Mostrando entradas con la etiqueta calidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta calidad. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de julio de 2023

Nos han engañado con eso del ‘tiempo de calidad’, los niños y las niñas necesitan tiempo, tiempo que no tenemos

Laura Baena: “Nos han engañado con eso del ‘tiempo de calidad’, los niños y las niñas necesitan tiempo, tiempo que no tenemos”

Laura Baena es fundadora del Club de Malasmadres y presidenta de la Asociación Yo No Renuncio. Desde ambas entidades lleva años trabajando para una mejora de las situaciones que viven las mujeres responsables de los cuidados, la asunción de responsabilidades por parte de sus compañeros en estos cuidados, así como de las administraciones en lo relativo a la conciliación. Hablamos con ella de esto y, sobre todo, de la relación, a veces complicada, de familias y escuelas.



Hace unos días, Laura Baena participó junto a Laura Rojas-Marcos en una charla organizada por EduCaixa en Madrid bajo el título Escuela y familia: educar juntos en positivo. El tema sobre la mesa era el desarrollo de una educación emocional sana. Hemos querido hablar con Baena sobre los mimbres para construir esa educación emocional en el binomio colegio-familia que, aunque en la mayor parte de las ocasiones funciona bien, también tiene tiranteces que hay que limar.

En la jornada en EduCaixa has compartido espacio con Laura Rojas-Marcos para hablar de la colaboración colegio-familia para desarrollar una educación emocional sana. ¿Cuáles son los fundamentos de esta educación?

Creo firmemente en el equipo que debemos hacer escuelas y familias porque es clave para una buena educación de nuestros hijos e hijas, que son el futuro. Los niños y las niñas, como dice mi compañera y educadora Sonia López, deben ser testigos del buen entendimiento entre profesores y familias y esto no siempre es así. Para mí hay claves fundamentales como abrir espacios de diálogo, activar la empatía y facilitar la comunicación. Mi compañera de conversación Laura Rojas-Marcos habló de algo muy interesante: la relación derecho/deber. Creo que a veces las familias nos centramos en “tenemos derecho a saber, a que nos cuenten”, pero también debemos activar el deber para que cultivemos relaciones sanas. Y por otro lado, creo que las escuelas deben hacer un esfuerzo de ser conscientes de la realidad de las familias, abrir nuevos canales de comunicación, ser más flexibles en horarios y mostrar la escuela como un espacio abierto a las madres y padres. Con el fin de que haya una confianza interpersonal, una corresponsabilidad entre los dos agentes, que al final va a ser claramente para mejorar la relación y la educación de los alumnos y alumnas.

¿Cómo deberían trabajar docentes y familias para poder realizar esta educación emocional sana?

Con una mayor escucha activa y mejorando la manera en la que nos acercamos al otro. Creo que muchas veces lo hacemos desde la crítica en negativo, enfrentándonos, cuando realmente si nos paramos a hablar, desde la empatía de conocer la realidad del otro, conseguimos una comunicación mucho más compasiva y colaborativa, que creo que falta entre escuelas y familias. En la charla en Caixaforum, una de las Malasmadres allí presentes dijo: “No nos enfoquemos tanto en lo que tenemos que hacer nosotras sino en contar con los niños y las niñas”. Queda mucho para trabajar una educación emocional, donde el niño y la niña se sientan escuchados y valorados, donde trabajemos no solo una educación emocional general, sino personalizada. Pero para esta educación emocional sana, en valores que queremos tanto educadores como madres, son necesarios más recursos, ratios más bajas y un cambio en el modelo educativo que no se está dando. Siempre hablo pensando en la educación pública. Sé que hay proyectos de colegios que incluyen metodologías nuevas, más basadas en el talento, las emociones, el emprendimiento… pero esto debe llegar a la educación pública.

 

La relación entre la vida y el trabajo no funciona y esto perjudica a la educación, sin duda

 

¿Cómo crees que afectan las dificultades de la conciliación familia-trabajo a esta educación emocional sana? Pienso en jornadas maratonianas de trabajo, de extraescolares, etc.

Afectan muchísimo en todos los aspectos que estamos hablando. Por un lado, en la relación familias – escuelas. Los educadores se quejan y se frustran de hacer actividades en las que las familias no participan, muchas veces ponen el dedo acusador de: “A las familias no les importa”, sin pensar en lo que te decía: su realidad. ¿Esa madre puede participar en una actividad del colegio? ¿No quiere o no puede? Seamos conscientes de que el sistema, las estructuras y el modelo laboral da la espalda a la maternidad, a la crianza, a la educación y hace imposible tener un papel activo, participativo en la vida del colegio. Estas jornadas maratonianas no te dejan tiempo para el asociacionismo, estamos sobreviviendo, no conciliando y, además, esto perjudica a la educación emocional que nos gustaría fomentar en casa y no podemos. Nos han engañado con eso del “tiempo de calidad”, los niños y las niñas necesitan tiempo, tiempo que no tenemos. Por lo que para que esto funcione y podamos hacer equipo se tiene que corresponsabilizar toda la sociedad. La falta de tiempo nos lleva a una sociedad sin futuro y a mucha culpa, frustración a las madres, que somos las principales responsables del cuidado, la crianza y la educación. Siete de cada 10 mujeres se sienten solas ante la crianza de sus hijos e hijas, según nuestro estudio “Las Invisibles”. La relación entre la vida y el trabajo no funciona y esto perjudica a la educación, sin duda. Luego nos echamos las manos a la cabeza al ver los datos de la natalidad en España. ¿Dónde están las políticas de familia, conciliación y natalidad?

Como apuntabas, cuando hablamos de familias, en realidad, queremos decir madres. ¿Por qué los hombres no se corresponsabilizan de la educación de sus hijas e hijos? ¿Qué efectos tiene en la educación emocional de niñas, niños y adolescentes que sus padres no se responsabilicen lo suficiente, al menos, en ocasiones?

La corresponsabilidad no existe en España. Y hay mucha confusión, seguimos anclados en el “él me ayuda”, “comparte tareas en el hogar, recoge a los niños/as del cole, va a la compra”… No, eso no es corresponsabilidad. Y ojo que muchos no llegan ni a eso. Corresponsabilidad es compartir también las tareas invisibles, la planificación de las vacunas y extraescolares, la organización de las vacaciones, la gestión del día a día, la carga mental, los grupos del WhatsApp del cole, las fiestas infantiles, los disfraces y el cuidado cuando el niño o la niña enferma. Cuando un hijo enferma, solo un 8% de los hombres interrumpe su jornada laboral. Este dato, por dar uno, nos refleja el panorama que vivimos. Somos nosotras, las mujeres, las madres, las que agotadas soportamos el cuidado y las tareas del hogar, pero es que además gestionamos emocionalmente todo lo que ocurre en casa y nos encargamos de acompañar a nuestros hijos e hijas en el día a día a nivel emociones. Esto provoca un coste en las mujeres altísimo.

Yo recuerdo un día que una Malamadre me dijo: “Le he dicho a mi pareja (que era hombre) que su falta de corresponsabilidad afecta a mi salud mental” porque no había manera de que tomase conciencia. Las mujeres tenemos que delegar más, exigir su cuota de responsabilidad y ellos tienen que renunciar a los privilegios y ejercer de padres, cuidadores y educadores por responsabilidad, por derecho, por disfrute y no por obligación. Hace poco di una charla en clase de mi segunda hija (8 años) y a la pregunta: “¿Quién hace las cosas en casa?”. La mayoría (menos 2, una de ellas mi hija) dijeron: mamá. Estamos muy lejos. Para mí es clave que los niños y las niñas tengan de referentes a sus dos progenitores, si los tienen y se responsabilizan, claro. Pero más allá de eso, es que es un tema de justicia social e igualdad. No es solo por su educación sino por nosotras, por la salud mental de las mujeres. Para educar bien, hay que estar bien. Tenemos que compartir, tenemos que sentirnos menos solas, tenemos que tener tiempo propio y autocuidarnos. Hay que hacer más tribu.

 

Alargar los horarios escolares es un parche. Un parche que dice muy poco del compromiso político que esperamos

 

Un punto habitual de fricción entre escuelas y familias tiene que ver con los horarios escolares. ¿Qué te parece este debate? ¿Dónde estaría, al menos en parte, la solución?

El enfoque desde las instituciones de este tema es erróneo. Se plantea alargar los horarios escolares como solución y no lo es. Alargar los horarios escolares es un parche, un parche que ayudaría a muchísimas familias que no pueden seguir adelante, que tienen que pagar el cuidado, tirar de abuelas o renunciar a salario o a su trabajo para poder conciliar. Un parche que dice muy poco del compromiso político que esperamos. Porque son los horarios laborales los que deberían adaptarse a los escolares. El modelo laboral así no funciona. No se trata de abrir los colegios todo el día para mantener el sistema productivo y que las madres puedan trabajar jornadas infinitas, llegando exhaustas a recoger a los niños. La gran renuncia de las madres no se frena con esto. Dicho esto, sí que creo que los colegios deben plantear opciones para familias en situaciones especiales, para días no lectivos, para vacaciones. Pero urge revisar el modelo de jornadas inflexibles que tenemos en España y dar el valor que se merecen los cuidados y la maternidad. Hay que reconocerla socialmente y abordar la conciliación desde todas las perspectivas, impulsando un Plan Nacional por la conciliación, como exigimos desde la Asociación Yo no renuncio. A día de hoy conciliar es un privilegio pagado, más aún cuando llega el verano y la “conciliación” de nuevo salta por los aires, con campamentos prohibitivos para muchas familias, sin plazas públicas, haciendo malabares, cogiendo permisos sin sueldos o renunciando, siempre renunciando, nosotras.

Pablo Gutiérrez de Álamo

Periodista especializado en educación. Director de El Diario de la Educación. Antes en Periódico Escuela

 

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2023/06/12/laura-baena-nos-han-enganado-con-eso-del-tiempo-de-calidad-los-ninos-y-las-ninas-necesitan-tiempo-tiempo-que-no-tenemos/

Continue Reading...

domingo, 5 de abril de 2020

Hacia lo significativo


  • Hagamos de este momento único un proyecto educativo global, en el que toda la comunidad educativa se vuelque en construir el conocimiento necesario para enfrentarnos juntos a este reto. Hagámosles partícipes. No hablemos de solidaridad, pongámosla en práctica.



Son tiempos inciertos. Y lo son porque afectan a todo el mundo y porque parece que algo va a cambiar en nuestras vidas de aquí en adelante. Aunque, si lo pensamos, no son menos inciertos que los que viven y vivían millones de personas en el mundo, que sufren hambre, abusos, guerras, epidemias… Sólo que ahora nos afecta a todos, en mayor o menor medida.

Son muchos los esfuerzos que se están realizando de manera silenciosa desde la comunidad docente. De la noche a la mañana hemos pasado de dar clases de forma presencial, en centros educativos, con ratios elevadas, a hacerlo telemáticamente, desde casa. Pero desde que empezó el confinamiento no hago nada más que darle vueltas a qué es lo que estamos haciendo realmente. Porque si algo está provocando toda esta situación es que, una vez más, se agrande la desigualdad entre los estudiantes. Esta situación no sólo no garantiza el derecho a la educación, sino que lo dificulta por razones que ya se han explicado en profundidad en este mismo medio en artículos como el que se publicaba recientemente de Jesús Rogero.

Veo a compañeros y compañeras terriblemente frustrados por no poder hacer llegar a su alumnado las tareas, invirtiendo horas y horas en la búsqueda de canales para tratar de continuar las clases y avanzar en el currículo. Y, ahora, en pleno momento de evaluación, la cosa se va a complicar mucho más. Nos enzarzaremos en un frenesí de notas, de actas y criterios de evaluación que no harán más que reforzar la idea de que esta situación es muy compleja y de que, hagamos lo que hagamos, vamos a ser injustos con los que más importan: los alumnos y alumnas.

Yo mismo puedo decir que más de la mitad de mi grupo, todos ellos mayores de 16 años, no cuenta con un ordenador para hacer las tareas, un tercio no dispone de la conexión a Internet necesaria para poder realizar un seguimiento óptimo del trabajo a través de la red y uno de ellos ni siquiera cuenta con un móvil para mantener una comunicación diaria con nosotros, sus tutores. Y a todo esto se le suma que el cien por cien de mis alumnos no tiene el apoyo suficiente en sus casas como para generar los hábitos que se requieren para estos nuevos tiempos de educación remota. Por lo que la mayor parte gastan más energías en eludirnos que en avanzar en el temario. Y lo entiendo, porque en estos momentos inciertos, ¿quién puede estar pensando en operaciones matemáticas, más allá de aquellos que las necesitan para desarrollar su trabajo estos días?

Y es que precisamente a eso me refiero. Nunca fue tan significativo el uso de las matemáticas que en estos tiempos. Cuando aparecen los datos de la curva de infectados o el número de ERTE que se han registrado, no puedo evitar pensar en mi alumnado y sus familias. ¿Sabrán interpretar estas gráficas? ¿Podrán decodificar los datos y saber lo que está sucediendo realmente? Y cuando nos hablan de los virus y de lo importante que es lavarse las manos, ¿tendrán en la cabeza lo mismo que yo cuando imaginan un virus en sus manos? O cuando cada día un ministro anuncia una medida nueva y nos hablan de lo importante que es la solidaridad y el apoyo mutuo, ¿serán capaces de vislumbrar mínimamente lo que se nos viene encima? ¿Estarán preparadas sus familias para luchar por mantener sus salarios o para solicitar el paro si llegase la ocasión? ¿Cómo elaborarán el duelo si pierden a algún familiar querido a causa de esta terrible pandemia? ¿Y cómo podrán hacerlo si, además, no pueden siquiera despedirse de él o ella? Pienso en ellos cuando recibo una de esas decenas de noticias falsas que circulan por las redes y me pregunto cómo les afectarán y si tendrán las herramientas para extraer el grano de la paja.
No hago más que pensar en nuestro papel en esta crisis. Y una vez más veo a muchos maestros y maestras obcecados en la instrucción. Y recibo bromas y memes en los que hablan las familias que, a pesar de todo, siguen viendo en nosotros a los privilegiados que hemos dejado de dar clases, de cuidar a sus hijos e hijas, y que no hacemos otra cosa que enviar costosas tareas. Pero que al final de mes tendremos nuestro salario garantizado. No sólo se abre la brecha entre el alumnado, sino entre docentes y familias.

Quizás esta pandemia nos ofrezca una oportunidad. La misma de la que algunos llevamos tanto tiempo hablando. La de convertir nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje en algo realmente significativo y comprometido con la realidad que vivimos. Estos tiempos inciertos son a su vez, únicos e intensos. Nos dan la posibilidad de transformar no sólo el medio, como parece que se ha impuesto a causa de la distancia, sino la mirada, el enfoque con el que nos enfrentamos a nuestra acción educativa. Sé que para muchos será difícil, porque se encuentran en cursos escolares claves en su proceso formativo, como son los estudiantes que tienen que hacer la EBAU este año. Pero en la medida de lo posible, olvidémonos del currículo por una vez y centrémonos en lo verdaderamente importante.

No me parece bien que se cierre el curso, que sigamos minimizando la educación a los tiempos de la escuela, a los meses del curso. Ayudemos a nuestros alumnos y alumnas, y por ende, a sus propias familias, a entender lo que está sucediendo. Sé que no será fácil, que nosotros mismos no somos capaces de encontrar el ánimo, el conocimiento necesario, la herramienta… Pero hagamos de este momento único un proyecto educativo global, en el que toda la comunidad educativa se vuelque en construir el conocimiento necesario para enfrentarnos juntos a este reto. Hagámosles partícipes. No hablemos de solidaridad, pongámosla en práctica.

Seamos creativos. Iniciemos este camino juntos, de verdad. Y para comenzarlo será imprescindible conocer lo que piensa nuestro alumnado, sus preocupaciones, sus miedos, y también, cómo no, sus esperanzas y anhelos. Sistematicemos nuestra acción tutorial, poniéndola al servicio de esta experiencia que, además, es colectiva. Saquemos el máximo partido de ella. Se me ocurren diversas actividades al respecto: recabar información científica sobre los virus y pandemias; investigar si esto ha ocurrido anteriormente y cómo lo resolvieron; analizar las noticias que nos llegan y su veracidad; abordar los datos de la epidemia y el contexto geopolítico en el que se está produciendo esta crisis… Y, sobre todo, estar cerca del alumnado y sus familias para poder, tal y como nos alientan en todas partes, juntos, comprender lo que ocurre a cada momento; acompañarles en las pérdidas (familiares, laborales, económicas…), en los duelos que estén por venir; y también, en la esperanza, en el futuro que se abre ante nosotros en el contexto histórico actual.

Me parece un buen momento para seguir incidiendo en los graves problemas que nos acucian y que parecen haberse quedado en un segundo plano: el cambio climático, las guerras, la vulneración de los derechos humanos… Y, cómo no, las posibles causas, que no culpas, que nos han traído hasta aquí. Y, partiendo de este punto, realizar un análisis y una batería de propuestas conjunta sobre qué podemos aprender de esto y cómo salir de esta crisis más fuertes. Porque no olvidemos que las posibilidades de que nuestro mundo, nuestra sociedad, no sea la misma después de esto, son bastante grandes. Y, como sucede con cualquier cambio, estos pueden ser a mejor o empeorar la situación. Por eso, valdría la pena reforzar la idea de no volver a la normalidad anterior, sino avanzar hacia una utopía disponible, tal y como decía Marina Subirats en este mismo medio. ¿Para qué sirve la educación si no ayuda a las personas a enfrentarse a la vida, al presente?

Cuando pienso en el papel de los docentes en esta crisis, no puedo evitar cierta frustración e impotencia. Creo que nos estamos esforzando mucho, como es habitual, pero no estamos enfocando bien nuestra mirada. En los tiempos en los que por fin se le da valor a la utilidad de lo que hacemos y la necesidad que cumple en nuestra sociedad, por encima del valor económico, desde el punto de vista productivo; tiempos en los que los cuidados son el eje fundamental, en los que incluso se ensalzan labores tan menospreciadas como limpiar, cuidar a nuestros mayores, reponer productos, repartirlos o venderlos en un supermercado y que tan necesarias son ahora… Seamos eso que tanto se ha admirado siempre en los docentes. Seamos personas que ayudan a otras a desarrollarse en este mundo tan complejo, independientemente de su condición, de su estatus económico. Seamos quienes, suceda lo que suceda a partir de ahora, aborden esta crisis desde otra mirada, siendo facilitadores de la construcción común de utopías disponibles. Seamos útiles. E iniciemos esta senda, por una vez, juntas.





por 
Carlos Candel
Fuente
Continue Reading...

domingo, 4 de octubre de 2015

¿Calidad de la educación o educación con calidad?

Desde este blog siempre hemos considerado que es necesaria una discusión sobre qué escuela queremos, y eso lleva consigo una idea del significado de “Calidad educativa”. En esta publicación, el autor hace un interesante aporte para ayudarnos en el debate.


Durante las últimas décadas, en América Latina se ha hecho cada vez más usual hablar del tema -calidad - dentro del lenguaje educativo, por considerar que las connotaciones del tema conllevan implicaciones de orden ideológico y práctico en la orientación de los procesos que relacionan con la educación, planteamos la necesidad de un amplio debate teorfco que permita por lo menos, establecer la validez del término en sus respectivos

Las repetidas referencias a la calidad en términos de carencias o deficiencias y como consecuencia de estados de crisis, han generado diversos puntos de vista sobre la calidad de la educación, los cuales justifican el desarrollo de investigaciones que aporten nuevos elementos teóricos y alternativas metodológicas para comprender el tema en cuestión,

La consideración de la calidad en su sentido más genérico, como “conjunto de cualidades que constituyen la manera de ser de alguien o de algo", permite concluir de entrada que cuando se habla de calidad de la educación, la connotación será diferente a objetos de otra especie.

Al parecer, las confusiones en tomo a los objetos educativos, han conllevado interpretaciones que se han limitado a considerar segmentadamente la educación o que han procurado identificarla con otro tipo de procesos donde es posible un registro más cuantitativo, como en el caso de la producción Industrial.

En el primer caso, son comunes las referencias a la calidad de la educación en términos de rendimiento, insuficiencia o carencia de recursos, deserción y cobertura, entre otros, En el segundo caso, se alude a estándares, niveles, optimización, o eficiencia con respecto a una mercancía.

Asumiendo una connotación de la calidad como “lo mejor”, habría que decir que con respecto a la educación se debe entender desde una perspectiva eminentemente histórica y social, por lo tanto, será comparable en términos de espacio, tiempo, modalidad, metodología y según características socio-culturales, definiendo el concepto en su especificidad, habrá que referir calidades diferentes para la educación básica secundaria, la educación media vocacional o educación superior; para la educación de la década de los setentas y la de los ochentas: para la educación metropolitana y la educación de la provincia.

De lo anterior se infiere que admitimos una calidad “de por sí” para la educación, Razón por la cual creemos que es una tautología hablar de calidad de la educación.

Al considerar lo social como referente al análisis de Ia calidad, nos identificamos con el investigador Ángel Facundo en que este es un concepto esencialmente comunitario, el cual presenta a su vez relaciones con el concepto de necesidad social, Por esta razón consideramos que es válido un enfoque evaluativo en la Investigación de la calidad de la educación, puesto que adquieren sentido las opiniones y percepciones de los diversos agentes que tienen que ver con lo educativo ya que, si una educación satisface el mínimo de necesidades sociales sobre el cual hay consenso entre los diferentes grupos, clases, estratos, etc., entonces merece ser considerado de calidad, Según la cuantía de la satisfacción será el nivel de calidad superior o inferior.

Por otra parte, si se torna La calidad desde la idea de “lo mejor”, en el a la noción de calidad total, valdría la pena incluir los conceptos de educación pertinente y de calidad de vida, puesto que tienen que ver con la satisfacción de necesidades de grupos mayoritarios de la población.

Relacionando brevemente  la educación como referente para el análisis de la calidad, diríamos que lo cualitativo no lo entendernos en contraposición de lo cuantitativo, por el contrario, asumimos que en una connotación de la calidad intervienen consideraciones de orden cuantitativo, sin ser estas las que primen en la determinación de la calidad de La educación.

En este sentido acogemos el criterio de calidad propuesto por Antanas Mockus cuando plantea que  la calidad de la educación debe ser juzgada más como calidad dc una praxis que como calidad de una producción.

Por lo indicado, los criterios de calidad no solamente la circunscribirán al interior de La Institución escolar. Ella tiene en cuenta su entorno social, razón por la cual tiene sentido hablar de educación pertinente, entendida como aquella que posee calidad de pertenecer a un contexto socio-cultural determinado. También en estos términos, adquiere vigencia la posición del Movimiento Pedagógico cuando plantea que el reto de la educación contemporánea, en torno a La calidad de la educación, debe centrarse en establecer un sistema escolar que responda efectivamente a las aspiraciones de progreso y bienestar de la inmensa mayoría de la población (Congreso Pedagógico Nacional, 1987).

Los planteamientos anteriores insinúan una toma de posición frente a la calidad como un gran propósito, Por lo tanto, privilegiando La idea de una educación con calidad, por encima de cualquiera otra consideración, Asumirlo de esta manera presupone, ante todo, precisar el concepto de educación según las condiciones concretas de la realidad que se analiza, permite además, una operacionalización dcl concepto en la práctica, de manera que pueda constituirse en un proyecto real en lo pedagógico y en lo comunitario, y obviamente, involucrando lo participativo

Entendida en los términos anteriores, la calidad se convierte en un problema de sentido para los actores participantes en dicho proceso, puesto que, corno dice AntanHs Mockus, “una praxis escolar en la que no haya comunicación, o en la que esta no tenga suficiente sentido para unos y otros, donde no se busquen y no se encuentren vínculos significativos entre la vida y el libro, la vida y la escritura, no es definitivamente, desde nuestro punto de vista, una praxis escolar que pueda considerarse de calidad” (Educación y Cultura, octubre dc 1987). Así pues, como gran propósito y proyecto concertado, la búsqueda de una educación con calidad compromete a toda la comunidad, puesto que sólo la acción de esta garantiza que la educación sea propiciadora de sensación de segundad y de realización social, que se concretice y ejecute como derecho, que llene expectativas presentes v futuras y posea los recursos necesarios. En síntesis que se convierta en un espacio real para la realización de la democracia.

Autor
Rodrigo Jaramillo Roldán

Continue Reading...

domingo, 5 de mayo de 2013

La participación como factor para la democratización y calidad de la enseñanza

Para muchos está claro, sin la participación de la familia en la escuela, no es posible ingresar al camino de la Calidad Educativa, pero no se trata de un camino sencillo ¿Cómo se puede organizar esa alianza? Los siguientes párrafos, desde la óptica de los padres de familia, en el contexto español, hacen su aporte para la reflexión.

La participación es, sin lugar a dudas, el factor fundamental de un sistema democrático y el que puede garantizar la calidad de nuestro sistema educativo. El grado de desarrollo de la participación en los centros educativos nos puede servir para medir su salud democrática. Pero, ¿cuál es el estado de salud de nuestras escuelas? ¿El desarrollo actual de la participación es garantía de la calidad de la enseñanza? La respuesta a estos interrogantes la obtendremos haciendo un pequeño análisis de su funcionamiento. A través de esta revisión, cada lector puede ampliar aquellos aspectos que configuren su realidad concreta y que ayuden a entender el estado de la salud democrática de las escuelas.

Los consejos escolares como órganos testimoniales y burocráticos
El Consejo Escolar, espacio que por sus características tendría que ser el lugar donde convergiera la participación de todos los sectores de la comunidad escolar, en un plano de igualdad, sigue siendo más un deseo que una realidad. El sentir mayoritario de padres y madres, no deja lugar a dudas: “los consejos escolares no sirven, son una pérdida de tiempo”. Es una realidad que casi en la práctica totalidad de los consejos escolares no se tiene capacidad de decidir, y las propuestas que se hacen o no son tenidas en cuenta o sirven de enfrentamiento entre padres y profesores.

Un órgano donde la comunidad educativa no debate, ni discute, ni profundiza en ningún tema que vaya más allá de lo prescriptivo, no puede ser considerado como espacio de participación. En consecuencia, los consejos escolares están aún muy lejos de constituir espacios de relación, encuentro y participación de la comunidad escolar, tal y como aparece en la legislación.

Las reuniones de aula, para que el tutor hable y los padres callen
Las reuniones de aula, que deberían ser espacios de información, debate y contraste sobre los procesos educativos, se han convertido en la mayoría de los casos en simples auditorios, donde el tutor habla y los padres y madres callan. Reuniones que en un alto porcentaje responden a unos rituales prescriptitos, en las que el tutor trasmite una información bastante superficial del lo que piensa hacer o está haciendo. Es desolador asistir curso tras curso a estas reuniones, cuyos esquemas se van repitiendo año tras año y donde el papel de los padres sigue perviviendo con la misma pasividad y lejanía. Tan es así, que de una asistencia casi masiva de los padres en los primeros niveles educativos se va pasando a una asistencia casi testimonial en los últimos cursos de la enseñanza obligatoria. La participación de los padres y madres en el proceso educativo de sus hijos no es muy directa y continua, como sería deseable. Los progenitores suelen ser más participativos en Educación Primaria, una participación que va reduciéndose gradualmente a medida que el alumno empieza a adquirir cierta independencia, y en Secundaria los padres y madres van dejando de asistir a los centros educativos. Estos espacios deberían ser democráticos, lugares de encuentro y debate entre el centro educativo y los padres. Para salir de esta situación, es urgente, como dice Chomsky, convertir estos espacios en un elemento de la comunidad con preocupaciones compartidas, en la que uno espera poder participar constructivamente.

Concepciones obsoletas de equipos directivos y profesorado
Son numerosos los obstáculos que encuentran muchas APAs, por parte de algunos directivos y una parte del profesorado, para disponer de un espacio en el centro o para el desarrollo de las actividades extraescolares. Casos en los que se le ha negado, dificultado e incluso prohibido repartir información dirigida a padres, numerosas las argucias de directores para aceptar el nombramiento del represente del APA en el consejo. Y un largo etcétera que nos pone en evidencia la existencia de actitudes, que demuestran las reticencias y recelos de una parte del profesorado hacia la participación de los padres en el centro educativo. Con estas actitudes no solamente se le hace un flaco favor a la participación, sino que se pone de manifiesto concepciones más de tiempos dictatoriales que democráticos.

La dificultad de implicar a los padres en la participación
Por otra parte, nos encontramos unas APAs con grandes dificultades para interesar al conjunto de los padres y madres en la participación. Los numerosos problemas para encontrar padres dispuestos a implicarse en las juntas directivas, para colaborar en comisiones de trabajo y en otras actividades son indicadores claros de una situación bastante generalizada. El desinterés que existe por la participación es tal, que ni tan siquiera se cuestiona. Estas situaciones nos avisan que el problema es mucho más profundo de lo que a primera vista pueda parecer.

La experiencia de reuniones de juntas directivas, de asambleas de APAs, de reuniones de aula, de consejos escolares, entre otras actividades, nos hacen conscientes de la situación real de la participación y de la lejanía existente entre la normativa que la desarrolla y las prácticas del día a día. Esta situación, en la que la participación es más formal que real, es vivida diariamente por cientos de padres y madres que se sienten impotentes, pero al mismo tiempo esperanzados en transformar en posibilidades reales y eficaces el derecho a la participación de todos, como un instrumento necesario para la consecución de una escuela democrática.



Autor
Ginés Martínez Cerón
Vicepresidente de CEAPA
Revista ceapa
Número 78.

Continue Reading...

lunes, 15 de junio de 2009

La adolescencia y el sueño

El sueño es un elemento esencial de la vida. Pasamos prácticamente un tercio de nuestra existencia dormidos y la sola magnitud de este dato ya nos da una idea de la importancia que le da nuestro organismo a esta actividad.

Quizá hablar de actividad para referirnos al hecho de dormir nos parezca un contrasentido, pues todos asociamos el sueño a lo contrario, al reposo y la inactividad. Que el sueño tiene una función fundamental de descanso es obvio, pero pensar que se reduce a eso es una simplificación exagerada de una realidad mucho más compleja. El sueño no es un estado homogéneo, sino una secuencia ordenada de procesos que se repiten rítmicamente cada 90-120 minutos, en la que nuestro cerebro pasa de fases de descanso a otras de intenso trajín. Durante las primeras nuestras neuronas recargan sus fuentes de energía, limpian los deshechos que se han ido acumulando durante la vigilia y reparan su maquinaria celular para afrontar las exigencias que vendrán tras el despertar. La función de las segundas aún no la comprendemos completamente, pero sabemos que son indispensables para el establecimiento y consolidación de la memoria y de las emociones. La expresión popular de «consultar los problemas con la almohada» tiene una base fisiológica. Durante el sueño las experiencias vividas durante la vigilia se organizan, se ordenan, se integran con un componente emocional y se articulan con nuestra memoria previa. En este proceso, un problema aparentemente insoluble o una decisión difícil durante la vigilia pueden encontrar su solución. Por este motivo, la privación de sueño disminuye sustancialmente la capacidad de atención, de concentración y de memorización, provoca irritabilidad y agresividad y si se prolonga a la larga acaba modificando el ánimo, ocasionando apatía, anhedonia y tristeza. La función del sueño no se limita al cerebro, sino que se extiende a todo el organismo influyendo decisivamente en el control de nuestras hormonas y de nuestro sistema inmunológico. El sueño hace crecer, porque la hormona de crecimiento, entre otras, se segrega mientras dormimos. La falta de sueño engorda, porque altera el equilibrio entre grelina y leptina, hormonas relacionadas con el apetito y la saciedad. Y las personas privadas crónicamente de sueño sufren más infecciones y más graves que las que satisfacen adecuadamente sus necesidades.

Sin embargo, a pesar de que nuestra propia experiencia nos advierte a corto plazo del efecto nocivo que tiene el dormir poco, tenemos pocos reparos como individuos y como sociedad para maltratar nuestro sueño. Se calcula que dormimos entre una y dos horas menos al día que a principios del siglo XX, cuando no había electricidad, y la tendencia a reducir el tiempo de sueño se mantiene con el desarrollo tecnológico y el aumento de las posibilidades de distracción. La hora de inicio del sueño se retrasa cada vez más. Los programas de televisión de prolongan hasta horas imposibles para nuestros relojes biológicos y las actividades lúdicas se organizan cada vez más entrada la noche. Sin embargo, la hora de despertar se mantiene, o incluso se adelanta con el fin de conseguir un horario laboral más integrado que nos deje la tarde libre para el ocio. Acortar el tiempo de sueño implica entorpecer los procesos de aprendizaje, no de una manera lineal sino exponencial, pues la primera mitad del sueño se dedica fundamentalmente a las tareas de mantenimiento y reposo, mientras que las funciones de integración y memorización de la información se realizan principalmente en la segunda mitad del sueño, que es la que más reducimos si nos obligamos a despertar antes de lo que nuestro cerebro había programado.

El problema es especialmente grave en la adolescencia, pues es una etapa de la vida en la que se combinan necesidades de sueño prolongadas, en torno a nueve horas diarias, adquisición continua de gran cantidad de información nueva que hay que procesar y elaborar y anhelo de integración en un grupo social que gusta de reunirse y comunicarse a horas cada vez más intempestivas, rompiendo el ritmo vigilia-sueño cada fin de semana y sacrificando sin reparo las horas de sueño para dedicarlas al ocio o simplemente para «charlar» por el móvil o por Internet. A esto se añade la tendencia cada vez más extendida de iniciar las clases a una hora más temprana, de modo que los alumnos acuden con frecuencia al colegio cortos de sueño por acostarse tarde y mal desayunados por apurar al máximo los últimos minutos de cama, con el cerebro en una situación que combina la «inercia de sueño» o estado de torpor mental que se da en la transición desde el sueño hasta el despertar completo, con una pájara intelectual por el periodo prolongado de ayuno desde la cena. Periódicamente nos sobresaltamos al conocer las cifras crecientes de fracaso escolar. Si bien es evidente que este es un problema complejo de origen multifactorial, también es indudable que mantener la maquinaria del aprendizaje en condiciones satisfactorias de servicio es el paso primero e ineludible para conseguir un rendimiento óptimo y después de lo expuesto creo que a nadie se le escapa que esto solo es posible con un sueño suficiente en cantidad y calidad.


31-05-09
JUAN JOSE POZA NEURÓLOGO. COORDINADOR DEL GRUPO DE ESTUDIO DE LOS TRASTORNOS DE LA VIGILIA Y EL SUEÑO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE NEUROLOGÍA (SEN)

http://www.diariovasco.com/20090531/opinion/articulos-opinion/adolescencia-sueno-20090531.html
Continue Reading...
 

Histats

Stat Counter

Escuela y familia Copyright © 2009 WoodMag is Designed by Ipietoon for Free Blogger Template