domingo, 12 de abril de 2020

EDUCACIÓN Y AISLAMIENTO: UNA REALIDAD QUE PREOCUPA


Educación y aislamiento: una realidad que preocupa
La educación en medio del aislamiento se convirtió en una de las grandes preocupaciones tanto de familias como de escuelas. Qué trabajos realizar, de qué modo y las garantías de que todos los alumnos puedan acceder a la tecnología, son algunos de los ejes que se profundizan en medio de días de incertidumbre y angustia. Impulso dialogó con docentes de distintos niveles y modalidades que comentaron sus experiencias.



Al analizar la situación que vivían algunos países y las medidas que comenzaban a tomarse, visualizar que Argentina también se vería afectada por el coronavirus no resultó una sorpresa. De hecho, los docentes entrevistados preveían esta situación al igual que las instituciones donde se desempeñan.

Es imposible en una escuela no estar cerca unos de otros, se vuelve difícil evitar saludos. La población es numerosa”, destacó Marcela Leone, docente de primaria. Érica Gallardo, también educadora de dicho nivel, agregó: “Veníamos hablando de la posibilidad de una suspensión y, por ello, se insistió en que los alumnos entreguen fichas con sus datos para tener un registro de cómo conectarnos con ellos.

En un comienzo y sin lineamientos claros por parte del Ministerio de Educación, los establecimientos y sus docentes decidieron actuar ante una situación totalmente fuera de lo común. “En nuestro caso, al principio la institución nos pidió que estemos cerca de las familias, que enviáramos actividades a los chicos, pero la forma de envío era libre. Cada uno optaba por la vía que creía conveniente y adecuada”, comentó Gallardo.

Gustavo Fenoy, docente de secundaria, recordó el antecedente en 2009 con la gripe A: “Ahí fuimos los docentes quienes nos plantamos en asambleas y fuimos los portavoces de que las escuelas se cerraran para que no se expanda más el virus“. El acuerdo por preservarse y preservar a la población es un hecho, sin embargo el trabajo artesanal puede vislumbrarse en cada equipo docente.
Además-destacó Fenoy-la situación nos encontró en un estado primario de organización porque eran los primeros días de clases, los cursos no estaban del todo completos y yo casi no tuve encuentros con algunos”.

“Entonces, esto de mandar trabajos prácticos de contenidos puso en debate otro elemento que es el proceso enseñanza-aprendizaje. Nos dimos cuenta que sin el encuentro en el aula, sin el vínculo, iba a ser muy difícil el despliegue de ese proceso. La virtualidad no lo iba a suplir”, agregó el educador.
Algunos docentes, ya entrenados en la utilización de herramientas tecnológicas, no tuvieron demasiados inconvenientes. Otros sí. Sobre todo en aquellas escuelas donde la población exhibe grandes dificultades socioeconómicas. Lo que sí aparece como común denominador es la autoorganización y la rapidez de resolución por parte de equipos de educadores.

Gallardo destacó que con sus cursos a cargo, sexto y séptimo grado, conformaron grupos de Whatsapp donde, con horarios acordados, envían los trabajos. Una vez realizadas las actividades, los chicos adjuntan sus archivos vía mail. Ante alguna duda, se consulta en el grupo en horario escolar. Por otra parte, se ensayaron otras vías de comunicación hasta, finalmente, dar con la que usan actualmente.


En la segunda semana, el Ministerio ordenó la creación de la plataforma a nivel provincial y, durante la tercera semana, se pidió un relevamiento de los alumnos indagando quiénes contaban con internet en sus casas a la vez que acceso a dispositivos, celulares o computadoras. “No todos los estudiantes cuentan con estos elementos para trabajar, hay mamás que nos cuentan que tienen un único celular para poder trabajar en las familias. A su vez, nos hemos convertido en contenedores, llevamos calma y llegamos a flexibilizar nuestro trabajo ya que nos realizan consultas como si no existiera un horario de trabajo, comentó Fenoy.

LA EDUCACIÓN ESPECIAL
Otra situación un tanto diferente es la de la Educación Especial. Allí donde los contenidos curriculares son un complemento de un trabajo aún más profundo, de alianza y contención entre familias e instituciones. Emilia Maenza sostuvo que, desde un inicio, el propósito fue “no perder el vínculo“.

En un comienzo, las familias se acercaban a la escuela a buscar actividades. Después, aparecieron los lineamientos del Ministerio que exigían devolución de actividades. Las propuestas generalmente no tienen en cuenta a la educación especial, pero ante tal exigencia destacamos estar en movimiento y trabajando, añadió.

De esta manera y con el vínculo como eje, desarrollaron actividades. “Las propuestas tienen que ver con acercar algún cuento, leído por nosotras ya que nos filmamos, y así trabajar con las familias. No nos focalizamos tanto en lo curricular y el contenido en sí, sino en poder propiciar un espacio de encuentro entre el niño y las familias, y la escuela con las familias, mencionó.

MATERIA PENDIENTE
La realidad actual refleja una seguidilla de malabares colectivos por parte de los cuerpos docentes que ofician de educadores y contenedores emocionales. A su vez, como comentó Fenoy, algunas escuelas continúan funcionando como lugares comunes para donar alimentos, otras, para otorgar la copa de leche. Todas aquellas actividades que, ajenas a la educación formal, se naturalizaron en dichas instituciones.

En cuanto a los contenidos curriculares, la virtualidad oficia como una gran alternativa para llevar la educación formal a los hogares. Atentos a que no todos pueden acceder a los dispositivos necesarios, las exigencias se ajustan al caso por caso, sujetos al criterio de los docentes que, una vez más, buscan todas las formas para que sus estudiantes accedan a las mismas oportunidadesUna materia pendiente más del Estado que se vislumbra en días de pandemias y cuarentenas.


Fuente de la Información: https://www.impulsonegocios.com/educacion-aislamiento-escuela-clases-cuarentena-coronavirus-pandemia-rosario/
Por Victoria Rotemberg


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sábado, 11 de abril de 2020

Decálogo para sacar partido del Covid-19 en el ámbito educativo


  • A este virus lo que más le gusta es ir de un lugar a otro, moverse y relacionarse. Como todavía ningún país ha encontrado una vacuna, lo que podemos hacer es no permitir al virus que haga lo que tanto le gusta. Si nos quedamos en casa, mientras los científicos encuentran soluciones, el virus no podrá esparcirse.


1 / Quedarse en casa
Quedarse en casa, para muchas personas, es una recomendación u obligación que han tenido o llegarán a tener más de una vez a lo largo de su vida. Todas las personas que tienen un corazón, unos pulmones, unos riñones… que necesitan una atención especial, que a veces tienen que ir al hospital y seguir un tratamiento, que les han de operar o hacer pruebas que hace que se queden ingresadas durante una temporada en el hospital, o bien que cuando les dan el alta, deben quedarse en casa descansando y recuperándose, necesitan que todo lo que harían en la escuela lo puedan hacer en el hospital o en casa. En realidad este virus supone que todas y todos estos días hagamos lo mismo. Ahora, para todos y todas, nuestra casa representa la escuela durante unas horas al día.

2 / Seamos solidarios
Recuerda que no estás sola ni solo. Tus compañeros y compañeras de clase y de tu escuela, de otras escuelas, universidades, centros de educación de adultos, de nuestro país y de muchos países del planeta están en lo que se denomina situación de alarma. Situación que, entre muchos temas, pide estar en casa, estudiando, jugando, comiendo, durmiendo… es decir, desarrollando todas las actividades que antes hacíamos en lugares diferentes -la escuela, el esparcimiento, el conservatorio, el gimnasio, el parque…-, en un mismo espacio: en casa.

3 / Cada día es un nuevo día
El hecho de convivir minuto a minuto con las mismas personas y con las mismas cosas, puede hacer que pensemos y sintamos que el mundo no cambia, que las cosas no se mueven, que el tiempo no pasa. Una de las consecuencias de esto es sentir aburrimiento, pensar que no podré aguantarlo, que nos sintamos malhumorados y con ganas de no hacer nada. Pero debemos proponernos hacer actividades nuevas cada día. Debemos aprovechar el tiempo. Recuerdo un libro escrito por Michael Ende, Momo, una chica huérfana con una gran capacidad de escucha, que recogía todos los minutos para… no os lo cuento. Os recomiendo este libro escrito hace muchos años, que nos puede enseñar muchas cosas estos días que podremos trasladar en un futuro. La realidad que estamos experimentando cambiará, aunque no sabemos exactamente cuánto.

4 / La creatividad, nuestra gran aliada
Siempre se habla de que tenemos que ser creativos, ahora es el momento de ponernos las pilas en este sentido. Hacemos de nuestra casa una escuela creativa con la participación de todos y todas: los que estamos en casa -padre, madre, hermanos … – con la propuesta de nuestros maestros y con las de las plataformas virtuales seguras que nos están poniendo a nuestro alcance. Son muchas las personas y entidades que están intentando generar también desde casa, sinergias creativas.

5 / Las rutinas regalan su tiempo a la creatividad
La creatividad tiene el carné de familia numerosa: dedicación, paciencia, ilusión, ganas de innovar y hacer las cosas diferentes y, también, disciplina son parte de los miembros de esta familia. Aunque no te lo pienses, María Curie, una científica conocida por sus investigaciones sobre la radiactividad, que descubrió el radio y el polonio (dos elementos químicos) y que obtuvo dos premios Nobel por estos descubrimientos, fue altamente creativa y disciplinada. La creatividad tiene un primo hermano llamado rutina. Rutina ayuda a creatividad a disponer de más tiempo para estar con tu familia y, aunque al principio le dedica mucho tiempo, al cabo de las semanas es como si no estuviera. Los aprendizajes rutinarios los hacemos sin darnos cuenta.
Si quieres saber las diferentes rutinas que estos días ayudarán a creatividad, simplemente sigue con la lectura de los cuatro próximos puntos del decálogo. ¡Ah! Y si alguna de estas rutinas no la haces, ahora es el momento, si algo tienes es tiempo.

6 / ¿Qué puedo hacer antes de ponerme a estudiar?
Rutina 1. Piensa en lo que estabas haciendo hasta ahora.
  • Intenta tener un despertar calmado y con algunos estiramientos tranquilos. Intenta ir sintiendo todas las partes de tu cuerpo. No hay que hacerlo siempre solo, puedes pedirle a alguien que lo haga contigo o que te ayude a poner música si os gusta.
  • ¡Aaah! Que no se me olvide, levántate a la misma hora que te levantabas para ir a la escuela. Esto te permitirá hacer todo lo que te propongo e iniciar el estudio más o menos a la misma hora que antes.
  • Ventila la habitación, la cama y la ropa con la que has dormido, seguro que al cabo de un rato todos se sentirá mejor, aunque no lo creas, el oxígeno nos gusta a todos.
  • Ve al baño, lávate, aprovecha este momento de intimidad para pensar en tus propósitos, si es que no lo has hecho ya con tu despertar.
  • Ayuda a preparar el desayuno, aprovecha estos días que tienes más posibilidades de hacerlo en familia, seguramente en el día a día antes, tenías que esperar a los fines de semana para hacerlo.
  • Lávate los dientes y nuevamente las manos y, hacia el espacio de estudio. Y un recordatorio, vístete. Sí. No vayas todo el día en pijama, ¿o es que irías en pijama en la escuela? Y vuélvete a lavar los dientes seguro antes de ir a dormir y ahora que tienes más tiempo después de comer también.

7 / ¿Qué puedo hacer durante el tiempo de estudio?
Rutina 2. Piensa en las horas que dedicabas a la escuela.
  • Prepara el lugar de estudio; intentad, entre todos los miembros de la familia, que el tiempo de estudio sea un tiempo tranquilo. Seguro que los padres también tienen trabajo, ellos, como tú, han trasladado el trabajo a casa. Y ellos, como tú, necesitan concentrarse. Si sois muchos hermanos o bien pocos pero con ritmos diferentes, negociad horarios de estudio con los de juerga, televisión… No es necesario que todos hagáis lo mismo, pero sí es importante que se respete.
  • Intentamos hacer de nuestro sitio de estudio un espacio inspirador y motivador de nuevos aprendizajes.
  • Quizás hoy es el día que no tienes ganas de estudiar y es el día que te comes los libros. Todos tenemos los dos tipos. Pero es importante tener presente que de la misma manera que hasta ahora has estado trabajando con una agenda, con un horario, con un calendario, un moodle,… están bien todas las estrategias utilizadas para ordenar nuestra mente, planificar nuestros aprendizajes y anotar nuestras actividades. Ahora es el momento de tomar este buena costumbre. Te ayudará a no perder la noción de los días y a regular el tiempo que le dedicas a cada actividad.
  • Recuerda que tus maestros siguen siendo tus maestros. Seguro que nos están ayudando mucho en estos momentos y seguro que tienen organizado un sistema para explicar la materia, para solucionar tus dudas y para poder explicarles cómo estás y cómo te va.
  • Bebe agua, pero antes de sentir sed; tu cerebro te lo agradecerá.
  • Haz descansos, recuerda que en la escuela hay momentos de recreo. Ahora además, puedes aprovechar que estás en casa y hacer pequeñas paradas, hacer estiramientos, cambios de postura, levantarte. Tu cuerpo y tu columna te lo agradecerán.
  • Si el tiempo de estar en casa coincide con fiestas tradicionales, celébralas. Si en la escuela había un huerto: recuerda que con una semilla, algodón y agua, crece una planta.

8 / ¿Qué puedo hacer con las extraescolares?
Rutina 3. Adaptamos y seguimos en la medida de lo que podamos.
  • Cuando salimos de la escuela muchos de nosotros vamos a lo que se llama las actividades extraescolares, merendamos por el camino y es el momento, muchas veces, en que nos contamos nuestro día, lo que nos ha pasado, cómo nos sentimos… No perdamos este momento, aprovechémoslo en familia, con los padres, con los hermanos. Hagamos que nuestra imaginación haga de este momento una experiencia nueva.
  • Dependiendo de la actividad extraescolar que hacíamos antes de quedarnos todos en casa tendremos que reinventarnos más o menos. Por ejemplo, si practicamos un instrumento, o hacemos teatro, o pintamos en una escuela de pintura, podemos continuar haciéndolo en casa. Quizás, y hablando con los padres y los profesores o profesoras, podemos grabar un audio con nuestra interpretación, hacer una fotografía de nuestra obra, un vídeo con nuestros avances. Otras actividades podría ser que durante un tiempo no las puedas llevar a cabo, pero podemos pensar en otras. Tal vez, incluso, esta actividad termine siendo nuestra nueva extraescolar.

9 / ¿Qué puedo hacer los fines de semana?
Rutina 4. Los sábados y domingos siguen estando en las agendas. No han desaparecido.
  • El fin de semana es el tiempo de descanso y ocio con la familia. No dejemos de hacer el fin de semana en casa. Podemos aprovechar para conectarnos con los amigos, jugar, ver la televisión, leer un libro, cuidar el huerto de casa, jugar más de lo que lo hacías antes con tu perro u otro animal, si lo tienes.
  • Y, también, podemos hacer deberes o repasar con la ayuda de otras personas, padres o hermanos mayores, aquellas materias que te cuestan o que quieres avanzar porque te gustan mucho. Recuerdo, cuando era pequeña, que los fines de semana a quien le tocaba de casa escogía un tema, lo preparábamos durante un tiempo hasta que llegaba el fin de semana con el padre y los hermanos y hacíamos una especie de tertulia y hablábamos de lo que habíamos estado leyendo sobre este tema.
  • Es el momento de dar forma a las nubes, de hacer formas en plastilina, de abrir un libro por cualquier página y decir todo lo que se nos ocurra, de…

10 / Tenemos que aprender mucho de este momento
Ya hace tiempo que la naturaleza nos está avisando, ya hace tiempo que sabemos que podemos mejorar nuestra forma de relacionarnos con el resto del planeta, ya hace tiempo que hemos perdido la capacidad de observar lo que nos rodea. Ahora es momento de reflexionar y hacer, entre todos, un mundo mejor. El planeta está habitado por las plantas, los pájaros, las rocas, los árboles, el cielo, el viento, el oxígeno, los…, las…, la… No es nuestro mundo, es el mundo de todos y nosotros somos parte de la vida de este planeta: el planeta tierra. En otro capítulo, será importante hablar de la galaxia. Quizás será motivo de otro decálogo.


Por
Verónica Violant. Maestra y doctora en Psicología. Profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona y directora del Observatorio Internacional en Pedagogía Hospitalaria y directora del proyecto editorial de Octaedro 
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viernes, 10 de abril de 2020

JUEGOS Y LECCIONES PARA SOBREVIVIR SIN ESCUELAS EN UNA PANDEMIA


El 95% de los alumnos en América Latina y el Caribe, unos 150 millones, están fuera de las aulas a causa del coronavirus. A través de la radio, televisión, Internet o teléfono algunos métodos didácticos ayudan a los niños, y a sus familias, a sobrellevar el encierro


Con cinco años, Benjamín dirige a su madre, Irene Tobón, y a su padre, Sergio, en la construcción de una telaraña en la habitación que comparte con sus dos hermanos. Necesitan varias camas, muñecos, una cuerda y mucha imaginación. “Lo fácil sería dejarlos enchufados a la tele, pero en estas circunstancias lo más importante es moverse”, explica por videollamada la progenitora, que también es editora web del área cultural del Banco de la República de Colombia y mezcla turnos de teletrabajo con juegos, lecciones de inglés o francés, tareas domésticas y comidas diarias…

De salir en bicicleta con su padre para llegar a la escuela a quedarse encerrado en casa 24 horas de repente. La rutina actual de Benjamín y de esta familia de un barrio en Bogotá (Colombia) es la de muchos hogares con niños en todo el mundo que han visto como el cierre de los colegios y el confinamiento por la pandemia del Covid-19 ha cambiado sus vidas y puede afectar a su formación.
“Las primeras cinco ideas que se te ocurren nada más despertar para hacer con él se te agotan enseguida”, asegura Tobón, cuando explica por qué acudió a Internet para tratar de aliviar la cuarentena, que empezó para ellos el pasado 11 de marzo. Esta familia ha aprendido a resolver el reto de la telaraña a través de una iniciativa llamada #AprendoEnCasa, de Unicef, que apoya a los padres con actividades y material didáctico para conseguir que los niños sobrelleven el encierro.

Uno de los retos propuestos por Unicef para #AprendoEnCasa. UNICEF LACRO/2019
Hasta la fecha, 138 países mantienen cerrados los centros educativos a nivel nacional, y otros 11 lo han hecho localmente, lo que ha afectado a más de 1.300 millones de niños y jóvenes en todo el mundo, según cifras de la Unesco. En América Latina y el Caribe, alrededor de 154 millones de niños, más del 95% de los matriculados, se encuentran temporalmente fuera de las aulas, calcula Unicef. Aproximadamente el 90% de las escuelas de primera infancia, primaria y secundaria del continente americano permanecerán cerrados mientras dure la pandemia.

“Esta es una crisis educativa sin precedentes en la historia reciente de América Latina y el Caribe”, asegura Bernt Aasen, director regional de Unicef para la región. “Para darle continuidad a la educación de los escolares en sus casas, hay que usar todas las herramientas y los canales disponibles, ya sea a través de radio, televisión, Internet o celulares. Solo podremos enfrentar este reto a través de un esfuerzo conjunto de los Estados, del sector privado, de los padres y de los niños”, añade.

Radio y televisión, si la wifi no llega
La iniciativa #AprendoEnCasa funciona, de momento, en Colombia, República Dominicana, Jamaica, Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, Paraguay y México. En varios países están poniendo en práctica modalidades de enseñanza a distancia, incluyendo cursos a través de plataformas digitales. Sin embargo, estos sistemas no están garantizados en toda la región, ni todas las familias pueden tener acceso a ellos, especialmente las más vulnerables.

“Es prioritario impulsar contenidos accesibles en radio y televisión para los niños y niñas de bajos recursos, en riesgo de exclusión, sin acceso a Internet, con discapacidad, migrantes y de comunidades indígenas. La radio ha vuelto a ser el medio en el que la gente confía”, explica desde Panamá en videollamada Laurent Duvillier, jefe regional de Comunicación para América Latina y el Caribe y uno de los impulsores de la iniciativa.

Las desigualdades sociales, económicas y políticas, y los distintos planes de cada ministerio de Educación hacen que cada país pueda abordar mejor o peor la educación a distancia. “Hay países en la región como Uruguay, que fue uno de los primeros en implantar la política One Laptop per Child (Una tablet por niño), pero no todos han avanzado en la misma línea, lo que esto lleva a que ahora, cuando más se necesita, las infraestructuras que ya estaban desarrolladas sean cruciales para afrontar esta crisis”, explica por teléfono Florencia López Boo, economista líder de la División de Salud y Protección Social del Banco Interamericano de desarrollo (BID).

Varias organizaciones están trabajando para dar apoyo educativo a los padres, que se han convertido en los nuevos profesores de sus hijos. Save the Children brinda actividades educativas a través de las radios en Colombia para que todos los niños, incluidos los de origen refugiado o migratorio y los discapacitados, puedan seguir aprendiendo en sus hogares. El Ministerio de Educación del país ya tiene un programa denominado Profe en tu casa y los asociados apoyarán su ampliación para que más niños puedan seguir aprendiendo.

Esta crisis sanitaria, que podría extenderse más allá de lo esperado, aumentaría el riesgo de abandono escolar definitivo, especialmente para los menores de edad más vulnerables. “Nunca tantas escuelas han estado cerradas al mismo tiempo. La expansión del coronavirus Covid-19 está dejando a la gran mayoría fuera de los colegios en las próximas semanas. Si se extiende más el cierre, hay un gran riesgo de que estos se queden atrás en su curva de aprendizaje y que los más vulnerables no regresen a las aulas. Es vital que no dejen de aprender desde casa”, asegura Aasen.

La vuelta a clase después de la pandemia
con un tercio de la humanidad confinada y las escuelas de la mayoría de países cerradas, los expertos en educación vaticinan lo que vendrá después de la crisis sanitaria, la que ya llaman “la segunda ola” de esta pandemia: las secuelas psicológicas en los niños después de un largo tiempo encerrados, además de las graves consecuencias educativas a las que se enfrentará la sociedad. “Sienten frustración por no salir de la casa, no son capaces de expresar sus sentimientos de manera tan clara como un adulto, y la falta de contacto personal con sus amigos, también puede acarrear consecuencias mentales”, explica López Boo.

Las escuelas son una institución que va más allá de la enseñanza: son centros de juego, además del lugar donde se forjan las primeras amistades. Y para muchos pequeños de familias en exclusión social son un comedor donde reciben desayuno y almuerzo, esenciales para una buena nutrición. Que cierren, de manera prolongada puede tener graves consecuencias, no solo educativas. “El impacto en la región no va a ser parejo, va a afectar más a aquellos que ya eran vulnerables”, explica Horacio Álvarez, especialista senior de Educación del BID en Panamá, que señala cómo ya hay escuelas en las que de manera online se están haciendo las mismas tareas docentes, y en otras nada, especialmente en las zonas rurales o marginales suburbanas, donde la conexión a Internet es un desafío más.

Existen dos impactos a nivel educativo que Álvarez encuentra que van a surgir después de esta crisis y que pueden expulsar a muchos niños de la escuela. Uno es qué va a pasar con aquellos alumnos que no han acabado sus estudios pero estaban a punto de incorporarse al mundo laboral. El segundo, un problema que ya tenían los sistemas educativos previamente: los alumnos repetidores, que el sistema hace fracasar. “Los chicos entre 14 y 15 años que estudian por las noches, o en los fines de semana, ya eran vulnerables antes de la crisis y ahora van a serlo aún más”, advierte el experto.

“El foco para luchar contra esta pandemia se ha puesto, como es evidente, en el sistema sanitario, seguido del aspecto laboral, pero lo que afecta directamente a las familias es la educación. En países de la región donde la educación ya mostraba una gran brecha entre ricos y pobres, entre los del área rural o urbana, y entre los distintos países, esta situación la exacerbará aún más si no tomamos medidas fuertes o correctivas una vez superada la crisis”, contextualiza Álvarez.

Esa tela de araña, la que construyó Benjamín con sus padres, se ha transformado ahora en una estructura mayor: una casa con patio donde Irene y Benjamín han pintado flores y preparan el té cada tarde y juegan, como si fuera un patio de verdad. El refugio preferido de este pequeño de cinco años durante la cuarentena. El mismo que, para muchos, es la escuela.

MÁS RECURSOS PARA EL APRENDIZAJE EN CASA
  • African Storybook– Acceso libre a libros ilustrados para niños en lenguas africanas.
  • Global Digital Library – Libros de historia y otros materiales de lecturas digitales de fácil acceso desde un teléfono móvil u ordenador.
  • StoryWeaver– Repertorio digital de historias para niños plurilingües.
  • Khan Academy – Cursos, lecciones y ejercicios prácticos en línea gratuitos.
  • KitKit School – Conjunto de sesiones de aprendizaje mediante tabletas que propone un programa completo desde la primera infancia hasta los primeros grados de la educación primaria.




Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/03/30/planeta_futuro/1585584877_002596.html


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jueves, 9 de abril de 2020

Hacer de la necesidad virtud: Reforzar los vínculos


  • Mi propuesta es sencilla: coordinarnos más, compartir materiales, trabajar en equipo. Proponer a chicos y chicas tareas menos fragmentadas y más vinculadas: vinculadas entre sí, con ellos y con el mundo. Y cuidar, sobre todo, las tutorías.



De la noche a la mañana la docencia directa, la presencia física, el diálogo cara a cara, el trabajo comunitario se ha visto sustituido por un sinfín de aplicaciones y plataformas que manejamos a tientas -quienes contamos con dispositivos móviles y conexión a internet- y cuyas muchas sombras no queremos plantearnos.

Asomó enseguida la brecha digital. Es decir, la brecha social nos estalló en la cara. Cuando la Comunidad de Madrid argumentaba el otro día que la mayor respuesta del alumnado de bachillerato se debía a sus mayores dosis de responsabilidad y compromiso con los estudios, pretendía obviar dos cosas: que quienes llegan a bachillerato son, en la mayor parte de los casos -hasta PISA lo confirma-, quienes pertenecen a determinados entornos socioeconómicos y cuentan, por tanto, con uno o varios ordenadores en casa; y que la comunicación con ellos se establece al margen de la plataforma institucional de Educamadrid, que tantísimos problemas nos ha dado y de la que no debemos escapar con los más pequeños. Lo más triste de todo esto es que es posible anticipar -si no se da un golpe de timón en las políticas sociales y escolares- qué estudiantes de 1º de ESO llegarán a bachillerato, tomando como criterio el lado de la brecha digital en que han caído.

Valga un ejemplo entre otros muchos posibles. Uno de mis alumnos de primero apenas daba señales de vida en el aula virtual del instituto. Pongamos que se llama Ahmed. La tutora contactó al fin con su familia. Y esto fue lo que nos dijo: “Acabo de hablar con la familia de Ahmed. En persona es más o menos fácil comunicarme con ellos, pero por teléfono es imposible. Ahmed se ha puesto por fin al aparato y me ha contado que no tiene ordenador y que se va ‘sin que le pille la policía’ a casa de su hermano que sí tiene”. Se nos partía, claro, el corazón. Para que nos hablen luego de responsabilidad y compromiso.

Parece al fin que algunas comunidades van a proveer de dispositivos y conexión a los hogares que carecen de ambas e, incluso, introducirán mejoras en sus propias plataformas aprovechando el parón vacacional. Bienvenidas ambas medidas.

Vayamos, entonces, a un segundo escenario. Imaginemos que estamos ya en condiciones de comunicarnos, todos sin excepción, de manera virtual. Quienes lo han hecho durante estas semanas -y hablo de estudiantes, docentes y familias- saben bien lo abrumadora que puede ser una tarea planteada de manera atomizada: decenas de asignaturas y decenas de actividades y ejercicios, muchos de ellos absolutamente descontextualizados, e imposibles de acompañar en el proceso. Un proceso que reclama horas y horas de pantalla y que nos tiene a estas alturas absolutamente desbordados. A todos.

Y mientras, en los hogares, pasan cosas: enferma el padre, fallece la abuela, la madre se queda sin trabajo. La convivencia es fácil o difícil. El aislamiento se sobrelleva con recursos o pasa factura en la salud, en el ánimo y en el trato. Sobrecoge imaginar (o conocer) qué vivencias están teniendo ahora mismo nuestros alumnos y alumnas.

Necesitamos buscar, creo, respuestas colectivas a un problema colectivo. El confinamiento ha disparado aún más la soledad académica. Preñada de buena voluntad, es cierto. De incontables horas y muchísimo cariño. Es cálida la comunicación de estos días, pese a no tenernos delante. Pero seguimos trabajando a solas. Aún más a solas que nunca.

La preocupación de la inspección estos días parece ser -y se entiende que así sea- cómo vamos a acometer la calificación del alumnado en un fin de curso incierto. Pero en no menor medida debiera preocuparnos qué aprendizajes vamos a impulsar en los tres meses que aún faltan para las vacaciones de verano.

Y aún más debiera preocuparnos -es lo que de verdad nos preocupa a quienes estamos a pie de aula- cómo dar apoyo emocional a nuestro alumnado en estos días tan difíciles. Por eso, si hay un quehacer docente irrenunciable ahora mismo, ese es el de la tutoría. Ojalá hubiéramos contado en cada centro con sólidos equipos de trabajadores sociales; cuánto más fácil sería ahora. Pero no es el caso. Y como ninguno de nosotros somos capaces de llegar a conocer las circunstancias de cada uno de nuestros más de cien o doscientos estudiantes, habremos de echar el resto con los 30 de nuestra tutoría. Es el momento de los tutores. Incluso en vacaciones.

Se ha escrito mucho en estas semanas acerca de cuáles han de ser ahora las prioridades: cuidar el bienestar personal, facilitar -y no tensar- la convivencia familiar, procurar la equidad. Con estos cimientos claros, es importante que Administración y docentes aprovechemos la tregua de las vacaciones para repensar cómo acometer este extraño tercer trimestre, también en lo académico.

El Consejo Escolar del Estado baraja entre sus recomendaciones posibles no avanzar contenidos nuevos en lo que queda de curso: esta concepción del aprendizaje como una vertiginosa sucesión de epígrafes en el libro de texto no deja de ser extraña. Pero puesto que está hondamente arraigada y nos encontramos ante una coyuntura que nos legitima para superarla, ¿por qué no ponernos a ello?
¡Cuántas veces hemos querido acometer actividades que se nos antojaban hondamente formativas pero que nos reclamaban tiempo; cuántas veces hemos querido preparar pequeños proyectos interdisciplinares pero el currículo nos apremiaba; cuántas veces hemos querido abrir la mirada al entorno y otras urgencias nos lo impedían! Ni para leer había tiempo, al parecer.

No sé si tiene mucho sentido “volver” de Semana Santa y seguir como hasta ahora: tratando de dar seguimiento individual a nuestras respectivas programaciones, sea “avanzando” sea “repasando”. No podemos dedicar tampoco la mayor parte del tiempo a una interminable -y a menudo estéril- supervisión de tareas. Un escenario nuevo reclama una estrategia diferente y este, en su enorme tragedia, entraña una oportunidad también para repensarnos como equipos docentes.
Mi propuesta es sencilla: coordinémonos más, compartamos materiales, trabajemos en equipo. Y propongamos a chicos y chicas tareas menos fragmentadas y más vinculadas: vinculadas entre sí, con ellos y con el mundo. Plantémonos qué aprendizajes son de verdad relevantes.

Y para todo ello, para salvaguardar el bienestar personal y la convivencia familiar, para salvar la equidad y promover aprendizajes que en otros contextos no son siempre posibles, necesitamos también de las bibliotecas. Mañana hablaré de ello.

Nota. Concluido ya este artículo y enviado a la redacción tengo noticia de esta iniciativa: “Suspender las programaciones” del IES Cartima (Cártama, Málaga). Qué mejor ejemplo de cuanto propongo.


Por
Guadalupe Jover es profesora de Educación Secundaria
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lunes, 6 de abril de 2020

Diez recomendaciones para estudiar a distancia durante la emergencia del coronavirus COVID-19


La pandemia del COVID-19 plantea un desafío sin precedentes para la educación. Hasta el momento, más de cien países han tomado la decisión de cerrar temporalmente sus escuelas para evitar la propagación coronavirus, afectando a 850 millones de alumnos. La intención es que los niños y adolescentes continúen estudiando en sus casas para no interrumpir su aprendizaje. La UNESCO ha emitido una decena de consejos para hacer más eficiente ese periodo.


La mitad de la población estudiantil del mundo, más de 850 niños y jóvenes, no asiste a la escuela debido a los cierres de emergencia realizados por los Gobiernos para evitar la propagación del coronavirus COVID-19, informó este miércoles la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Hasta la última hora de ayer 17 de marzo, 102 países habían dispuesto cierres nacionales y once más habían decretado cierres locales. En tan sólo cuatro días se duplicó el número de estudiantes que no pueden a acudir a los centros de enseñanza y se prevé que la cantidad de escuelas cerradas temporalmente siga aumentando a medida que haya más contagiados con el virus.

Este escenario sin precedentes por su escala y rapidez ha obligado a los países a buscar soluciones que permitan continuar la educación a distancia para no interrumpir la enseñanza, no arriesgar a los estudiantes ni docentes y contener la cadena de transmisión del coronavirus.

Como respuesta inmediata a los cierres masivos, la UNESCO ha establecido un grupo de trabajo para brindar asesoramiento y asistencia técnica a los Gobiernos que trabajan con el objetivo de proporcionar educación a los estudiantes fuera de la escuela.

Además, la agencia de la ONU ha echado a andar una coalición mundial que reúne a socios multilaterales y al sector privado, entre ellos Microsoft y GSMA, para ayudar a los países a desplegar sistemas de aprendizaje a distancia a fin de reducir al mínimo las perturbaciones educativas y mantener el contacto social con los alumnos.

Recomendaciones
La UNESCO también emitió las siguientes recomendaciones para garantizar la continuidad del aprendizaje durante el cierre de las escuelas. 
1.      Examinar el estado de preparación y escoger los instrumentos más pertinentes 
Optar por la utilización de soluciones de alta o débil tecnología en función de qué tan confiable sean el abastecimiento de energía y el acceso a internet a nivel local y de las competencias digitales de los docentes y alumnos. Puede tratarse de plataformas de aprendizaje digital, lecciones por video, cursos masivos en línea, e incluso de la difusión de los cursos mediante cadenas de radio y canales de televisión.  
2.      Garantizar el carácter inclusivo de los programas de aprendizaje a distancia 
Aplicar medidas para garantizar el acceso de los alumnos, fundamentalmente los discapacitados o los que provienen de familias de ingresos bajos, a los programas de aprendizaje a distancia, en caso de que no todos dispongan de dispositivos digitales. Considerar la posibilidad de transferir temporalmente este tipo de dispositivos de las salas de informática a las familias, proporcionándoles un acceso a internet.  
3.      Proteger la privacidad y la seguridad de los datos 
Evaluar el nivel de seguridad durante las descargas de datos o de recursos pedagógicos en los espacios de la web y al transferirlos a otras organizaciones o personas. Velar por que la utilización de las aplicaciones y plataformas no afecte la privacidad de los datos de los alumnos.  
4.      Aplicar soluciones a los problemas psicosociales antes de impartir la enseñanza 
Movilizar los instrumentos disponibles para crear vínculos entre las escuelas, los padres, los docentes y los alumnos. Crear comunidades para garantizar las interacciones sociales regulares, dar prioridad a las medidas de protección social y responder a los problemas psicosociales que los alumnos pueden encarar en situaciones de aislamiento.  

Planificar el desarrollo de los programas de aprendizaje a distancia 
Organizar mesas redondas con las partes interesadas para examinar la duración del cierre de los centros escolares y determinar si el programa de aprendizaje a distancia debe centrarse en la enseñanza de nuevos conocimientos, o más bien reforzar los ya adquiridos durante las lecciones precedentes. Organizar los calendarios teniendo en cuenta la situación de la zona afectada, el nivel de enseñanza, las necesidades de los alumnos y la disponibilidad de los padres. Escoger los métodos pedagógicos adecuados, en función del contexto con respecto al cierre de las escuelas y la cuarentena. Evitar los métodos pedagógicos que requieren una comunicación presencial.  
6.      Proporcionar a los docentes y alumnos asistencia en cuanto a la utilización de las herramientas digitales 
Organizar sesiones cortas de formación u orientación para los docentes y los padres en caso de que requieran seguimiento y acompañamiento. Ayudar a los docentes a garantizar las condiciones materiales necesarias para la continuidad del aprendizaje, por ejemplo, soluciones en la utilización de los datos móviles con miras a difundir los cursos en directo.  
7.      Combinar los enfoques adecuados y limitar la cantidad de aplicaciones y de plataformas 
Combinar los instrumentos o los medios de comunicación a los que los alumnos tienen acceso en cuanto a las comunicaciones y cursos sincronizados y en el aprendizaje asincrónico. Evitar abrumar a los alumnos y a los padres pidiéndoles que descarguen o prueben una gran cantidad de aplicaciones y plataformas.  
8.      Establecer las reglas para el aprendizaje a distancia y dar seguimiento al proceso de aprendizaje de los alumnos 
Definir con los padres y los alumnos las reglas del aprendizaje a distancia. Elaborar las preguntas, las evaluaciones y los ejercicios de formación cuyo objetivo es dar seguimiento al proceso de aprendizaje de los alumnos. En la medida de lo posible, utilizar los instrumentos mediante los cuales los alumnos podrán transmitir sus comentarios para no abrumar a los padres, pidiéndoles que los reproduzcan y los envíen.  
9.      Definir el tiempo de duración de las unidades de aprendizaje a distancia en función de las aptitudes de autorregulación de los alumnos 
Mantener un ritmo de enseñanza coherente con el nivel de autorregulación y de las aptitudes metacognitivas de los alumnos fundamentalmente para las clases que se difunden en directo. La unidad de aprendizaje de los alumnos de primaria no debe sobrepasar, de preferencia, los 20 minutos, y la de los de secundaria, los 40 minutos.  
10.  Crear comunidades y favorecer los vínculos sociales 
Crear comunidades de docentes, padres y directores de escuelas para combatir el sentimiento de soledad o de sufrimiento del alumno y facilitar los intercambios de experiencias, así como el debate de las estrategias de gestión de las dificultades de aprendizaje. 



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