Mostrando entradas con la etiqueta adolescentes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adolescentes. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de diciembre de 2013

La responsabilidad en el niño y el adolescente


La responsabilidad es un hábito muy valorado en las escuelas, y también constituye un objetivo a lograr. Este tema está relacionado con el de los límites ¿Cómo contribuir a formar un sentido de ellos? ¿Cuál es el significado de las recompensas? ¿Cómo se lleva a cabo el aprendizaje de la responsabildad?
 
Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente especial en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.

La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo "La autoestima en niños y adolescentes", significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:
·      Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.
·      Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
·      Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
·      Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
·      Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
·      Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa "el olvido"
·      Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
·      Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.

El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de "soborno", pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes...) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño.
Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:
·      Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: "has limpiado tu armario estupendamente"
·      Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: "¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño"
·      Apoye al niño cuando lo necesite: "Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes"
·      Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: "Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos"
·      Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: "La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?

En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.

El aprendizaje de la responsabilidad
A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: "¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?" Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:
1.         Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.
2.         No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.
3.         Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.
4.         No le dé miedo castigar al niño que se "olvida".
5.         Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.

Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si...
 ...les recuerdan las cosas cuando ellos "se olvidan"
 ...lo hacen ellos mismos porque "es más sencillo"
 ...subestiman la capacidad de los hijos.
 ...aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
 ... hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
 ...creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son "buenos" padres.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?
Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:
1.         Desarrolle la sensación de poder del niño.
Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.

2.         Ayude a los niños a tomar decisiones.
Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
• Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.
• Buscar otras soluciones.
• Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.
• Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.

3.         Establezca normas y límites.

4.         Utilice tareas y obligaciones para crear responsabilidad.
Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.

5.         Sea coherente.
Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.

6.         No sea arbitrario.
Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.

7.         Dé recompensas por ser responsable.
Un niño es responsable si...
 ...realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
 ...puede razonar lo que hace.
 ...no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
 ...es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
 ...puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
 ...puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
 ...posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
 ...respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
 ...puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
 ...lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
 ...reconoce sus errores.



Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

Continue Reading...

lunes, 26 de marzo de 2012

Educar adolescentes en redes sociales

Las redes sociales en Internet se constituyen en un fenómeno explosivo, y fundamentalmente novedoso. Esto genera incertidumbres en los padres ¿Qué hacer? ¿Cuál es el margen de acción? El siguiente artículo reflexiona sobre el problema.



El autor analiza el componente identitario de las redes sociales para la actual generación de adolescentes, que las utiliza como una herramienta para zafarse del exceso de control y protección paterno. Recomienda dejar espacio a los adolescentes para que ellos decidan, pero a la vez estar cerca, para que sepan que pueden contar con nosotros ante cualquier duda o peligro. Además, recuerda una serie de consejos básicos a transmitir a los menores, para preservar su identidad y sus derechos como usuarios, como no dar datos personales, advertirles de que las imágenes expuestas pueden ser utilizadas o manipuladas, y cuidar la información que enseñan a los demás, entre otras recomendaciones.

Tener hijos adolescentes o poder tenerlos dentro de poco –en cuanto crezcan los niños y las niñas que criamos implica pensar en el fenómeno de las Redes Sociales en Internet. Nuestras generaciones más jóvenes han nacido con el ratón en la mano y el portátil bajo el brazo. Esta situación implica una relación asimétrica con las nuevas tecnologías, ellos saben de estas cosas más que nosotros y esto determina nuestra posición como padres y madres.

Parece que las nuevas tecnologías de la comunicación no sólo separan generaciones por cómo las usan, sino que además, se están utilizando como elemento identitario diferencial. Así, igual que hace unas décadas los vaqueros o la música rock eran vividos como señales que daban sentido e identidad a una generación frente a la anterior, ahora el uso del móvil, Messenger o Tuenti sirven para definir elementos compartidos que definen a nuestros adolescentes y jóvenes.

Las Redes Sociales en Internet existen desde hace muy poco tiempo. Se habla de 10 años, y se afirma que existen más de 100 millones de usuarios. No tenemos porqué tomar la cifra como exacta, pero en todo caso nos ayuda a entender cómo se trata de un acontecimiento con una fuerte tendencia expansiva. En el que participan masivamente jóvenes y adolescentes.

Debemos pensar qué utilidades tiene para los y las adolescentes este espacio de comunicación “virtual”. A través de la página personal de Facebook o Tuenti (por mencionar algunas de las redes más extendidas) los chicos y chicas se muestran, juegan a construir identidades, deciden cómo se exhiben ante los demás… A la vez pueden comunicarse y encontrarse de múltiples formas y evitando las restricciones espacio-temporales que les imponemos desde nuestra cultura. Así esta generación de adolescentes, una de las más protegidas y controladas por los adultos, ha conseguido encontrar un medio desde el que romper el cuidado con el que se les limitaba sus relaciones con los iguales. En un marco social en el que hay pocos hermanos, la relación con la familia extensa –sobre todo con los primos se hace más complicada y cuando los tiempos y espacios libres se han restringido por los posibles peligros que pueden acechar a la infancia y la adolescencia –mucho más en las ciudades-, resulta que los chicos y las chicas han encontrado un medio para hablar con sus amigos desde el ordenador de su habitación o desde el sofá del salón cuando están tecleando en el portátil familiar.

Todo esto provoca un significativo nivel de incertidumbre en muchos padres y madres. Y podemos pensar en algunas razones. Por ejemplo, mencionemos cómo estas nuevas aplicaciones informáticas ponen en cuestión la tradicional asimetría del saber que deja por encima a los padres y madres. Aquí la cosa es al contrario, son los chicos y las chicas los que pueden dar lecciones a sus mayores. Otra fuente de inquietud pasa por reconocer que a través del ordenador ya no sirven los tradicionales sistemas de control familiar. Ahora no basta con determinar a qué hora se vuelve a casa o con llamar por el teléfono móvil para saber con quienes están nuestros hijos e hijas. Con estas nuevas formas de comunicación ellos pueden estar usando el chat de Facebook y escribirse con una persona de 25 años o con un amigo residente en Santiago de Chile con el que comparten la afición por el motociclismo.

Y por supuesto están los otros miedos, los de siempre: que nuestro hijo o hija entre en contacto con alguien que le haga daño, que le “roben” algo valioso, que se exponga a situaciones traumáticas… En este sentido Internet reproduce los temores habituales que tenemos los padres y madres ante cualquier tipo de relación social. Y es que probablemente esto se nos escapa: Internet no es más que un nuevo medio para hacer las mismas cosas. Por eso aparecen razonablemente los mismos y antiguos miedos. “No te salgas del bosque y no hables con extraños” fueron las dos únicas indicaciones que oyó Caperucita de labios de su madre, antes de dejarla para cruzar el bosque.

Y esto nos lleva a que pensar en educar sobre las redes sociales de Internet es hacer lo de siempre en otro contexto. Desde esta perspectiva recuperamos algunos de los instrumentos básicos de la crianza: el control como contención; el apoyo como instrumento de estímulo; la comunicación como recurso para establecer vínculos. Nada más y nada menos.

Por otro lado es importante saber ajustar cada respuesta a la situación y la edad. A veces les dejamos solos demasiado pronto y a veces demasiado tarde. En ocasiones es algo que no decidimos, que viene dado por las circunstancias, pero incluso en esos momentos, si somos conscientes de ello, podemos hacer por reducir las dificultades que esto conlleva. También desde un marco general, queremos destacar la importancia de poder estar cerca para hablar y atender si aparecen problemas. A veces el trabajo educativo en la adolescencia es un trabajo de acompañamiento, de estar junto a ellos atentos y distantes a la vez. Dejar espacio para que ellos decidan a la vez que estamos cerca como un salvavidas que no hay necesidad de usar pero cuya sola presencia recuerda peligros y promete ayuda cuando se pueda requerir.

Desde una perspectiva más específica, pensando en las características de la comunicación en Internet y ciertas características de los y las adolescentes, podemos pensar en cuestiones como la imagen personal, las dificultades entre pensamiento y acción, las relaciones amistosas y el aprendizaje de los derechos como usuarios. Repasémoslos de forma breve. La Red ofrece a los y las adolescentes un mágico escaparate donde mostrarse a los demás y desde el que recibir (e imaginar) respuestas de los otros. Hay que pensar lo que se muestra, cómo se muestra y a quién se enseña. A la vez, cuidarse en Internet implica tener claro que no se deben dar datos personales (domicilio, teléfono, información bancario, números o claves de tarjetas de crédito). Incluso es recomendable identificarse sin dar el nombre completo, usando alias que permitan proteger nuestra identidad. En otro sentido las imágenes expuestas pueden ser utilizadas y/o manipuladas por otros, tener esto en cuenta y cuidar qué se enseña a los demás es importante en un medio en el que la información (escrita o visual) puede permanecer en teoría hasta el infinito.

Y hablamos repetidamente de pensar porque es una acción importante en este grupo de edad que puede tender con demasiada rapidez a la actuación, aunque esto no sea algo exclusivo de los adolescentes. En Internet, una vez que se incluyen imágenes, datos o cualquier otra información sobre una persona esta información queda fuera de su control. Y aunque hablamos del mundo virtual, en ese mundo de pantallas y microprocesadores pasan cosas que nos llegan al mundo real, a nuestras emociones y nuestros afectos. Los ordenadores pueden hacer daño y dejar heridas. Cuidarnos con ellos es cuidarnos a nosotros.

A través de las aplicaciones de Internet los chicos y chicas se comunican. Esto nos lleva a otro punto: cómo se articulan las relaciones. Aquí es importante cuidar a los amigos y en ocasiones cuidarse de ellos ¿Son siempre los amigos de sus amigos sus amigos? Hay que tratar de seleccionar bien a quién se permite acceder a nuestra información. Esto implica usar los niveles de “privacidad” de las Redes, ajustando cada contenido al nivel de privacidad que se estime más oportuno. En este plano hay que prestar atención a las posibilidades de ligar: hacerlo en Internet con extraños puede tener graves consecuencias. Tengamos en cuenta que algunas personas mienten sobre su verdadera identidad. Si bien se trata de situaciones poco frecuentes, a veces se conciertan citas entre personas que se han conocido en Internet. Si esto ocurre, es importante que la cita se organice en un lugar público durante las horas del día y en compañía de amigos de confianza. Es importante avisar a un adulto sobre dónde se va.

Desde otro plano Internet es negocio. Muchas de sus aplicaciones son producidas por empresas y esto también ocurre en las Redes Sociales. Aquí debemos incluir la mirada del consumidor y pensar en nuestras estrategias y derechos como usuarios. Así debemos recordar que no todas las Redes Sociales son iguales ni tratan o defienden nuestra información de la misma forma. Y nosotros podemos escoger cuál nos resulta más útil para nuestros intereses o más respetuosa con nuestros derechos. Además existen mecanismos de regulación y denuncia para utilizar en situaciones en las que consideremos que se producen irregularidades o se usan nuestros datos inadecuadamente, para ello hay que conocer esos procedimientos. Por último, en este sentido comercial hay que abrir el campo de análisis al papel y el impacto de la publicidad. Estos nuevos medios de comunicación son utilizados también por otras empresas comerciales que buscan impactar en los usuarios de las Redes Sociales y dirigir sus conductas y adquisiciones.

En un reciente estudio del INJUVE, Rubio y Menor recogen cómo las preocupaciones de los jóvenes y los adolescentes coinciden con las de sus padres ante los riesgos y peligros de Internet. Hay que construir condiciones desde las que podamos confiar en nuestros hijos e hijas, en sus recursos, su capacidad de análisis, su sensatez, también entendiendo que si se da una dificultad que les sobrepasa van a pedirnos ayuda. Confianza que se vuelva también hacia ellos, ayudándoles a ganar autonomía y madurez.

Acabemos recordando que nuestra sociedad reparte y multiplica los agentes socializadores. No sólo en nuestras casas nuestros hijos e hijas crecen y se educan. Por ello queremos hacer una breve mención del papel de la escuela en la educación ante las nuevas tecnologías. La LOE y sus desarrollos proponen en este sentido educar la competencia digital, en la que se incluyen habilidades y destrezas para utilizar estos nuevos medios. Sólo queremos aquí subrayar la necesidad de no quedarnos en una exigencia de eficacia instrumental (saber usarlos y manejar máquinas y aplicaciones). Además de saber utilizar el teclado y el ratón debemos favorecer entre chicos y chicas el aprendizaje de sistemas éticos y actitudes que permitan que la llamada “ágora digital” esté organizada según principios democráticos. También con los ordenadores se enseña o se aprende a ser ciudadano. Y esto es algo que debemos tener presente a la hora de impulsar iniciativas como madres y padres desde nuestras asociaciones y en los consejos escolares.


Autor
Luis García Campos
Colaborador de Formación de CEAPA, psicólogo y orientador
Extraído de
nov/dic 2009 padres y madres de alumnos y alumnas



Publicaciones recomendadas
La Educación como fenómeno social

Continue Reading...

lunes, 31 de octubre de 2011

Cómo desarrollar la resiliencia en niños y adolescentes

¿Qué es la Resilencia? Leemos en Wikipedia:
La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecido y alcanzando un estado de excelencia profesional y personal. Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos (Instituto Español de Resiliencia)
La Resilencia, es el convencimiento que tiene un individuo ó equipo en superar los obstáculos de manera exitosa sin pensar en la derrota a pesar que los resultados estén en contra, al final surge un comportamiento ejemplar a destacar en situaciones de incertidumbre con resultados altamente positivos.
Esa capacidad de resistencia se prueba en situaciones de fuerte y prolongado estrés, como por ejemplo el debido a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, al abandono afectivo, al fracaso, a las catástrofes naturales y a las pobrezas extremas.
Podría decirse que la resiliencia es la entereza más allá de la resistencia. Es la capacidad de sobreponerse a un estímulo adverso.


¿Cómo desarrollar la resilencia?
La Asociación Americana de Psicología nos da los siguientes consejos:
Desarrollo de la resiliencia en niños y adolescentes
Todos podemos desarrollar resiliencia y ayudar a que nuestros hijos la desarrollen también. Implica conductas, pensamientos y acciones que pueden aprenderse con el paso del tiempo. A continuación, presentamos consejos para desarrollar la resiliencia.


Establezca relaciones
Enséñele a su hijo cómo hacer amigos, inclusive la capacidad de sentir empatía, o de sentir el dolor del otro. Anime a su hijo a ser amigo para poder tener amigos. Desarrolle una red familiar fuerte para respaldar a su hijo ante las desilusiones y heridas inevitables. En la escuela, hay que estar atento al hecho de que ningún niño esté aislado. Relacionarse con las personas brinda apoyo social y fortalece la resiliencia.


Ayude a su hijo haciendo que ayude a otros
Ayudar a otros puede permitirle a los niños superar la sensación de que no pueden hacer nada. Anime a su hijo a realizar trabajos voluntarios apropiados para su edad, o pídale ayuda con alguna tarea que él pueda realizar. En la escuela, realice una sesión creativa con los niños buscando maneras de ayudar a los demás.


Mantenga una rutina diaria
Respetar una rutina puede ser reconfortante para los niños, en especial para los más pequeños que anhelan estructuras en su vida. Anime a su hijo a desarrollar sus propias rutinas.


Tómese un descanso
Si bien es importante seguir las rutinas, preocuparse incesantemente puede resultar contraproducente. Enséñele a su hijo cómo concentrarse en algo distinto a lo que le preocupa. Dese cuenta de las cosas a las que su hijo está expuesto y que puedan ser inquietantes; sean noticias, Internet o conversaciones que oyen por casualidad y asegúrese de que su hijo tome un descanso de esas cosas si le causan inquietud. Si bien las escuelas son responsables del rendimiento en exámenes estandarizados, destine un tiempo no estructurado durante el día escolar para que los niños desarrollen su creatividad.


Enseñe a su hijo a cuidar de sí mismo
Dé un buen ejemplo y enséñele a su hijo la importancia de darse tiempo para comer como es debido, hacer ejercicios y descansar. Asegúrese de que su hijo tenga tiempo para divertirse y de que no tenga programado cada minuto de su vida sin ningún momento para relajarse. Cuidarse e incluso divertirse ayudará a su hijo a mantener el equilibrio y enfrentar mejor los momentos estresantes.


Avance hacia sus metas
Enséñele a su hijo a fijarse metas razonables y luego a avanzar dando un solo paso a la vez para lograr alcanzarlas. Avanzar hacia esa meta, incluso con un paso muy pequeño, y recibir elogios por hacerlo hará que su hijo se concentre en su logro en lugar de fijarse en lo que no logró y puede ayudarle a desarrollar resiliencia para salir adelante ante los desafíos. En la escuela, divida las tareas grandes en pequeñas metas alcanzables por los niños más pequeños, y para los más grandes, reconozca los logros a medida que avanzan hacia las metas mayores.


Alimente una autoestima positiva
Ayude a su hijo a recordar cómo pudo lidiar satisfactoriamente con dificultades en el pasado y luego ayúdelo a entender que esos desafíos pasados lo ayudan a desarrollar la fortaleza para manejar desafíos futuros. Ayude a su hijo a que aprenda a confiar en sí mismo para resolver los problemas y tomar las decisiones adecuadas. Enséñele a su hijo a tomar la vida con humor y la capacidad de reírse de sí mismo. En la escuela, ayude a los niños a ver cómo los logros individuales contribuyen al bienestar de la clase como un todo.


Mantenga las cosas en perspectiva y una actitud positiva
Incluso cuando su hijo esté enfrentando sucesos dolorosos, ayúdelo a ver la situación en un contexto más amplio y a mantener una visión de largo plazo. Si bien su hijo puede ser demasiado joven para ver las cosas a largo plazo por sí mismo, ayúdelo a ver que existe un futuro más allá de la situación actual y que el futuro puede ser bueno. Una actitud optimista y positiva le permite a su hijo darse cuenta de las cosas buenas de la vida y seguir adelante incluso en los momentos más difíciles. En la escuela, utilice la historia para mostrar que la vida sigue después de las adversidades.


Busque oportunidades para el autodescubrimiento
Los momentos difíciles suelen ser los momentos en los que los niños aprenden más sobre sí mismos. Ayude a que su hijo vea cómo a lo que se está enfrentando puede enseñarle a entender de qué está hecho. En la escuela, considere conversaciones sobre lo qué ha aprendido cada estudiante después de enfrentarse una situación difícil.


Aceptar que el cambio es parte de la vida
Los cambios pueden a menudo ser terribles para los niños y adolescentes. Ayude a su hijo a ver que el cambio forma parte de la vida y que se puede reemplazar con nuevas metas a aquéllas que puedan haberse convertido en inalcanzables. En la escuela, señale cómo los estudiantes cambiaron a medida que avanzaban al siguiente grado y analice cómo ese cambio ha tenido un impacto sobre ellos.



Fuente:Asociación Americana de Psicología

Continue Reading...

jueves, 16 de diciembre de 2010

La responsabilidad en el niño

Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente especial en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.


La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo "La autoestima en niños y adolescentes", significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.


Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:


Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.
Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa "el olvido"
Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.


Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.


El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.


Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de "soborno", pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes...) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño. Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:


Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: "has limpiado tu armario estupendamente"
Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: "¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño"
Apoye al niño cuando lo necesite: "Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes"
Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: "Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos"
Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: "La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?


En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.


El aprendizaje de la responsabilidad

A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.


Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: "¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?" Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:


1. Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.

2. No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.

3. Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.

4. No le dé miedo castigar al niño que se "olvida".

5. Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.


Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si...


...les recuerdan las cosas cuando ellos "se olvidan"
...lo hacen ellos mismos porque "es más sencillo"
...subestiman la capacidad de los hijos.
...aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
... hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
...creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son "buenos" padres.


¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.


Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:


1. DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO.
Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.


2. AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES.
Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
· Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.
· Buscar otras soluciones.
· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.
· Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.


3. ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.


4. UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.
Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.


5. SEA COHERENTE.
Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.


6. NO SEA ARBITRARIO.
Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.


7. DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.


UN NIÑO ES RESPONSABLE SI...

...realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
...puede razonar lo que hace.
...no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
...es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
...puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
...puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
...posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
...respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
...puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
...lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
...reconoce sus errores.



 



 

Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España



 

Continue Reading...

jueves, 18 de marzo de 2010

Científicos concluyen que falta de sueño es clave en mal humor adolescente

Tras estudiar por 15 años los hábitos de sueño de dos mil niños y adolescentes, una investigación del centro británico Sleep Scotland concluyó que más allá del cambio hormonal es el mal dormir lo que provoca irritabilidad en los jóvenes. La razón: la falta de descanso dificulta e interfiere en tareas fundamentales de su proceso de desarrollo.

Los cambios hormonales no son la principal causa de la irritabilidad, mal humor y desgano que caracterizan a los adolescentes, sino su falta de sueño y mal dormir.   


Así lo concluye una investigación realizada por el centro Sleep Scotland, en Gran Bretaña, tras analizar durante 15 años los hábitos de sueño de más de 2.000 de jóvenes a través de una serie de encuestas y seguimiento de  casos.   


Lo que comprobaron es que los malos hábitos y la falta de horarios para ver TV y jugar en el computador provocan que prácticamente ningún adolescente duerma las nueve horas mínimas recomendadas para su etapa de desarrollo y que un número no despreciable "no sobrepase las cinco horas diarias, lo que afecta todo su comportamiento", dice a La Tercera Jane Ansell, autora del estudio y directora del centro.


El tema no es menor para la experta, ya que dormir es fundamental para su desarrollo y no hacerlo en forma adecuada sólo dificulta ese proceso. "Necesitas dormir para crecer, para procesar la memoria y para dominar la ansiedad y la depresión. Si no tienes el suficiente sueño, toda estas tareas se dificultan más y surge la irritabilidad", afirma. 


A lo anterior, explica, se suma un componente sicológico, ya que muchos jóvenes se frustran al no tener energías para realizar sus actividades diarias o rendir como ellos quisieran, lo que potencia sus cambios de ánimo negativos.


TAREA CUESTA ARRIBA


Según Ansell, la somnolencia y comportamiento de los adolescentes se manifiesta preferentemente en la sala de clases, por lo que allí constararon, entre otros lugares, los cambios experimentados por aquellos que comenzaron a dormir más horas diarias. "Se nota cuando los chicos duermen bien, pues mejoran su comportamiento positivamente en el día y los profesores lo notan. Nosotros sabemos que el sueño es la clave para mejorar el rendimiento escolar y muchos otros estudios lo comprueban", dice. 

Y aunque la solución a este problema parece bastante obvia -dormir más-, la conducta de los adolescentes pone la tarea cuesta arriba.  Para ello Ansell y sus colegas elaboraron una cartilla con recomendaciones básicas (ver recuadro), donde la idea base es evitar que la pieza del joven sea un centro de entretención e información en vez de un lugar de descanso. 


NEGOCIAR HORARIOS


Una tesis que apoya la neuróloga Larisa Fabres, del Centro del Sueño de Clínica Las Condes, quien sostiene que son los padres los responsables de generar el ambiente propicio para el descanso. "Deben explicarles a los niños los problemas que genera la falta de sueño. Negociar los días que pueden acostarse tarde. Transar. Los jóvenes están dispuestos a esto, porque saben que en el fondo les hace bien" y también sienten los cambios.

"Es básico que los adolescentes duerman nueve horas", dice Julia Santín, del Centro del Sueño de la UC, quien agrega que para ello sólo se requieren ciertas normas, como que TV y consolas no estén las 24 horas del día disponibles. De hecho, explica que el mal dormir es un fenómeno mundial y que, desde el desarrollo de las nuevas tecnologías, todo el mundo descansa una hora menos en promedio. 


 


Preparar un buen dormir

Comidas

: Tanto jóvenes como adultos deben comer los principales alimentos del día en horarios adecuados. La última comida nunca después de las 19 hrs.

Rutina:

Dejar las tareas escolares, el ejercicio, actividades demandantes o los videojuegos para las primeras horas de la tarde y no para la noche.

La hora previa:

La hora previa antes de acostarse es netamente para actividades relajantes: bañarse, conversar o simplemente caminar puede ser una alternativa.

Desconectarse:

Una vez en su pieza, apague el computador, el celular y la televisión. Trate de leer un libro o escuchar música antes de dormir.

Productos prohibidos:

Antes de dormir evite alimentos que contengan chocolate, cafeína, aditivos, alcohol o nicotina. Un vaso de de leche tibia es la mejor alternativa.

La pieza:

La habitación debe estar a oscuras y en silencio. Asegúrese que no haya aparatos electrónicos, como el celular, que puedan interrumpir el sueño.

 


por

Lissette Fuentes / Francisco Rodríguez

- 17/03/2010 - 09:13

Fuente

http://www.latercera.com


 

Continue Reading...

jueves, 2 de julio de 2009

Revelan cómo el uso de las nuevas tecnologías afecta el sueño de los jóvenes

Es básico mantener la televisión, el computador y los celulares fuera de la habitación de los hijos.
De acuerdo a un estudio publicado por la revista Pediatrics, los adolescentes excitados por el consumo de cafeína envían mensajes de texto, navegan en internet y juegan durante horas por la noche, lo que afecta su estado de alerta y su capacidad de funcionar durante el día.

"Se quedan despiertos de noche y hacen menos tarea escolar de lo esperado y son mucho más multitarea", dijo la doctora Christina J. Calamaro, de la Drexel University, en Filadelfia, autora principal del estudio.

ADOLESCENTES
El equipo dirigido por Calamaro halló que cuanto más multitarea era un adolescente, más propenso era a quedarse dormido de día, mientras que los niños que cabeceaban eran también los mayores consumidores de cafeína.

Los expertos creen que los adolescentes necesitan por lo menos nueve horas de sueño por noche, pero los adolescentes estadounidenses duermen siete en promedio.

El equipo investigó si el uso de la tecnología y el consumo de bebidas cafeinadas afectaría la cantidad de horas de sueño nocturno y el nivel de somnolencia diurna; para eso, entrevistó a 100 adolescentes de entre 12 y 18 años.

INDICE MULTITAREA
Para medir el nivel de consumo nocturno de tecnología entre los participantes, el equipo desarrolló un "índice multitarea": la cantidad total de horas que un adolescente le dedicaba a nueve actividades (mirar TV, escuchar MP3, hacer la tarea y mirar DVD o videos, etc.) dividido por nueve, que es la cantidad de horas entre 9 p.m. y 6 a.m.

El índice multitarea promedio de los participantes era alrededor de 0,6; lo que indica que hacían una de nueve actividades en 5,3 horas o cuatro actividades en 80 minutos cada una.

Uno de cada cinco participantes dijo que dormía entre ocho y 10 horas por noche; ellos tenían un índice multitarea promedio de 0,39.

Un tercio de los adolescentes dijo que se quedaba dormido en el colegio y ellos eran los que dormían dos veces por día en promedio, aunque algunos dijeron que se quedaban dormidos unas ocho veces al día. A mayor índice multitarea, mayor probabilidad de quedarse dormido en el colegio.

SUEÑO
El consumo adolescente promedio de cafeína fue de 215 mg diarios o el equivalente a un par de tazas de café expreso.

Casi tres cuartos de los participantes bebía más de 100 mg de cafeína por día y algunos consumían cantidades excesivas; el 11,2 por ciento tomaba más de 400 mg de cafeína por día. Un estudiante dijo que bebía más de 1.400 mg de cafeína por día.

Catorce participantes tenían licencia de conducir y la mitad de ellos dijo que sentía sueño mientras manejaba; uno de ellos admitió que se quedaba dormido al volante.
"Estos adolescentes altamente multitarea tienen riesgo de tener problemas de rendimiento escolar, problemas con la función ejecutiva y degradación de la función neuroconductual", advirtió el equipo.

USO DE TECNOLOGIA
La investigadora dijo que si bien el estudio había sido pequeño, esperaba que los resultados reflejaran realmente la conducta adolescente. "No me sorprendería que al replicar el estudio se repitan los resultados porque esto es lo que están haciendo los adolescentes", expresó.

Calamaro dijo que los padres deben tomar medidas para controlar el uso de la tecnología a la noche. Es básico mantener la televisión, el computador y, en especial, los celulares fuera de la habitación de los hijos.

"El uso de los mensajes de texto es todo un problema. Y nos daremos cuenta de que es aún mayor", manifestó la investigadora.

PADRES
Los padres, agregaron los autores, deberían desalentar en los adolescentes el consumo de bebidas con cafeína después del mediodía.

Mientras que los relojes biológicos de los adolescentes los forzarían a permanecer despiertos más tarde que los adultos, y también levantarse más tarde, sigue siendo importante que los adultos envíen el mensaje de que la noche es el momento para tranquilizarse, agregó Calamaro.

"Aunque sabemos que los adolescentes tienen otro esquema horario, podemos hacer que sigan menos conectados a la noche", finalizó la autora


Fuente
http://www.latercera.com/contenido/659_135119_9.shtml
Continue Reading...
 

Histats

Stat Counter

Escuela y familia Copyright © 2009 WoodMag is Designed by Ipietoon for Free Blogger Template