueden ingresar desde el principio, pueden moldear los relatos y políticas alrededor de los productos no saludables”. Hablando sobre el modus operandi del grupo, se menciona la cultivación de lazos con académicos y círculos gubernamentales a través de conferencias que la organización patrocina en el mundo, el reclutamiento directo de científicos influyentes para comités que trabajan en temas como la seguridad alimentaria, agroquímicos o la promoción de suplementos probióticos.
 El International Life Sciences Institute (ILSI), fue fundado hace 40 años por el exvicepresidente de Coca-Cola, Alex Malaspin. “En los 40 años desde su creación”, dice Jacobs, “ILSI cultivó metódicamente aliados” entre académicos, científicos influyentes y funcionarios de gobiernos “a través de las conferencias que patrocina en todo el mundo”. Según la investigación, la fuerte influencia de ILSI en la India coincidió con elevadas tasas de obesidad, enfermedades cardiovasculares y diabetes, que afecta a más de 70 millones de indios. "Tener un grupo de presión encubierto de alimentos que decida que la política de salud pública es incorrecta y un conflicto de intereses descarado”, se lamentó Amit Srivastava, el coordinador del grupo de defensa Centro de Recursos de la India.
En Brasil, según NYT, los representantes del ILSI ocupan cargos en una cantidad de paneles sobre alimentación y nutrición, que previamente estaban reservados a investigadores universitarios. En el caso de Argentina, la investigación dice que “un proyecto de investigación financiado por ILSI sobre obesidad infantil en Argentina se canceló hace tres años después de que los padres cuyos hijos se inscribieron en el estudio supieron más sobre la organización”.



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domingo, 19 de febrero de 2017

“COMPRE USTED PARA SER FELIZ”

Nos bombardean constantemente a través de los medios de transmisión o medios de adoctrinamiento: compre la casa de sus sueños, el reloj que le hará sentir bien…apueste su dinero al poker on line o cómprese un coche nuevo…y así hasta un sin fin de mensajes diarios a los que todos estamos expuestos por el solo hecho de encender la televisión, abrir el periódico o navegar por la red. “Si compra mi producto usted será feliz”, parece ser la consigna, y la consigna, generalmente, es creída.

La publicidad, en efecto, nos transmite directamente un mensaje claro: “debe usted comprar mi producto”, pero asociado a esto se nos “cuelan” una serie de mensajes o supuestos que a menudo pasan inadvertidos como también sus consecuencias, supuestos que son mayoritariamente aceptados. El primero de ellos es el de la infelicidad humana. Los seres humanos somos infelices ya que nos falta algo: nos falta un producto, la mercancía que se nos anuncia. Sin él, la vida no tiene sentido. El primer supuesto es por tanto que debemos creernos infelices.
El segundo supuesto es el que ya hemos comentado, que si compramos el producto nos sentiremos mejor. Veo al señor o a la señora que aparece en el anuncio y me transmiten felicidad, tienen una sonrisa de oreja a oreja; la familia que sale en el anuncio televisivo parece feliz, con lo cual mi familia y yo también lo seremos si adquiero el producto: debo comprar.
Ya tenemos dos de los mensajes subliminales o supuestos que se nos transmite a través de la publicidad. Nos quedarían muchos más pero ahora nos ocuparemos de dos de ellos (sobre todo en los productos caros) como son el prestigio social y la envidia. Con respecto al primero se nos intenta hacer creer que el comprador del flamante coche será alguien que gozará de un prestigio social que ahora no dispone, y es que la sociedad, sí, valora a aquellos que posean riqueza y además la exhiben. El comprador del coche será admirado por los demás produciéndose un reconocimiento de su valía, de su valor: ahora es un héroe ya que ha sido protagonista de una gran gesta: comprar; ahora es alguien que puede ser feliz. Pero además será envidiado. Conducirá por las calles de su ciudad con su lujoso coche y allá donde vaya se le envidiará con lo cual el sentido de la vida del comprador cobrará toda su importancia; ¿quién no sería feliz siendo alguien valorado y envidiado?
Así, tenemos que se nos transmite el pésimo y falso mensaje de que la felicidad depende de la adquisición de productos materiales y hasta que no se consigan estos se vivirá en la infelicidad, así es que si no se dispone del suficiente dinero para consumir (superfluamente) uno tendrá la felicidad vetada. Se nos crean con todo esto unas necesidades que en realidad no tenemos, la necesidad de comprar productos porque sin ellos, así es, la vida carece de sentido. El problema es que este tipo de mensajes han calado en las distintas sociedades y de este modo se valora a las personas no por sus acciones en beneficio de las mismas sino por su capacidad de consumo. Los referentes sociales serán personas adineradas y no aquellos que están implicados en la construcción de un mundo mejor. Finalmente se llegará a la conclusión de que los que dispongan de menor capacidad de consumo deberán sentirse inferiores y los que mayores bienes materiales tengan, superiores y afortunados.
Y esta es la gran falacia y el gran engaño al que gran parte de la población se somete, el creer que nuestra felicidad depende de lo exterior y material en lugar de lo interior e inmaterial, una falacia que aparta a todo el mundo del ansiado bienestar, tanto a los consumidores irracionales que compran productos buscando la plenitud como a los que no pueden lanzarse compulsivamente a comprar y por ello creen que nunca la van a alcanzar. Y es que el anhelado bienestar depende mucho más de lo sentimental, de nuestras relaciones humanas y de la adopción de un adecuado sistema de pensamientos y valores que del conseguir un gran coche o un caro reloj abocándonos sin embargo esta última actitud a una pseudofelicidad que en realidad nos alejará de una vida plena.
No nos dejemos engañar pues por embaucadores; no otorguemos a las empresas comerciales el poder de decidir sobre nuestro bienestar presente y futuro; y, seamos en cambio, personas independientes que no se ciñen por parámetros materialistas ni consumistas ni por falsos prestigios sociales.



Por: Vicente Berenguer, asesor filosófico
vaberenguer@gmail.com


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