La falta de sueño lleva a un desorden en la vida del niño, además tiene influencias negativas a la hora de obtener rendimiento académico. El siguiente artículo relata los resultados de investigaciones al respecto.
Mary Elizabeth Dallas
menos horas de las recomendadas. Un ajuste que ya está afectando su calidad de vida.
abiertos para el aprendizaje. El hallazgo pone de manifiesto la importancia del buen dormir en los estudiantes, y confirma el saber popular que sostiene que durante el sueño se "fija" lo aprendido previamente.
recomendaba sumar una hora al sueño como factor preventivo contra ese flagelo que alcanza cada vez a más menores. Con todo, la recomendación resulta difícil de implementar cuando en los últimos años lo que se ha detectado es una disminución en la cantidad de horas que duermen chicos y adolescentes, sobreestimulados por elementos tales como la televisión, la computadora o los videojuegos.
Los cambios hormonales no son la principal causa de la irritabilidad, mal humor y desgano que caracterizan a los adolescentes, sino su falta de sueño y mal dormir.
Así lo concluye una investigación realizada por el centro Sleep Scotland, en Gran Bretaña, tras analizar durante 15 años los hábitos de sueño de más de 2.000 de jóvenes a través de una serie de encuestas y seguimiento de casos.
Lo que comprobaron es que los malos hábitos y la falta de horarios para ver TV y jugar en el computador provocan que prácticamente ningún adolescente duerma las nueve horas mínimas recomendadas para su etapa de desarrollo y que un número no despreciable "no sobrepase las cinco horas diarias, lo que afecta todo su comportamiento", dice a La Tercera Jane Ansell, autora del estudio y directora del centro.
El tema no es menor para la experta, ya que dormir es fundamental para su desarrollo y no hacerlo en forma adecuada sólo dificulta ese proceso. "Necesitas dormir para crecer, para procesar la memoria y para dominar la ansiedad y la depresión. Si no tienes el suficiente sueño, toda estas tareas se dificultan más y surge la irritabilidad", afirma.
A lo anterior, explica, se suma un componente sicológico, ya que muchos jóvenes se frustran al no tener energías para realizar sus actividades diarias o rendir como ellos quisieran, lo que potencia sus cambios de ánimo negativos.
TAREA CUESTA ARRIBA
Y aunque la solución a este problema parece bastante obvia -dormir más-, la conducta de los adolescentes pone la tarea cuesta arriba. Para ello Ansell y sus colegas elaboraron una cartilla con recomendaciones básicas (ver recuadro), donde la idea base es evitar que la pieza del joven sea un centro de entretención e información en vez de un lugar de descanso.
NEGOCIAR HORARIOS
"Es básico que los adolescentes duerman nueve horas", dice Julia Santín, del Centro del Sueño de la UC, quien agrega que para ello sólo se requieren ciertas normas, como que TV y consolas no estén las 24 horas del día disponibles. De hecho, explica que el mal dormir es un fenómeno mundial y que, desde el desarrollo de las nuevas tecnologías, todo el mundo descansa una hora menos en promedio.
Preparar un buen dormir
Comidas
: Tanto jóvenes como adultos deben comer los principales alimentos del día en horarios adecuados. La última comida nunca después de las 19 hrs.Rutina:
Dejar las tareas escolares, el ejercicio, actividades demandantes o los videojuegos para las primeras horas de la tarde y no para la noche.La hora previa:
La hora previa antes de acostarse es netamente para actividades relajantes: bañarse, conversar o simplemente caminar puede ser una alternativa.Desconectarse:
Una vez en su pieza, apague el computador, el celular y la televisión. Trate de leer un libro o escuchar música antes de dormir.Productos prohibidos:
Antes de dormir evite alimentos que contengan chocolate, cafeína, aditivos, alcohol o nicotina. Un vaso de de leche tibia es la mejor alternativa.La pieza:
La habitación debe estar a oscuras y en silencio. Asegúrese que no haya aparatos electrónicos, como el celular, que puedan interrumpir el sueño.
por
Lissette Fuentes / Francisco Rodríguez- 17/03/2010 - 09:13
Fuente
querer seguir jugando no es extraño en un niño. Pero todo ese inagotable dinamismo no sólo es vital para su crecimiento físico y desarrollo cognitivo, sino que además constituye un factor que favorece el buen dormir. Así lo muestra una investigación de la U. de Monash, en Melbourne, Australia, y la U. de Auckland, en Nueva Zelanda, que analizó en 519 niños de siete años de edad los factores que más afectan los hábitos de sueño.
asociamos el sueño a lo contrario, al reposo y la inactividad. Que el sueño tiene una función fundamental de descanso es obvio, pero pensar que se reduce a eso es una simplificación exagerada de una realidad mucho más compleja. El sueño no es un estado homogéneo, sino una secuencia ordenada de procesos que se repiten rítmicamente cada 90-120 minutos, en la que nuestro cerebro pasa de fases de descanso a otras de intenso trajín. Durante las primeras nuestras neuronas recargan sus fuentes de energía, limpian los deshechos que se han ido acumulando durante la vigilia y reparan su maquinaria celular para afrontar las exigencias que vendrán tras el despertar. La función de las segundas aún no la comprendemos completamente, pero sabemos que son indispensables para el establecimiento y consolidación de la memoria y de las emociones. La expresión popular de «consultar los problemas con la almohada» tiene una base fisiológica. Durante el sueño las experiencias vividas durante la vigilia se organizan, se ordenan, se integran con un componente emocional y se articulan con nuestra memoria previa. En este proceso, un problema aparentemente insoluble o una decisión difícil durante la vigilia pueden encontrar su solución. Por este motivo, la privación de sueño disminuye sustancialmente la capacidad de atención, de concentración y de memorización, provoca irritabilidad y agresividad y si se prolonga a la larga acaba modificando el ánimo, ocasionando apatía, anhedonia y tristeza. La función del sueño no se limita al cerebro, sino que se extiende a todo el organismo influyendo decisivamente en el control de nuestras hormonas y de nuestro sistema inmunológico. El sueño hace crecer, porque la hormona de crecimiento, entre otras, se segrega mientras dormimos. La falta de sueño engorda, porque altera el equilibrio entre grelina y leptina, hormonas relacionadas con el apetito y la saciedad. Y las personas privadas crónicamente de sueño sufren más infecciones y más graves que las que satisfacen adecuadamente sus necesidades.Escuela y familia Copyright © 2009 WoodMag is Designed by Ipietoon for Free Blogger Template