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sábado, 26 de agosto de 2023

La violencia estructural para con la infancia y la adolescencia está en todas partes”

La violencia estructural para con la infancia y la adolescencia está en todas partes”

La infancia y la adolescencia vive, generalmente, a la sombra del mundo adulto, en esa espera hasta que se hacen adultos. Hablamos con Tania García de la necesidad de que niñas, niños y adolescentes sean vistos como sujetos de derechos en el presente y sean tratados como tales y no con herramientas como el control o el miedo.


Tania Garcia es educadora social e investigadora. Ha elaborado un método al que ha llamado Educación Real y con el que pretende enseñar a madres, padres, docentes y, en general, adultos que tienen algo que ver con la crianza y educación de niñas, niños y adolescentes (NNA) a tratar a este grupo de población con respecto y teniendo en cuenta sus emociones, como las propias también.

García defiende que el adultocentrismo es un problema a la hora de entender a la infancia y la adolescencia, puesto que se las mira desde una posición elevada, como si esta población tuviera que ganarse el derecho a tener derechos. Esta educadora social defiende la necesidad de que el mundo adulto conecte con sus emociones para evitar repetir patrones aprendidos en su propia infancia y así acercarse a las NNA de forma respetuosa e igualitaria.

¿Cuáles son las causas, a tu modo de ver, para que madres y padres a veces no puedan hacer frente a sus criaturas con la calma necesaria?

Las dos causas principales, y que, de alguna manera, una envuelve a la otra, son el adultocentrismo y la falta de conocimiento emocional propio, aunque en realidad, ambas van unidas.

En primer lugar, el adultocentrismo, esa idea social, invisibilizada e integrada, que nos hace, de alguna manera, creernos superiores a la infancia y adolescencia, sin darnos cuenta de que ya son personas hoy, seres humanos hoy, y han de ser acompañados según sus necesidades cerebrales de hoy, no de mañana.

El adultocentrismo, por tanto, nos impide adoptar una perspectiva de respeto, ética y equidad real hacia las niñas, niños y adolescentes. Esto nos lleva a tener expectativas erróneas hacia ellos y perder la paciencia con facilidad, al no reconocer sus necesidades individuales, nuestra capacidad para acompañarlos de manera adecuada se ve limitada, y ellos, a su vez, asumen la sumisión, la represión, y la manipulación como algo natural en las relaciones, teniendo como consecuencia grandes problemas sociales y de salud graves, como son el acoso escolar y/o el abuso sexual infantil y adolescente.

En segundo lugar, es importante destacar que muchos padres y madres no han recibido un acompañamiento emocional adecuado durante su propia infancia y adolescencia, este adultocentrismo con el que crecieron, hizo que reprimieran sus emociones, que no las conocieran, y por eso, educan y guían con esta idea errónea de las emociones y de las necesidades emocionales y, por ende, psicológicas de la infancia y adolescencia. Carecen pues de la comprensión necesaria sobre sus propias emociones, lo cual dificulta ponerlas en perspectiva, analizarlas, conocerlas, y expresarlas sin causar daño, y sin impactar de lleno en el desarrollo de sus hijos e hijas.

No sé si el hecho de, en verano, tener tantas horas “libres”, multiplicar el tiempo que pasa toda la familia junta, en ocasiones, es parte del detonante de situaciones más o menos conflictivas, de nervios…

A medida que se acerca el verano, muchos padres y madres se sienten abrumados y se preguntan qué van a hacer con sus hijos e hijas.

Aunque no lo admitamos abiertamente, la idea de pasar mucho tiempo con ellos, atendiendo sus necesidades, nos genera ansiedad. Esto se debe en gran medida a que no comprendemos nuestras propias emociones, tampoco entendemos las suyas, y mucho menos sus necesidades reales. Por lo tanto, el tiempo adicional que pasamos con nuestros hijos e hijas pone de manifiesto estas dificultades y las intensifica.

El adultocentrismo que te comentaba, desconecta, y hace que veamos el pasar más tiempo con nuestros hijos e hijas como un sufrimiento, un “demasiado”, cuando en realidad debería ser lo natural.

¿Qué pueden hacer las familias en estas situaciones?

Conocer sus necesidades reales, comprender que necesitan sumergirse en su mundo de juego y descansar de la agitada vida que llevan durante el curso escolar. Por lo tanto, es importante dejar de exigirles, ser flexibles, amables, éticos y afectuosos con ellos y ellas, trabajar en esa conexión, comprendiendo que son seres humanos que necesitan ese descanso, esa libertad y ese estar en familia.

¿Qué papel juega la sociedad en la que vivimos, cada vez más presionada por el mundo laboral, en la relación entre quienes forman la familia?

Es evidente que la sociedad ejerce influencia en las relaciones familiares debido no solo a la presión laboral y por ende al sistema, una estructura que piensa en la producción y hace que, como personas, desconectemos de nuestras propias necesidades, emociones, sensaciones y deseos, sino también por la idea incorrecta que hemos integrado sobre la infancia y adolescencia, en la que el adultocentrismo nos ha hecho creer que respetarles es libertinaje o sobreproteger, evitando así que las niños, niñas y adolescentes reciban el acompañamiento adecuado, generando estrés y afectando a su salud mental.

Sin embargo, es importante destacar que, a nivel familiar y personal, cada individuo tiene la capacidad de decidir cómo participar en el sistema y establecer sus propias prioridades de acuerdo con sus valores. Además, los adultos somos responsables de nuestro propio bienestar emocional y tenemos la responsabilidad autocuidarnos para poder cuidar óptimamente.

En tu web hablas de que enseñas a las y los adultos, familias, docentes, a tratar a niñas y niños con respeto, “sin control ni disciplina”. ¿Control y disciplina no son buenas?

El control y la disciplina son la antítesis de lo que necesita un cerebro en etapas de desarrollo, lo que necesita es ética, coherencia, respeto y conexión. El control se basa en el miedo y la desconfianza, mientras que la disciplina proviene de una autoridad. Creando entonces ese ambiente en el propio hogar y normalizando las relaciones basadas en el poder y la sumisión.

Estos conceptos son opuestos a lo que implica la Educación Real, la cual se fundamenta en el respeto hacia los niños, niñas y adolescentes, en atender sus necesidades cerebrales reales y en promover sus derechos. Esta filosofía reconoce la importancia de establecer una relación igualitaria y de confianza, y está muy alejada de la “permisividad” y el libertinaje, simplemente, los niños, niñas y adolescentes son personas, y pueden aprender y vivir sus vidas sin dañar ni ser dañados, precisamente sin ser dañados.

El conductismo tampoco te parece una buena guía. ¿Por qué?

El conductismo se enfoca en la modificación de comportamientos a través de estímulos y recompensas, basados, además, en animales antes que en personas, en cerebros diferentes. Como decía, la infancia y adolescencia no funcionan a través de la manipulación, los premios o los castigos, eso es reducir a un ser humano a lo más bajo de la especie, además de una forma de violencia simbólica y normalizada, ya que implica la manipulación de las emociones y necesidades cerebrales reales de los niños y niñas y adolescentes, con el propósito de obtener los resultados deseados como adultos, en función de las necesidades adultas y sin tener en cuenta sus propias necesidades y sus derechos. Se puede enseñar sin dañar, de hecho, se debe.

Entre tus áreas de conocimiento está la violencia simbólica hacia la infancia. ¿Me podrías explicar de qué se trata?

La violencia simbólica es una forma de violencia que se reproduce culturalmente y, en consecuencia, la familia puede respaldarla y contribuir a su perpetuación. Se trata de un tipo de violencia sutil que no se percibe como tal, pero que se acepta comúnmente y es una forma más de control con sus correspondientes consecuencias negativas.

Un ejemplo de ello es cuando vas al supermercado y la cajera le dice a tu hijo o hija: “Si tu mamá dice que te has portado bien, te daré un caramelo”. A simple vista, puede parecer inofensivo, pero en realidad implica un chantaje emocional encubierto y normalizado, asumido por ese adulto que ni tan siquiera conoce al niño o niña en cuestión, donde se establece un intercambio de poder y se manipulan las emociones del niño o niña para obtener un resultado deseado. Un resultado, además, que obvia las necesidades cerebrales reales de la infancia y adolescencia, que son correr, saltar, hablar alto, moverse, expresar emociones, estar cansados, aburridos… en fin, eso no es portarse mal, es ser un ser humano en una etapa cerebral diferente a la adulta.

¿Cuántas prácticas que se entienden como educativas en la familia parten de esta violencia simbólica?

La mayoría, por no decir todas; en la educación no existen trucos, métodos o prácticas infalibles.

Muchas de las acciones que los padres y las madres intentan implementar, aunque sea de manera inconsciente, están enraizadas en esta violencia simbólica. Es decir, en la manipulación encubierta de las emociones y acciones de sus hijos e hijas para obtener lo que se espera de ellos y en función de las necesidades adultas. Solo hay que echar un vistazo al día a día, desde pórtate bien o los Reyes te traerán carbón, hasta el vete al rincón a calmarte, tienen manipulación, que no haríamos en ningún caso con una persona adulta ¿por qué sí lo hacemos con personas en una etapa en la que todo esto daña sus circuitos cerebrales dejando una huella de por vida?

Has vivido en Madrid, Barcelona y Londres. Por tu experiencia, ¿dónde dirías que se trata mejor a la infancia?

Actualmente vivo en Portugal. Y puedo afirmar que la violencia estructural para con la infancia y adolescencia está en todas partes, además, realizo investigaciones sociales por todo el mundo, y todo está contagiado, es como un virus que se ha propagado y que cada vez va a peor, silenciando a la infancia y adolescencia, teniendo como consecuencia a la sociedad desconectada de estas etapas que tenemos hoy. Es momento de actuar, cuanto antes, para salvar a generaciones actuales y venideras, así como a la sociedad en general.

Pablo Gutiérrez de Álamo

Periodista especializado en educación. Director de El Diario de la Educación. Antes en Periódico Escuela 

 

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2023/06/27/tania-garcia-la-violencia-estructural-para-con-la-infancia-y-la-adolescencia-esta-en-todas-partes/

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miércoles, 7 de marzo de 2018

PARTICIPACIÓN DE FAMILIAS Y DIÁLOGO IGUALITARIO FRENTE A LA VIOLENCIA


Convertir las escuelas en lugares de tolerancia cero ante cualquier violencia, en los que lo que se dice y se hace están en consonancia, es primordial.
A lo largo de estos días he podido leer muchos mensajes de apoyo y solidaridad a las víctimas y rechazo a cualquier tipo de violencia por personas de diferentes culturas o religiones que dan esperanza en momentos tan duros como este y que rechazan aquellos mensajes islamofóbicos sin ningún argumento de validez. Estos mensajes de solidaridad y rechazo a la violencia son un ejemplo de convivencia pacífica entre culturas que muestran que sí que es posible una sociedad democrática, libre y diversa.

Me preocupa pensar que ahora en las escuelas venga una “oleada de ocurrencias” para trabajar la prevención del terrorismo. En momentos así, más que nunca es necesario aplicar aquello que está demostrado por las investigaciones de primer nivel para prevenir la violencia y conseguir escuelas inclusivas.
Las escuelas que son comunidades de aprendizaje aplican actuaciones de éxito dirigidas a la transformación social y educativa. Este modelo educativo está en consonancia con las teorías científicas a nivel internacional que destacan dos factores claves para el aprendizaje de todos y todas sin exclusiones: la participación de las familias y las interacciones. Pero no cualquier tipo de interacciones sino aquellas que tienen presente los principios del aprendizaje dialógico como son el diálogo igualitario, la inteligencia cultural o la igualdad de diferencias tan importante cuando se trata de atención a la diversidad de culturas, género, religión…
No es cuestión de “hablar más” de valores democráticos o de no violencia, que también, pero las evidencias dicen que tiene que haber coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Para que tenga un impacto y se consiga prevenir que jóvenes lleguen a cometer un acto terrorista como el de Barcelona y Cambrils, las escuelas se tienen que transformar en lugares donde haya un posicionamiento de tolerancia cero a la violencia desde las primeras edades, donde los valientes o los héroes sean los que ayudan, los que son igualitarios, los que no utilizan la violencia y siempre tratan bien. Hay que trabajar por dotar de atractivo a los niños y las niñas que poseen aquellos valores democráticos que deseamos.
Para ello ya hay escuelas que aplican el modelo dialógico de convivencia y se organizan de forma democrática consensuando con toda la comunidad las normas que garantizan relaciones libres de violencia lo que previene y reduce los comportamientos violentos porque todos y todas van a una. También se abren espacios de diálogo en los que se habla de estos temas desde una perspectiva transformadora y preventiva.
En estos días se nos ha puesto como en un espejo el hecho de que los terroristas han sido alumnos de la escuela de la que podemos formar parte. Por ello es urgente garantizar actuaciones en los centros educativos que estén basadas en las mejores investigaciones sobre estos temas para dar la oportunidad a todos los niños y las niñas de que reciban la mejor educación curricular y emocional y se socialicen en relaciones libres de violencia que posibiliten las mejores trayectorias de vida. Gracias a investigadores del más alto nivel científico y humano como Ramón Flecha, hemos podido leer también en estos días que ya hay proyectos en el programa de investigación Europea Horizonte2020 (Proton) que aportan luz a estas cuestiones.


Fuente noticia: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/01/participacion-de-familias-y-dialogo-igualitario-frente-la-violencia/

Por

SARA CARBONELL

Maestra, creo en un mundo más justo mejor para tod@s gracias a la educación basada en evidencias y no en ocurrencias. Sí es posible.


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lunes, 18 de diciembre de 2017

7 TÉCNICAS EDUCATIVAS QUE SON UN COMPLETO ERROR

Olvide la disciplina castrense: castigarle en su habitación no sirve para nada.
  • cachetes niños
    1. Nada de cachetes La literatura científica los desaconseja con contundencia, catalogando a los tirones de orejas y palmadas en el trasero como recursos contraproducentes. “Los padres, ante conductas no deseables, deben montar su enfado y rechazo, pero el azote esporádico no servirá para cambiar el comportamiento del pequeño”, explica la psicóloga Ollero. Es más, la experta afirma que estas prácticas únicamente conseguirán viciar la relación entre ambos a largo plazo y, si bien quizá atajen en el momento la situación, configurará una personalidad más difícil de encauzar.
  • disciplina niños
    2. Las fórmulas ‘Antonio Alcántara’ no son las ideales Numerosos estudios han demostrado que la mayoría de técnicas disciplinarias clásicas, las que pasan por el arresto domiciliario o por los sistemas de recompensa son, a la larga, inservibles y contraproducentes. “En el papel de los padres como modelos de los hijos, la conexión emocional debe jugar un papel fundamental, estableciendo vínculos de confianza y seguridad para fomentar el desarrollo correcto, marcando los límites con firmeza pero también con amabilidad”, explica Andrea Ollero, psicóloga educativa. En este sentido, Ángela Pulido, también psicóloga y directora del centro El Árbol del Patio, apuesta implementar el modelo de Disciplina Positiva ideado por el psiquiatra y educador Rudolf Dreikurs, basado en “implicar al pequeño en su contexto, motivándolo desde los sentimientos positivos que le permiten saber que su papel también es importante”. Por eso, muchas de las técnicas clásicas se entienden, hoy, obsoletas. Esto es lo que no debe hacer con su pequeño, según la ciencia, y las alternativas para criarle con inteligencia emocional.
  • castigos niños
    3. Nada de castigos sin razonamiento En la misma línea, la imposición de sanciones en forma de actividades desagradables quizá corte de raíz la mala conducta, pero sólo momentáneamente. “Hacer sentir mal al niño no significará, necesariamente, que este entienda el verdadero motivo de nuestro malestar”, asegura Pulido, que apuesta más bien por tratar de razonar con él, usando un lenguaje en positivo, y exponerle las razones por las que su comportamiento no es el adecuado. Poner de relieve, al final, por qué sus actos no están construyendo un buen clima en el núcleo del que él debe sentirse partícipe, en el que él tiene que estar implicado.
  • chantaje niños
    4. Nada de dejarles sin postre Técnica basada en el chantaje y en la manipulación, según numerosos estudios, pero no en la explicación razonada que sí llevará al niño a entender por qué no debe hacer esto o lo otro. “De nuevo, esta práctica no hace pensar ni reflexionar al niño, y sólo le llevará a hacer determinadas cosas para contentarnos”, explica Pulido, que se pregunta si nuestra voluntad es que nos obedezca únicamente movido por el miedo a la prohibición o si realmente buscamos que entienda por qué debe comportarse correctamente.
  • premios niños
    5.  Nada de prometerle ración doble de postre Otra técnica basada en el chantaje: “Si vinculamos las educaciones con premios, igual que si lo hacemos con castigos, estamos dejando a un lado las emociones profundas”, repasa la psicóloga Ollero. Explica además que “la necesidad de conocerse, de entrar en comunión, es fundamental para que los actos estén ben encauzados y motivados por una decisión íntima y real que busca lo mejor para todos”.
  • rincon pensar niños
    6. Nada de mandarlo ‘al rincón de pensar’ ¿Para qué? “En el momento de enfado y frustración, ambos estarán dominados por el cerebro reptiliano, al que corresponden las funciones básicas. Los dos estarán bloqueados por el grado de tensión del contexto, y pedir al niño que reflexione no hará sino llevarle a pensar que su padre y su madre son seres horribles y mezquinos”, afirma Pulido. Además, y como explican los expertos en educación infantil Tina Payne Bryson y Daniel J. Siegel en su libro No-Drama Disciplineobligándoles a encontrarse con sus pensamientos en esa situación hará que se pierda la oportunidad de establecer un diálogo comprensivo, explicativo y que busque, realmente, lo que se pretende: hacerle reflexionar para que no repita sus actos.
  • prohibido llorar niños
    7. Nada de coartar sus sentimientos “Sobre todo si se trata de niños, muchos padres piensan que pidiéndoles que endurezcan su carácter le están ayudando a fortalecerse, pero eso no es así”, asegura Ollero, en la misma línea de numerosas investigaciones. Durante décadas, explica, la educación se ha basado en la ocultación de emociones, en la prohibición de llorar o mostrarse triste, pero es preferible “dejar que se expresen y enseñarles a entender lo que les ocurre para que aprendan a gestionarlo”, concluye.




  • culpabilidad niños
    8. Nada de educar en la culpabilidad “Vivimos en la era del buenismo.”, comenta la psicóloga Pulido, que añade: “Esto no es en absoluto positivo porque, ante situaciones realmente límite, esos padres colegas terminan por pasarse al otro lado y recurrir a gritos y broncas, descolocando al pequeño que no entiende esos estallidos de ira”. Por eso, ella apuesta por implementar las herramientas adecuadas para que el niño entienda que sus actos tienen consecuencias, y que de ellos depende también la buena marcha del grupo. “Hay que enfocarles hacia las soluciones, y no educarles en la culpabilidad”, confirma. Pero hay casos difíciles. “En situaciones ingestionables, lo más recomendable es buscar ayuda”, aconseja Ollero. Cuando todas las técnicas fallan, sólo un profesional puede detectar dónde está el desajuste en la relación entre padres e hijos y buscar soluciones.
    Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/12/12/album/1513081412_992481.html#foto_gal_8

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miércoles, 22 de noviembre de 2017

LA DISCIPLINA VIOLENTA, EL ABUSO SEXUAL Y LOS HOMICIDIOS ACECHAN A MILLONES DE NIÑOS EN TODO EL MUNDO, DICE UNICEF

La violencia contra los niños, algunos de tan sólo un año de edad, es un hecho recurrente en los hogares, las escuelas y las comunidades, según revela un nuevo informe en el que figuran datos preocupantes.

Un número asombroso de niños, algunos de tan solo 12 meses de edad, son víctimas de actos de violencia cometidos a menudo por las propias personas encargadas de cuidarlos, dijo UNICEF en un nuevo informe publicado hoy.
“El daño infligido a los niños en todo el mundo es realmente preocupante”, dijo el Jefe de Protección Infantil de UNICEF, Cornelius Williams. “Bebés que reciben una bofetada en la cara; niñas y niños forzados a realizar actos sexuales; adolescentes asesinados en sus comunidades: la violencia contra los niños no escatima a nadie y no conoce fronteras”.
Una situación habitual: violencia en las vidas de los niños y los adolescentes utiliza los últimos datos para mostrar que los niños sufren actos de violencia en todas las etapas de su infancia y en todos los entornos:
Violencia contra los niños de corta edad en sus hogares:
• Tres cuartas partes de los niños de 2 a 4 años en todo el mundo –alrededor de 300 millones– sufren actos de agresión psicológica y/o castigos físicos por parte de sus cuidadores en el hogar;
• Alrededor de 6 de cada 10 niños de un año en 30 países con datos disponibles están sometidos a algún tipo de disciplina violenta de manera sistemática. A cerca de una cuarta parte de los niños de un año se les sacude como castigo, y cerca de 1 de cada 10 recibe un golpe o una bofetada en la cara, la cabeza o los oídos;
• En todo el mundo, la madre de 1 de cada 4 niños menores de cinco años –176 millones– es víctima de la violencia de un compañero íntimo.
Violencia sexual contra niñas y niños:
• En todo el mundo, alrededor de 15 millones de mujeres adolescentes de 15 a 19 años han sido víctimas de relaciones sexuales forzadas en algún momento de sus vidas.
• Solamente un 1% de las niñas adolescentes que han sido víctimas de violencia sexual dicen que habían tratado de conseguir ayuda profesional.
• En los 28 países con datos, un 90% de las mujeres adolescentes que habían sufrido relaciones sexuales por la fuerza dijeron, como promedio, que el autor del primer incidente había sido una persona conocida. Los datos de seis países revelan que los amigos, los compañeros de clase y las parejas sexuales se encontraban entre los autores más frecuentes de los casos de violencia sexual contra los varones adolescentes.
Muertes violentas entre los adolescentes:
• Cada 7 minutos, en el mundo, un adolescente es asesinado en un acto violento.
• En los Estados Unidos, los varones negros no hispanos de 10 a 19 años tienen casi 19 veces más probabilidades de ser asesinados que los varones blancos no hispanos de la misma edad.
• América Latina y el Caribe es la única región donde se ha registrado un aumento de las tasas de homicidio entre los adolescentes; casi la mitad de todos los homicidios entre adolescentes que ocurrieron en 2015 se produjeron en esta región.
Violencia en las escuelas:
• La mitad de la población de niños en edad escolar (732 millones) vive en países donde el castigo corporal en la escuela no está completamente prohibido.
• Tres cuartas partes de los tiroteos documentados que se produjeron en escuelas de países que no estaban en conflicto en los últimos 25 años ocurrieron en los Estados Unidos
UNICEF da prioridad a los esfuerzos para poner fin a la violencia en todo su trabajo, incluyendo el apoyo a las actividades del gobierno para mejorar los servicios dirigidos a los niños afectados por la violencia, la elaboración de políticas y leyes que protejan a los niños, y la prestación de ayuda a las comunidades, las familias y los niños para evitar la violencia mediante programas prácticos como cursos y actividades contra la violencia doméstica dirigidos a los padres y madres.
Para poner fin a la violencia contra los niños, UNICEF hace un llamamiento a los gobiernos para que adopten medidas urgentes y respalden la orientación de INSPIRE que la OMS, UNICEF y la Alianza mundial para poner fin a la violencia contra los niños han acordado y promovido, y que incluye las siguientes medidas:
• Adoptar planes de acción nacionales bien coordinados para poner fin a la violencia contra los niños, incorporando los sistemas de educación, bienestar social, justicia y salud, así como a las comunidades y a los propios niños.
• Cambiar los comportamientos de los adultos y abordar los factores que contribuyen a la violencia contra los niños, incluidas las desigualdades económicas y sociales, las normas sociales y culturales que condonan la violencia, las políticas y la legislación inadecuadas, los servicios insuficientes para las víctimas y la escasez de inversiones en sistemas efectivos para prevenir y responder a violencia.
• Centrarse en políticas nacionales para minimizar el comportamiento violento, reducir las desigualdades y limitar el acceso a las armas de fuego y de otro tipo.
• Establecer sistemas de servicios sociales y capacitar a trabajadores sociales para que ofrezcan servicios de remisión de casos, asesoramiento y atención terapéutica para niños que han sufrido casos de violencia.
• Educar a los niños, padres, madres, maestros y miembros de la comunidad para que reconozcan la violencia en todas sus formas y empoderarlos para que hablen sobre la violencia y la denuncien sin correr peligro.
• Recopilar mejores datos desglosados sobre la violencia contra los niños y realizar un seguimiento del progreso a través de una supervisión y evaluación sólidas.


Por: UNICEF
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lunes, 6 de noviembre de 2017

EL MALTRATO INFANTIL QUE EMPIEZA CON EL PRIMER AZOTE

Unos 300 millones de menores entre dos y cuatro años en el mundo sufren castigos físicos o psicológicos en casa. Un informe de Unicef desvela los tipos de violencia actuales contra la infancia y la adolescencia.
— “Una cosa es moler a palos a un crío y otra, pegarle un azote suave en el culo”.
— “Hay veces en las que un bofetón a tiempo evita males mayores”.
— “Creo que la violencia física debe usarse, pero como última opción”.

¿Cuántas de estas afirmaciones se han escuchado en una conversación cualquiera con adultos? ¿Con cuántas ha estado de acuerdo? Si cree que con una, o con más de una, lea y piense en estas otras: 300 millones de niños de dos a cuatro años de todo el mundo —es decir, unas tres cuartas partes— sufren castigos físicos y/o psicológicos por parte de sus cuidadores en el hogar. En 30 países, otros seis de cada diez de un año de edad están sometidos a algún tipo de disciplina violenta de manera sistemática en casa. Y cerca de uno de cada 10 recibe un golpe o una bofetada en la cara, la cabeza o los oídos. Los adultos, parece ser, tenemos la mano muy larga y dan fe de ello niñas como Jenny, que son solo tres años vive en un hogar de acogida en El Alto (Bolivia) tras ser encontrada viviendo en las calles después de haber sido maltratada por sus padres.
Estos datos pertenecen, con otros muchos, al último informe mundial del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), publicado este miércoles. Su título es Una situación habitual: violencia en las vidas de los niños y los adolescentes e intenta arrojar luz sobre la magnitud de los distintos tipos de violencia que los menores sufren en todas las etapas de su infancia y en todos los entornos. Su contenido no da respiro. Lo que demuestra es un hecho rutinario y aceptado: según este estudio, al menos 1.100 millones de cuidadores —o algo más de uno de cada cuatro— creen que el castigo físico es necesario para criar adecuadamente a un pequeño pese a que la Convención de Derechos del Niño de las Naciones Unidas, de 1989, enfatiza que ninguna forma de violencia es admisible. Las metas 5 y 16 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible también mencionan la necesidad de acabar con el maltrato infantil.
MORIR EN BRASIL POR EL COLOR DE LA PIEL
PATRICIA PEIRÓ
El riesgo de ser asesinado en Brasil se multiplica por tres para los negros y mestizos, y es uno de los cinco países del mundo con la tasa de homicidios adolescentes más alta (59 muertes por cada 100.000 habitantes). En lo más alto de esta clasificación le acompañan otras cuatro naciones latinoamericanas: Venezuela (97), Colombia (71), El Salvador (66) y Honduras (65). La mitad de las muertes violentas de jóvenes entre 10 y 19 años que se registraron en 2015 en todo el mundo sucedieron en la región latinoamericana y caribeña, a pesar de que estos territorios comprenden tan solo un 10% de la población adolescente global. 
Si la violencia en el hogar por parte de los cuidadores está a la orden del día, no es menos preocupante la que se ejerza en los centros escolares. Aún hoy, la mitad de la población de niños en edad escolar —732 millones— vive en países donde el castigo corporal en la escuela no está completamente prohibido. El bullying, por su lado, afecta a unos 130 millones de adolescentes de entre 13 y 15 años. En el último cuarto de siglo se registraron 59 tiroteos en las escuelas de 14 países y casi tres de cada cuatro fueron en Estados Unidos.
Las muertes violentas por homicidio o a consecuencia de un conflicto armado también se tienen en cuenta: cada siete minutos, un adolescente es asesinado en un acto violento en el mundo. Aunque las cifras globales disminuyen, en la región de América Latina y el Caribe la tendencia es la contraria, y en 2015 casi la mitad de todos estos homicidios se dieron allí. El estudio llama la atención sobre la importancia de la raza o el sexo a la hora de ser víctima de un asesinato. Ejemplo clarificador es el de Estados Unidos, donde los varones negros no hispanos de 10 a 19 años tienen casi 19 veces más probabilidades de ser asesinados que los blancos no hispanos de la misma edad. De hecho, en 2015, el riesgo que tenía un adolescente negro no hispano en Estados Unidos de ser asesinado por homicidio era el mismo que tenía un adolescente de Sudán del Sur de ser asesinado debido a la guerra que sufre el país.
Honduras es ejemplo paradigmático de los riesgos que sufren los adolescentes para ir a la escuela, que ya no son lugares de aprendizaje seguros sino que se han convertido en territorios de reclutamiento para las pandillas. Muchos menores corren el riesgo de ser reclutados, amenazados, maltratados, atacados e incluso asesinados. El ciclo de violencia aumenta las tasas de deserción escolar, ya que los niños temen continuar su educación. Javier y Jesús, ambos de San Pedro Sula, sufren a diario esta realidad. El primero, de 10 años, vive con su abuela después de que su padre y sus cinco tíos fueran asesinados por una banda. Él no ha sido amenazado pero tiene amigos que sí. Jesús, de 15 años, iba a un colegio situado en un barrio donde las peleas entre pandillas rivales son frecuentes. A los 12 fue agredido y eso le llevó a dejar los estudios. Poco después, su mejor amigo murió asesinado. Ahora asiste a un centro ubicado en el límite entre los dos territorios de estas bandas, donde puede aprender el currículo escolar a través de internet.
Estamos aún en proceso de asumir que un niño tiene que estar protegido de cualquier violencia, incluida la de la familia
BLANCA CARAZO, UNICEF
Por último, el informe se ocupa de la violencia sexual. En 38 países de ingresos bajos y medianos, 17 millones de mujeres adultas reconocieron haber sido forzadas a mantener relaciones cuando eran niñas. Y solo en 28 países europeos, alrededor de 2,5 millones de mujeres fueron violadas o agredidas antes de los 15 años. Nueve de cada diez, además, dijeron que habían sido forzadas por personas de su entorno (familiares, pareja…). También hay rostros y dolor real detrás de estos números. El de Rosie, nombre ficticio para una jovencita de la República Dominicana que sufrió abusos sexuales por parte del novio de su madre. Al cabo de los años, ya adolescente, tuvo valor para contarlo y hoy sigue tratándose sus heridas psicológicas. Ella al menos no quedó embarazada, como sí le ocurrió a la sierraleonense de 14 años Mery, nombre falso también. Fue violada por un hombre mayor de su pueblo y ha tenido que dejar la escuela hasta que dé a luz. “No me siento bien porque soy solo una niña pequeña”, dice.
¿POR QUÉ SEGUIMOS PEGANDO A LOS NIÑOS?
Pegar es un problema de arraigo cultural y de reproducción de patrones experimentados en el seno familiar desde la infancia. “Aunque ahora haya otros mensajes, si los adultos actuales vivieron los castigos corporales como algo normal, sigue quedando esa pautas en el comportamiento”, indica Blanca Carazo, del Comité Español de Unicef. Otro apunte: la madre de uno de cada cuatro niños —unos 176 millones— es víctima de violencia por parte de su pareja.
Además, apunta la experta, no en todos los países existen mensajes claros sobre la disciplina violenta. “El discurso es reciente, la declaración sobre los derechos del niño, también; estamos aún en proceso de asumir que un niño tiene que estar protegido de cualquier violencia, incluida la de la familia”, denuncia la experta.
SIN DATOS DEL ALCANCE REAL
El informe pone de relieve que se progresa en la concienciación y en la reducción de la violencia contra los niños. No obstante, la falta de información dificulta conocer el verdadero alcance del problema. Aunque aumenta, la disponibilidad de información sigue siendo muy baja, así que es difícil obtener una imagen fiable de la evolución. Para Carazo es algo que se retroalimenta: “Como no hay datos, no es fácil visibilizar la problemática y lograr que se destinen recursos a combatirla. Y como no está en las agendas políticas, no se prioriza y seguimos sin tener datos”. “Se trata de un tema muy delicado, son  tabúes o a los que no se da importancia”, explica otra de las expertas del Comité Español, Almudena Olaguibel. “A los niños no se les suele creer, o se minimiza lo que cuentan”. Prueba de ello es que solo un 1% de las niñas que han sufrido violencia sexual se atrevieron a buscar ayuda. Al final, el resultado es que se justifican comportamientos hacia un menor que no se tolerarían en un adulto.
SIETE DE CADA DIEZ PADRES ARGENTINOS SON VIOLENTOS CON SUS HIJOS
MAR CENTENERA
Cada día se registran 85 denuncias por maltrato infantil de media en la provincia de Buenos Aires, donde se concentra el 40% de la población de Argentina. La mayoría son por casos graves —palizas, abusos sexuales y abandono— y no contemplan otras formas de violencia invisible, ejercida contra los niños en millones de hogares. Gritos, bofetones, insultos, azotes y sacudidas forman parte de los métodos de de disciplina aplicados por los padres a sus hijos en siete de cada diez familias argentinas. >> Sigue leyendo
¿QUÉ HACER?
Para paliar estas carencias, la organización ha desarrollado varias acciones en los últimos años, entre ellas la nueva #STOPViolenciaInfantil, y la más veterana #EndViolence, en la que han participado ilustres como David Beckham y que dispone de una herramienta en Internet para denunciar agresiones. En la actualidad, se ha logrado que el número de países con datos comparables sobre disciplina violenta haya aumentado de 39 a 79 desde 2005, por ejemplo.
Eliminar todas las formas de violencia contra los niños pasa por preguntarse si de verdad un castigo físico es efectivo. Para Carazo, sucede al contrario: “Las víctimas de castigos físicos no se desarrollan bien. Posteriormente sufrirán problemas para relacionarse y tenderán a replicar esos comportamientos violentos. Y no hay nada que avale que un castigo físico es más eficaz que otro”.
Unicef aboga por cambiar las normas. Para ello es importante promover y dar a conocer a los padres otras formas de disciplina basadas en el refuerzo positivo y en transmitir lo que está bien y lo que está mal desde la no violencia. “También nos sirve a los mayores, pues en nuestra manera de resolver conflictos en la vida diaria no siempre es pacífica”, opina Carazo. Una de las claves es el tiempo, tiempo para transmitir valores y conocimientos a los hijos y alumnos; para hablar, razonar, y crear un clima de intercambio de opiniones en el que los niños se puedan expresar.
Desde el punto de vista institucional, es importante fortalecer los marcos jurídicos promulgando nuevas leyes y haciéndolas cumplir para proteger a los niños. Unicef también destaca la necesidad de fijar estrategias de prevención, entre ellas la limitación del acceso a las armas de fuego, e implementar más servicios sociales para responder a las necesidades de niños y adolescentes.
Devuelven el optimsmo ejemplos como el de  Edward, de Uganda. Su padre no le prestaba ninguna atención y su madre era demasiado estricta. Él tuvo una infancia complicada pero, al menos, rompió la maldición y hoy es un solícito progenitor con su hijita Vera Edna, de siete años, y el resto de su prole. Cuando miro a mis hijos, los tomo como mi tesoro. Me aseguro de que su entorno en el hogar y la escuela sea seguro”, afirma.
27.100 MENORES VÍCTIMAS DE VIOLENCIA EN ESPAÑA
La violencia en España existe, igual que existe en el resto del mundo. Unicef maneja cifras del Registro Unificado de Maltrato Infantil (RUMI), una base de datos en la que se recogen notificaciones de sospecha de violencia en el ámbito familiar por parte de profesionales que tienen contacto con menores, como servicios sociales, policía, educadores y sanitarios. En 2015 se notificaron 13.818. Más reciente es la información extraída del Ministerio de Interior: en 2016, 27.100 niños fueron víctimas de delitos que implican algún tipo de violencia, según las denuncias recogidas por los cuerpos de policía nacional y autonómicas y la Guardia Civil. De estas, 5.523 fueron víctimas de delitos graves en el ámbito familiar. “Hay que poner estos datos en relación con los del RUMI, que son sospecha, frente a estos que son denuncias firmes”, detalla Almudena Olaguibel, del Comité Español de Unicef.
Otros 4.393 menores fueron victimas de delitos contra la libertad e indemnidad sexual en España, que engloba acoso, agresión, pornografía y otros a través de redes sociales con componente sexual. “Llama la atención que los niños y adolescentes suponen casi la mitad de todos los delitos contra la libertad sexual e indemnidad, cuando no son ni la mitad de toda la población española”, resalta la experta. Por último, otros 26 menores murieron a causa de agresiones y otros 28 fueron localizados como víctimas de trata con fines de explotación sexual, dos de explotación laboral y tres que iban a ser casadas a la fuerza
Estas cifras aumentan con relación a las recogidas en periodos anteriores, pero para la experta de Unicef no es algo negativo. “Tenemos cada vez más datos, y aunque hay que cogerlos con pinzas, vemos que ocurre lo mismo que con la violencia hacia la mujer: tener más casos no significa que haya aumentado el maltrato, sino que los mecanismos de denuncia se van poniendo en marcha”.

Por: Lola Hierro
Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/10/31/planeta_futuro/1509452811_194730.html


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miércoles, 6 de marzo de 2013

Mejorar la convivencia a través de la cooperación y de la construcción de la no-violencia

Los cambios en las estructuras familiares, y en la idea de autoridad, repercute fuertemente en las actividades escolares ¿Cómo recuperar la autoridad? ¿Qué papel podemos asignar a las familias, en la construcción de relaciones democráticas? ¿Cómo obtener un aprendizaje cooperativo? ¿En qué valores se sustenta este tipo de aprendizajes?


La cooperación escuela-familia como medio para mejorar la educación
Para comprender los problemas actuales de convivencia escolar es preciso tener en cuenta la crisis por la que atraviesan los dos contextos educativos tradicionales, creados para una sociedad, la de la Revolución Industrial, muy distinta de la de esta Revolución Tecnológica que nos ha tocado vivir.

La familia nuclear, compuesta por la madre, el padre y los/as hijos/as, se aisló de la familia extensa y se especializó en el cuidado y en la educación, en torno a una figura, la madre, que se aislaba también de lo que sucedía más allá del reducido mundo privado en el que transcurría su vida, y fuertemente jerarquizada en torno a la autoridad paterna.
Esta estructura familiar tradicional, cada día menos frecuente, no favorece la calidad de la educación hoy, que pueden asumir mejor adultos que no estén aislados del mundo exterior, para comprender así los cambios que deben afrontar sus hijos/as; con un suficiente nivel de control sobre sus propias vidas, que les permita estar psicológicamente disponibles para educar; y que asuman la educación como una responsabilidad compartida desde esquemas compatibles con los actuales valores democráticos.

La escuela tradicional, que se extendió a sectores cada vez más amplios de la población; estructurada en torno a la homogeneidad (el alumno medio, grupos homogéneos...); fuertemente jerarquizada y basada en la obediencia incondicional al profesorado; en la que los individuos que no encajaban con lo que se esperaba del alumno medio eran excluidos de ella; y que miraba para otro lado cuando se producían situaciones de violencia entre iguales.

Para adaptar la educación a las exigencias de la sociedad actual es preciso establecer nuevos esquemas de colaboración a múltiples niveles, incluida la colaboración escuela-familia: basados en el respeto mutuo (respecto al papel que cada agente educativo desempeña), que sustituyan la frecuente tendencia a "buscar quién tiene la culpa" por la búsqueda conjunta de soluciones para afrontar mejor un problema compartido: mejorar la educación.

Enseñar de otra manera para recuperar autoridad
Nunca había estado disponible tanta información, incluida la información destructiva,  pero nunca había sido tan difícil comprender lo que nos sucede. Por eso, el profesorado no puede orientarse sólo a la trasmisión de información, y si lo hace difícilmente puede tener la autoridad como experto que tenía en otras épocas. Para recuperarla, adaptándose a la nueva situación, debe enseñar de una forma más compleja, actuando como mediador del proceso de construcción del conocimiento que deben realizar los/as alumnos/as, enseñándoles habilidades para buscar información, para interpretarla, para criticarla, para producirla, de forma que puedan aprender así a manejar las herramientas necesarias en esta sociedad del conocimiento.

Derechos y deberes desde una perspectiva democrática
Muchos de los problemas de convivencia reflejan que no se ha logrado sustituir adecuadamente el autoritarismo de épocas pasadas por una educación democrática que enseñe a coordinar derechos con deberes con eficacia, objetivo destacado en diversos estudios recientes como lo más difícil de la educación actual tanto para la escuela como para la familia. Conviene tener en cuenta, en este sentido, que el respeto de los límites mejora cuando las normas son claras y coherentes, han sido elaboradas por todos los miembros de la comunidad escolar, incluidos los alumnos y sus familias, éstas se aplican a todos según unos principios previamente aceptados, y la conducta de los adultos es coherente con lo que pretenden enseñar. Así incrementan su poder legítimo, que se basa en el reconocimiento de que tienen derecho a influir en la dirección en la que lo intentan.

Como evidencia del importante papel que la familia tiene en este objetivo cabe destacar que entre los problemas detectados en los alumnos que acosan a sus compañeros suelan observarse dificultades familiares para la enseñanza de los límites, existiendo permisividad ante conductas antisociales o/y empleo de métodos coercitivos autoritarios, como el castigo físico. En ambos casos, se fomenta el modelo de dominio-sumisión que subyace al acoso. Con los métodos autoritarios, el adulto proporciona un modelo de dominio al que el niño se tiene que someter, con el riesgo de que intente después reproducirlo desde el papel de dominador. Cuando existe una excesiva permisividad, el niño puede llegar a convertirse en un pequeño "tirano" que intenta dominar incluso a los adultos encargados de su educación. Proporcionar desde la escuela y desde la familia una alternativa a ambas situaciones, enseñando a respetar límites sin caer en el autoritarismo ni en la negligencia, es un requisito básico para prevenir el acoso y mejorar la convivencia.

La necesidad de distribuir el protagonismo en el aula
El comportamiento disruptivo suele mantenerse por la posibilidad de conseguir con él el protagonismo y la atención de los demás, aunque sea en forma de crítica, sobre todo si quien lo utiliza carece de alternativas positivas conseguirlo. Por eso, con los métodos tradicionales centrados en las exposiciones del profesor, suele ser muy difícil erradicar este problema. Más resoluble con procedimientos como el aprendizaje cooperativo, que distribuyen el protagonismo entre todos los alumnos. Con los que el profesorado pasa a ser percibido como un aliado para conseguir objetivos fuertemente deseados, y se favorece el vínculo de confianza necesario para educar, la forma más eficaz de recuperar autoridad.

Acoso escolar, exclusión y el modelo dominio-sumisión
La principal característica de las víctimas de acoso es encontrarse en una situación de inferioridad respecto a los acosadores. Por eso, no es de extrañar que lo más característico de su situación sea el aislamiento, así como otras características que a él conducen, y a través de cuya asociación se reproducen graves problemas que se originan fuera de la escuela, como el racismo, el sexismo o la tendencia a abusar del que se encuentra en una situación de debilidad.

La identificación con el modelo dominio-sumisión es uno de los principales problemas de los adolescentes que acosan a sus compañeros, que se refleja a través de su tendencia a justificar más la violencia, el racismo, el sexismo, sus dificultades para ponerse en el lugar de los demás, su menor empatía y capacidad de autocrítica, un razonamiento moral más primitivo, en el que la justicia se identifica con la tendencia a vengar reales o supuestas ofensas, y los problemas que les llevan a ser percibidos por sus compañeros como más intolerantes y arrogantes, y al mismo tiempo como que se sienten fracasados.

Lo anteriormente expuesto refleja que para prevenir el acoso es necesario erradicar situaciones de exclusión, favoreciendo la integración en el aula de todos los individuos, y ayudar a construir la identidad en torno a valores incompatibles con la violencia y el modelo de dominio-sumisión que a ella conduce.

El aprendizaje cooperativo
Para mejorar la convivencia es preciso construir una alternativa sostenible a la violencia en la práctica: a través de las relaciones que se establecen en la escuela. Objetivo que se favorece con el aprendizaje cooperativo aplicado sobre cualquier materia o contenido educativo. Para explicar su eficacia, conviene tener en cuenta que la mayoría de los problemas que obstaculizan la convivencia escolar (desmotivación por el aprendizaje, comportamiento disruptivo, acoso entre iguales, falta de respeto hacia el profesorado...) pueden mejorar sustituyendo la estructura competitiva e individualista de las aulas tradicionales por una estructura cooperativa.

En la estructura del aula tradicional, los escolares ven el éxito y el protagonismo de los demás como incompatible con el propio, es decir que cuanto peores son las calificaciones de los otros mejores son las propias. Este tipo de evaluación puede originar reacciones negativas (envidia, hostilidad, desánimo...) cuando los resultados de los demás son mejores a los propios y hace que el esfuerzo por aprender sea desalentado entre los alumnos, contribuyendo a crear, incluso, normas de relación entre iguales que van en contra de dicho esfuerzo y a considerarlo de manera negativa (como algo característico de empollones). Los escolares que entran en dicha categoría tienen más riesgo de ser elegidos como víctimas de acoso.

A través del aprendizaje cooperativo esta situación puede cambiar de forma radical, porque la forma de alcanzar las metas personales es a través de las metas del equipo; lo cual hace que el aprendizaje y el esfuerzo por aprender sean mucho más valorados entre los compañeros, aumentando la motivación general por el aprendizaje, así como el refuerzo y la ayuda que se proporcionan mutuamente en este sentido. Por eso, desde las familias conviene alentar y reforzar los esfuerzos de la escuela por incorporar este tipo de innovaciones, que pueden suponer importantes ventajas para todos los alumnos.

"Enseñar a respetar los límites sin caer en el autoritarismo ni en la negligencia, es un requisito básico para prevenir el acoso y mejorar la convivencia".

Autora
María José Díaz-Aguado
Catedrática de Psicología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid
Directora del Master en Programas de Intervención Psicológica en Contextos Educativos
Revista Ceapa

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