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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Familia y escuela dos mundos que no deben separarse

El especialista plantea, desde diferentes aspectos, la "mala" relación que existe hoy entre el hogar y el sistema formal educativo. Aporta ideas para mejorar la interrelación que, en definitiva, va a repercutir en mejor rendimiento de los chicos a la hora de formarse.

Autor

Alejandro Castro Santander


La educación formal continúa ocupando cierta actualidad, pero no debido a la alta y trascendente función que la escuela debe ejercer en el desarrollo de la persona y en el progreso global de las sociedades, sino por los aspectos menos satisfactorios de la misma: desmotivación de los docentes y los alumnos, enfrentamiento entre padres y docentes, convivencia violenta en las aulas, fracaso escolar, etcétera. A la familia de la nueva modernidad no le va mejor. No podemos olvidar que existe una coherencia y una correlación entre la familia, la escuela y el tipo de educación que se imparte.
Los estudiantes viven en una determinada sociedad, y si ambas instituciones trabajaran juntas, el resultado de esta sociedad formadora sería niños y jóvenes desarrollándose e integrándose en ella. Pero no siempre es sencillo llevar a la práctica esta unión, ya que las relaciones son por lo general de recelo y reproche. Frecuentemente, la escuela se queja de que las familias delegan excesivamente en ella aspectos formativos que le son propios, mientras que muchos padres se sienten exigidos por la escuela acerca de lo que deben hacer con sus hijos, ignorándose su realidad y puntos de vista.otras "escuelas". En la actualidad, el binomio familia-escuela se va debilitando en su tarea formativa, y es indudable que no son los únicos contextos de aprendizaje de los niños y adolescentes, ni los docentes los únicos agentes. Su tarea, en no pocas oportunidades, se ve alterada por otros espacios de educación no formal, constituidos por la prensa, la televisión, internet, la telefonía, los videojuegos, el cine, consumos culturales que con su potente influencia logran en numerosas ocasiones obstaculizar cualquier intención formativa.¿con quiénes compite la escuela? ¿qué otras cosas están aprendiendo los chicos? Finalizando el 2007 se conocieron más datos sobre el ya indiscutible crecimiento de internet, a través de los resultados del estudio Generaciones Interactivas en Latinoamérica, la mayor investigación sobre el uso de las TIC en niños y adolescentes que se ha hecho hasta la fecha y la primera que integra las distintas tecnologías disponibles para ellos: telefonía celular, internet, videojuegos y televisión. El estudio, impulsado por Telefónica y desarrollado por la Universidad de Navarra y EducaRed, encuestó a 21.774 escolares de entre 6 y 18 años pertenecientes a 160 escuelas de Argentina, Guatemala, Colombia, México, Brasil, Chile, Perú y Venezuela. Estos escolares latinoamericanos entrevistados poseían en 95,8%, al menos, una computadora, y 82,9% utilizaba internet en casa y, a pesar del reinado de la televisión (por tiempo dedicado y por número de televisores en los hogares), eligieron en primer lugar navegar en la red.
Al ocupar internet la preferencia de niños y adolescentes, ya no es sólo la televisión la que merece la supervisión responsable de los adultos. La Secretaría de Medios de la Nación reveló sobre el uso que los argentinos hacen de internet -a través de una muestra de 3.020 casos de todas las regiones realizada en diciembre del 2007- que, si bien 52,8% de los encuestados había navegado por internet, al desagregarse los datos se observa un corte muy claro por edad: sólo 24,2% de los mayores de 50 años sabe lo que es un navegador, mientras que 84,3% de los chicos de entre 12 y 17 años expresa haber accedido a la red.

Los adolescentes serían los consumidores más frecuentes de internet, y la utilizan generalmente para el chateo, la mensajería electrónica, los juegos en línea, blogs, fotologs y la navegación en páginas pornográficas, entre otras visitas. Pero, "en Argentina, 83% de los niños de entre 7 y 14 años accede a internet sin el control de sus padres", según el estudio exploratorio sobre el Control de menores en el uso de internet, Prince & Cooke 2006.¿qué tal hoy la motivación para el estudio? Ante la ausencia de articulación entre familia, escuela y medios de comunicación, asumir aisladamente la tarea educativa sólo puede ser origen de tensiones y desmoralización. De ahí la necesidad de actuar en estos contextos y con otros agentes educativos, para no hacer recaer en la escuela responsabilidades que también están fuera.


El ámbito afectivo de la familia es el nivel privilegiado para la primera socialización (criterios, actitudes y valores, claridad y constancia en las normas, autocontrol, sentido de responsabilidad, motivación por el estudio, trabajo y esfuerzo personal, equilibrio emocional, desarrollo social, creciente autonomía, etcétera). Así, en los primeros años, la familia es un vehículo mediador en la relación del niño con el entorno, jugando un papel clave, que incidirá en el desarrollo personal y social. Pero esta institución integradora está hoy puesta en cuestión.
Si antes estaban más claras las responsabilidades, hoy la escuela está acumulando funciones que antes desempeñaba "acompañando" a la familia. Se siente obligada a asumir la formación también en aspectos de la socialización primaria, para los que la familia debería ser la incuestionable experta. Si no hiciera esto, sería casi imposible desarrollar el proceso educativo con éxito.


Después de varias décadas incentivando la participación de las familias en el sistema educativo, estas empiezan a considerarse "clientes" de los servicios educativos, a los que se les demandan mayores funciones.


En lugar de ciudadanos activos, que junto a los docentes contribuyen a dar forma a la escuela que quieren para sus hijos, muchos padres y madres se consideran clientes que envían a sus hijos para que consuman educación, y se limitan a exigir a los propios docentes cuando no se amolda a la "calidad" prometida.familia, escuela y comunidad. Las escuelas, especialmente aquellas que están en contextos de desventaja, no pueden trabajar bien aisladas de las familias y de las comunidades respectivas. Es una evidencia que, cuando las escuelas trabajan en conjunto con las familias para apoyar el aprendizaje de los alumnos, estos suelen tener éxito. De ahí el requerimiento continuo de formar redes de colaboración que involucren a los padres en las tareas educativas.


Si bien la literatura está repleta de experiencias que describen programas de implicación de las familias, el problema es la escasa posibilidad de transferirlos a otros contextos.
Hay inicialmente un conjunto de obstáculos y barreras, más perceptivos que objetivos, que impiden la colaboración y el trabajo conjunto: los docentes no siempre fomentan la participación de las familias, en parte debido a la desconfianza sobre lo que pueden aportar a la mejora de la educación. Por su parte, los padres no siempre participan cuando son invitados, debido al desconocimiento e inseguridad sobre lo que ellos pueden hacer, o simplemente por "falta de tiempo".


Los resultados de los alumnos son mucho más efectivos si se ven acompañados y apoyados por las respectivas familias. A los chicos les va bien, los docentes están satisfechos, la comunidad educativa crece en reputación y mejora la comunidad adyacente.
Podemos identificar dos tipos de discursos, uno dominante y otro emergente, en la teoría y práctica de la relación entre escuela-familia-comunidad:
• "Socios para mejorar": es el discurso de provisión de servicios, constituido por una perspectiva de déficit de la comunidad, necesitada de un conjunto de servicios complementarios, donde las escuelas se convierten en centros de recursos para las respectivas comunidades (alumnos, padres, vecinos)
• "Nueva ciudadanía": un discurso más emergente de desarrollo de la comunidad, que apuesta por una relación más inclusiva, donde todos los miembros de la comunidad son considerados como agentes de cambio, y la unión de las escuelas con la comunidad pretende el desarrollo de de esto.
Mientras en el primero se trata de proporcionar apoyo a los niños y sus familias para que tengan una comunidad más viable social y económicamente, en el segundo la escuela no es la unidad de integración de servicios sino que forma parte de una red de otros servicios de la comunidad, y los individuos no se consideran clientes de los mismos sino agentes del desarrollo comunitario.efectos de la sociedad familia-escuela. Existe una fuerte relación entre el apoyo familiar y el comportamiento de los estudiantes, el rendimiento académico, y el sentimiento de seguridad en sí mismo. Algunos datos:
- El 23% de los logros escolares pueden relacionarse con el apoyo familiar.
- Los dos factores fundamentales que influyen en los logros académicos de los niños y niñas son el nivel educativo de los padres y madres, y la calidad del trabajo cooperativo entre familia y escuela.
- Los niños que no se sienten apoyados por sus padres y madres en las materias escolares triplicarán los riesgos de padecer enfermedades relacionadas con el estrés (dolor de cabeza, estómago, musculares, y problemas de crecimiento).
Percibir apoyo social y académico de los padres y madres influirá sobre los sentimientos de pertenencia a la institución, el interés por las materias escolares, logros escolares, y la motivación para construir relaciones.padres: "presente". Familia y escuela son ámbitos que, según el grado en que se integren con generosidad, tendrán sus efectos en la educación de los alumnos. La colaboración entre estos agentes educativos es un factor clave en la mejora de la educación. Pero el grado de conexión entre estos dos mundos depende de las actitudes, prácticas, experiencias e interacciones. La situación sociocultural y las políticas y prácticas anteriores condicionan el grado de implicación y la forma y tipos de relación; por su parte, las líneas de comunicación individuales e institucionales especifican cómo y dónde tienen lugar las interacciones entre escuela, familias y entorno.


Podemos hablar de 6 tipos de implicación de la escuela-familia-comunidad que son importantes para el aprendizaje de los alumnos y para hacer más efectiva la relación entre escuelas y familias:
•Ejercer como padres: ayudar a todas las familias a establecer un entorno en casa que apoye a los niños como alumnos y contribuya a las escuelas a comprender a las familias.
• Comunicación: diseñar y realizar formas efectivas de doble comunicación (familia-escuela) sobre las enseñanzas de la escuela y el progreso de los alumnos.
•Voluntariado: los padres son bienvenidos a la escuela para organizar ayuda y apoyo en el aula, la escuela y las actividades de los alumnos.
•Aprendizaje en casa: proveer información, sugerencias y oportunidades a las familias acerca de cómo ayudar a sus hijos en casa, en la tarea escolar.
•Toma de decisiones: participación de los padres en los órganos de gobierno de la escuela (por ejemplo, en consejos escolares).
•Colaborar con la comunidad: identificar e integrar recursos y servicios de la comunidad para apoyar a las escuelas, a los alumnos y a sus familias, así como de estos a la comunidad.familia-escuela: ponerse de acuerdo. Cuando hay quejas de que los padres no colaboran lo suficiente o que les falta interés, también hay que preguntarse si desde la escuela se hace todo lo posible para que se sientan "bien recibidos". Al respecto, la investigación sugiere que las escuelas pueden dar pasos para desarrollar el papel de los padres y su sentido de eficacia para ayudar al aprendizaje de los hijos, mostrar formas prácticas de implicarlos en el apoyo a las escuelas, docentes y alumnos, y adaptar las maneras de participación a los requerimientos de la vida profesional y familiar.


Mientras algunos países que obtienen buenos resultados en las evaluaciones internacionales ponen el énfasis en la coordinación con las familias, por lo general, otros formamos a los docentes para centrarse en el desarrollo de proyectos curriculares en los que no tienen participación las familias.


Escuelas que inicialmente rompieron la barrera apostando por un incremento de relaciones con los padres o tutores han descubierto la importancia para su propia labor (apoyo de las familias, mejora del aprendizaje de los alumnos, mejora de la moral de los docentes y de la reputación de la escuela en la comunidad).

Conseguir sintonía y colaboración no es algo dado, tiene que ser construido y conquistado. Por supuesto que junto a la ilusión habrá momentos de crisis, pero si se reconoce que el punto de encuentro entre padres y docentes son los niños, las soluciones aparecen.
La escuela no termina cuando toca el timbre, su influencia penetra en la familia; y el alumno no sólo es tal cuando cruza la puerta de la escuela, su realidad familiar lo sigue también en las aulas. Es necesario un renovado y sincero pacto educativo y que se comience a articular la acción educativa escolar con la de otros agentes. Necesitamos fundar una acción conjunta en la comunidad en la que se vive y educa. Sólo se puede iniciar la reconstrucción de la comunidad y su nuevo ciudadano, a partir de un ámbito escolar que incluya las familias.



 



Fuente



http://www.elsolonline.com/


 

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jueves, 25 de noviembre de 2010

¿Hay que poner normas?

"Si mis padres no me ponen hora de llegada a casa por las noches, yo supongo que es porque no les importo". Con estas palabras, que sorprenden a muchos padres, se expresaba un chico de unos catorce años; en ellas podemos entrever que los hijos necesitan pautas y normas para sentirse seguros.

    Muchos de los descubrimientos psicopedagógicos de los últimos años parecen que no terminan de imponerse en nuestras teorías educativas.

    Hemos incorporado una necesaria y adecuada tolerancia frente a las restricciones excesivas y asfixiantes en las que se educaba antes; pero hay otros prejuicios, esta vez de sentido contrario, es decir, de laxitud e indulgencia, cercanos a la dejadez, que por miedo, ideas equivocadas y mala comprensión del desarrollo psicológico de los niños, nos paralizan a la hora de ejercer la función de padres.

¿Ha fallado la educación que conocemos?
    Se trataba de que los hijos no sufrieran los traumas que conlleva un exceso de represión. Se hace hincapié en la necesidad de mostrarse afectuoso, comunicativo e indulgente con las necesidades del niño y muy tolerante con su comportamiento.

    Este planteamiento es muy favorable para facilitar el desarrollo sin ansiedades pero, en exceso, implica jóvenes sin motivación, con dificultad para decidir su futuro. Tanto emocional como económicamente se mantienen en un estado de dependencia.

    El fallo puede estar en que no aprendan a enfrentarse con la realidad, con las inevitables frustraciones de la vida. Parece que "a fuerza de" no negarles nada, no llegan a desarrollar "la fuerza para" conseguir las cosas por sí mismos. Esa fuerza es necesaria para conseguir el éxito en cualquier campo y no sólo en el aspecto escolar.

    Los padres, actualmente, nos sentimos confusos y desorientados al tener que decidir entre seguir la propia intuición, los modelos en que fuimos educados y los ejemplos que se ven en otros padres y en los medios de comunicación. El resultado es un comportamiento contradictorio.

    Es difícil exigir a los hijos que cumplan la parte del trato implícito que supone la convivencia: "yo doy, tú das". Hay muchos motivos, veamos algunos:

     Nos asusta defraudarlos
     No sabemos o no queremos decir "no"
     No queremos frustrarlos,... "ya sufrirán cuando sean mayores"
     Nos preocupa ser considerados autoritarios
     No queremos que sufran lo que nosotros sufrimos
     Compensamos la falta de tiempo y dedicación con una actitud indulgente (y culpable)
     Tenemos miedo al conflicto y a sus malas caras
     Nos parece que actuamos con egoísmo si imponemos normas que nos faciliten la vida

Algunas ideas sobre el desarrollo: de la dependencia a la individuación

    Dicho muy brevemente, el estudio de lo que se llama ‘relaciones de objeto’ ha puesto de manifiesto la importancia que en la primera infancia tiene una relación estrecha y consistente con la madre (o con la persona que habitualmente haga dicha función). En esa época, cualquier separación, aunque sea breve, el niño la vive con ansiedad.

    Pero también se ha descubierto, en el campo de la ‘psicología del yo’, que tras esa primera etapa, el niño necesita separarse de su madre, para diferenciar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.

   La madre debe dejarlo no sólo separase tanto como sea posible, según su edad, sino que debería presentarse a sí misma como sujeto de necesidades "egoístas", con una vida propia, e ir alejándose de esa imagen que tiene el niño de su madre como una extensión de él que sólo existe para satisfacer sus necesidades.

   Lo que se ha llamado un ambiente familiar suficientemente bueno, es aquel que reacciona con cariño a la vez que permite que el niño experimente, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente de frustración.

   Es necesario proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no logre todo lo que desea. La capacidad del niño para enfrentarse a la realidad depende de esto.

   Este proceso de tolerancia a la frustración, que se desarrolla paulatinamente, permite que el niño aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad. Cuando esto no se realiza bien, el niño puede volverse apático y pasivo o, por el contrario, irascible.

Algunas ideas que pueden servir de guía
   La educación perfecta no existe, sobre todo si la consideramos como un conjunto de normas utilizadas como una receta; no hay un niño igual a otro ni siquiera en la misma familia, así que más que fórmulas estándar, podemos disponer de guías para orientarnos en situaciones diversas.

     Es importante ser espontáneos, la intuición es necesaria porque son los propios padres quienes conocen mejor a sus hijos y el modo de ayudarles.

     Nuestra empatía, capacidad para ponernos en su lugar, nos permite entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos eso tan importante para su vida que es saber ponerse en el lugar del otro.


    La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira.

Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.

     No se trata de adiestrarlo, convertirlo en algo que deseamos, tendremos más éxito si le ayudamos a descubrir sus capacidades, personalidad..., y él también.

     Los castigos, en general, tienen pocos resultados, sobre todo las humillaciones. Un niño criado en un ambiente de discusiones, gritos, peleas, puede que reproduzca lo que ha vivido. Los castigos en forma de malos tratos físicos o verbales, convierten al niño en una persona agresiva o, en el otro extremo también insano, en alguien temeroso con serias dificultades para convivir.

A modo de resumen
   Los padres debemos poner las normas que consideramos justas, exigir que se cumplan, actuar con seguridad y firmeza, desde el conocimiento de nuestros hijos y el cariño que les tenemos, sabiendo que nosotros somos el modelo a imitar y que nuestra valoración y respeto, son una meta y una guía para ellos.

   Para la O.N.U., en su Declaración de los Derechos del Niño, éste deja de ser considerado objeto de acciones para ser sujeto de derechos y obligaciones.
Dejémonos de miedos y complejos: en un ambiente favorable de afecto y comunicación, ejerzamos de padres y exijamos que nuestros hijos cumplan también su parte.



 



 



Fuente


Escuela de Padres


MEC


Ministerio de Educación de España



 

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lunes, 15 de junio de 2009

La adolescencia y el sueño

El sueño es un elemento esencial de la vida. Pasamos prácticamente un tercio de nuestra existencia dormidos y la sola magnitud de este dato ya nos da una idea de la importancia que le da nuestro organismo a esta actividad.

Quizá hablar de actividad para referirnos al hecho de dormir nos parezca un contrasentido, pues todos asociamos el sueño a lo contrario, al reposo y la inactividad. Que el sueño tiene una función fundamental de descanso es obvio, pero pensar que se reduce a eso es una simplificación exagerada de una realidad mucho más compleja. El sueño no es un estado homogéneo, sino una secuencia ordenada de procesos que se repiten rítmicamente cada 90-120 minutos, en la que nuestro cerebro pasa de fases de descanso a otras de intenso trajín. Durante las primeras nuestras neuronas recargan sus fuentes de energía, limpian los deshechos que se han ido acumulando durante la vigilia y reparan su maquinaria celular para afrontar las exigencias que vendrán tras el despertar. La función de las segundas aún no la comprendemos completamente, pero sabemos que son indispensables para el establecimiento y consolidación de la memoria y de las emociones. La expresión popular de «consultar los problemas con la almohada» tiene una base fisiológica. Durante el sueño las experiencias vividas durante la vigilia se organizan, se ordenan, se integran con un componente emocional y se articulan con nuestra memoria previa. En este proceso, un problema aparentemente insoluble o una decisión difícil durante la vigilia pueden encontrar su solución. Por este motivo, la privación de sueño disminuye sustancialmente la capacidad de atención, de concentración y de memorización, provoca irritabilidad y agresividad y si se prolonga a la larga acaba modificando el ánimo, ocasionando apatía, anhedonia y tristeza. La función del sueño no se limita al cerebro, sino que se extiende a todo el organismo influyendo decisivamente en el control de nuestras hormonas y de nuestro sistema inmunológico. El sueño hace crecer, porque la hormona de crecimiento, entre otras, se segrega mientras dormimos. La falta de sueño engorda, porque altera el equilibrio entre grelina y leptina, hormonas relacionadas con el apetito y la saciedad. Y las personas privadas crónicamente de sueño sufren más infecciones y más graves que las que satisfacen adecuadamente sus necesidades.

Sin embargo, a pesar de que nuestra propia experiencia nos advierte a corto plazo del efecto nocivo que tiene el dormir poco, tenemos pocos reparos como individuos y como sociedad para maltratar nuestro sueño. Se calcula que dormimos entre una y dos horas menos al día que a principios del siglo XX, cuando no había electricidad, y la tendencia a reducir el tiempo de sueño se mantiene con el desarrollo tecnológico y el aumento de las posibilidades de distracción. La hora de inicio del sueño se retrasa cada vez más. Los programas de televisión de prolongan hasta horas imposibles para nuestros relojes biológicos y las actividades lúdicas se organizan cada vez más entrada la noche. Sin embargo, la hora de despertar se mantiene, o incluso se adelanta con el fin de conseguir un horario laboral más integrado que nos deje la tarde libre para el ocio. Acortar el tiempo de sueño implica entorpecer los procesos de aprendizaje, no de una manera lineal sino exponencial, pues la primera mitad del sueño se dedica fundamentalmente a las tareas de mantenimiento y reposo, mientras que las funciones de integración y memorización de la información se realizan principalmente en la segunda mitad del sueño, que es la que más reducimos si nos obligamos a despertar antes de lo que nuestro cerebro había programado.

El problema es especialmente grave en la adolescencia, pues es una etapa de la vida en la que se combinan necesidades de sueño prolongadas, en torno a nueve horas diarias, adquisición continua de gran cantidad de información nueva que hay que procesar y elaborar y anhelo de integración en un grupo social que gusta de reunirse y comunicarse a horas cada vez más intempestivas, rompiendo el ritmo vigilia-sueño cada fin de semana y sacrificando sin reparo las horas de sueño para dedicarlas al ocio o simplemente para «charlar» por el móvil o por Internet. A esto se añade la tendencia cada vez más extendida de iniciar las clases a una hora más temprana, de modo que los alumnos acuden con frecuencia al colegio cortos de sueño por acostarse tarde y mal desayunados por apurar al máximo los últimos minutos de cama, con el cerebro en una situación que combina la «inercia de sueño» o estado de torpor mental que se da en la transición desde el sueño hasta el despertar completo, con una pájara intelectual por el periodo prolongado de ayuno desde la cena. Periódicamente nos sobresaltamos al conocer las cifras crecientes de fracaso escolar. Si bien es evidente que este es un problema complejo de origen multifactorial, también es indudable que mantener la maquinaria del aprendizaje en condiciones satisfactorias de servicio es el paso primero e ineludible para conseguir un rendimiento óptimo y después de lo expuesto creo que a nadie se le escapa que esto solo es posible con un sueño suficiente en cantidad y calidad.


31-05-09
JUAN JOSE POZA NEURÓLOGO. COORDINADOR DEL GRUPO DE ESTUDIO DE LOS TRASTORNOS DE LA VIGILIA Y EL SUEÑO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE NEUROLOGÍA (SEN)

http://www.diariovasco.com/20090531/opinion/articulos-opinion/adolescencia-sueno-20090531.html
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