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martes, 15 de agosto de 2023

Orientaciones para mejorar la convivencia

Orientaciones para mejorar la convivencia

El Estudio estatal sobre la convivencia en los centros de educación primaria, elaborado sobre la base de más de 33.000 encuestas entre la comunidad educativa de todo el país ofrece un decálogo de orientaciones con las que lograr mejoras en el clima de los centros escolares.



La convivencia no parece ser un gran problema, al menos, en los centros de primaria, según el estudio realizado para el Observatorio Estatal de la Convivencia, en cuyo pleno, presidido por Pilar Alegría, ministra de Educación y FP, se han presentados sus datos y conclusiones.

Más allá de que los casos de acoso o de violencia en los centros son una minoría (menos del 10 % del alumnado dice haberse sentido acosado en su colegio), sigue habiendo margen de maniobra para la mejora de estas cifras. Desde un aumento de la formación inicial y continua del profesorado en estas manterias o la difusión de buenas prácticas pasando por la generalización de proyectos de alumnado mediador o ayudante.

Os dejamos aquí el decálogo de elementos que podrían suponer una mejora de la convivencia en todos los centros de primaria. El último de los puntos, el número 11 en realidad, se refiere a la publicidad tanto entre la comunidad educativa como entre la sociedad en general, de las conclusiones del estudio.

Orientaciones

La convivencia, según muestra el estudio y en opinión de quienes están todos los días en las aulas y pasillos de los colegios, es buena. Pero prevalecen ciertas situaciones graves que, en cualquier caso, están haciendo sufrir a muchas y muchos niños. Esto es lo que hace necesario que se implementen medidas, en diferentes niveles del sistema, para conseguir mejoras. El estudio plantea hasta 10, 11 si contamos con la última, que es dar difusión a los resultados y conclusiones del propio informe.

La primera de ellas habla de la necesidad de que las decisiones docentes se planifiquen de manera coordinada y haya trabajo en equipo. En este sentido se habla de la necesidad de crear un modelo de gestión de la convivencia con un enfoque restaurativo aunque se tiene en cuenta la falta de tiempos y espacios para poder planificar la gestión de la convivencia. Como pasos iniciales se plantea que el Observatorio Estatal de la Convivencia defina convivencia para dar orientación a los centros, al mismo tiempo que se entiende que el Plan de Convivencia y el Proyecto Educativo de Centro deberían contener escenarios reales de práctica educativa y propuestas de convivencia efectivas.

Reducir y agilizar la carga burocrática en la gestión de la convivencia es otra de las conclusiones. Tanto las direcciones como el profesorado y los equipos de orientación coinciden en que la burocracia es un problema para el que necesitan ayuda y asesoramiento a la hora de diseñar, desarrollar y evaluar los documentos institucionales de convivencia, como planes, protocolos o medidas preventivas.

También se pone sobre la mesa la necesidad de profundizar en metodologías y evaluación colaborativas dentro del currículo para crear destrezas cooperativas que se conviertan en actitudes de convivencia. Es decir, “a convivir se enseña desde la práctica planificada, programada y evaluada”, asegura el estudio. Por eso la importancia de profundizar en aspectos curriculares y de evaluación que mejoren las actitudes de convivencia.  En este sentido se señala la creación de un currículo específico que explicite competencias y contenidos que promuevan la convivencia: conocer y comprender los conflictos y la violencia; gestión pacífica de conflictos; no discriminación, aceptación, colaboración, cooperación, solidaridad, etc.

El desarrollo la práctica de la convivencia desde el enfoque restaurativo, preventivo y de calidad es otra de las apuestas del estudio. La creación de medidas preventivas puede prevenir problemas como la sustracción o el deterioro de los materiales (uno de los problemas más señalados por el alumnado) o el maltrato entre iguales. Según las y los autores, las administraciones deben generar estructuras participativas de gestión de la convivencia, como podrían ser los observatorios de la convivencia escolar en los territorios. Además, se señala que el propio alumnado hace hincapié en las medidas restaurativas como elementos para potenciar la responsabilidad entre chicas y chicos.

La colaboración escuela-familia en temas de convivencia y participación sería otro punto destacado. El estudio, dicen sus autores, confirma la importancia del papel de la familia y de su colaboración para atender los conflictos. En entorno familiar influye en la convivencia en el centro, al tiempo que las familias tienen en buena consideración el trabajo del profesorado en estas cuestiones.

La elaboración de las normas de aula con la participación y dentro del marco de la acción tutorial. Las normas tienen mayor impacto si tratan de responder a las necesidades del grupo, de manera que su participación en la elaboración es interesante. Ahora bien, “resulta irrenunciable crear condiciones horarias sostenibles en los centros que garanticen una buena acción tutorial”.

Desde el estudio se resalta la necesidad de integrar los programas de alumnos ayudantes y los programas de mediación escolar ante la constatación de que no son conocidos entre el alumnado que no participa directamente en ellos. Este tipo de programas con “oportunidades de educación y desarrollo moral siempre que sea al servicio de la justicia restaurativa”, asegura el estudio que insiste en su extensión por “lo mucho que aportan al desarrollo de una cultura de la convivencia pacífica”. Por eso se aboga por una mejora de la difusión y comunicación de este tipo de prácticas.

En un sentido similar se ve la obligación de intensificar la formación inicial y permanente desde la práctica de la reflexión. El estudio defiende el desarrollo y difusión de formación anual sobre convivencia para directivos, coordinadores de bienestar e integrantes de consejos escolares de centro, así como la difusión de buenas prácticas de convivencia de manera sistemática.

La evaluación es importante, así al menos lo dicen quienes han participado en el estudio al pedir que se generen herramientas para evaluar la convivencia. Con ellas se podría hacer que el Plan de Convivencia fuera más ajustado a las necesidades que se detecten en cada centro educativo. Por esto, se aboga por la creación de proyectos de diagnóstico y asesoría para centros educativos desde algún tipo de plataforma web.

Para terminar este apartado, se pide la implementación de una estructura de convivencia que genere una escuela conectada con la comunidad. Según los resultados del estudio, hay una necesidad imperiosa de que los centros sean instituciones abiertas al entorno: a los servicios sociales, municipales o sanitarios, por ejemplo.

 

Por: Pablo Gutiérrez de Álamo

Periodista especializado en educación. Director de El Diario de la Educación. Antes en Periódico Escuela

 

 Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2023/05/03/orientaciones-para-mejorar-la-convivencia/

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miércoles, 6 de marzo de 2013

Mejorar la convivencia a través de la cooperación y de la construcción de la no-violencia

Los cambios en las estructuras familiares, y en la idea de autoridad, repercute fuertemente en las actividades escolares ¿Cómo recuperar la autoridad? ¿Qué papel podemos asignar a las familias, en la construcción de relaciones democráticas? ¿Cómo obtener un aprendizaje cooperativo? ¿En qué valores se sustenta este tipo de aprendizajes?


La cooperación escuela-familia como medio para mejorar la educación
Para comprender los problemas actuales de convivencia escolar es preciso tener en cuenta la crisis por la que atraviesan los dos contextos educativos tradicionales, creados para una sociedad, la de la Revolución Industrial, muy distinta de la de esta Revolución Tecnológica que nos ha tocado vivir.

La familia nuclear, compuesta por la madre, el padre y los/as hijos/as, se aisló de la familia extensa y se especializó en el cuidado y en la educación, en torno a una figura, la madre, que se aislaba también de lo que sucedía más allá del reducido mundo privado en el que transcurría su vida, y fuertemente jerarquizada en torno a la autoridad paterna.
Esta estructura familiar tradicional, cada día menos frecuente, no favorece la calidad de la educación hoy, que pueden asumir mejor adultos que no estén aislados del mundo exterior, para comprender así los cambios que deben afrontar sus hijos/as; con un suficiente nivel de control sobre sus propias vidas, que les permita estar psicológicamente disponibles para educar; y que asuman la educación como una responsabilidad compartida desde esquemas compatibles con los actuales valores democráticos.

La escuela tradicional, que se extendió a sectores cada vez más amplios de la población; estructurada en torno a la homogeneidad (el alumno medio, grupos homogéneos...); fuertemente jerarquizada y basada en la obediencia incondicional al profesorado; en la que los individuos que no encajaban con lo que se esperaba del alumno medio eran excluidos de ella; y que miraba para otro lado cuando se producían situaciones de violencia entre iguales.

Para adaptar la educación a las exigencias de la sociedad actual es preciso establecer nuevos esquemas de colaboración a múltiples niveles, incluida la colaboración escuela-familia: basados en el respeto mutuo (respecto al papel que cada agente educativo desempeña), que sustituyan la frecuente tendencia a "buscar quién tiene la culpa" por la búsqueda conjunta de soluciones para afrontar mejor un problema compartido: mejorar la educación.

Enseñar de otra manera para recuperar autoridad
Nunca había estado disponible tanta información, incluida la información destructiva,  pero nunca había sido tan difícil comprender lo que nos sucede. Por eso, el profesorado no puede orientarse sólo a la trasmisión de información, y si lo hace difícilmente puede tener la autoridad como experto que tenía en otras épocas. Para recuperarla, adaptándose a la nueva situación, debe enseñar de una forma más compleja, actuando como mediador del proceso de construcción del conocimiento que deben realizar los/as alumnos/as, enseñándoles habilidades para buscar información, para interpretarla, para criticarla, para producirla, de forma que puedan aprender así a manejar las herramientas necesarias en esta sociedad del conocimiento.

Derechos y deberes desde una perspectiva democrática
Muchos de los problemas de convivencia reflejan que no se ha logrado sustituir adecuadamente el autoritarismo de épocas pasadas por una educación democrática que enseñe a coordinar derechos con deberes con eficacia, objetivo destacado en diversos estudios recientes como lo más difícil de la educación actual tanto para la escuela como para la familia. Conviene tener en cuenta, en este sentido, que el respeto de los límites mejora cuando las normas son claras y coherentes, han sido elaboradas por todos los miembros de la comunidad escolar, incluidos los alumnos y sus familias, éstas se aplican a todos según unos principios previamente aceptados, y la conducta de los adultos es coherente con lo que pretenden enseñar. Así incrementan su poder legítimo, que se basa en el reconocimiento de que tienen derecho a influir en la dirección en la que lo intentan.

Como evidencia del importante papel que la familia tiene en este objetivo cabe destacar que entre los problemas detectados en los alumnos que acosan a sus compañeros suelan observarse dificultades familiares para la enseñanza de los límites, existiendo permisividad ante conductas antisociales o/y empleo de métodos coercitivos autoritarios, como el castigo físico. En ambos casos, se fomenta el modelo de dominio-sumisión que subyace al acoso. Con los métodos autoritarios, el adulto proporciona un modelo de dominio al que el niño se tiene que someter, con el riesgo de que intente después reproducirlo desde el papel de dominador. Cuando existe una excesiva permisividad, el niño puede llegar a convertirse en un pequeño "tirano" que intenta dominar incluso a los adultos encargados de su educación. Proporcionar desde la escuela y desde la familia una alternativa a ambas situaciones, enseñando a respetar límites sin caer en el autoritarismo ni en la negligencia, es un requisito básico para prevenir el acoso y mejorar la convivencia.

La necesidad de distribuir el protagonismo en el aula
El comportamiento disruptivo suele mantenerse por la posibilidad de conseguir con él el protagonismo y la atención de los demás, aunque sea en forma de crítica, sobre todo si quien lo utiliza carece de alternativas positivas conseguirlo. Por eso, con los métodos tradicionales centrados en las exposiciones del profesor, suele ser muy difícil erradicar este problema. Más resoluble con procedimientos como el aprendizaje cooperativo, que distribuyen el protagonismo entre todos los alumnos. Con los que el profesorado pasa a ser percibido como un aliado para conseguir objetivos fuertemente deseados, y se favorece el vínculo de confianza necesario para educar, la forma más eficaz de recuperar autoridad.

Acoso escolar, exclusión y el modelo dominio-sumisión
La principal característica de las víctimas de acoso es encontrarse en una situación de inferioridad respecto a los acosadores. Por eso, no es de extrañar que lo más característico de su situación sea el aislamiento, así como otras características que a él conducen, y a través de cuya asociación se reproducen graves problemas que se originan fuera de la escuela, como el racismo, el sexismo o la tendencia a abusar del que se encuentra en una situación de debilidad.

La identificación con el modelo dominio-sumisión es uno de los principales problemas de los adolescentes que acosan a sus compañeros, que se refleja a través de su tendencia a justificar más la violencia, el racismo, el sexismo, sus dificultades para ponerse en el lugar de los demás, su menor empatía y capacidad de autocrítica, un razonamiento moral más primitivo, en el que la justicia se identifica con la tendencia a vengar reales o supuestas ofensas, y los problemas que les llevan a ser percibidos por sus compañeros como más intolerantes y arrogantes, y al mismo tiempo como que se sienten fracasados.

Lo anteriormente expuesto refleja que para prevenir el acoso es necesario erradicar situaciones de exclusión, favoreciendo la integración en el aula de todos los individuos, y ayudar a construir la identidad en torno a valores incompatibles con la violencia y el modelo de dominio-sumisión que a ella conduce.

El aprendizaje cooperativo
Para mejorar la convivencia es preciso construir una alternativa sostenible a la violencia en la práctica: a través de las relaciones que se establecen en la escuela. Objetivo que se favorece con el aprendizaje cooperativo aplicado sobre cualquier materia o contenido educativo. Para explicar su eficacia, conviene tener en cuenta que la mayoría de los problemas que obstaculizan la convivencia escolar (desmotivación por el aprendizaje, comportamiento disruptivo, acoso entre iguales, falta de respeto hacia el profesorado...) pueden mejorar sustituyendo la estructura competitiva e individualista de las aulas tradicionales por una estructura cooperativa.

En la estructura del aula tradicional, los escolares ven el éxito y el protagonismo de los demás como incompatible con el propio, es decir que cuanto peores son las calificaciones de los otros mejores son las propias. Este tipo de evaluación puede originar reacciones negativas (envidia, hostilidad, desánimo...) cuando los resultados de los demás son mejores a los propios y hace que el esfuerzo por aprender sea desalentado entre los alumnos, contribuyendo a crear, incluso, normas de relación entre iguales que van en contra de dicho esfuerzo y a considerarlo de manera negativa (como algo característico de empollones). Los escolares que entran en dicha categoría tienen más riesgo de ser elegidos como víctimas de acoso.

A través del aprendizaje cooperativo esta situación puede cambiar de forma radical, porque la forma de alcanzar las metas personales es a través de las metas del equipo; lo cual hace que el aprendizaje y el esfuerzo por aprender sean mucho más valorados entre los compañeros, aumentando la motivación general por el aprendizaje, así como el refuerzo y la ayuda que se proporcionan mutuamente en este sentido. Por eso, desde las familias conviene alentar y reforzar los esfuerzos de la escuela por incorporar este tipo de innovaciones, que pueden suponer importantes ventajas para todos los alumnos.

"Enseñar a respetar los límites sin caer en el autoritarismo ni en la negligencia, es un requisito básico para prevenir el acoso y mejorar la convivencia".

Autora
María José Díaz-Aguado
Catedrática de Psicología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid
Directora del Master en Programas de Intervención Psicológica en Contextos Educativos
Revista Ceapa

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viernes, 30 de noviembre de 2012

Participación ciudadana y democracia

Las escuelas deben hacer su aporte a la convivencia democrática, y no se trata de “enseñar democracia” como un contenido más, sino que debe practicarla en todos los niveles, como un estilo de vida en común. Además ¿Cómo ingresar en el camino de la Calidad Educativa, sin el involucramiento de todos? ¿Es lo mismo una democracia representativa que una participativa? Los siguientes párrafos, si bien están pensados para el contexto europeo, nos pueden servir para orientarnos.


La FAPEO es la federación de las asociaciones de padres establecidas dentro de los colegios públicos. Este movimiento de padres de alumnos está constituida como una asociación con fines no lucrativos desde 1966. La FAPEO es, desde el decreto “Misiones”, la única federación que representa a los padres en la enseñanza oficial y reconocida por los poderes públicos.


Entre los objetivos fundamentales de FAPEO están facilitar la participación de los padres en el sistema educativo (fomentar las relaciones familias-escuela, promover la creación de asociaciones de padres, representarlos ante los responsables de la Educación, ofrecer cualquier opinión de utilidad a dichos responsables, etc.) y garantizar la promoción de la enseñanza pública y de la defensa de los intereses de todos los alumnos que la cursan.


La FAPEO ofrece a los padres servicios de ayuda para crear asociaciones de padres, e información para su funcionamiento. Publica “Triálogo”, publicación trimestral de información general y “Flash Infor”, periódico de carácter técnico con información sobre legislación. Además, elabora análisis sobre temas de interés para los padres, realiza encuentros temáticos, dispone de un servicio jurídico y redacta documentos que presenta a los distintos responsables políticos.


La concepción de la FAPEO de la participación ciudadana de los padres en el sistema educativo y en la sociedad
En Bélgica, los padres que deseen implicarse en el sistema educativo pueden hacerlo en distintos niveles. En primer lugar, pueden entrar a formar parte de la asociación de padres del colegio de su hijo o hijos, y ser su representante presentándose a las elecciones que tienen lugar durante la asamblea general anual. La FAPEO insiste mucho en el aspecto democrático, en el hecho de que los representantes de las asociaciones de padres sean elegidos por sus semejantes. Se trata de una condición sine qua non para que la FAPEO reconozca la legitimidad de las asociaciones miembros de la federación. Cuando no haya una asociación de padres en el colegio, existe la posibilidad de crear una, algo que fomenta la FAPEO apoyando y acompañando a las personas que deseen organizarla.


Los padres disponen asimismo de la posibilidad de integrarse en un Consejo de Participación. Éstos, tras la aprobación del decreto “Misión” en 1997, han pasado a ser obligatorios en los colegios de la comunidad francesa de Bélgica, que incluye Bruselas y Valonia.


El Consejo de Participación, que se reúne al menos dos veces al año, es un lugar de encuentro de todas las personas relacionadas con el colegio donde se intercambia información, opiniones, deseos, donde se elaboran proyectos y cada uno pone su energía al servicio del centro educativo y del bienestar de todos los alumnos. Los padres tienen un lugar y algo que decir en este Consejo, junto a los demás miembros de la comunidad educativa como son el personal docente, la dirección, el personal de mantenimiento y los alumnos.


Los padres que deseen comprometerse más pueden asumir la función de delegado FAPEO en su respectivas asociaciones de padres, y pueden presentarse asimismo a las elecciones de su división regional (la FAPEO agrupa a 6 divisiones regionales: Bruselas, Brabant Wallon, Hainaut, Lieja, Luxemburgo y Namur), o incluso a las elecciones de la FAPEO como presidente.


La FAPEO insiste de forma particular en la distinción entre democracia representativa y democracia participativa. Recordamos frecuentemente a los padres de nuestras asociaciones que no son los dueños y gestores de la escuela pública. En efecto, esa tarea ha sido delegada en los miembros electos que cuentan con la legitimidad necesaria para gestionar la institución. Dicho esto, el interés particular de los padres por ese aspecto crucial de esta institución pública como es el centro educativo les permite comprobar sobre el terreno si los objetivos anunciados por el poder político se traducen en hechos.


Como es lógico, la ciudadanía expresa su opinión no sólo en el ámbito de la educación, sino también en el ámbito de la vida diaria y de la vida política. Todo ciudadano belga mayor de edad (es decir, que tenga al menos 18 años) tiene el derecho y sobre todo el deber (en Bélgica el voto es obligatorio) de votar en las elecciones municipales, regionales, provinciales (excepto en Bruselas), federales y europeas. El ciudadano belga dispone además de la posibilidad de presentarse a todas estas elecciones. Por otra parte, cabe destacar que todas estas instituciones democráticas son a su vez controladas por otros organismos fundados asimismo sobre el modelo democrático.


Una vez más, la FAPEO muestra un gran interés por el hecho de que en todos estos niveles de participación los representantes de las asociaciones de padres, en los Consejos de Participación, en las regiones y en el propio seno de la FAPEO, en lo que respecta al sistema educativo y a los distintos niveles de poder en la sociedad, sean hombres y mujeres elegidos democráticamente.


Desde que fue creada en 1966, la FAPEO ha defendido y sigue defendiendo, en todas partes y de forma constante, los valores propios de la participación ciudadana y de la democracia.


FAPEO insiste de forma particular en la distinción entre democracia representativa y democracia participativa.



Autor
Philippe Schwartzenberger
Presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de la Escuela Oficial de Bélgica (FAPEO)
En
Padres y madres de alumnos y alumnas

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