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martes, 17 de noviembre de 2020

Los adolescentes con pantallas en el dormitorio estudian menos tiempo

Investigadores de la Universidad de Cádiz, la Autónoma de Madrid y el CSIC confirman que tener materiales deportivos en casa, limitar el número de televisores y evitar los ordenadores en las habitaciones de adolescentes contribuyen a prevenir el sedentarismo. El trabajo, desarrollado con casi 1.600 jóvenes entre 9 y 18 años, analiza las características del entorno físico asociado al tiempo que dedican a ver la pantalla, jugar a videojuegos o estudiar.


Investigadores de la Universidad de Cádiz, la Autónoma de Madrid, y el grupo Inmunonutrición del CSIC han demostrado que los niños y adolescentes con pantallas en el dormitorio pasan más momentos sentados o tumbados y dedican menos tiempo a estudiar. Ésta es una de las conclusiones de un trabajo donde han configurado un mapa preciso de las condiciones del entorno de las familias para determinar qué aspectos pueden intervenir en esta actitud.

Los expertos han analizado variables como el número de televisores en casa, los medios de comunicación dentro de la habitación o tener disponibles juegos que propicien la actividad física como factores que predominan en la adquisición de hábitos más o menos saludables. Por otra parte, han confirmado que los jóvenes con un mayor número de dispositivos electrónicos en el hogar dedican más tiempo a actividades de pantalla y menos tiempo al estudio.

Las investigaciones han incluido a casi mil seiscientos jóvenes entre 9 y 18 años a los que se les ha medido la actividad física a través de un acelerómetro durante una semana. En un estudio publicado en la revista European Journal of Sport Science los expertos muestran la imagen global de los hábitos juveniles según distintos parámetros. Por ejemplo, disponer de jardín en casa hace que los chicos naveguen menos por internet. Tener un vecindario que consideran favorable hace que las chicas jueguen menos a videojuegos. Sin embargo, el disponer de pantallas en el dormitorio provoca que ambos géneros dediquen menos tiempo a actividades educativas.

Uno de los resultados del informe es el referido al tiempo que los jóvenes dedican a distintas formas de sedentarismo y su relación con la disponibilidad de pantallas o de material deportivo. “Las conclusiones destacan que el número de materiales, equipamientos e instalaciones deportivas disponibles en el entorno se relaciona con un menor sedentarismo y con un mayor tiempo de estudio. Al mismo tiempo, hemos observado diferencias significativas entre el tiempo dedicado a los dispositivos tecnológicos y a actividades educativas”, indica el investigador de la Universidad de Cádiz, José Castro, autor del artículo.

El trabajo señala que las chicas son más sedentarias que los chicos y dedican más tiempo a actividades educativas como leer o estudiar. Ellos tienen más ordenadores, consolas o televisores dentro de sus dormitorios, pero ellas pasan más tiempo navegando por internet o hablando con las amigas.

La investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid Verónica Cabanas, también autora del artículo, afirma: “De las más de siete horas de tiempo libre que tiene un adolescente cada día de media, dedica tres frente a una pantalla y algo más de dos a los estudios. Esto hace que este sedentarismo influya en el riesgo de padecer enfermedades cardiometabólicas a edades tempranas. Con esta investigación hemos profundizado en los factores que pueden contribuir a reducirlo”.

Un escenario completo
Los expertos han elaborado un mapa preciso de las condiciones en las que habitan los jóvenes. Para ello, tanto los escolares como sus familias, han completado una serie de cuestionarios con información sobre sus hábitos cotidianos y su nivel social, cultural y económico. Así, incluyeron las características básicas de la vivienda, la percepción del vecindario, la cantidad de materiales o equipamientos deportivos disponibles en el hogar y los dispositivos tecnológicos existentes en casa y en el propio dormitorio.

La publicación forma parte del proyecto ‘Up & Down’ orientado a determinar los patrones de hábitos saludables y las interrelaciones con diversos factores en niños y adolescentes. En él participan la Universidad de Cádiz y la Autónoma de Madrid en la elaboración y análisis de los datos obtenidos, y el grupo Inmunonutrición del CSIC, que analiza los riesgos de enfermedades cardiovasculares en las muestras de sangre que se extraen a los jóvenes para conocer su estado de salud y las interacciones entre genética y estilo de vida.

Las investigaciones se han financiado a través del proyecto ‘Condición física relacionada con la salud en escolares y adolescentes con síndrome de Down y su relación con indicadores de salud: Estudio longitudinal de tres años’ del Plan Nacional de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.





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lunes, 27 de abril de 2020

LOS TRUCOS INFALIBLES DE UNA ADOLESCENTE PARA ADAPTARSE AL “HOME-SCHOOLING”


La situación sanitaria que estamos viviendo en estos momentos está repercutiendo en la vida social y educativa de muchos estudiantes como Jimena.

Jimena es una adolescente madrileña de 16 años estudiosa y responsable, que se ha adaptado sin problemas al obligado “home-schooling” debido al coronavirus. Se sigue levantando a las 7:00, se asea, se viste, desayuna, y se pone a estudiar siguiendo los mismos horarios que lleva en su colegio. Curiosamente, lo hace vestida con “el chándal del colegio. Ponerme el uniforme en casa es una forma de delimitar el tiempo de estudio, con el de ocio de la tarde. Es un consejo que nos dieron en el colegio. Todos mis compañeros de clase lo siguen, lo veo cuando hacemos videoconferencias“. “La verdad es que no le ha costado el cambio -reconoce Rocío, su madre- en parte porque ya estudiaban con medios tecnológicos y, en parte, porque Jimena es muy consciente de que tiene que delimitar cuál va a ser el tiempo de trabajo, de ocio y el dedicado a tareas domésticas para una correcta organización de la rutina familiar”.


La situación sanitaria que estamos viviendo en estos momentos está repercutiendo en la vida social y educativa de muchos estudiantes como Jimena, y enfrentándonos a todos a nuevos retos, sobre todo el campo educativo, donde muchos colegios están adaptándose al “home schooling” que tan rigurosamente cumple esta adolescente. Ana Herrero, psicóloga y coordinadora del departamento de orientación del grupo Brains International Schools, comparte sus impresiones sobre las ventajas y desventajas del “home schooling” y ofrece algunos consejos para que otros padres, niños y profesores lo integren en su día a día.

Ana Herrero incide en la necesidad de realizar a primera hora una reunión familiar donde organicemos qué vamos a hacer en el día. En casa de Jimena, lo hacen durante el desayuno, que hacen todos los componentes de la familia. “En este momento tan excepcional, una correcta organización será clave para aumentar la motivación de los alumnos. Para ello, los padres deberán facilitar un espacio adecuado de trabajo, así como un horario en el que quede bien diferenciado el tiempo de estudio, el de descanso y el de ocio”, explica esta experta.

Rutinas familiares
En cualquier caso, el tiempo de ocio no debe faltar. De hecho, continua esta experta, dentro de la rutina establecida por cada familia, el tiempo de ocio debe ser igual de importante que el tiempo dedicado al estudio. “A los alumnos puede afectarles la ausencia de sus amigos, y echarán en falta la posibilidad de jugar con estos. Para ello, se les puede facilitar hablar con sus amigos a través de videoconferencias para que puedan contarse sus impresiones y ponerse al día”. Es lo que hace Jimena, aunque reconoce que echa de menos “el contacto con mis profesores y amigos de Brains””.
“Podemos aprovechar esta oportunidad para disfrutar del tiempo en familia, hacer una obra de teatro, manualidades, cocinar un bizcocho, etc.”, sugiere la psicóloga y coordinadora del departamento de orientación del grupo Brains International Schools.

Otra de las sugerencias de esta profesional es involucrar a los hijos en las tareas domésticas en función de sus edades. “Esto es siempre recomendable, y más cuando se pasa mucho tiempo en casa, para enseñarles a colaborar en familia. Además, el hecho de hacerles responsables de una tarea concreta cada día hará que los niños sientan que su participación es importante”.

Rutinas familiares
Qué duda cabe que pese a los numerosos incovenientes que atraviesan muchas familias, la tecnología está siendo un gran aliado para seguir las rutinas escolares… Y que, en caso de que la actual medida de prevención se extienda, las clases online seguirán siendo la mejor solución para muchos. “El profesorado tendrá el reto de seguir orientando al alumno en este nuevo proceso de aprendizaje, que es -según Ana Herrero-, una gran oportunidad para la comunidad educativa”. No obstante, concluye esta profesional, “que esta situación se alargue tiene también un problema, y es que el aprendizaje online no puede sustituir nunca a la escuela en el proceso de socialización de los niños y adolescentes.”




Por: Carlota Fominaya

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viernes, 20 de marzo de 2020

Cuarentena por el coronavirus con niños y adolescentes


Una guía de Unicef para la convivencia intrafamiliar

Responder sus dudas y consultas, no atosigarlos, respetar las rutinas y la intimidad de cada miembro de la familia son algunas de las recomendaciones para estos momentos.
“La mejor forma de mantener la calma es respetar las rutinas”, señaló Olga Isaza, psicóloga y representante adjunta de Unicef en Argentina. Frente a la situación de aislamiento por el aumento de circulación del coronavirus , lo que implica que familias y convivientes deben permanecer dentro de un mismo espacio, el organismo internacional generó una guía para abordar la situación, tanto de cuidado y prevención como de convivencia intrafamiliar. Evitar la información falsa, el abuso de la temática y las imágenes morbosas que refieran a la enfermedad son algunas de las recomendaciones para cuidar la salud mental de los más chicos.
Qué hacer con los chicos en cuarentena
Como medida para prevenir la expansión de la circulación de la pandemia, miles de familias permanecen, desde este lunes, dentro de sus casas. Si bien algunas son grandes y tienen habitaciones individuales, la mayor parte de la población comparte espacios pequeños, cocinas que son a la vez living y comedor, habitaciones con cuatro o cinco camas y poco espacio para circular. “Está confirmado que en tiempos de convivencia prolongada puede aumentar la violencia intrafamiliar, para eso, van a seguir disponibles las líneas de atención telefónicas y los servicios sociales públicos. Sin embargo es importante, como prevención, fomentar la charla, los espacios de reflexión, y también el respeto y el espacio para cada miembro de la casa”, explicó Isaza a Página/12, y recomendó establecer reglas de convivencia, volúmenes para la música o las películas, horarios de descanso, así como también promover la posibilidad de conversación con otras personas, ya sea por teléfono, videollamadas o chats. “Tenemos que aprovechar las herramientas que tenemos para que las convivencias resulten más fáciles”, señaló.

Un problema que surge ante la permanencia en casa es la flexibilidad de horarios en la cotidianidad: “El beneficio de las rutinas es que nos dan predictibilidad. El poder de predecir no es una herramienta menor: genera seguridad en los chicos y adolescentes, al saber cómo transcurrirá su día”, explicó la psicóloga de Unicef. Para lograr la continuidad de la rutina, la especialista recomienda mantener los horarios de alimentación --desayunos, almuerzos, meriendas y cenas-- de aseo y de descanso, procurando levantarse temprano para estudiar o trabajar y luego tener un espacio de ocio por las tardes. “El juego y la charla son dos elementos centrales en este momento. Vemos que hay una reflexión muy interesante entre las personas y las familias en estos días, como reforzando prácticas que muchas veces en la vorágine del día a día perdemos”, advirtió Olga Isaza. En cuanto a los hijos e hijas adolescentes, “son quienes nos tienen que enseñar a los adultos las potencialidades de la virtualidad. Ellos pueden mantener por esa vía su contacto social, tan importante para la edad, y nosotros deberíamos aprender a hacer lo mismo”. Además, en los últimos días han circulado en las redes sociales, libros, películas y música de descarga gratuita, que tanto instituciones como empresas privadas liberaron a modo de contribuir con la indicación de quedarse en casa.

“Es importante que los adultos puedan estar en sus casas, y acompañar e insistir en las rutinas académicas de sus hijos”, afirmó Isaza. Según la Unesco, 850 millones de niños y niñas en todo el mundo no pueden asistir a clases . En el país, el Ministerio de Educación puso a disposición material especializado para cada nivel educativo en la plataforma Seguimos Educando, un portal al que se puede acceder desde computadoras y teléfonos celulares. Por su parte, este jueves el ministro Nicolás Trotta adelantó que están evaluando la posibilidad de utilizar los medios de comunicación audiovisuales --radio y TV-- como canales de distribución del material pedagógico en el caso de que haya una extensión de la suspensión de clases. “Nos preocupan especialmente los chicos y chicas que no tienen acceso a internet, en ciertas zonas urbanas y en zonas rurales del país”, señaló la representante de Unicef y adelantó que “una posibilidad es que haya ocasionalmente profesores itinerantes que puedan acercarse a ciertas zonas”. Según Isaza, a pesar de la complejidad de la situación, “la idea es generar respuestas diversas para las distintas situaciones de chicos y chicas en el país”.

En la guía que generó la organización, que se puede descargar online , se destaca la prevención de la violencia. En esta tarea, el rol de los adultos es clave: “Detectar los malentendidos que pueden estar afectando a la percepción de la salud y la enfermedad porque pueden sentar las bases de estereotipos y prejuicios duraderos”, es uno de los consejos del documento. “Los adultos responsables, ya sean familiares o bien efectores de hogares o centros de detención infantil, deben tomarse un tiempo para hablar del tema con seriedad, pero también para escuchar sus reflexiones y contestar sus dudas”, recomendó Isaza en diálogo con este diario. Además, regular la exposición a noticias y filtrar según el tipo de imágenes puede contribuir a evitar la paranoia y la angustia en los más pequeños. “Hay que ser honestos y transparentes, y sobre todo no dejarnos llevar por la invasión del tema las 24 horas. Con hablarlo una vez al día, alcanza”, agregó la psicóloga.


Informe: Lorena Bermejo  
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lunes, 20 de febrero de 2017

La hipersexualización de la sociedad: niñas sexis, infancia frágil

Los expertos aseguran que la falsa madurez y el hecho de vivir rodeado de mensajes sexuales afecta a la autoestima

Suena a hipocresía que la sociedad se lleve las manos a la cabeza cuando se plantea el debate de la sexualización cada vez más temprana de la infancia, sobre todo de las niñas. Una sociedad que dice que observa pasmada las fotos que las adolescentes y preadolescentes cuelgan en sus redes sociales, la ropa que visten, el maquillaje que aparece cada vez más pronto. Sólo con observar alrededor queda claro que los más jóvenes beben de un mundo en el que se ha producido una hipersexualización generalizada, donde la sexualidad se ha puesto en el centro con unas connotaciones muy concretas.
En los vídeos musicales, la publicidad, las series o la moda aparece en muchísimas ocasiones este telón de fondo de la hipersexualización (sobre todo de la mujer), los cuerpos como reclamo y como mercancía. En este contexto, en una cultura también muy visual, señala Begonya Enguix, antropóloga y profesora de la UOC, se añaden las redes sociales y el uso que hacen de ellas los chicos y chicas cada vez más jóvenes. Una redes sociales mediatizadas, indica, por la imagen, ya que es la imagen que se proyecta en ellas la que estructura las relaciones y la convierte en una medida del éxito.
Desde edades muy tempranas (que puede empezar incluso antes de los diez años) se atisba el peligro de crecer bajo la falsa creencia de que el éxito social está vinculado a la imagen, explica Amàlia Gordóvil, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación (UOC), y se corre el riesgo en estas edades de perder una serie de valores fundamentales como la espontaneidad, el disfrute o la creatividad. En los niños se percibe menos porque en este mundo de la infancia se trasladan también los roles de género de los adultos, pero las niñas sí que pueden acabar a la larga actuando como objetos sexuales. Es decir, indica Begonya Enguix, asumir un sistema de relaciones de género en el que ellas están para agradar al chico, al hombre.
La traslación al mundo de los más jóvenes de esta sociedad hipersexualizada afecta al desarrollo natural de las etapas de la vida, altera el crecimiento durante la infancia, indican los expertos. Las niñas sobre todo aparecen situadas en una falsa madurez que no entienden, rodeadas de mensajes de contenido sexy que puede desembocar en una falta de seguridad, en la construcción de jóvenes frágiles que se sentirán obligadas a librar una batalla con su cuerpo en busca de un ideal inexistente. La vida centrada en la mirada del otro resta autonomía personal y quemar etapas vitales para niños y niñas, recuerda Gordòvil, psicóloga en el centro GRAT, afecta a la autoestima. Y la separación entre la conducta sexual y la afectiva puede plantear en el futuro problemas relacionales.
Hablar de una sociedad hipersexualizada no es hacerlo desde la mojigatería. Se entiende que la sexualidad es libertad y es necesaria también una información sexual adecuada para los más jóvenes. Asimismo, la adolescencia tiene un pulso reivindicativo que se expresa también en las formas de vestir, un momento en el que se producen cambios físicos, la propia imagen cobra importancia y es lógico querer gustar. Pero esto no es sexualización.
La sexualización consiste, según un informe del Parlamento Europeo, en un enfoque instrumental de la persona mediante la percepción de la misma como objeto sexual al margen de su dignidad y sus aspectos personales. “La sexualización supone también la imposición de una sexualidad adulta a las niñas y los niños, que no están ni emocional, ni psicológica, ni físicamente preparados para ello”, se indica.
Precisamente el Parlamento Europeo abordó este debate hace cuatro años cuando constató con alarma el aumento del número de imágenes de niños con enfoque sexual. Los puntos trabajados en la comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad planteaban algunas reflexiones sobre las consecuencias de esta erotización, en un trabajo que abarcaba de los seis hasta los trece años. La influencia negativa de la sexualización en la autoestima, se señalaba, puede llevar a trastornos de alimentación de base psíquica. Y se alertaba, sobre todo, de que este peligro de autoobjetualización “incrementa la posibilidad de conductas agresivas hacia las niñas”. Degradar el valor de la mujer, se subrayaba, contribuye a un incremento de la violencia contra las mujeres y al refuerzo de ac­titudes y opiniones sexistas que a la larga acaban derivando en discriminación laboral, acoso ­sexual e infravaloración de sus logros.
Asimismo, se ponía el acento en el creciente número de niños y niñas que acceden a internet a edades cada vez más tempranas, lo que supone también avanzar el primer contacto con la pornografía.
En el libro American girls (2016), su autora Nancy Jo Sales explica a través del testimonio de decenas de chicas estadounidenses una sociedad en la que todas (pequeñas, jóvenes, mayores) quieren parecer hot. Y donde los sexting rings –en los que fotografías de adolescentes desnudos se comparten en amplios grupos– existen en la mayoría de institutos. Entre otras cuestiones, la autora indica que los niños estadounidenses empiezan a ver pornografía en internet a los seis años, y que la gran mayoría lo han hecho antes de cumplir los dieciocho.
La hipersexualización de la sociedad es un hecho, señala la profesora Begonya Enguix, pero también se debe remarcar que a la par crece la conciencia crítica y la denuncia. Tuvieron repercusión internacional las críticas a Vogue cuando utilizó en el 2011 a una modelo de diez años con ropa y poses de mujer adulta. Desde entonces, la publicación se comprometió a no utilizar modelos menores de dieciséis. En una escala muy distinta, hace unos días las redes reaccionaban contra un disfraz infantil de enfermera sexy que se vendió el año pasado en San Blas (Madrid).
Es evidente que no toda la sociedad compra esta hipersexualización, pero también es obvio que los mensajes se encuentran por todas partes y, por tanto, se filtran en todas las edades. En su estudio El cuerpo de las mujeres y la sobrecarga de sexualidad, la profesora de Sociología del Género (Universidad de A Coruña), Rosa Cobo Bedia, indica que el contexto en el que se produce esta hipersexualización es un “mercado libre y sin límites que ha entendido que los cuerpos de las mujeres son una mercancía de la que se extraen plusvalías necesarias para la reproducción social de los patriarcados y el capitalismo neoliberal”.
Entre otras cuestiones, Cobo indica que tras el éxito del feminismo radical en EE.UU. llegó una dura campaña antifeminista que cuajó en los años noventa con una alianza entre la reacción patriarcal y el neoliberalismo que tuvo “graves consecuencias para las mujeres” en términos de subordinación y explotación económica. Pero este discurso patriarcal, explica, no sólo reclama la vuelta de las mujeres a la vida doméstica y la exaltación de la maternidad, sino que apela también a la sexualidad femenina. Se apropia de la libertad sexual de los años 60 y 70, pero vista como un “derecho natural” de los varones. Y se rediseña así el ideal de feminidad incorporando elementos explícitos de sexualidad. Bajo el paradigma de la libertad sexual lo que se produce es una ampliación del “marco de derechos masculino”.
Cobo considera que el atractivo sexual se ha convertido en parte fundamental del nuevo modelo que se exige a adolescentes y mujeres adultas, imágenes sexualizadas que eclipsan otros tipos de representación femenina. Esta presión para que las mujeres hagan de su cuerpo y de su sexualidad el centro de su existencia se manifiesta en una cultura de la exaltación de la sexualidad, en la pornografía y en la prostitución, señala la profesora. La mujer, de nuevo, despersonalizada bajo el discurso de que la sexualización forma parte de la naturaleza femenina.
Pero esto ya no es suficiente. El dominio masculino y el neoliberalismo, indican las expertas, han puesto en el mercado los cuerpos de las niñas. Sólo cabe por tanto la reacción crítica.
La edad y las pasarelas de moda
El debate sobre la edad en la que las chicas modelos pueden subir a las pasarelas ha prendido también en el mundo de la moda y ha llevado en los últimos años a elaborar distintas recomendaciones. El CFDA (Consejo de Diseñadores Americano) aconsejó en el 2012 que la edad mínima para desfilar fuese de 16 años, un consejo que surgió después del estudio realizado por The Model Alliance. Esta plataforma surgida para reivindicar y vigilar los derechos de las jóvenes que trabajan en el mundo de la moda realizó una encuesta entre 240 modelos. Los resultados indicaron que la mayoría (un 54,7%) empezaron entre los 13 y los 16 años, mientras que un 37,3% lo hicieron entre los 17 y los 20 años. La encuesta también reveló que una mayoría de las chicas menores de 18 años nunca o casi nunca están acompañadas por los padres o algún tutor durante su trabajo.
La fundadora de The Model Alliance es la exmodelo Sara Ziff, quien conociendo por dentro la profesión decidió dar un paso al frente para denunciar una industria desregulada en la que no se tiene en cuenta el bienestar emocional de las jóvenes. Y donde, a su entender, las lucrativas carreras de unas pocas supermodelos esconde las duras condiciones económicas de las demás. Ziff denuncia que el acuerdo sobre los 16 años se rompe en muchas ocasiones.
La reflexión del Europarlamento
1. Contexto. El Parlamento Europeo abordó el debate sobre la sexualización de la infancia (sobre todo de las niñas) en el 2012. Cinco años antes lo hizo en Estados Unidos la Academia Americana de Psicología por lo que se considera un problema social que sigue vivo.
2. Violencia. Entre sus advertencias, el Parlamento indica que las manifestaciones de sexualización de las niñas, que pueden llevar a la autoobjetualización incrementan la posibilidad de conductas agresivas hacia ellas. Degradar el valor de la mujer contribuye al aumento de la violencia.
3. Definición. La sexualización no es sinónimo de sexualidad sino que debe entenderse como un enfoque instrumental de la persona mediante la percepción de la misma como objeto sexual, siendo valorada en función de su atractivo personal, Supone también la imposición de una sexualidad adulta a los niños, sobre todo a las niñas, que no están preparados ni emocional, ni psicológica ni físicamente para ello. La sexualización choca con el desarrollo natural y saludable de la sexualidad.


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martes, 24 de mayo de 2011

Dormir poco y roncar frenan el desarrollo infantil

Dormir poco y roncar frenan el desarrollo infantil
Durante los primeros 50 o 60 minutos del sueño nocturno se produce el pico máximo de liberación de la hormona de crecimiento. Los niños que descansan poco suelen ser irritables, hiperactivos o muestran mucho cansancio, sobre todo en la jornada escolar.
"Buenos días chicos ¿cómo amanecieron?" Los alumnos de tercer grado le devolvieron el saludo a la "señorita" María Eugenia, salvo tres niños que estaban sentados y casi inmóviles: Santiago (bostezaba sin parar), Valentina (tenía el codo izquierdo clavado en el pupitre y con la mano se sostenía el mentón) y Gabriel (que dormitaba con los brazos cruzados y la cabeza gacha). "Parece que algunos no descansaron o no durmieron bien anoche...", comentó la maestra en voz alta, buscando la reacción de los niños. Fue en vano. "Tuve que hablar con cada uno para saber qué les pasaba y los tres me contaron que después de hacer las tareas miran TV o juegan en la PC hasta muy tarde", comentó a LA GACETA la maestra de una escuela pública. La falta de sueño -conjeturó- está afectando la calidad de vida de muchos niños y esto preocupa al cuerpo docente porque no prestan atención en el aula.

La educadora no está equivocada. Dormir poco puede disminuir el crecimiento y el rendimiento físico e intelectual, advierte la Asociación Mundial del Sueño, cuyo lema de este año es: "Los chicos que duermen bien crecen sanos". Sin embargo, el 25% de los niños y adolescentes duermen menos horas de las recomendadas.

La entidad mundial advierte que los chicos que duermen poco aumentan el riesgo de sufrir obesidad, traumatismo, problemas emocionales, agresividad, irritabilidad y frustración. En opinión de la especialista en Medicina del Sueño de la Fundación Favaloro, Mirta Averbuch, cuando los chicos duermen mal se pueden producir cambios en los niveles de actividad: pueden mostrar hiperactividad o, por el contrario, cansancio todo el día, especialmente durante la jornada escolar o al hacer los deberes.

"Cuando no se descansa bien -detalla- la memoria es más débil, bajan la atención, la concentración, el razonamiento, el aprendizaje y la capacidad de reacción. Esto afecta el rendimiento escolar". Con sus conceptos coincidió Daniel Pérez Chada, jefe de Neumonología del Hospital Austral, y miembro de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria. Enfatizó que el sueño tiene una importancia vital en los chicos de todas las edades.

Una hormona clave
¿Por qué es tan importante dormir? Porque durante el sueño se libera la mayor cantidad de hormona de crecimiento, sustancia química que actúa sobre los tejidos del cuerpo, en el metabolismo de las proteínas. Por ende, su principal efecto es favorecer el crecimiento en los niños.

"La liberación de hormonas es muy importante durante los primeros años de vida y en la adolescencia, y a medida que entramos en la edad adulta va disminuyendo", explica Miguel Blanco, jefe de Endocrinología Infantil del Hospital Universitario Austral.

Durante los primeros 50 o 60 minutos del sueño nocturno se produce el pico máximo de liberación de la hormona de crecimiento. De ahí la importancia de respetar el sueño nocturno de los chicos evitando las interrupciones.

"Una noche completa de sueño ayuda a funcionar mejor en la escuela como en el hogar. Además, el descanso es esencial para la felicidad y el bienestar de cualquier persona", resumió el pediatra, aunque aclaró que no es el único factor. También tienen importancia la alimentación, la práctica de actividad física y la genética familiar.

Horas de sueño según la edad
DESDE los tres a los 12 meses los niños necesitan dormir 14 o 15 horas. Aconsejan una siesta de dos a cuatro horas.

ENTRE los 12 meses y los tres años de edad tienen que dormir de 12 a 14 horas, con una siesta de dos horas.

DESDE los tres hasta los cinco años los especialistas afirman que necesitan descansar de 11 a 13 horas seguidas.

ENTRE los seis y los 12 años es necesario que duerman unas 10 u 11 horas seguidas para que el descanso sea reparador.

DESDE los 12 hasta los 18 años recomiendan descansar de ocho a nueve horas y media seguidas, con una siesta corta.

DESDE los 18 años en adelante se aconseja un sueño reparador de no menos de siete horas. También viene bien una siesta.

10 tips para el buen dormir de los chicos
Establecer horarios para que se acuesten y se levanten. Aconsejan hacerlos dormir no más allá de las 21.

Mantener un horario regular de sueño en los días hábiles y los fines de semana.

Lograr una rutina antes dormir (que se pongan pijama, que se laven los dientes).

Vestirlos con ropa cómoda y pañales absorbentes.

Animarlos a que se acostumbren a dormir solos.

Evitar la luz intensa al acostarlos y a la noche.

Apagar la TV y los celulares o mantenerlos lejos del cuarto de los niños.

Evitar el uso de la PC antes de irse a dormir.

Fijar horarios para alimentarlos y bañarlos.

Asegurarse de que el niño realice ejercicios y pase al menos un tiempo al aire libre durante el día.

Después de las 17, eliminar los alimentos y las bebidas que contengan cafeína, como café, té y colas.


Fuente
http://www.lagaceta.com.ar
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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Mi hijo era un buen estudiante

"Resulta demasiado obvio decir que nuestros hijos crecen y que van cambiando conforme van pasando los años. Es lo natural que cuando llega el momento, esos pequeños que con su llegada a nuestro hogar lo revolucionaron todo, iluminando cada rincón de la casa, vayan cambiando su aspecto físico. De pronto, unos de manera más precipitada (casi como de un día para otro...), otros con más calma (como si les costara dar el paso...) dan el estirón. A ellas les viene la regla, se les van redondeando las formas, les crecen los pechos, pasan más tiempo encerradas en el cuarto de baño, absortas en frente del espejo, como intentando reconocerse en esa imagen que les devuelve, distinta, sin más. A ellos les cambia la voz, les sale barba y miran desconcertados como les crece "todo". Y, los más, tienen que soportar esos granitos que aparecen en la cara y que les convierte, ante la mirada curiosa del resto del mundo, en lo que son: adolescentes.
   
    Y, nosotros, sus padres y sus madres, nos convertimos en sufridores. En ocasiones, llevamos tiempo esperando este momento, leyendo libros o escuchando las experiencias de otros padres o poniendo la atención en lo que dicen los gurús en el tema. Aún así, la llegada de la adolescencia de nuestros hijos nos pilla de sorpresa y con la sensación de que no sabemos cómo acercarnos a ellos, nos sentimos tan vulnerables, tan ignorantes... Y eso que ya llevamos doce, trece o muchos más años siendo y ejerciendo de padres y madres (y no lo hemos hecho tan mal).
   
   Para empeorar las cosas, comienzan a venir los notas del colegio llenas de "no promociona". No nos lo podemos explicar, ¡si antes mi hijo era un buen estudiante!".


    Son muchos los padres y las madres que subscribirían estas palabras.



    No podemos negar que los años de la adolescencia son particularmente duros y difíciles, pero sobre todo para los propios adolescentes. Aunque esto último, a veces, se nos acaba olvidando intentando comprender sus cambios, los porqué de sus comportamientos tan "raros", tan diferentes de otros tiempos y que nos lleva a cometer un primer error: poner en cuestión nuestro buen hacer y saber de padres. No podemos caer en la tentación de trasladar el problema de ellos a nosotros, culpabilizándonos o responsabilizándonos de los resultados académicos. Mucho menos adecuado será intentar ignorar el asunto, echar la culpa a los profesores o al nuevo grupo de amigos del instituto.



    También es cierto que no existe la adolescencia sino que existen los y las adolescentes y que, por tanto, no valen las mismas recetas para todos. Esto nos puede llevar a pensar que no en todos ni todo en ellos va a ser conflicto, tensión o provocación. Y que la mayoría dispone de los recursos necesarios para atravesar esta nueva etapa de su vida sin grandes traumas o angustias.



    Estos chicos y chicas están iniciando un largo camino en el que son muchos los aprendizajes que tendrán que ir adquiriendo hasta llegar a ser adultos. No sólo cambian físicamente, como nos transmitía el testimonio de la madre que transcribíamos al comienzo. Eso sólo es parte de un proceso que va a ser multidimensional: desarrollo moral, cambios en su imagen corporal, nuevas perspectivas en sus relaciones, paso de un pensamiento concreto a un pensamiento formal, abstracto, lograr un rol masculino o femenino, conseguir la independencia emocional, responder a las exigencias externas y a las internas...



    Focalizaremos nuestra atención en dos aspectos que nos pueden dar claves para entender mejor a esos chicos que, siendo buenos estudiantes, comienzan a traer los tan temidos "no promociona" en sus notas.

Formación de su identidad



    Cabe diferenciar dos fases en este proceso de autoconstrucción de su persona. En un primer momento, comienzan a darse reacciones de carácter negativista, de rechazo de casi todo lo que hasta ese momento adoraban (entre ese todo también están los padres). Algunos autores lo llaman el periodo de la crítica anárquica.



    Después vendrán los intentos de reconstrucción, de reorganizar con peculiar estilo su manera de interpretar el mundo y de dar sentido a la vida. En ese proceso volverá a retomar muchos de los elementos que desestimó y otros muchos nuevos que vaya experimentando en función de su itinerario existencial (y ahí volverán a estar los padres, aunque de modo diferente a como estuvieron durante la infancia, todo depende de lo presentes o ausentes que hayan estado en esa fase de la vida de los adolescentes).



    En esa primera fase, no resulta difícil entender que cuestione esos valores que le hemos ido transmitiendo durante los años de convivencia con nosotros. Entre esos valores pueden estar el buen hacer en el colegio para "ser algo el día de mañana", la necesidad de ser el mejor para ser competitivo en el futuro y ganar dinero, el poder llegar a ser lo que "yo no pude ser"... (cada cual verá dónde está).

Desarrollo cognitivo



    Si el resto de los cambios son importantes, éste es especialmente relevante. Muchos teóricos de la psicología y la pedagogía le han dedicado abundantes trabajos. Este momento de la vida de nuestros hijos les permite pasar de un tipo de pensamiento ligado a lo tangible y a lo concreto, a un modo de pensar en el que ya pueden hacer hipótesis, abstracciones, reflexionar sobre sus propias ideas, criticar las de los demás, tomar decisiones anticipando las consecuencias, adquirir nuevos valores... y, por tanto, distanciarse de la realidad para crear su propia realidad de un modo, a veces, muy radical. Se pone en evidencia un egocentrismo, diferente del que tenían cuando eran pequeños, que les lleva a crear sus fábulas o historias personales en las que se convencen de que lo que les pasa sólo les ocurre a ellos y que el resto del mundo les observa tanto como ellos se miran a sí mismos (el auditorio imaginario).



    Al final, nos encontramos ante chicos y chicas que están tan ensimismados en esta tarea de hacerse adultos y tan sorprendidos por lo que les pasa, que no es de extrañar que sus intereses estén alejados de los contenidos del currículo de la ESO, por muy bien presentados y pensados que estén.



    Dicho esto, ¿qué hacer cuando llegan los "no promociona"?, ¿cómo lograr que sean algo anecdótico y que no se convierta en algo crónico?



Algunas pautas:



    La actitud de los padres debe ser serena y tranquila.



    No podemos permitirnos dejarnos llevar por el enfado (aunque nos disguste lo que ocurre) o por el dramatismo (no es el fin del mundo).



    Dialoguemos con nuestro hijo y escuchémosle (a veces, tras el bajo rendimiento hay preocupaciones que una conversación relajada puede resolver).



    Prestemos atención por si hay otras señales de alarma (en ocasiones, las malas notas van unidas a "llega tarde", "creo que últimamente me falta dinero", "falta a clase"...). Con lo cual, el problema ya no son las notas.



    Estemos en contacto con los profesores y escuchemos los datos que éstos nos ofrezcan (no hay que olvidar que son profesionales de la educación y que pasan mucho tiempo con sus alumnos).



    Transmitámosle con firmeza y con confianza que el estudio forma parte de sus responsabilidades y que ninguno de sus argumentos -quizá muchos y buenos- pueden anteponerse a esta tarea. No nos dejemos enredar en "su dialéctica".



    Ayudémosle a organizar sus tiempos de estudio y respetemos sus tiempos de ocio y descanso.



    Siempre es más rentable proponerle actividades de refuerzo que de castigo. Y si hay algo que le motive con intensidad como un deporte o una afición (aunque no nos guste en exceso), no lo utilicemos como sanción. No resultará y hará que nos confirme como sus enemigos.



    Critiquemos sus comportamientos ante el estudio, pero no su persona (es fácil entrar en desvalorizaciones como "es que eres un vago" o "si no lo haces es porque no quieres").



    Cuando hablemos con nuestro hijo, centremos el tema en el estudio. No mezclemos contextos ("y además de no estudiar, ¿por qué no has hecho tu cama ni has ordenado tu habitación?). Ya habrá otro momento.



    En clave de diálogo y no de amenaza, advirtámosle que sus comportamientos tienen unas consecuencias ("si no estudias por la tarde durante el tiempo pactado, no verás la televisión esta noche").



    Seamos coherentes y firmes durante todo el proceso, que en ocasiones, será largo. No podemos decir hoy algo y mañana negarlo porque no nos viene bien a nosotros ("esta vez te levanto el castigo...", porque mantenerlo significa quedarnos con él en casa supervisando sus tareas).



    Démosle tiempo para el cambio, nada se resuelve de un día para otro.



    Cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia, no podemos seguir tratándoles como a niños. Los adolescentes opinan, piensan y deciden. Pasemos de imponer a negociar, escuchar y compartir, pero sin renunciar a lo que creemos adecuado para ellos.



 



 



Fuente



Escuela de Padres



MEC



Ministerio de Educación de España



 



 

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sábado, 27 de marzo de 2010

Lecciones de sueño para los adolescentes

Se piensa que los cambios hormonales son la causa del mal humor y la displicencia típica de los adolescentes, pero ahora los expertos creen tener otra explicación más sencilla: la falta de sueño.

El estudio encontró que muchos adolescentes duermen sólo cuatro o cinco horas.
Científicos en Escocia descubrieron que muchos adolescentes no duermen lo suficiente y eso provoca que sean tan temperamentales y gruñones.

La organización Sleep Scotland (Sueño Escocia) acaba de lanzar una iniciativa para enseñar a los adolescentes la importancia del sueño. El consejo para los jóvenes es dormir más de nueve horas en la noche.

Los investigadores descubrieron que la mayoría de los adolescentes se van a la cama a las 23:00 o incluso a la medianoche. Y lo que los mantiene despiertos es la televisión, los videojuegos o las redes sociales y el Internet. Algunos de los adolescentes encuestados dormían sólo cuatro o cinco horas en la noche.

Alimentos sí, sueño no
Los investigadores entrevistaron a varios alumnos de escuelas que están participando en el proyecto para aprender a dormir.

Lo que encontraron, dice la organización, fue "absolutamente escandaloso".
"No nos sorprende", dice Fiona Patterson, jefa de salud de Sleep Scotland. "Por eso no pueden funcionar con tan poco sueño" agrega.

Según la experta dormir suficientes horas mejora el rendimiento académico y deportivo. Y por otra parte, dormir poco puede vincularse a la obesidad y a un mayor riesgo de depresión.

"No es normal enviar a un niño a la escuela sin una cantidad suficiente de alimento, entonces, ¿por qué los enviamos sin la cantidad suficiente de sueño? dice Jane Ansell, directora de la organización.

Nueve horas
"Lo que recomendamos es que los adolescentes duerman más de 9 horas" dijo la funcionaria a la BBC.

Lo que mantiene a los adolescentes despiertos son los videojuegos y el internet.
"Los adolescentes deben entender que es muy importante dormir porque lo que ocurre durante la noche afecta de forma directa el rendimiento que se tendrá durante el día".

"Hoy sabemos que 71% de los jóvenes tienen más probabilidades de sufrir depresión y ansiedad si no duermen lo suficiente. Y los estudios han demostrado que un joven puede subir de calificaciones si cambia sus patrones de sueño", afirma la experta.

Las intenciones sin duda son buenas. Pero ¿cómo convencer a los adolescentes de la importancia de irse a dormir temprano?
Según Jane Ansell, "la falta de sueño es un problema mucho más común de lo que se piensa, porque por lo general los padres están dormidos y no se dan cuenta de lo que están haciendo sus hijos adolescentes".

La idea nació en las aulas
Quienes sí se dan cuenta, agrega la experta, son los maestros en las escuelas que ven con regularidad a los adolescentes dormidos en las clases.
"Fue esa tendencia lo que nos condujo a diseñar este proyecto" dice.
"No estamos tratando de convencerlos, lo que intentamos es hacerlos conscientes de que no dormir suficiente es una conducta que pueden cambiar y que si la cambian podrán obtener mejores resultados tanto en su rendimiento deportivo como académico".
"Sabemos que 'ordenarle' a un adolescente que se vaya a dormir no funciona y todos los padres lo saben. Al contrario, eso sólo provoca cada vez más conflictos".
"Por eso creemos que si se les 'enseña' en la escuela a dormir como parte de un programa de vida sana, podemos evitar los conflictos familiares y es una forma más efectiva de que los jóvenes aprendan a controlar sus patrones de sueño", dice la experta.

La organización espera utilizar el proyecto piloto para desarrollar un "paquete de información" que podrán utilizar todas las escuelas en Escocia


Fuente
BBC Ciencia
http://www.bbc.co.uk/mundo/
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lunes, 15 de junio de 2009

La adolescencia y el sueño

El sueño es un elemento esencial de la vida. Pasamos prácticamente un tercio de nuestra existencia dormidos y la sola magnitud de este dato ya nos da una idea de la importancia que le da nuestro organismo a esta actividad.

Quizá hablar de actividad para referirnos al hecho de dormir nos parezca un contrasentido, pues todos asociamos el sueño a lo contrario, al reposo y la inactividad. Que el sueño tiene una función fundamental de descanso es obvio, pero pensar que se reduce a eso es una simplificación exagerada de una realidad mucho más compleja. El sueño no es un estado homogéneo, sino una secuencia ordenada de procesos que se repiten rítmicamente cada 90-120 minutos, en la que nuestro cerebro pasa de fases de descanso a otras de intenso trajín. Durante las primeras nuestras neuronas recargan sus fuentes de energía, limpian los deshechos que se han ido acumulando durante la vigilia y reparan su maquinaria celular para afrontar las exigencias que vendrán tras el despertar. La función de las segundas aún no la comprendemos completamente, pero sabemos que son indispensables para el establecimiento y consolidación de la memoria y de las emociones. La expresión popular de «consultar los problemas con la almohada» tiene una base fisiológica. Durante el sueño las experiencias vividas durante la vigilia se organizan, se ordenan, se integran con un componente emocional y se articulan con nuestra memoria previa. En este proceso, un problema aparentemente insoluble o una decisión difícil durante la vigilia pueden encontrar su solución. Por este motivo, la privación de sueño disminuye sustancialmente la capacidad de atención, de concentración y de memorización, provoca irritabilidad y agresividad y si se prolonga a la larga acaba modificando el ánimo, ocasionando apatía, anhedonia y tristeza. La función del sueño no se limita al cerebro, sino que se extiende a todo el organismo influyendo decisivamente en el control de nuestras hormonas y de nuestro sistema inmunológico. El sueño hace crecer, porque la hormona de crecimiento, entre otras, se segrega mientras dormimos. La falta de sueño engorda, porque altera el equilibrio entre grelina y leptina, hormonas relacionadas con el apetito y la saciedad. Y las personas privadas crónicamente de sueño sufren más infecciones y más graves que las que satisfacen adecuadamente sus necesidades.

Sin embargo, a pesar de que nuestra propia experiencia nos advierte a corto plazo del efecto nocivo que tiene el dormir poco, tenemos pocos reparos como individuos y como sociedad para maltratar nuestro sueño. Se calcula que dormimos entre una y dos horas menos al día que a principios del siglo XX, cuando no había electricidad, y la tendencia a reducir el tiempo de sueño se mantiene con el desarrollo tecnológico y el aumento de las posibilidades de distracción. La hora de inicio del sueño se retrasa cada vez más. Los programas de televisión de prolongan hasta horas imposibles para nuestros relojes biológicos y las actividades lúdicas se organizan cada vez más entrada la noche. Sin embargo, la hora de despertar se mantiene, o incluso se adelanta con el fin de conseguir un horario laboral más integrado que nos deje la tarde libre para el ocio. Acortar el tiempo de sueño implica entorpecer los procesos de aprendizaje, no de una manera lineal sino exponencial, pues la primera mitad del sueño se dedica fundamentalmente a las tareas de mantenimiento y reposo, mientras que las funciones de integración y memorización de la información se realizan principalmente en la segunda mitad del sueño, que es la que más reducimos si nos obligamos a despertar antes de lo que nuestro cerebro había programado.

El problema es especialmente grave en la adolescencia, pues es una etapa de la vida en la que se combinan necesidades de sueño prolongadas, en torno a nueve horas diarias, adquisición continua de gran cantidad de información nueva que hay que procesar y elaborar y anhelo de integración en un grupo social que gusta de reunirse y comunicarse a horas cada vez más intempestivas, rompiendo el ritmo vigilia-sueño cada fin de semana y sacrificando sin reparo las horas de sueño para dedicarlas al ocio o simplemente para «charlar» por el móvil o por Internet. A esto se añade la tendencia cada vez más extendida de iniciar las clases a una hora más temprana, de modo que los alumnos acuden con frecuencia al colegio cortos de sueño por acostarse tarde y mal desayunados por apurar al máximo los últimos minutos de cama, con el cerebro en una situación que combina la «inercia de sueño» o estado de torpor mental que se da en la transición desde el sueño hasta el despertar completo, con una pájara intelectual por el periodo prolongado de ayuno desde la cena. Periódicamente nos sobresaltamos al conocer las cifras crecientes de fracaso escolar. Si bien es evidente que este es un problema complejo de origen multifactorial, también es indudable que mantener la maquinaria del aprendizaje en condiciones satisfactorias de servicio es el paso primero e ineludible para conseguir un rendimiento óptimo y después de lo expuesto creo que a nadie se le escapa que esto solo es posible con un sueño suficiente en cantidad y calidad.


31-05-09
JUAN JOSE POZA NEURÓLOGO. COORDINADOR DEL GRUPO DE ESTUDIO DE LOS TRASTORNOS DE LA VIGILIA Y EL SUEÑO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE NEUROLOGÍA (SEN)

http://www.diariovasco.com/20090531/opinion/articulos-opinion/adolescencia-sueno-20090531.html
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