martes, 13 de diciembre de 2016

POR QUÉ DEBES DEJAR QUE TUS HIJOS SE ABURRAN

Las vacaciones de Navidad ya están a la vuelta de la esquina. La iluminación y la decoración de avenidas y plazas, el espumillón de los escaparates y el ajetreo en las calles anuncian la cercanía de un tiempo de celebración que muchas familias viven con ansiedad, bajo la premisa de que el aburrimiento debe desterrarse de la rutina de sus hijos. Esta circunstancia genera en los hogares situaciones de estrés y ansiedad, en un intento de los padres por rellenar con múltiples actividades cada una de las horas que los pequeños pasan en casa. Se trata, en la medida de lo posible, evitar escuchar: “Papá, mamá, me aburro”.

Una situación, la de mantener a nuestros hijos continuamente entretenidos, a la que cada vez más expertos son contrarios. En opinión de alguno de ellos, el aburrimiento es una sensación positiva que todos, niños y adultos, podemos y debemos experimentar. Y lo defienden como una situación a la que nuestros hijos necesitan enfrentarse y resolver por ellos mismos.
Consuelo Coloma, psicóloga educativa coordinadora de la Universidad de Padres, se muestra partidaria de que los padres dejemos a nuestros hijos que experimenten ese “aburrimiento”. En su opinión, “los momentos de no saber qué hacer son positivos siempre que se produzcan de manera natural, sin fomentarlos artificialmente”.
“De unas cuantas generaciones hasta nuestros días, los padres han buscado un papel más activo en la vida de sus hijos. Quizás, por ello, hemos perdido un poco la capacidad de saber diferenciar en qué momentos es necesario que estemos presentes como padres y en cuáles no, para favorecer que sean ellos mismos los que experimenten”, afirma Coloma. “Hoy en día, los niños no disponen de ocasiones para disfrutar de juego libre, es decir, de tiempo que nadie les organiza. Así que cuando sucede una situación como el aburrimiento, ocurren dos cosas: que el niño no sabe resolverlo porque no está acostumbrado y que los padres tampoco saben cómo gestionarlo”.
Si echamos la vista atrás, las generaciones precedentes vivían las vacaciones como sinónimo de descanso y de profundos momentos de aburrimiento. Momentos en los que aburrirse era casi obligado y natural. En esta línea, ya en 1930 el filósofo Bertrand Russell dedicó un capítulo de su libro La conquista de la felicidad al valor del aburrimiento. En él manifestaba que “un niño se desarrolla mejor cuando, al igual que una joven planta, se deja reposar en la tierra. Muchos cambios de lugar, mucha variedad de impresiones, no son buenas para los jóvenes, y aprenderán a medida que crezcan a ser incapaces de soportar la fructífera monotonía”. Y seguía indicando que “una generación que no soporta el aburrimiento será una generación de escaso valor”.
Sabina del Río Ripoll, psicóloga perinatal, directora de Centro de Psicología y Especialistas en Maternidad (CALMA), dice: “Isaac Asimov aseguró que el aburrimiento iba a ser una de las grandes enfermedades de nuestra época con las consiguientes consecuencias a nivel emocional, mental y sociológicas. Es necesario para el desarrollo de una sociedad que sus integrantes sean personas con capacidad de crear, innovar y solucionar, y esto solo es posible si permitimos que los niños y adolescentes tengan tiempo libre para ir evolucionando en su capacidad de pensamiento creativo”. Asimismo, Del Río explica que “Ken Robison, descrito como uno de los mejores docentes del mundo por su visión del mundo educativo, nos transmite que la imaginación es la fuente de todo logro humano, y hace hincapié en que la creatividad no es algo innato, sino que se aprende igual que aprendemos a leer o multiplicar. Cuanto más creativo sea un niño en su infancia, más posibilidades, tendrá el día de mañana de autorrealizarse y de obtener éxitos en los distintos ámbitos de su vida. Un niño aburrido y con tiempo para poder conectar consigo mismo va a poder ir descubriendo cuáles son: sus aptitudes, sus pasiones, sus actitudes y sus oportunidades; los cuatro pilares básicos sobre los que este autor sustentaría el adecuado crecimiento personal de los individuos”.
Una opinión que comparte Consuelo Coloma, quien destaca que “la creatividad es la capacidad del ser humano para crear algo dónde no hay o buscar soluciones a problemas, básicamente”. Y señala que, “para que la creatividad se dé tienen que darse dos circunstancias o una de las dos: que el niño no esté haciendo necesariamente otra cosa, es decir, que no tenga su mente ocupada en otras labores; o que teniéndola ocupada tenga que resolver problemas o enfrentarse a diferentes situaciones que le promuevan resolver conflictos. Justamente, estas dos situaciones no se dan hoy, bien porque el niño ocupa la mayoría de su tiempo en realizar labores o actividades, normalmente, bajo supervisión. O si existe algún conflicto o problema siempre hay algún adulto dispuesto a solucionarle la vida para que el niño no tenga que esforzarse mínimamente para hacer volar su creatividad para dar soluciones al problema”.
¿Cómo debemos enfrentarnos a los momentos de aburrimiento de nuestros hijos? Sabina del Río afirma que “el aburrimiento del niño debe ser un problema del que debe darse cuenta y del que debe aprender a salir por sí mismo”. La psicóloga asegura que “la mejor manera de ayudar a un niño frente a su aburrimiento es permitirle un espacio y un tiempo con materiales lo menos estructurados posibles (mejor al aire libre y en compañía de más niños de su edad), y dejando que sean ellos los que busquen y pongan en marcha sus recursos, tanto internos como externos, para distraerse y disfrutar de su tiempo”.



Por Ana Camarero
Fuente:http://elpais.com/elpais/2016/12/11/mamas_papas/1481440372_220104.html?id_externo_rsoc=TW_CM


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domingo, 16 de octubre de 2016

AVERIGUA QUÉ CUENTOS NO SE DEBEN CONTAR A UN NIÑO

Los cuentos son una hermosa manera de llegar al corazón del niño de una manera sutil y profunda. Desde tiempos inmemoriales han pasado de generación en generación funcionando como transmisores de contenidos pedagógicos.

Pero si bien son una poderosa herramienta educativa, es necesario tener en cuenta que existen muchos tipos de cuentos y que no todos son adecuados para la etapa evolutiva en que se encuentra cada niño. Los cuentos deben estar adaptados al nivel de desarrollo cognitivo de tu alumno o hijo.
Aquí tienes 3 claves que puedes tener en cuenta a la hora de elegir qué cuento contar a tus alumnos o hijos:
 1. ELÍGELOS CON FINAL FELIZ
Los cuentos que terminan mal pueden ser interesantes para un adulto, en la medida en que en la vida las cosas no siempre suceden como uno desea. Sin embargo, para un niño este mensaje puede ser aún difícil de digerir. Los niños necesitan sentirse seguros y protegidos y ciertos finales trágicos pueden generar en ellos ansiedad y pesimismo. El pensamiento mágico infantil que precede al desarrollo del razonamiento lógico puede crear angustiantes asociaciones entre causa y efecto. No se trata tampoco de pintarle un mundo de color de rosa ni de negarle la evidencia sino de introducir la información adaptada a su nivel de desarrollo en el momento adecuado para evitar un impacto traumatizante.
2. EVITA LOS CUENTOS DIDÁCTICOS PUNITIVOS
Los cuentos en los que los niños terminan mal por desobedecer a mamá son una manera de educar desde el miedo. El mensaje perjudicial que pueden sacar de ellos es “Si no recoges tus juguetes, no te querré”. La base de toda comunicación entre niño y adulto debería estar basada en una amor incondicional: “Yo te quiero hagas lo que hagas pero si no recoges tus juguetes, mañana no jugarás con ellos. ¿O es que sólo podemos querer a un niño cuando se comporta exactamente como nosotros deseamos? ¡En ese caso el problema es nuestro, no suyo!” (Paola Santagostino, psicoterapeuta y autora del libro  “Cómo contar un cuento e inventarse cientos”). Las órdenes se deben comunicar de una manera clara y no atemorizarlos a través de un cuento.
3. PERTENECIENTES A SU ÁMBITO CULTURAL
Los cuentos sobre culturas diferentes también pueden ser muy nutritivos para los adultos, ya que pueden ampliar y cuestionar las más arraigadas tradiciones. Pero para un niño que está intentando identificar su propio ámbito cultural, puede resultar confuso llegando a interpretar su significado como su imaginación le da a entender.
Si estás interesado en profundizar en el mundo del cuento y utilizarlo como herramienta en tus clases te recomiendo el libro “Cómo contar un cuento e inventarse cientos”de Paola Santagostini



Por: Haydeé Mesa


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lunes, 10 de octubre de 2016

¿CRIANZA MODERNA EN CRISIS? EL RETO DE EDUCAR EN LA ACTUALIDAD

 Héctor es el primer hijo de un matrimonio joven, tiene siete años y ha concluido que es feo, ya que nadie lo soporta. Todos los días en vez de esperar a su padre, sentado en el pasillo del colegio como todos los niños, sale a la calle principal de su escuela a jugar al oficial de tránsito, metiéndose entre los autos para intentar hacerlos parar.

En otras dos ocasiones, cuando su padre lo fue a recoger, lo encontró en el bote de basura, intentando pillar algo “interesante”. De inmediato y de un jalón de orejas lo sacó de ahí. El niño no entiende de “buenos modales” y menos quiere escuchar a sus padres.
En clase hace aviones de papel, no acepta hablar con las niñas y se molesta si no se hace lo que él quiere. Incluso, lo trataron de expulsar del colegio hace un par de años, pero al final conmovió a los maestros y logró quedarse.
Pese a todas esas experiencias, él sigue igual. Llora y hace berrinche por todo. Héctor tiene dos hermanos menores (un varón y una mujer), ellos no se tiran al suelo por un capricho, escuchan a sus padres y son niños aplicados en la escuela.
Mauricio e Isabella, son los padres, ellos creen que son los culpables del comportamiento de su hijo, pues cuentan que como fue el primero, estuvieron solos con él por casi cuatro años y lo consentían en todo.
“Siempre tenía lo que quería. Lo alzábamos para dormir desde bebé,  si se antojaba algo se lo comprábamos, pasábamos casi todo el día con él, jugando y atendiéndolo, siempre a su disposición, pero hablándole, porque creíamos que si actuábamos así sería lo mejor”, explica Isabella.
Primero se pensó que el niño tenía un problema de hiperactividad, es decir, un trastorno de la conducta, que lo orillaba a desarrollar una intensa actividad motora, traducida en el moverse continuamente, sin que toda esta actividad tenga un propósito.
Sin embargo, luego de algunas revisiones y charlas con psicólogos se llegó a la conclusión de que Héctor había sido muy mimado y no tuvo reglas ni límites claros durante sus primeros años de vida. Esto desencadenó en que asuma tal comportamiento.
Los errores y la educación hoy
Javier Urry, pedagogo y psicólogo, explica que los padres en la actualidad, sobre todo los primerizos, tienen muchas inseguridades y angustias al momento de cuidar y educar a sus hijos. Por lo general, estos problemas son transmitidos a los menores y ocasionan que éstos adquieran comportamientos no deseados. Sobre todo, que se pongan en una posición de dar órdenes en vez de obedecer.
Aclara que no existen fórmulas ni reglas establecidas e infalibles para educar a los niños; sin embargo, identifica algunos errores que son usualmente cometidos y que ocasionan malos hábitos y comportamientos en los menores.
De tal manera, asegura que “la sobreprotección” es uno de ellos. Según dice, los padres asumen muchas tareas de los hijos, estudian con ellos, les disculpan ante el profesor, intervienen antes de verles sufrir las consecuencias de una mala decisión, les dicen constantemente lo que han de hacer, organizan toda la vida familiar a su alrededor a fin de evitarles disgustos.
“Esta sobreprotección resulta muy perniciosa porque forma ciudadanos dependientes y a veces muy tiránicos, porque crecen pensando que el mundo gira a su alrededor, que son los reyes de la casa, no uno más de la familia”, advierte.
Añade que esto además se traduce en personas inseguras, incapaces de tomar decisiones y de enfrentar las dificultades y contratiempos diarios, seres que no saben asumir las consecuencias de sus actos y con problemas de autoestima.
Victoria Gómez es orientadora familiar y explica que otra de las grandes fallas al momento de educar es la “falta de unidad de criterio” entre las figuras de autoridad, ya que si el niño recibe de entrada mensajes contradictorios, es decir, si sus progenitores se desautorizan entre ellos, el menor no sabrá a quién hacer caso y se sentirá perdido, sin referencias claras.
Así, a medida que crezca, aprenderá a utilizar esas discrepancias o diferencias de criterio para hacer lo que quiera. “Siempre es mejor equivocarse juntos que acertar por separado”, añade.
En otro error, cita la falta de continuidad como otro fallo habitual de los padres, quienes se dejan llevar por su estado de ánimo a la hora de educar, de modo que permiten o no determinadas conductas en función de que estén más o menos cansados, contentos o enfadados. “Hay que tener conciencia de que estamos educando siempre, no en momentos concretos”, señala Gómez.
Dice también que otro de los errores continuos en los que muchos padres caen es el de “castigar mal” o poner sanciones desproporcionadas y sin lógica, imponer castigos imposibles, hacer promesas inalcanzables o que no se cumplen.
Si los castigos no se aplican por imposibles o por dejadez, los padres pierden autoridad y transmiten la idea de que sus normas pueden quebrantarse fácilmente. Por eso el psicólogo Julio Fernández recomienda “ser moderado en el castigo y llevarlo a la práctica. En lugar de castigar al adolescente sin salir todo un mes o exigirle que estudie cinco horas diarias, limitarle a una hora la conexión a las redes sociales”.
Finalmente, prometer y no cumplir; las comparaciones entre hermanos; no poner límites ni poner normas mínimas; ser malos ejemplos y estar constantemente negativos, son otros de los errores que también se cometen usualmente en la actualidad.
¿A la antigua, lo mejor?
Para Fernando, quien tiene 59 años de edad y es padre de tres hijos- todos profesionales- las familias jóvenes de hoy transitan por un abanico de consejos y estudios sobre cómo educar a los niños, que a su entender, en vez de ayudarlos los confunden.
Dice que le ha tocado ver a muchos hijos de sus familiares y amigos que se levantan tarde de la cama, que hay que llamarlos varias veces para que vayan a desayunar o ir al colegio. “No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos, ayudan a poner orden en su hogar. Se levantan irritados, pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono, viendo tele o conectados al Internet”, añade.
Uno de los peores defectos que ha visto en los menores y adolescentes de hoy es que “sacan pecho” por sus amigos y viven poniéndoles “defectos” a sus padres, a quienes además los acusan de “sus traumas”. “No hay quién les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo”, explica.
Por todo esto, Fernando cree que los métodos de hoy no son positivos ni buenos para las familias de la actualidad, ya que no forman personas con carácter y los hace desobedientes.
Recuerda que los horarios estrictos eran una regla inquebrantable en su hogar. Habían horas establecidas para levantarse de la cama, desayunar, ir al colegio, retornar de clases, almorzar, hacer las tareas, jugar, ver tele y dormir.
Del mismo modo, era prohibido levantar la voz o cuestionar las decisiones de los padres, puesto que en caso de hacerlo, el castigo no era tan solo una prohibición. De hecho, los chicotazos eran el principal  temor y básicamente era lo que obligaba a los hijos de su época a pensar más de tres veces antes de cometer alguna travesura.
Fernando cuenta que así fue criado y agradece a sus padres por aquello, ya que según dice, gracias a esa forma de educar que asumieron sus padres él pudo ser un hombre de bien, lograr una profesión, pero sobre todo, tuvo un buen modelo a seguir para poder criar y educar a sus tres hijos.
Empero, reconoce que la dureza y restricciones para con sus hijos bajaron de tono, en relación a lo que él tuvo que pasar durante toda su infancia, sin embargo, asegura que siguió el modelo que conocía y por ello, recomienda a las familias de hoy aplicar el mismo.
Un nuevo punto de vista
La tendencia en la educación actual es dejar que los chicos exploren y desarrollen todo su potencial, sin restricciones, para que en un futuro sean adultos exitosos. Muchos padres dejan la educación en manos de los docentes, porque el trabajo y las actividades no les dejan tiempo para ocuparse de los niños, pero se refugian en “estamos tranquilos porque va  una de las mejores escuelas del país”, ¡gran error!
Por otro lado están las viejas enseñanzas, en las cuales las mamás “acosaban” a sus hijos para que cumplieran con sus tareas, revisaban cada aspecto de la vida de sus hijos (sus cuadernos, sus amistades, qué programas ve en la televisión, qué busca en Internet, etc) y los mantenían muy bien guardaditos en su casa para que no se “juntaran” con las malas amistades. Si llegaban a desobedecer se les daban unos buenos chicotazos para que “aprendieran” disciplina.
Para  la psicóloga, Carla Tapia, ni lo uno ni lo otro es lo adecuado. El dejar crecer a los pequeños con tantas libertades, permisos, sin una orientación adecuada ni el fomento de valores, sólo ocasionará que se convierta en un monstruo, pues no conoce de límites, no sabe lo que es el respeto ni por él ni por los demás.
Según afirma, se puede crear un nuevo modelo de educación, al aplicar inteligentemente las viejas usanzas con las actuales. Por ejemplo: estar al pendiente de lo que al pequeño le ocurre en la escuela, revisar sus tareas y trabajos escolares, platicar ¡sin gritar! para saber si se encuentra bien o algo le preocupa.
Cinco debilidades al criar a los niños de hoy
1. Tenemos miedo de nuestros hijos
“Acostumbro hacer una prueba en la que observo cómo los padres sirven el desayuno a sus hijos en la mañana. Si el niño dice: ‘¡quiero la taza rosa, no la azul!’, aunque la madre ya haya vaciado la leche en la azul, la cambia por temor al berrinche”.
2. Hemos bajado las expectativas
“Cuando los niños se portan mal, ya sea en público o en privado, los padres sólo se encogen de hombros, como si dijeran: ‘así son los niños”‘. Te aseguro que no debe ser de esa forma. Los niños son capaces de mucho más de lo que los padres generalmente esperan de ellos en cuanto a sus modales.
3. Hemos perdido las costumbres locales
Hace tiempo se acostumbraba que los maestros y otros padres de familia tuvieran carta abierta para corregir a los niños maleducados. Eran los ojos y oídos de los padres cuando los niños se portaban mal, hoy no aceptan que maestros u otras personas hablen de sus hijos y menos que los corrijan.
4. Nos apoyamos en los atajos
Creo que es maravilloso que los padres tengan todo tipo de aparatos electrónicos para ayudarlos durante los vuelos o los largos recorridos para ir al consultorio del médico. Pero los atajos también pueden ser un terreno resbaladizo.
Ellos deben aprender a entretenerse por su cuenta. Los bebés deben aprender a tranquilizarse solos en lugar de sentarlos en una silla vibradora cada vez que estén de mal humor.
5. Los padres ponen las necesidades de los hijos por encima de las suyas
De manera natural, los padres tienden a cuidar a sus hijos primero, y eso es bueno para la evolución. Pero los padres de ahora han ido muy lejos, sometiendo completamente sus propias necesidades y salud mental a la de sus hijos. Así, es frecuente ver a muchas madres levantarse una y otra vez de la cama para satisfacer los caprichos del niño, o padres que dejan todo y corren de extremo a extremo del zoológico para traer una bebida a su hija.


Por: Arturo Fernández

Fuente: http://www.elpaisonline.com/index.php/2013-01-15-14-16-26/sociedad/item/231687-crianza-moderna-en-crisis-el-reto-de-educar-en-la-actualidad
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viernes, 9 de septiembre de 2016

POR QUÉ LOS PADRES DEBEN ESTAR ALERTA: GROOMING, TENDENCIA PARA OBTENER BENEFICIOS SEXUALES DE UN MENOR

El Grooming es un conjunto de estrategias que un adulto realiza por medio de redes sociales para ganarse la confianza de un menor con la finalidad de obtener beneficios sexuales.
Dichos beneficios van desde charlas comprometedoras, imágenes sexuales o en su caso, tener encuentros físicos. Es entonces, un asunto de seguridad que los padres deben tomar como parte del uso del internet.

Esta práctica se basa principalmente en ganarse la confianza del niño, demostrando interés o cariño. Una alerta importante es cuando el menor comienza con el uso de las redes sociales de forma sospechosa, es decir se aísla o sostiene largas conversaciones con un “amigo” en línea. El Grooming puede ser el primer paso para la pornografía infantil y la pederastia.
Según datos de una encuesta realizada ESET Latinoamérica, los jóvenes entre las edades de 11 a 15 años son los más vulnerables, sumado a la forma anónima en la que los acosadores se mueven por la red.
Algunas medidas que los padres deben tomar para evitar que sus hijos sean víctimas de esta práctica son: razonar los horarios de conexión, además de establecer reglas para el uso de la cámara web, la cual es la principal vía que se utiliza para la circulación de imágenes.
Es vital evitar proporcionar información personal, fotos y demás datos que permitan al acechador tener acceso a la víctima.
Usar el control parental en los navegadores, es decir en Google, Yahoo! y Firefox existen configuraciones que permiten a los padres a restringir el acceso a páginas pornográficas o demás accesos no permitidos para menores.
Algunos especialistas recomiendan a los padres tener acceso directo a las redes sociales de sus hijos, con lo que podrán checar los mensajes, personas y tipo de comunicación que mantienen, como una medida importante para evitar el Grooming. Esta medida no puede ser utilizada frecuentemente, por lo que es recomendable advertir a los hijos sobre los peligros y sobre todo mantener constante comunicación para denunciar algún tipo de acoso.
El Grooming es cuestión de minutos, los acosadores son hábiles y saben por dónde atacar, por lo que los padres son la pieza vital para evitar que sus hijos sean víctimas y formen parte de los números diarios que se registran.


Por: Denisse Pérez Antonio
Fuente: http://imparcialoaxaca.mx/en-la-web/cO0/por-qu%C3%A9-los-padres-deben-estar-alerta


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jueves, 4 de agosto de 2016

FAMILIAS QUE ENTRAN EN LAS AULAS

 Cada vez son más los centros que se coordinan con las familias y las aceptan como un agente educador fundamental para la mejora de los resultados de los niños.


Grupos interactivos, asambleas en el centro, talleres de deberes conjuntos… son algunas de las formas que toma la participación de las familias cuando va más allá de las AMPA y del Consejo Escolar.
Carme repasa la lectura con Julia, su hija, en la biblioteca de la escuela Mas Masó de Salt (Girona), que está llena de familias -padres, madres, niños-, que hacen deberes y actividades conjuntamente. “Antes le costaba mucho leer y concentrarse sola, pero aquí aprendemos de forma divertida y se la ve más interesada”, explica Carmen. Como ella, la mayoría de familias que participan en el taller de estudio asistido de Mas Masó -muchos de ellos no llevan ni medio año- están convencidos de la importancia que tiene su presencia en la escuela para el aprendizaje de sus hijos. “Están más motivados”, “están contentos de ver que sus padres se preocupan”, “cogen el hábito de estudiar también en casa”, “mejoran los resultados”… Estas son algunas de las valoraciones que hacen Mohammed, Seidatou, Fatima, Lamiae, Carmen, Choumicha o Karima, todos ellos padres y madres de Salt que han decidido entrar en la educación de sus hijos al ver que la escuela les abría las puertas.
La escuela Mas Masó hace sólo dos años que tiene en marcha este programa de trabajo entre familias, alumnos y maestros -que supervisan la actividad-. En su caso lo hacen en horario extraescolar. Pero cada vez hay más centros que han visto en la implicación familiar una palanca hacia la mejora de los resultados de los niños y en la reducción de las desigualdades, y apuestan incluso para trasladar su participación dentro de las aulas y en la organización del centro. “La participación de las familias y también de otros miembros de la comunidad en el programa escolar tiene una gran incidencia en los resultados académicos de los niños”, expresa Ramón Flecha, catedrático de Sociología en la UB y coautor del estudio Actuaciones de éxito en las escuelas europeas, que repasa diferentes modelos de centro europeos por encargo del Ministerio de Educación.
Pero la voluntad de muchos centros no se reduce a aumentar la participación de los maestros, sino que pretenden provocar un cambio de concepción de la escuela que permita a los padres y madres “sentir que forman parte de ella”, en palabras de Gerard Ros, director del Mas Masó. “Nos paseamos por aquí como si fuera nuestra casa, los niños nos ven, venimos a la biblioteca…”, explica la Karima. En este sentido, los programas de trabajo conjunto entre familias y docentes “van acompañados de una coordinación y un diálogo constante, de una predisposición de la escuela”, explica Ros. De hecho, en este centro de Salt los maestros y padres y madres preparan juntos, cada lunes, las actividades y estrategias que seguirán durante el tiempo que pasan con los hijos en el taller asistido.
Grupos interactivos: las familias en clase
Entre las muchas experiencias de participación familiar en las escuelas juegan un papel principal las comunidades de aprendizaje, proyectos de centro que intentan implicar a todas las personas que influyen en el desarrollo del niño -maestros, amigos, vecinos, asociaciones vecinales, voluntarios y, sobre todo, familias- para mejorar su educación. Mas Masó es un ejemplo. En Cataluña hay unas 40 comunidades de aprendizaje. Otro caso es el de la escuela Tanit, de Santa Coloma de Gramenet, que hace años que por las tardes organiza grupos interactivos. “Durante una hora y media, la clase se divide en grupos, y para cada uno de ellos hay un referente adulto -puede ser un maestro, una familia o un voluntario-. Entonces los grupos de niños van rotando por las actividades de cada adulto, que son temáticas e interactivas, experimentales, con un componente de juego”, relata Montse Ruiz, directora de Tanit.
“No se trata de enseñarles, sino que se enseñen entre ellos; los alumnos se esfuerzan por explicar lo que hacen, y eso obtiene unos resultados espectaculares”, apunta Flecha, impulsor de las comunidades de aprendizaje en España. Màrius Martínez, profesor de Orientación Profesional de la UAB y referente también de la implicación familiar en las aulas, enumera más ventajas de estos grupos: el “trabajo en la heterogeneidad”, “la colaboración” o incluso “el empoderamiento de los padres y madres “, que en algunos casos piensan, de manera equivocada, que no pueden aportar nada a la educación de sus hijos.
La directora del Tanit, que cuenta con este proyecto desde el año 2000, asegura que ya no sabría enfocar su relación con las familias de otra manera, y añade otras ventajas fundamentales. Por un lado, “si familia y escuela van juntos, el niño se siente reforzado y le sube la autoestima, se siente seguro porque todos vamos en una misma dirección”. Además, “la presencia de familias y voluntarios al aula hace que tengas más personal, que disfrutes de una atención más personalizada que es clave, entre otras cosas, para reducir las desigualdades”, subraya Ruiz.
Familias y maestros: una persona un voto
Considerar la familia como parte integrante de la escuela conlleva también darle cierta capacidad de intervención y decisión en el día a día de los centros. En la mayoría de escuelas, los padres y madres tienen voz a través de los canales clásicos: las AMPA -en tareas sobre todo de organización: comedores escolares, actividades extraescolares…- y el Consejo Escolar -organismo formado por diferentes actores de la comunidad educativa, entre los que se encuentran las familias, y que ahora pierde la capacidad de decisión con la entrada en vigor de la LOMCE-. Pero las escuelas que tienen comunidades de aprendizaje apuestan por reforzar la participación de padres y madres con comisiones mixtas -de maestros y familias- que se encargan de diferentes necesidades de la escuela y que rinden cuentas ante la asamblea del centro.
En la escuela Lledoners, de Granollers, estas comisiones tienen como objetivo “llevar a cabo proyectos que nos marcamos cada cuatro años”. “Pueden ser de fomento de la lectura, de servicios extraescolares, de alimentación, de decoración…”, comenta el director Ricard Las Heras, que añade que están formadas por “voluntarios que son familias, algún exalumno, entidades, el Ayuntamiento…” Y una vez al año deben rendir cuentas ante el plenario, una asamblea en la que toman parte los vocales de cada comisión, del AMPA y del Consejo Escolar. “Procuramos que haya consenso para aprobar los puntos, pero de entrada cada persona es un voto”, explica Las Heras, remarcando que incluso en materia pedagógica los padres y madres tienen la misma capacidad de decisión que los maestros.
Horarios laborales, ¿un inconveniente?
“Estoy encantada de poder venir a ayudar en la educación de mi hijo, porque si mis padres hubieran hecho lo mismo conmigo quizá ahora no estaríamos así, pero también es cierto que si encontrara trabajo no podría venir”, explica Seidatou. En el caso de Lamiae, hay días que no puede venir, porque trabaja, y entonces es su hijo mayor el que viene a la escuela a ayudar al pequeño. Catalunya está lejos de conseguir una integración familiar como la de Finlandia, el país europeo de referencia en este aspecto, que reserva un espacio en las aulas para los padres y madres que quieran asistir a las clases. ¿Pero hasta qué punto no es culpa de las extensas jornadas laborales? ¿O de la normativa que rige los centros?
“Sí que hay muchos factores que lo dificultan: la conciliación laboral, la tradición, la falta de ayudas a las familias, incluso el marco legal… Pero al final es la escuela quien puede decidir si abre sus puertas o no”, analiza Jordi Collet, sociólogo de la Universidad de Vic. “Todo son condicionantes, pero ninguno es determinante, y la prueba es que ya hay muchas escuelas que lo hacen muy bien”, concluye Collet, que se muestra bastante crítico con la actitud hasta ahora de los centros y los docentes de aceptar la familia como agente educador.
Màrius Martínez, por su parte, profundiza en el hecho de que no es necesaria una participación como la finlandesa siempre que haya una “predisposición” por parte de centros y escuelas. “Tenemos que aceptar que la implicación puede tener varias intensidades, no se puede ser purista y pensar que la participación debe ser absoluta en todos los casos, porque mucha gente no puede”, opina Martínez. Es tan importante aquel padre que toma parte de los grupos interactivos cada tarde como la madre que sólo tiene dos horas libres a la semana y las dedica a editar desde su casa la página web del centro. “Esto es la igualdad de las diferencias”, sentencia Martínez.


Por Pau Rodríguez
Fuente: http://www.nodo50.org/filosofem/spip.php?article372
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