Mostrando entradas con la etiqueta demandas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta demandas. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de junio de 2013

Demandas de la escuela a la familia

Podemos ver claramente que la familia, y la escuela son instituciones en crisis, en proceso de grandes cambios. A pesar de ello, deben seguir interactuando, modificando reglas de convivencia y las expectativas mutuas ¿Qué podemos decir de esas exigencias? En los siguientes párrafos se analizan las demandas que la escuela le formula a la familia.
 


La escuela formula a la familia una serie de demandas que la mayoría de los profesores desean para su interacción con el alumnado.

1. Los educadores constatan cada día que los niños llegan a la escuela sin el apoyo familiar tradicional que les daba seguridad; el desarrollo de su personalidad está caracterizado por la debilidad de los marcos de referencia. Los centros educativos demandan a los padres aspectos como mayor contacto con los profesores, dedicar más tiempo a sus hijos, dialogar con ellos y mayor participación en actividades educativas.

2. La escuela pide a la familia que prepare al niño para su inserción en el ambiente escolar: socializar para la cultura escolar. Se exige a la familia que sea responsable de que el alumno llegue a la escuela en condiciones, tanto materiales como psicológicas, de educabilidad. En palabras de Savater, el “eclipse de la familia como factor de socialización primaria”, por el que los niños ingresan en la escuela sin la formación social básica, que favorece de entrada el aprendizaje. Si la socialización primaria se ha realizado de modo satisfactorio, la socialización secundaria será mucho más fructífera, pues tendrá una base sólida sobre la que asentar sus enseñanzas.

3. Motivar en el empeño por aprender. Es importante que el niño perciba en su familia el interés por el saber. La motivación es un factor determinante en el aprendizaje como ya ha sido estudiado. Las diferencias no radican sólo en el carácter de los individuos, sino también en el modo cómo hayan sido educados en sus familias, de la específica socialización familiar a que hayan estado expuestos (valores, medios económicos, tipos de socialización). Es importante que el niño despierte el “deseo de saber” en su familia ante la multiplicidad de fuentes informativas.

4. Además, los profesores recuerdan a los padres el papel tan importante que tienen en la creación de un clima facilitador del trabajo intelectual. Un clima propicio para el estudio, de modo que se desarrolle en un tiempo y lugar apropiado; es decir, fomentar el estudio así como la creación de hábitos de trabajo intelectual. En especial, despertar la responsabilidad.

5. Prestar atención al tiempo de ocio de sus hijos. Se debe ofrecer a cada miembro el modo y los medios para ocupar inteligentemente su ocio, favoreciendo sus inclinaciones y sus gustos. Los padres deben tener disponibilidad de tiempo para interactuar con sus hijos, no sólo orientada esta relación a satisfacer necesidades biológicas, sino, también, y sobre todo, a desarrollar capacidades cognitivas, disfrutar de la intimidad, el contacto y el juego. La interacción íntima y lúdica es esencial para los hijos, ya que, en ellas, se aprende a hablar, a escuchar, a tocar y ser tocado, a reír, a expresar emociones, etc. La incomunicación puede tener graves consecuencias para el niño, como el retraimiento, aislamiento, frialdad de trato o soledad. Abogamos por vivir un ocio en familia cuando las edades lo posibiliten, tanto en casa como fuera de ella; diseñar actividades en el hogar que estimulen el desarrollo social y cognitivo de sus hijos y, educar en la “selección” de ofertas.

6. Mayor atención al aprendizaje de normas en el ambiente familiar.
Acostumbrados a cumplir las normas con “bastante relajación”, los niños se muestran incapaces de ajustarse a un clima de mayor control como es el escolar. Resaltar un concepto que no debe silenciarse: la autoridad – etimológicamente la palabra proviene de un verbo latino que significa algo así como “ayudar a crecer”-. Los muchachos, en período de formación, tienen que ir asumiendo responsabilidades graduadas ya que no pueden tratar de establecer, por sí solos, las normas que deben regir la vida familiar y escolar. Savater llega a la siguiente consideración: “Si los padres no ayudan a los hijos con su autoridad amorosa a crecer y prepararse para ser adultos, serán las instituciones públicas las que se vean obligadas a imponerles el principio de realidad, no con afecto sino por la fuerza. Y de este modo sólo se logran envejecidos niños díscolos, no ciudadanos adultos libres”. Está en manos de los padres contener, controlar y poner límites a las presiones de los hijos ya desde pequeños cuando éstas son constantes e injustificadas. Constituye ésta una labor preventiva. En una reciente investigación realizada por la profesora Pérez Alonso-Geta, cuyo objetivo es conocer en profundidad los valores y pautas de interacción familiar de la adolescencia, se constata que el 43% de los padres encuestados pactan las normas de convivencia con sus hijos, frente al 25% que no lo hace.
En la mayoría de los hogares los adolescentes participan en la toma de decisiones “normativas”. Entre las principales causas de conflicto en la interacción padres-hijos, se destacan la falta de esfuerzo e interés en los estudios o en el trabajo (55,5%); le siguen las malas contestaciones, salidas de tono, tacos (54,9%); ocupan el tercer lugar las salidas, horas de llegada (37,8%), seguido de la falta de colaboración en las tareas de casa (35,9%) y el consumo de alcohol o drogas (30,6%).

7. Atender a la orientación personal y a la educación sexual de los hijos. Ambos aspectos requieren un clima afectivo en la familia. Ser oportunos, evitar evasivas. Cualquier imagen, acontecimiento o noticia puede ser ocasión para un diálogo, una reflexión y una orientación.

8. Educación en valores. El análisis de los valores y actitudes familiares pretende definir qué valores son preferibles en la interacción educativa. Cuando el niño pisa el aula como recinto formativo, gran parte del bagaje cultural de grupo ya ha sido transmitido.
En el contexto familiar es donde el niño va a ir configurando su propia jerarquía y, posteriormente, marcará sus relaciones en la escuela, en los grupos de iguales y con otras instituciones. Parafraseando a Rojas Marcos: “Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan y se desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia. Estas simientes se nutren y crecen estimuladas por los ingredientes crueles del medio hasta llegar a formar parte inseparable del carácter adulto”. La familia debe responsabilizarse del aprendizaje de unos valores, creencias, actitudes y hábitos de conducta, de modo que los individuos no se hallen “desarmados”, sin criterio propio, frente a la diversidad de información y estilos de conducta que ofrece de continuo el medio social. Muchos desajustes de la sociedad son causados por las enseñanzas de los padres o por su carencia. Es difícil anunciar lo que la sociedad valorará mañana, sin embargo, se puede afirmar que la sociedad moderna necesita individuos que crezcan en valores como la libertad, la tolerancia, la responsabilidad, la iniciativa, educar en la importancia del largo plazo, de la reflexión, de tener tiempo para prever las consecuencias que tendrán nuestras decisiones en el futuro (Alberdi y Escario).

9. Una cuestión importante en estos momentos es la elección vocacional de los jóvenes (Casas). La primera influencia en la orientación de su futuro personal la reciben de los padres y la comunidad inmediata (entorno residencial), por delante de los amigos, medios de comunicación, profesores, etc. La planificación del futuro profesional es una actividad que exige tener en cuenta las circunstancias que rodean a las personas, tanto ambientales como familiares. Pero, no sólo son importantes el nivel socioeconómico familiar y la ubicación del domicilio familiar, se considera necesario profundizar en aspectos de la dinámica familiar cuya influencia en la elección vocacional pueda ser determinante, tales como el nivel cultural y los estilos de vida, las actitudes de los padres ante su propio trabajo, las aspiraciones y expectativas de éstos hacia sus hijos, el número de hermanos y el orden de nacimiento en el núcleo familiar, el valor atribuido a la educación, las relaciones parentales, los climas familiares, etc.



Extraído de
Familia, Escuela y Sociedad
Susana Torío López
Universidad de Oviedo

Continue Reading...

sábado, 15 de junio de 2013

Demandas de la familia a la escuela

Sabemos que la tarea educativa tiene gran complejidad, y el discurso que circula en la sociedad le otorga mucha importancia. Para lograr los propósitos es necesario que todas las partes involucradas, familia y escuela, trabajen en conjunto, aspiración que por lo general no se logra. Existen demandas mutuas no satisfechas, y los siguientes párrafos reflexionan sobre las demandas que se le hacen a la escuela.



El papel de la familia no puede suplantarlo ninguna institución, no obstante, el sistema educativo formal cumple un papel relevante en la educación del niño y del adolescente. Posee una capacidad transformadora en relación a creencias, valores, expectativas, pautas de conducta, etc. “Los centros de enseñanza no quedan exentos de obligaciones. Muy al contrario, tendrán que ser los lugares donde la esperanza, el altruismo, la confianza en los semejantes, las relaciones interpersonales, se construyan bajo estilos de convivencia destinados a la totalidad del género humano” (Rodríguez Neira). Especificamos algunas demandas de la familia a la escuela a fin de caminar en paralelo, dado que persiguen un objetivo común: la formación integral de la persona.

1. Preparación de calidad. Las exigencias actuales de la sociedad para los jóvenes son la formación, alto nivel de estudios y competitividad. Los padres están preocupados por los resultados académicos de sus hijos. Demandan que sus hijos, entre otros aspectos, aprendan a identificar y resolver problemas, a desarrollar hábitos de trabajo intelectual y fomentar capacidades como la observación y la clasificación.

2. Proporcionar referentes para interpretar la realidad, tener ideas claras ante la vida. Una escuela útil para la vida. Formar ciudadanos con capacidades como el dominio de la lengua, la comprensión de los fundamentos de las ciencias y las nuevas tecnologías, el pensamiento crítico, la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas, la capacidad de comunicarse, el comprender al menos una lengua extranjera. Todas estas funciones deben llevarse a cabo en colaboración con las familias y la comunidad local; es una tarea “a lo largo de la vida”.

3. La familia exige a la escuela una formación en valores. La escuela no queda excluida de este proceso ya que, además de ofrecer modelos con los que los alumnos se identifiquen, es capaz de crear las condiciones experienciales para que los valores se trabajen y se internalicen. Los valores se trasmiten, es más, se internalizan. La escuela es el lugar de aprendizaje de formas de convivencia que no cabe aprender en la familia, es el caso de la convivencia civil. Es el primer lugar de aproximación a la diversidad existente en la sociedad; es la primera experiencia con la autoridad impersonal. Los padres piden a la escuela que aproveche las ocasiones para fomentar la disciplina, el diálogo, la convivencia y la tolerancia; en síntesis, comprometerse con una educación para la democracia.

4. Demandan la utilización de medios tecnológicos y procurar que su empleo sea racional. Deben procurar una “actitud crítica” en los adolescentes de modo que aprendan a seleccionar y jerarquizar las múltiples informaciones que transmiten.

5. Atención a las diferencias individuales, el desarrollo de todas sus potencialidades en la medida de lo posible. La diversidad es un concepto cultural en su más amplio sentido; además de las diferencias cognitivas, existen diferencias culturales e individuales, que deben considerarse en el diseño y planificación del proceso enseñanza aprendizaje.

6. Garantizar la seguridad, protección, y el clima educativo del centro.
Propiciar en los centros contextos educativos seguros y satisfactorios para las personas que conviven. La escuela no es una institución dedicada al control, sino al crecimiento y al desarrollo de sus miembros. Para ello, es necesario generar un clima institucional y grupal que no pase por la represión sino por la armonización de sus funciones y de sus miembros. La familia demanda a la escuela que vele por la seguridad de sus hijos y los proteja frente a cualquier desviación: indisciplina, drogas, violencia, etc.

7. Conexión de la escuela con el mundo laboral. La escuela debería potenciar una serie de valores, cualidades y habilidades necesarias para el desenvolvimiento en el mundo social y laboral (capacidad de iniciativa, creatividad, adaptabilidad), así como una serie de cualidades personales (autodisciplina, perseverancia, flexibilidad, trabajo en equipo, responsabilidad).

Participación de los padres en la educación escolar: tema encauzado, pero no resuelto
La importancia de la educación para una sociedad es tal que debe suponer un compromiso de todas las personas e instituciones en la tarea educativa y de aprendizaje. Tiene pleno sentido plantearse la participación de la familia en la educación escolar por cuanto no son sistemas independientes que actúen por separado, sino sistemas interdependientes cuyos resultados no son explicables de forma aislada. Dicha participación puede considerarse como derecho democrático y como garantía de calidad educativa escolar (Vázquez, Sarramona y Vera). En el caso español, han sido las sucesivas leyes orgánicas las que desarrollaron tal participación de los diferentes sectores de la comunidad educativa, y por tanto, de los padres y madres.

La historia de las relaciones familia-centro no ha estado exenta de confrontaciones y de distanciamientos, más que de oportunidades de colaboración. En términos generales, el clima de participación dentro de la institución escolar ha aumentado considerablemente en España en los últimos años. Si bien las Asociaciones y los Consejos Escolares son los mecanismos institucionales de comunicación y participación, las iniciativas singulares de relación directa o indirecta entre familias y centro adquieren especial relevancia (actividades, reuniones, entrevistas, correspondencia escrita, ...) ya que tienen la virtualidad de centrarse en el proceso formativo del alumnado.

Las familias, por tanto, podrán participar en la planificación general del sistema educativo (Vázquez, Sarramona y Vera), sea a través del diálogo directo con la Administración, sea a través de los organismos de participación creados a tal efecto, los Consejos Escolares. Respecto a la organización general del sistema los padres tienen derecho a participar en aspectos que tienen incidencia en la vida social y familiar: el horario y el calendario escolar, criterios de adscripción a centros públicos y concertados, sistema de financiación, etc. Por otro lado, si nos adentramos en el nivel “meso” y “micro” del sistema educativo, esto es el centro escolar y el aula, las asociaciones de padres/madres, han de poder participar de manera institucional en todo cuanto se refiera a la actividad profesional de los docentes y especialistas en educación.

Vázquez, Sarramona y Vera aluden a lo acontecido en cuanto a la presencia de los padres en los Consejos Escolares de Centros (convocatoria de elecciones de representantes que se realizan cada dos años) en el curso 2002-03. Un análisis de los niveles de participación en estas elecciones proporciona información sobre el escaso nivel de compromiso que asumen los padres. La participación es más elevada en centros donde los padres perciben la utilidad de estos Consejos Escolares y constatan que tienen un rol que asumir en el centro. De igual modo, de los porcentajes de pertenencia de los padres a las Asociaciones de centro en el conjunto de España se desprenden los siguientes aspectos: si se comparan los datos en una visión evolutiva se observa un incremento de inscripciones, pero un descenso en el nivel de participación efectiva; también, se observa mayor grado de pertenencia a las asociaciones en los centros privados; mayor porcentaje de participación en actividades que organizan las Asociaciones en padres/madres de las escuelas públicas, especialmente, en la etapa de primaria; mayor participación en los centros pequeños que en los de mayor tamaño; etc. En definitiva, la participación real de los padres y madres en la vida de los centros es minoritaria y viene asumida, generalmente, por pequeños grupos. Aunque teóricamente se dice querer participar mucho, se muestra de hecho menor grado de participación en aspectos relacionados con las familias (actividades, colaboración, etc) y con el profesorado (formación, grupos de trabajo,...). Los resultados de este estudio, en su conjunto, no difieren sustancialmente de otros.

La vía de comunicación más habitual entre la familia y el contexto escolar es la reunión con el tutor (81%), seguido de las cartas, reuniones de padres del grupo clase y reuniones convocadas por la AMPA (66%, 55% y 54%, respectivamente), descendiendo considerablemente, la conversación telefónica (16%).

Estando muy claro el derecho de los padres a la participación, no lo está tanto en la asunción operativa en la vida de los centros escolares. Queda un largo trecho por recorrer en materia de participación de la comunidad educativa en su conjunto.


Extraído de
Familia, Escuela y Sociedad
Susana Torío López
Universidad de Oviedo



Continue Reading...
 

Histats

Stat Counter

Escuela y familia Copyright © 2009 WoodMag is Designed by Ipietoon for Free Blogger Template