lunes, 30 de noviembre de 2020

Asociación negativa entre el tiempo frente a las pantallas y el rendimiento académico

Científicos españoles han confirmado cómo las actividades basadas en la pantalla, concretamente el tiempo viendo la televisión o jugando a videojuegos, se relaciona de forma negativa con el rendimiento académico en niños y adolescentes. El estudio analiza 5.599 artículos científicos.


Investigadores del grupo LIFE (Physical Activity, Fitness and Health) de la Universitat Jaume I (UJI), junto con investigadores del Centro de Estudios Sociosanitarios de la Universidad de Castilla-La Mancha, han concluido que existe una asociación negativa entre las actividades basadas en la pantalla, concretamente el tiempo viendo la televisión o jugando a videojuegos, y el rendimiento académico en niños y adolescentes.

El estudio, que analiza 5.599 artículos científicos, sugiere que este efecto negativo del tiempo pasado ante la pantalla sobre el rendimiento académico parece mayor en el caso de la etapa de la adolescencia que en el período de la niñez.

No obstante, no es la cantidad de tiempo total la que se asocia con el rendimiento académico, sino el tipo de actividades que se realizan ante ella y que refuerzan la necesidad de investigar de forma individual qué clase de actividades de pantalla se realizan.

Publicada en JAMA Pediatrics, la investigación recalca que cada actividad basada en la pantalla debe analizarse individualmente por su diferente asociación con el rendimiento académico, en particular la visualización de la televisión y los videojuegos, que parecen ser las actividades que influyen de forma más negativa en los resultados en la escuela o instituto.
Llamamiento a docentes y sanitarios

El trabajo analiza la asociación del tiempo o la frecuencia de uso del ordenador, internet, móvil, televisión, videojuegos, así como el tiempo total de pantalla, con indicadores de rendimiento académico globales en las áreas de lenguaje y matemáticas.

Los autores hacen un llamamiento a los profesionales de la educación y de la salud pública para que consideren la supervisión y la reducción de estas actividades como estrategias para mejorar el rendimiento académico en niños y adolescentes. “Es fundamental tener en cuenta el contenido y el propósito del uso de los dispositivos con pantalla porque ambos podrían influir fuertemente en la asociación analizada”, explica Mireia Adelantado-Renau, investigadora de la UJI.

El equipo ha incluido en la revisión sistemática 58 estudios transversales, de los cuales 30 se han incluido en el metaanálisis, después de haber identificado casi 6.000 estudios publicados entre 1958 y 2018. Los estudios elegidos involucraban a 480.479 participantes de 4 a 18 años de 23 países. El trabajo se ha llevado a cabo siguiendo el modelo PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses).

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viernes, 27 de noviembre de 2020

Estas son las claves para involucrar a las familias en el aula

 Encontrar un horario adecuado para las familias, cooperar y entenderse con ellas, hacer que asuman distintos roles y ofrecerles un apoyo extra en Secundaria es fundamental para que las familias participen de la educación de sus hijos dentro del aula. Nos lo cuenta Francesc Vicent Nogales, docente en el colegio San Enrique de Quart de Poblet, en Valencia.

 


Durante los últimos años hemos vivido una auténtica vorágine metodológica en las aulas: aprendizaje basado en proyectosgamificación, aprendizaje-servicio, o los proyectos cooperativos, entre otros. Tras mucho tiempo aplicando estas estrategias metodológicas, hay una constante que siempre nos ha dado garantías de éxito: la implicación de las familias en la realidad del aula. Las familias llevan décadas reconocidas como miembros de la comunidad educativa, pero también llevan años relegadas al apoyo en el hogar, con estudio y deberes, y con una importante desconexión del aula.

 

Involucrar a las familias enseñándoles cómo aprenden sus hijos 

Pero, ¿cómo pueden apoyar la educación de sus hijos si aplicamos unos métodos que ellos mismos desconocen? Es incoherente esperar que comprendan cómo reforzar contenidos con el método ABN (Algoritmo Basado en Números) si aprendieron con una metodología diferente cuando eran estudiantes. Un ejemplo: un cirujano de hace 80 años se sentiría completamente inútil en un quirófano actual, y a las familias les sucede algo similar si entran ahora en un aula en la que se encuentran a los estudiantes trabajando en cooperativo o desarrollando una sesión de ABP. La mayoría de las familias desconocen las rutinas de pensamiento que hoy son habituales en nuestro día a día, y nos miran con extrañeza cuando sus hijos les dicen: “Hemos estado jugando en clase”.

 

Por ello, es fundamental permitirles ser miembros activos dentro del aula haciendo que comprendan el aprendizaje basado en juegos, la gamificación o las matemáticas manipulativas, entre otras metodologías. A estos beneficios debemos añadir la importante carga motivadora que supone para los estudiantes y, por supuesto, la tarea y responsabilidad compartida con los padres y madres.

 

¿Cómo pueden las familias apoyar la educación de sus hijos si aplicamos unos métodos que ellos mismos desconocen?

En el momento en el que abrimos las aulas y las familias entran, ven y observan su punto de vista cambia completamente. Las familias comprenden que no jugamos, sino que es aprendizaje basado en el juego o que ‘Lápices al centro’ o ‘Folio giratorio’ son herramientas muy potentes para gestionar el trabajo cooperativo dentro de clase. 

 

Claves para que las familias participen en clase

Por otra parte, muchos docentes siguen sintiéndose más cómodos sin la presencia de otros adultos en la clase. En los centros es fácil encontrar mitos que giran en torno a la participación de las familias como: “No pueden venir al aula”, “están trabajando”, “no nos apoyan”, “no podemos permitir que nos cuestionen, nosotros somos los expertos en educación” o “en Infantil las familias siempre están disponibles, vente a Secundaria y verás la realidad”. Pero, la realidad es totalmente distinta. Muchas familias pueden acudir al aula, pero hay que ir probando distintas alternativas y claves, como las siguientes: 

·         Encontrar un horario adecuado para las familias: Hace siete años, en mi centro empezamos invitando a las familias a las nueve de la mañana, una hora ideal porque los niños están más tranquilos, pero la asistencia no solía ser mayor de cuatro o cinco personas por sesión. Otro año probamos a hacerlo de cuatro a cinco de la tarde, y desde entonces la asistencia siempre supera las diez personas por sesión.

 

·         Cooperación. Las familias son expertos respecto a sus hijos y nosotros a veces les cuestionamos afirmando, por ejemplo, que no ponen límites, pese a que no estamos presentes en sus casas. Familias y docentes estamos llamados a entendernos y cooperar, sin prejuicios ni juicios, sin cuestionar. Si ellos nos cuestionan no debemos entenderlo como una amenaza sino como oportunidad de mejora. Si una familia no entiende una actividad, nos están ofreciendo una oportunidad para explicarla de forma más clara, para darles a conocer lo que vivimos en clase, para crecer juntos. 

·         Asignar distintos roles. Invitando a las familias a la clase, les enseñamos cómo hacerlo. Les invitamos a ser partícipes asumiendo en unos momentos el rol de observador de la sesión, el de explicar o exponer desde su experiencia personal o un papel dentro de un equipo cooperativo, por ejemplo. 

·         Secundaria: una ayuda extra. En este nivel educativo, las familias necesitan toda la ayuda para comprender a sus hijos, y ahí es aún más importante nuestra labor. El problema puede ser que desde hace años han recibido un mensaje que no respondía a sus necesidades. ¿Nos sentimos cómodos si siempre recibimos mensajes negativos? ¿Acudiríamos a una reunión si me van a contar algo muy similar a lo que escuché los últimos tres años? En Secundaria los padres siguen necesitando ayuda, necesitan comprender cómo gestionar los cambios de sus hijos, cómo acompañarles y a la vez dejar el espacio que reclaman, o cómo generar corresponsabilidad, ahí el papel del profesorado es vital.

 

Implicar educativamente a las familias es una necesidad y no siempre sabemos cómo hacerlo. Para ello el libro ‘Escuela y familia: misión posible’ ofrece 27 proyectos educativos con actividades, pautas, programaciones y todo lo necesario para lograr que las familias quieran venir a clase con sus hijos y nosotros, como docentes, sepamos convertirlos en los agentes educativos que son. 

En definitiva, si creamos un modelo de escuela en el que todos estamos implicados, y en el que todos tenemos ‘voz y voto’, lograremos implantar ese modelo de educación de 360 grados, en el que la escuela y su entorno cooperan generando espacios abiertos de aprendizaje.

 

 

 

 

Por

EDUCACIÓN 3.0

Fuente

https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/estas-son-las-claves-para-involucrar-a-las-familias-en-el-aula/

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domingo, 22 de noviembre de 2020

Estimulación o sobreestimulación temprana: el efecto de las pantallas en la infancia


El uso de móviles o tablets de manera generalizada por menores de tres años tiene consecuencias en el desarrollo de algunas capacidades como la comunicativa.

Hoy día, no nos sorprende ver a un bebé que observa con mucha atención un móvil mientras le dan de comer o a un pequeño de 2 años que está pasando las fotos del teléfono de sus familiares. Cada vez es más frecuente encontrar niños que, desde muy temprana edad, manejan teléfonos móviles, tabletas, consolas y videojuegos. Ya no sorprenden estas actitudes que, hasta hace pocos años, hubieran sido impensables, debido fundamentalmente al elevado coste de estos dispositivos.


La masificación del uso de dispositivos de cualquier índole, el fácil acceso a las pantallas del que disponemos hoy día, ha restado importancia a su coste y nadie duda en permitir que los utilicen hasta los más pequeños de la familia, si a cambio se obtiene un poco de paz.

En la Asociación Junta de Portavoces de Educación Infantil 0-6 hemos reflexionado sobre nuestra percepción de las condiciones actuales de crianza de los niños y niñas, manifestando nuestra preocupación por lo que podemos observar en las aulas.

Algunas de nosotras hemos apreciado cambios en nuestra relación directa con los niños: mayor sobreprotección, retrasos en la retirada de biberón y chupete, escasa autonomía personal, falta de iniciativa, alto nerviosismo e impulsividad, gran dominio de la tecnología, dificultades con el lenguaje, etc.Al mismo tiempo, observamos con asombro cómo crecen las cifras en cuanto a la aparición y diagnóstico de distintos déficits como el de atención, hiperactividad, del lenguaje, etc.

Todo ello nos hace pensar que pueden existir factores que están incidiendo en el desarrollo infantil y que no están resultando beneficiosos. Uno de ellos podría ser este exceso de exposición a las pantallas desde edades tan tempranas.

En los primeros 3 años de vida existe un solo código cerebral fundamental: el emocional. Es en este contexto donde se desarrolla el lenguaje emocional que lleva a la comunicación a través de gestos, sonidos… construyendo poco a poco el leguaje.

El segundo código cerebral es la imitación, la manera más perfecta de aprender. Es el vehículo que ancla la emoción, puesto que lo primero que se imita son los seres queridos.

El tercer código cerebral es el juego, el disfraz donde se oculta el aprendizaje y la memoria. Jugar no es perder el tiempo.

Nacemos con pocas neuronas y pocas conexiones neuronales. Gracias a la estimulación ambiental, sensorial, cognitiva y de movimiento, se producen la multiplicación de las neuronas y sus conexiones, imprescindibles en educación infantil. En 3 años se triplican y se forman árboles sinápticos gracias a la estimulación; a los 4 poseemos 1.000 billones de conexiones neuronales. El movimiento es fundamental en estas edades, el desarrollo infantil debe tener un sustrato motor y, si es al aire libre, mejor.

Nuestros cerebros están diseñados para desarrollarse en los primeros años mediante la exploración del entorno físico y la interacción social.

De aquí se desprende la importancia del correcto desarrollo sensorial y perceptivo, y la importancia de jugar. Si queremos que nuestros niños y niñas tengan ideas, pensamientos a partir de los 6 o 7 años, es necesario que tengan aprendizajes adquiridos previamente por la percepción y las emociones positivas. La información sensorial llega al cerebro y luego al sistema límbico, donde se impregna de significado. A partir de esa información con significado nuestro cerebro construirá nuestras ideas y pensamientos. Este proceso sólo puede llevarse a cabo a través de sus vivencias, de la propia experiencia vital, que desde que nacemos conforma nuestro bagaje personal.

Según Francisco Mora Teruel, doctor en Medicina por la Universidad de Granada y doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford, el sistema sensorial de los niños (que se produce hasta los 11 o 12 años), se desarrolla estando en contacto con la realidad para construirlo. De ahí la importancia de no exponerlos a las pantallas demasiado pronto, y nunca antes de los 3 años.

A partir de esta edad, la exposición a pantallas, de más de 2 horas de navegación, deteriora la atención ejecutiva, que es la que necesitamos para el aprendizaje y el estudio. Los niños y niñas que exceden este tiempo maduran más lentamente y son mucho más inquietos, debido a que esta exposición activa el sistema de neurotransmisores de recompensa y placer, por eso roba toda la atención incluso sólo con su presencia, apagados. Al producirse esta activación se generan serotoninas, motivo fundamental de la “adicción” al dispositivo. Se alteran las redes atencionales por sobreestimulación.

La psicóloga Sheri Madigan, investigadora de la Universidad de Calgary, ha hecho público su último estudio, en el que se empezó a trabajar hace una década, en el que muestra que el exceso de tiempo frente a las pantallas puede tener consecuencias para el desarrollo de los niños.

Este estudio mostró que, cuanto mayor era el tiempo pasado delante de pantallas a los dos y tres años, peor era el desempeño de estos niños a los tres y cinco años, cuando se les realizaba un test de desarrollo. Analiza su progreso en cinco dominios clave: comunicación, habilidades motoras (gruesas y finas), resolución de problemas y habilidades sociales.

El estudio expone que el desarrollo infantil se despliega rápidamente en los primeros cinco años de vida, por lo que es un período crítico de crecimiento y maduración. Y el mecanismo por el que estos aparatos lastran ese despliegue es sencillo: «Cuando los niños pequeños están observando pantallas, pueden perder oportunidades importantes para practicar y dominar las habilidades interpersonales, motoras y de comunicación», explica el estudio.

Recientemente, desde la Asociación Junta de Portavoces de Educación Infantil 0-6 hemos celebrado una jornada sobre este tema, en la que hemos contado con la presencia de algunos miembros del Equipo de Atención Temprana de Leganés (Madrid), que nos han presentado las conclusiones de un estudio que han realizado en centros de educación infantil públicos, de dicho municipio, durante los dos últimos años.

Han partido de los estudios realizados por las Asociaciones de Pediatría Canadiense, Americana y Española, las cuales recomiendan que los niños menores de 2 años NO usen pantallas (teléfono móvil, tablet, televisión…).

En este estudio han llegado a conclusiones que pueden encontrarse en su página web y en la publicación que han realizado de tipo divulgativo, para sensibilizar sobre la importancia de este tema.
Entre otras cosas, encontramos la siguiente descripción de los problemas que puede ocasionar el uso de pantallas en estas edades tan tempranas:
·         Problemas de atención.
·         Retraso en el desarrollo del lenguaje.
·         Reducción de las formas naturales de aprendizaje.
·         Alteraciones del hábito del sueño.
·         Salud ocular.
·         Sobrepeso.
·         Bajo rendimiento escolar
·         Inadecuado desarrollo socioemocional.
Teniendo en cuenta las conclusiones obtenidas por el Equipo de Atención Temprana de Leganés y lo anteriormente expuesto, sugerimos las siguientes recomendaciones para las familias:
1.      No utilizar pantallas antes de los 2 años.
2.      Jugar y relacionarse con otros niños y niñas, desarrollando los distintos patrones de juego que corresponden a cada edad.
3.      Fomentar el contacto con la naturaleza: salir de entornos cerrados siempre que sea posible, para construir experiencias ricas y saludables que formarán parte de su bagaje personal.
4.      Realizar actividades lúdicas y diversas como jugar con juguetes de verdad, pintar, salir al parque, ver y escuchar cuentos…
5.      Buscar alternativas diferentes al uso de las pantallas para dar respuesta a los momentos o situaciones en las que los adultos necesitamos calma.
6.      Aprovechar las comidas como momento comunicativo y de educación alimentaria.
7.      Reducir nuestro uso de las pantallas para ofrecer un modelo correcto y, siempre que sea posible, evitarlas en su presencia.
8.      Favorecer momentos de interacción con los niños.
De igual manera, proponemos algunas recomendaciones de hábitos que NO deben realizar las familias, si nos preocupa la repercusión que tiene el uso de las pantallas por los niños pequeños:
·         Que los niños tengan dispositivos propios como tabletas, teléfonos y ordenadores, y tampoco utilizar los de familiares y otros adultos.
·         Poner la televisión, el ordenador… en la habitación del niño.
·         Utilizar el tiempo de ocio que las familias tienen con los niños para jugar con consolas o cualquier otro dispositivo.
·         Utilizar pantallas para tranquilizarlos, para que coman mejor,…
·         Usar pantallas como premio.
·         Tener la televisión puesta cuando nadie la está mirando.
Como concluye Sheri Madigan en su estudio: «Cuando los niños pequeños están observando pantallas, pueden perder oportunidades importantes para practicar y dominar las habilidades interpersonales, motoras y de comunicación».

Ver la televisión, el juego con consolas, tabletas o móviles inhibe la curiosidad y la atención hacia el entorno porque se acostumbran a centrarla en el dispositivo, no permite el movimiento ni transferir aprendizajes, no produce vivencias ni experiencias personales que motiven el desarrollo del lenguaje y del pensamiento. Entretienen, “invisibilizan” a los niños pero ¿estamos dispuestos a aceptar el coste que esto puede producir en sus pequeños cerebros?


ASOCIACIÓN JUNTA DE PORTAVOCES DE EDUCACIÓN INFANTIL 0-6 AÑOS

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martes, 17 de noviembre de 2020

Los adolescentes con pantallas en el dormitorio estudian menos tiempo

Investigadores de la Universidad de Cádiz, la Autónoma de Madrid y el CSIC confirman que tener materiales deportivos en casa, limitar el número de televisores y evitar los ordenadores en las habitaciones de adolescentes contribuyen a prevenir el sedentarismo. El trabajo, desarrollado con casi 1.600 jóvenes entre 9 y 18 años, analiza las características del entorno físico asociado al tiempo que dedican a ver la pantalla, jugar a videojuegos o estudiar.


Investigadores de la Universidad de Cádiz, la Autónoma de Madrid, y el grupo Inmunonutrición del CSIC han demostrado que los niños y adolescentes con pantallas en el dormitorio pasan más momentos sentados o tumbados y dedican menos tiempo a estudiar. Ésta es una de las conclusiones de un trabajo donde han configurado un mapa preciso de las condiciones del entorno de las familias para determinar qué aspectos pueden intervenir en esta actitud.

Los expertos han analizado variables como el número de televisores en casa, los medios de comunicación dentro de la habitación o tener disponibles juegos que propicien la actividad física como factores que predominan en la adquisición de hábitos más o menos saludables. Por otra parte, han confirmado que los jóvenes con un mayor número de dispositivos electrónicos en el hogar dedican más tiempo a actividades de pantalla y menos tiempo al estudio.

Las investigaciones han incluido a casi mil seiscientos jóvenes entre 9 y 18 años a los que se les ha medido la actividad física a través de un acelerómetro durante una semana. En un estudio publicado en la revista European Journal of Sport Science los expertos muestran la imagen global de los hábitos juveniles según distintos parámetros. Por ejemplo, disponer de jardín en casa hace que los chicos naveguen menos por internet. Tener un vecindario que consideran favorable hace que las chicas jueguen menos a videojuegos. Sin embargo, el disponer de pantallas en el dormitorio provoca que ambos géneros dediquen menos tiempo a actividades educativas.

Uno de los resultados del informe es el referido al tiempo que los jóvenes dedican a distintas formas de sedentarismo y su relación con la disponibilidad de pantallas o de material deportivo. “Las conclusiones destacan que el número de materiales, equipamientos e instalaciones deportivas disponibles en el entorno se relaciona con un menor sedentarismo y con un mayor tiempo de estudio. Al mismo tiempo, hemos observado diferencias significativas entre el tiempo dedicado a los dispositivos tecnológicos y a actividades educativas”, indica el investigador de la Universidad de Cádiz, José Castro, autor del artículo.

El trabajo señala que las chicas son más sedentarias que los chicos y dedican más tiempo a actividades educativas como leer o estudiar. Ellos tienen más ordenadores, consolas o televisores dentro de sus dormitorios, pero ellas pasan más tiempo navegando por internet o hablando con las amigas.

La investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid Verónica Cabanas, también autora del artículo, afirma: “De las más de siete horas de tiempo libre que tiene un adolescente cada día de media, dedica tres frente a una pantalla y algo más de dos a los estudios. Esto hace que este sedentarismo influya en el riesgo de padecer enfermedades cardiometabólicas a edades tempranas. Con esta investigación hemos profundizado en los factores que pueden contribuir a reducirlo”.

Un escenario completo
Los expertos han elaborado un mapa preciso de las condiciones en las que habitan los jóvenes. Para ello, tanto los escolares como sus familias, han completado una serie de cuestionarios con información sobre sus hábitos cotidianos y su nivel social, cultural y económico. Así, incluyeron las características básicas de la vivienda, la percepción del vecindario, la cantidad de materiales o equipamientos deportivos disponibles en el hogar y los dispositivos tecnológicos existentes en casa y en el propio dormitorio.

La publicación forma parte del proyecto ‘Up & Down’ orientado a determinar los patrones de hábitos saludables y las interrelaciones con diversos factores en niños y adolescentes. En él participan la Universidad de Cádiz y la Autónoma de Madrid en la elaboración y análisis de los datos obtenidos, y el grupo Inmunonutrición del CSIC, que analiza los riesgos de enfermedades cardiovasculares en las muestras de sangre que se extraen a los jóvenes para conocer su estado de salud y las interacciones entre genética y estilo de vida.

Las investigaciones se han financiado a través del proyecto ‘Condición física relacionada con la salud en escolares y adolescentes con síndrome de Down y su relación con indicadores de salud: Estudio longitudinal de tres años’ del Plan Nacional de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.





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sábado, 14 de noviembre de 2020

La salud emocional, el motivo más mencionado para volver a las aulas

 El dato surge de una consulta a padres y madres que participaron la semana pasada del Encuentro Nacional de Familias por la Educación, que contó con 4000 inscriptos de las 24 jurisdicciones del país. Nueve de cada diez consideran que las familias están poco representadas en los medios.

 


La salud emocional de los niños es el motivo más importante por el cual los padres desean una vuelta presencial a la escuela. El segundo motivo es que los alumnos puedan relacionarse con sus compañeros. De esta manera, los aspectos socioemocionales aparecen como prioritarios en la preocupación de las familias ante la suspensión de clases presenciales.

 

Los datos surgen de una consulta que recoge las voces de las familias que participaron del Encuentro Nacional de Familias por la Educación, realizado la semana pasada, con casi 4000 inscriptos. Participaron padres y madres de las 24 jurisdicciones del país, con hijos e hijas en todos los niveles escolares obligatorios, del sector estatal y privado, y de diversas extracciones sociales. A continuación, el análisis de los testimonios y resultados de la consulta, desarrollado por Mariano Narodowski, profesor de la Universidad Di Tella y académico asociado de Argentinos por la Educación. 

 

El 78,3% de las familias consultadas considera que lo mejor es volver a la escuela en los municipios y provincias donde se pueda, en los años y grados donde la vuelta sea prioritaria y algunos días por semana si no es posible volver los cinco días. Las respuestas marcan un gran consenso entre los padres para que sean tenidas en cuenta las particularidades sanitarias de cada localidad y se generen soluciones acordes priorizando una vuelta a clases planificada y segura.

 

Al responder qué necesitan para acompañar a sus hijos, padres y madres señalan la necesidad de más dispositivos (otro celular, una notebook, etc.) (48,5%), mejor conexión a internet en casa (46,8%), y apoyo docente para padres (46,3%). Entre los puntos más urgentes para poder cambiar la educación argentina, las familias mencionaron la formación y la carrera de los docentes (38,8%), la conectividad de los alumnos (32,1%) y los contenidos del currículum (32,7%).

 

El 92,6% de los padres y madres que participaron del Encuentro consideran que las familias están muy poco representadas en los medios y la agenda pública. En consecuencia, exigen que se habiliten más instancias de participación donde su voz sea escuchada para poder aportar a la mejora de la educación.

 

Según la consulta, 9 de cada 10 padres (94%) están dispuestos a formarse para poder aumentar su participación ciudadana para mejorar la educación. Además, 7 de cada 10 familias (73,4%) consideran que la mejor manera de participar es colaborando con los docentes y directivos en su escuelas, mientras que 6 de cada 10 (62,5%) mencionan la participación en instancias institucionales a nivel municipal, provincial o nacional. 

 

“La suspensión de las clases presenciales tuvo efectos no esperados. Las familias adquirieron visibilidad y comenzaron a ser valoradas a la hora de opinar sobre la educación de sus hijos. A su vez, el Estado diseñó una estrategia política que suponía que las familias se harían cargo de las tareas de la escuela y les mandó consignas y materiales múltiples para que padres y madres, con o sin conexión, con o sin computadora, con sin recursos culturales se hicieran cargo de la educación de los hijos”, comenta Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

 

Por su parte, Paulina Calderón, exministra de Educación de la provincia de San Luis, sostiene: “Durante este tiempo quedó demostrado que las familias se convirtieron obligatoriamente en aliadas estratégicas de la escuela, pero esa ‘alianza’ es crítica en cuanto está atravesada por condicionantes sociales y económicos que agravan las brechas preexistentes”. En ese sentido, agrega: “Más allá de los aprendizajes que no se construyan, si no se propicia una mayor implicación social en la educación, las consecuencias individuales y sociales serán profundas. Es un problema ciudadano y político, y en ella se juegan los futuros de nuestras sociedades”.

 

“Es probable que estas familias hayan observado cómo el aislamiento afectó a los hijos,  generándoles diferente tipo de patologías, sin tomar en cuenta que los aprendizajes no logrados durante este tiempo tendrán consecuencias nocivas a futuro y que no podemos prever, pero que sin lugar a dudas impactarán en la calidad de la educación de los niños, elemento cuyo valor parece ser central para la mayoría de los participantes que, sin embargo, no toman en cuenta que la socialización de los niños puede lograrse también fuera de la escuela, pero la educación sistemática no“, reflexiona Gustavo Zorzoli, director de la Escuela de Formación Olímpica.  

 

Como fruto del encuentro, las familias presentaron una “Declaración de las Familias por la Educación”, a partir de la cual solicitan a los gobiernos que ofrezcan respuestas en educación y que, entre otras cosas, impulsen el regreso a las escuelas allí donde sea posible, con responsabilidad respecto a las condiciones epidemiológicas y sanitarias.

 

 

 

Fuente

https://agendaeducativa.org/la-salud-emocional-de-los-chicos-el-motivo-mas-mencionado-para-volver-a-clases/

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