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lunes, 5 de octubre de 2020

¿CÓMO EVITAR EL TRASTORNO DE ANSIEDAD POR SEPARACIÓN EN LOS NIÑOS AL REGRESO A CLASES?

 Después de meses de cuarentena y escuela en casa, es tiempo de que las familias vayan preparando a sus hijos para el regreso a las aulas y evitar así la ansiedad por separación.

 


Oficialmente, el regreso a clases en México fue el pasado 24 de agosto, y aunque muchos esperaban regresar presencialmente a las aulas, debido a la pandemia, las lecciones seguirán siendo en línea. Para muchas madres y  padres que regresaron a trabajar a sus oficinas o lo hacen desde casa, el hecho de que sus hijos sigan en casa puede ser todo un reto ya que implica que retomen, de nuevo, los roles de educadores que asumieron en marzo al inicio de la pandemia. Aún así, este periodo es una excelente oportunidad para prepararlos para enfrentar la ansiedad por separación que pueden sufrir cuando sea momento de regresar a las aulas.

 

Debido a la pandemia y las restricciones que se han implementado para reducir los contagios por COVID-19 desde hace más de seis meses, niños y niñas han pasado más tiempo en casa con sus familiares, demandando su atención y tiempo, incluso más que antes de que iniciara la cuarentena.

Todo esto se debe a que los pequeños buscan aferrarse a aquello que los haga sentirse seguros ante esta época de cambios e incertidumbre. Las familias brindan seguridad y confort, por lo que es natural que en época de incertidumbre como la que estamos viviendo, los niños busquen apegarse a cualquier cosa estable para protegerse.

 

¿Qué es el trastorno de ansiedad por separación?

Steven Meyers, maestro de psicología de la Universidad Roosevelt, en Illinois, Estados Unidos, dice que “el apego es una respuesta instintiva a la amenaza y la ansiedad percibidas. En términos evolutivos, las crías de todas las especies tienen más probabilidades de sobrevivir si permanecen cerca de sus padres para protegerse cuando el peligro es inminente”, dijo al HuffPost. “Los niños tienen esto codificado en su biología y puede ser provocado por el estrés y la incertidumbre de una pandemia global”.

 

Niños y niñas alrededor del mundo están experimentando un cambio que rompe con la socialización a la que se habían acostumbrado. La ausencia en las aulas, clases deportivas o de música; la convivencia en reuniones, parques, deportivos o plazas comerciales, se han sustituido con plataformas de videoconferencia como Zoom, pero estas no ofrecen la misma experiencia de la convivencia y socialización en persona. Respecto al apoyo y la atención que reciben, sus padres son todo lo que tienen ahora.

 

“Muchos niños se han vuelto más apegados a sus padres [porque] tienen menos posibilidades de socializar con los demás”, señala Meyers. “Las personas nos proporcionan a todos conexión y estimulación, y hay pocas opciones [para lograr esta conexión] cuando estamos atrapados en casa”.

La Universidad de Standford define el Trastorno de Ansiedad por Separación (o SAD por sus siglas en inglés) como “la preocupación y temor excesivos de estar separado de los miembros de la familia o individuos con los que el niño está más ligado”.  Es una etapa de desarrollo normal en niños menores de tres años.

 

“Muchos niños se han vuelto más apegados a sus padres [porque] tienen menos posibilidades de socializar con los demás”.

 

En casos muy severos, el SAD puede provocar ataques de pánico e incluso, en casos extremos, puede resultar en que los niños necesiten acudir a un psiquiatra para ser medicados.  Los síntomas del Trastorno de Ansiedad por Separación son:

 

Síntomas

  • Angustia excesiva al estar lejos de sus seres queridos o de su casa.
  • Pensamientos recurrentes sobre qué pasaría si perdieran a un familiar.
  • Estrés causado por estar constantemente pensando que algo malo les va a pasar, como por ejemplo, perderse.
  • No querer salir de casa por miedo a estar lejos de sus papás.
  • Miedo a estar solo en casa.
  • Rechazar pasar la noche en cualquier otra casa si la familia no lo acompaña.
  • Tener pesadillas sobre separarse de su familia.
  • En caso de que la niña vaya a separarse de sus padres, porque alguno de ellos, por ejemplo, tiene que salir a trabajar, decir o fingir que se siente mal para hacer que se queden a cuidarla.

 

Aunque este trastorno de ansiedad es común en menores de tres años, puede también presentarse a cualquier edad. Los jóvenes también sienten ansiedad por separación resultado de la “nueva normalidad” y las repercusiones que tendrán al volver a las aulas. El estrés se manifestará en alumnos que vuelven a los niveles de educación básica por el tiempo que han pasado sin socializar fuera de sus casas, posiblemente volviéndose más retraídos al interactuar con quienes no han sabido de su cuidado durante la pandemia.

 

Esta inseguridad puede resultar no solo en cambios en sus expectativas, sino que también las instalaciones a las que volverán no serán las mismas. Si el espacio físico al que retornarán los estudiantes, o las personas que les rodean, les provoca nuevas emociones, es necesario estar atentos a las señales que estos presenten, pues aunque habrá quienes puedan expresarlo y compartirlo a los demás sin problemas, así también habrá quienes se les dificulte compartirlo.

 

La doctora Abigail Gewirtz, psicóloga infantil y autora de When the World Feels Like a Scary Place: Essential Conversations for Anxious Parents and Worried Kids, recomienda a maestros, madres y padres a estar atentos a las reacciones que los niños y jóvenes puedan tener al regreso a clases.  “Debemos estar atentos a los síntomas, como que los niños no duerman bien, se cansen por la mañana o entren en su habitación en medio de la noche, que tengan pesadillas. Algunos niños pueden expresar su ansiedad, otros no. Y algunos se ponen de mal humor, esa puede ser una señal”.

 

Comunicación: clave para aminorar la ansiedad

Independientemente de si haya un próximo año escolar presencial, híbrido o totalmente online, las familias deberán estar preparadas para el regreso a clases. Hablar con tus hijos durante la cena o un paseo por el parque, en espacios donde sientan que mejor puedan expresarse y darse a entender sobre el futuro de su educación. También es importante reconocer que es un futuro al que tal vez les cueste más acostumbrarse y si notas que se muestran ansiosos al respecto, prepara  estrategias para afrontarlo de la manera más comprensible posible.

 

Con el otoño acercándose y un nuevo ciclo escolar comenzando, muchos padres y madres empiezan a preocuparse de qué pasará cuando sus pequeños regresen a clases presenciales. De por sí, el primer día de clases ya era difícil para muchos niños, especialmente para los más pequeños, ya que no conocen a los adultos o compañeros de clase con los que convivirán durante el nuevo ciclo académico. El regreso a clases  puede provocarles miedo, pero este puede ser ahora más aterrador al ver a todos con mascarillas, al tener que seguir nuevas medidas de higiene y seguridad y al ver pasillos llenos de gente después de sólo convivir con su familia por meses.

 

Para ayudarlos a navegar la ansiedad por separación debido al apego que crearon con sus padres durante estos meses, es importante crear una buena comunicación, que los papás sean abiertos sobre lo que puede pasar. Debido a que la pandemia es una situación fuera del control de todos, es imposible saber si una vez que los niños regresen a clases no surgirá un rebote y estos tengan que regresar de nuevo a las clases virtuales. Hablar sobre las posibilidades de este panorama ayudará a que sepan qué esperar y les ayude con su ansiedad.

 

La Dra. Abigail Gewirtz, psicóloga infantil y autora, advierte que evitar o ignorar los signos de ansiedad puede ser perjudicial a largo plazo. “La clave para entender la ansiedad es que cuando tienes algo que te pone ansioso, evitarlo es muy reforzador”, dice Gewirtz. Sin embargo, “cuanto más lo evites, mejor te sentirás [en el momento]. Pero esto significa que cuando tengas que afrontarlo, será mucho más difícil”.

 

Es importante ofrecer a los niños un lugar seguro para hablar y donde se sientan validados. Si en estas conversaciones, el padre o madre nota que el hijo es propenso a sufrir de ansiedad, será esencial hablar sobre cómo manejarlo y qué medidas se pueden tomar al respecto, como por ejemplo, realizar ejercicios de respiración o con una pelota antiestrés.

 

Estar en constante comunicación con los maestros también es muy importante. No sólo puede ayudar a las familias a entender más sobre el proceso de regreso a clases pero también ayudará a informar a los maestros si un alumno sufre de ansiedad, de esta manera su maestro podrá prestar más atención.

 

Un regreso gradual a la “nueva normalidad”

Otro punto importante que ayudará a los más pequeños en el regreso a clases es empezar a exponerlos poco a poco a la escuela. Una vez que el virus se vaya disipando o los científicos encuentren una vacuna contra el COVID-19 y las escuelas empiecen a abrir sus puertas, es importante buscar formas en las que los niños puedan familiarizarse de nuevo con la experiencia de la enseñanza presencial.

 

Ya sea a través de recorridos virtuales por las instalaciones, donde los alumnos puedan visualizar los espacios y cómo estos se han modificado para cumplir con las medidas de sana distancia, hasta  sesiones online con sus maestros donde puedan verlos en las aulas. “Cuantas más oportunidades tenga tu hijo de estar expuesto a la escuela, menos extraño y aterrador será”, dice la Dra. Gewirtz.

 

Otra manera de exponerlos gradualmente a la socialización y convivencia en persona, es empezar a hacer el recorrido a la escuela todos los días. Ya sea caminando, en carro o autobús, que se familiaricen de nuevo con  la ruta puede ayudar a tranquilizarlos. Establecer una rutina ayudará a que el regreso a la vida fuera de cuarentena ya que no sea tan dramática, ya que una rutina los ayuda  a sentir que tienen una estructura y un horario.

 

“Cuantas más oportunidades tenga tu hijo de estar expuesto a la escuela, menos extraño y aterrador será”.

En casa, actividades tan simples como ponerse el uniforme de la escuela aunque vayan a tener clases online, puede ser de gran ayuda, incluso prepararles un almuerzo y ponerlo en sus loncheras. Lo importante es mostrarles lo más que se pueda, cómo será un día escolar bajo la “nueva normalidad” para hacer que disminuya su ansiedad por separación y miedo de regresar a las aulas.

 

Parte del problema de ansiedad que están sufriendo muchos pequeños es que son muy perceptivos, por lo que si ven a sus padres estresados por las noticias es posible que lo capten ellos también y se inquieten, aunque los padres les limiten el acceso a las noticias, ellos perciben el estrés a través de los adultos con los que conviven todos los días. Esto puede resultar en que se sientan aún más ansiosos y busquen apegarse más a sus padres y familiares, buscando en ellos más tranquilidad.

 

Es importante que las parejas discutan cómo comunicarse con los hijos y sobre el tipo de mensaje que desean transmitirles. Para ello, será esencial estar en el mismo canal sobre las medidas de seguridad que van a seguir como familia, sobre la importancia de cuidarse y cómo lidiar con el miedo y ansiedad que pueden sentir, de manera que no lo transmitan a los hijos sin darse cuenta. Por ejemplo, si notan que la presencia de otras personas fuera del círculo familiar en el que han estado inmersos durante la cuarentena los pone nerviosos o inquietos, es una señal de que será necesario prepararlos para ver y convivir con otras personas de nuevo.

 

Considerar estos factores ayudará a prepararlos para el regreso a clases, no podemos esperar que de un día para el otro estén listos para regresar a clases presenciales. Para lograrlo, los adultos de la familia deberán estar listos también para enfrentar los retos de regresar a la “nueva normalidad” y poner el ejemplo de cómo actuar si la presencia de otras personas nos causa miedo o ansiedad.

Mark Reinecke, psicólogo clínico y director clínico del San Francisco Bay Area Child Mind Institute (Instituto de la Mente Infantil del Área de la Bahía de San Francisco), señala que “en situaciones ambiguas, los niños pequeños recurren a sus padres para obtener pautas sobre cómo responder. Si el padre tiene confianza y seguridad en sí mismo, el niño lo percibirá. ¿Se modela o se mantiene en casa la ansiedad del niño sin darse cuenta?”.

 

La manera en que los niños aprenden a manejar la pandemia desde su hogar es clave para ayudarlos a navegar su regreso a la “nueva normalidad”. Si desde casa, sus familiares no les ayudan a establecer una rutina y a manejar su apego y ansiedad por separación, esos niños sólo se volverán más propensos a sufrir estrés y ansiedad al regresar a clases. La clave está en prepararse con tiempo.

 

 

 

Por Paulette Delgado

Fuente: https://observatorio.tec.mx/edu-news/trastorno-de-ansiedad-por-separacion-cuarentena

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lunes, 24 de agosto de 2020

Cómo prepararnos en casa para las clases online

El lugar de estudio, la iluminación, el tipo de silla o la conexión a internet son algunos de los elementos que debemos tener en cuenta para mejorar el aprendizaje online de nuestros hijos.

 

Las familias han vivido con cierto estrés el paso de las clases presenciales a las clases online. El final de curso fue complicado y es comprensible su preocupación por una posible vuelta a las clases online. Para lograr que la Educación en casa sea satisfactoria, debemos primero asumir que necesitamos tiempo para lograr que fluya todo a la perfección. Lo primero es plantearse objetivos a corto plazo que permitan a nuestro hijo ser lo más autónomo posible y ayudarle a desarrollar la actitud y los hábitos de estudio adecuados.

 

Puesto que crear un ambiente de estudio que ayude a sacar el mayor partido posible al aprendizaje es muy importante, Kumon ofrece 8 consejos con los que podrás crear el espacio adecuado para preparar la vuelta al cole y el posible retorno o apoyo a través de las clases online:

 

1.      Seleccionar el lugar de estudio en función de su autonomía: Los niños más pequeños necesitan estar cerca de los padres para aprender hábitos y rutinas de estudio, y para poder recurrir a ellos en los niveles iniciales de su formación. Cuando ya son más autónomos y pueden realizar las tareas sin ayuda, es recomendable que trabajen en un espacio distinto a su habitación para evitar distracciones.

2.      Comprobar la conexión a internet: Revisa que el ordenador que va a utilizar tu hijo se encuentre en óptimas condiciones y que la conexión a internet esté operativa.

3.      Evitar las distracciones: La conexión debe establecerse desde una habitación silenciosa, de colores neutros y sin elementos demasiado llamativos. No debe haber juguetes a la vista, y todos los materiales que tu hijo pueda necesitar (lápices, papel, goma de borrar, etc.) han de estar a mano para evitar paseos improductivos.

4.      Utilizar el lugar de estudio solo para estudiar. Es muy importante dejar claro a tu hijo que la zona de estudio es para aprender y que no puede estar sentado en ese escritorio si no está trabajando. De esta manera, asociará ese lugar con su actividad diaria.

5.      Tener más de un lugar de estudio por niño: Si dispones de espacio suficiente en casa, puede ser beneficioso que tu hijo cuente con un lugar de trabajo distinto para cada tipo de tarea: uno para las que requieren el uso de equipos informáticos y conexión a internet, y otro para las que no.

6.      Buscar una silla adecuada: Ha de ser adaptable a la altura de tu hijo y cómoda para él. Para que su postura sea correcta, las rodillas deben formar un ángulo de 90 grados, igual que los codos cuando se apoyan en la mesa.

7.      Tener una buena iluminación: La luz es clave para mantener la atención. Si lo necesitas, puedes utilizar una lámpara adicional con una bombilla de bajo consumo que no dé calor.

8.      Aprovechar toda la casa: El hogar es un espacio perfecto para ofrecer a tu hijo contenidos educativos. Coloca los libros de manera que estén accesibles en cualquier estancia. También puedes poner carteles con contenidos educativos en las puertas, imanes de letras para formar palabras en la nevera y pizarras en las que puedan expresar sus ideas o apuntar sus tareas, tanto de la escuela como de casa.

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Fuente

https://www.magisnet.com/2020/08/como-prepararnos-en-casa-si-vuelven-las-clases-online/

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viernes, 12 de junio de 2020

ACOSO ESCOLAR: CÓMO DETECTAR SI UN NIÑO SUFRE ‘CYBERBULLYING’ EN EL CONFINAMIENTO


En el Día Mundial contra el ‘bullying’, es fundamental que padres y profesores sepan cómo reaccionar ante él, aprovechando que muchos alumnos no volverán a clase hasta septiembre

Las crisis sanitaria, económica y social, y todas sus derivadas, en las que estamos inmersos nos tienen tan absortos, que, a veces, no nos detenemos a pensar en algunas realidades que se están colando en nuestras casas. Y nosotros, sin enterarnos. En este Día Internacional del Bullying, cabe señalar que el confinamiento puede hacernos creer que es un alivio para aquellos niños que sufren o han sufrido el peso del acoso escolar. Al estar cerrados los centros educativos, parece que esta lacra se esfuma, no hay enemigo con quien encontrarse, no hay que levantarse con el sufrimiento que implica saber que hay que acudir diariamente a la escuela, ese nido donde para quien lo padece crece el miedo. Los pensamos más liberados aún, con la medida anunciada por el Gobierno sobre cómo muchos alumnos no retornarán a las clases antes de septiembre. Ese tiempo que ganamos. Pero, efectivamente, el alivio es solo inicial.
Del acoso escolar al ciberbullying


Desde hace tiempo –concretamente desde que Internet irrumpió en nuestras vidas- el acoso escolar ha traspasado las fronteras del aula para colarse también en la Red y alcanzar a sus víctimas allá donde estén. Los niños que acosan a otros encontraron una nueva vía de hostigamiento para maltratar a través de las nuevas tecnologías. Es lo que conocemos como ciberbullying. Si consideramos que, desde que empezó el confinamiento, el uso de Internet había subido en un 72% a principios de abril, y que las vías de comunicación de los menores es justamente esa, podemos deducir que el acoso escolar no ha acabado. Y puede estar convirtiéndose en una tortura para muchos.

Lo cierto es que las nuevas tecnologías están permitiendo esa educación en remoto y que los niños, de mejor o peor manera, puedan superar el trimestre a través de TICS, clases virtuales, plataformas, WhatsApp -todos también canales de ciberbullying. “Hablamos todo el rato de las bondades de la tecnología como método pedagógico, pero nos olvidamos que a nadie le llaman ya la atención todas las horas que pasan los niños frente a las pantallas, una preocupación que antes del confinamiento era una constante. Pero también hay que pensar que el pasar más horas conectados a internet no solo ofrece más opciones al acosador, sino que la víctima puede estar más horas mirando lo que se ha escrito o difundido sobre él o ella”, dice Miguel del Nogal, psicólogo de la Asociación Española de Prevención del Acoso Escolar (AEPAE).

Ciberbullying durante la cuarentena
El acoso escolar y el ciberbullying no son realidades aisladas. De hecho, son un continuo que empieza en clase y acaba cuando el niño desconecta sus redes sociales. O más tarde porque el tormento a veces puede impedirles el sueño. “El ciberbullying es un canal más y la diferencia entre uno y otro es que las TICS y redes son medios masivos, que llegan en un solo click, a distancia, siendo más fácil para el acosador porque no hay una relación cara a cara. Además, puede actuar las 24 horas los siete días de la semana, de manera gratuita, sin filtros, sin administrador. Es un campo libre”, explica del Nogal. El ciberbullying se comporta igual antes y después del confinamiento, pero con matices. “Preocupan dos fenómenos: que aquellos niños que no sufrían acoso escolar, lo sufran ahora, y que el hostigamiento contra aquellos que ya eran víctimas de acoso escolar antes, se haya multiplicado ahora”.

Los perfiles de la víctima y el acosador
“El perfil de la víctima es amplio, porque puede ser cualquier niño o adolescente, que sea percibido como diferente, con rasgos tanto positivos como negativos”, explica Diana Díaz, directora de las líneas de ayuda de ANAR, Fundación de Ayuda de Niños y Adolescentes en Riesgo. “El acosador puede haber sido víctima de bullying, pero también estar expuesto a un entorno de violencia”. Pero, la característica principal es su falta de empatía y que entiende al otro como un instrumento. Y hay que añadir a un tercer grupo de actores: los observadores. “El acoso existe porque hay observadores que lo aplauden, y en este tiempo de confinamiento el público está presente desde la mañana hasta por la noche, y en tiempo real, en todas las redes”, explica el psicólogo.

Los niños acosadores conocen a sus víctimas. “Eligen a sus iguales y existe una intencionalidad. Van a esa persona, porque saben que pueden agredirla”, dice del Nogal. Para que haya ciberbullying, ambas partes “tienen que ser compañeros o alumnos del mismo centro escolar. Pertenecen a los mismos chats y foros digitales, y consiste en que uno va minimizando la importancia del otro, lo va rechazando, se burla, inventa motes y hasta amenazas. En muchos casos, la víctima acaba expulsada del grupo, lo que es una forma de aislarla y agredirla. El aislamiento presencial es muy visible, pero el telemático también está existiendo”, añade la experta de ANAR.

Esta ONG han reforzado durante la cuarentena su servicio de ayuda a través de su chat. “Hemos observado que la curva de la violencia contra los niños crece día a día durante el confinamiento”, comenta Díaz. Y, sin duda, una forma de violencia es el acoso escolar, cuyas consultas a través del chat, afortunadamente, “han bajado; hay una ligera tregua. No obstante, un 3,3% de las consultas siguen haciendo referencia al ciberbullying”. Quizá no parezca un porcentaje muy alto, pero con un solo niño que esté sometido a un tipo acoso, sea este presencial o telemático, ya es demasiado. “Por eso, no hay que bajar la guardia. Las tecnologías están siendo el escenario alternativo del acoso escolar, con todas sus posibles consecuencias: miedo permanente, ansiedad, baja autoestima, indefensión, depresión…”.
Cómo detectar las señales

Cambios bruscos en el comportamiento y en el ánimo. Pueden estar mucho más melancólicos, retraídos, sobre todo, si nunca han sido así. O al contrario, se encuentran más nerviosos de lo normal.
Cuando se quedan alterados o tristes tras su conexión a Internet. Los padres debemos estar muy atentos a sus vías de comunicación. “Hay casos en que los padres han podido descubrir que su hijo sufría acoso, al investigar sus vías de comunicación”, cuenta Diana Díaz.

Estar muy atentos a sus redes y chats. Hay padres que han descubierto que su hijo sufría acoso escolar, al investigar sus vías de comunicación digitales, durante el confinamiento, cuando vieron a su hijo comportarse de manera inusual después de cerrar el ordenador.

Más aislados aún. Si van más a su habitación a encerrarse, no quieren contactar con sus amigos, no socializan…

Síntomas psicosomáticos. No están enfermos, pero se quejan de molestias, malestar y siempre les duele algo. O si adelgazan mucho, si tienen problema con la comida o el sueño; estos son indicadores.
Cómo reaccionar frente al ciberbullying

Abrir canales de comunicación. No es fácil que los niños que sufren de acoso lo comenten, ni siquiera a sus padres. En la medida que lo hagan, habrá luz para resolverlo, pero mientras tanto es importante fomentar la comunicación familiar. “Les da vergüenza y sienten culpa. De hecho, se ha observado que tardan entre dos a tres años, de media, en contárselo a los mayores”, sostiene del Nogal. “Existe una idea preconcebida de que lo van a resolver solos y hay una sensación de fracaso”, agrega Díaz.

Darle apoyo incondicional. Es fundamental que la víctima de un ciberbullying, sepa que sus padres siempre van a estar ahí, no importa lo que pase.

Identificar los cambios serenamente. Si se recoge con demasiada ansiedad, el niño se estresa y se retrae más por miedo a las represalias.

No hacer juicio. Dejarle claro que a cualquiera le puede pasar, que no es su culpa. Tampoco pedirle explicaciones de no haberlo dicho antes.

Involucrar a toda la comunidad educativa. Las medidas a partir de que el niño lo cuenta deben ser tomadas y aplicadas en conjunto por los padres, el centro educativo y el niño. Esto es importante para que el niño sienta que está participando de las soluciones.

Enseñar un uso responsable de las redes y TICS. Nadie está a salvo de un ciberbullying, pero evidentemente las posibilidades se reducen si educamos a nuestros hijos en el uso de las TICS, sin exponerse demasiado, manteniendo medidas de seguridad digital, etc.

LA CARA AMABLE DEL CONFINAMIENTO
Pero podemos darle la vuelta a la cuarentena y fijarnos en algunos aspectos que juegan a favor. Primero, que nuestra casa es un entorno seguro. Diana Díaz opina, además, que “es una oportunidad excelente para comunicarnos más tranquilamente. Tenemos más espacios en común, lo que puede generar buenos momentos para valorar la confianza con nosotros”.

Y añade que “ahora, en confinamiento, es cuando hay que prepararlos para que a la vuelta a clases. Los niños deben contar con las habilidades necesarias y suficientes para enfrentar emocionalmente a quien le haga daño. Ese es el fin que persigue también el campamento de verano que organiza AEPAE. Ahora es buen momento porque si las vacaciones suelen ser un parón del acoso escolar y la víctima se puede sentir algo más aliviada, ahora el centro educativo está activo y también puede intervenir.




Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/05/01/mamas_papas/1588312439_219353.html

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jueves, 2 de abril de 2020

Suspensión de clases: Cómo hacen los padres de distintos niveles económicos para ayudar a aprender a sus hijos


La educación a distancia que impuso el coronavirus implica una revalorización de la tarea docente. Los testimonios de los padres dan cuenta de que el ministerio de Educación ayuda, pero los adultos manifiestan dificultades para transmitir el conocimiento como se hace en la escuela de manera presencial.


El desafío de la educación a distancia contados por padres de distintas clases. 
Las madres de todas las clases sociales reconocen el rol que el ministerio de Educación desarrolla para que los estudiantes de todos los niveles puedan seguir aprendiendo en vez de tomarse este parate en las clases presenciales como vacaciones. Pero no es lo mismo vivir en un asentamiento de San Martín, en un PH de Caballito o en un barrio residencial de Mar del Plata. Las problemáticas son distintas y PáginaI12 recogió testimonios de familias de diferente nivel socioeconómico para que cuenten sus experiencias en este nuevo oficio de acompañar de otro modo la educación de sus hijos. Lo que queda claro, más allá de las distintas situaciones, es la revalorización de la tarea docente que suele ser mirada de reojo en tiempos "normales" por una parte importante de la opinión pública.

Costa Esperanza, en San Martín
Cintia Navarro tiene dos hijos en edad escolar, en primer grado y primer año del secundario. Viven en el barrio Costa Esperanza, en el partido de San Martín, en una zona de asentamientos ubicados entre el primer y segundo cordón del Conurbano. Los ingresos de la familia provienen de la economía popular. Integrante de una organización social, Cintia trabaja en uno de los comedores que hoy preparan viandas para los vecinos. Para aprender en casa, sus hijos están completando los cuadernillos que distribuyó a través de las escuelas de la provincia el ministerio de Educación bonaerense, más una serie de trabajos prácticos. La tecnología de que disponen en el hogar es un telefóno celular.

“Tengo dos chicos, Santino de 6 años y Bianca de 12. Los dos están trabajando con cuadernillos que fui a buscar al colegio, unos cuadernillos que mandó la provincia. A Bianca, que está en primer año, los profesores le encargaron además trabajos prácticos usando el celular, cuenta.
A la mañana trabaja en el comedor, armando viandas para los compañeros que trabajan en las cooperativas. Vive  en el barrio Costa Esperanza, de Loma Hermosa, en el partido de San Martín. "En casa vivimos mi marido, mi hijo mayor, mi nuera y mis dos chicos", relata.

"En casa, los más chicos están con mi hijo mayor, que se ocupa de hacerles el desayuno", dice Bianca.  Después, ella se pone con Santino para que haga sus deberes, A la tarde, vuelve del comedor y después de que meriendan se ponen a hacer otro poquito de tarea hasta que llega la hora de cocinar. "El trabajo es más con Santi, porque está acostumbrado a salir a jugar y ahora con todo esto tratamos de entrenerlo adentro", dice. A él le dieron seis fotocopias. A Bianca, que está en primer año, le dieron mucho más, entre el cuadernillo y los trabajos prácticos.

"En casa no hay computadora, pero mi hijo tiene un teléfono celular. Igualmente lo que tienen que hacer es completar los cuadernillos, que tengo que llevar completados el 31 para que cierren las primeras notas", relata.

Y agrega: "Si tenemos alguna consulta, hay un facebook en el que contesta la directora. Los profesores hasta ahora solo mandaron los trabajos, pero cuando los fui a buscar me dijeron que cualquier duda, el directivo iba a estar en el colegio y que las maestras tenían horario para ir al colegio y contestar las consultas".

"Yo hice hasta la escuela primaria. Para ayudar a la mayor, si hay cosas que entiendo se las explica mi hermana, que terminó la secundaria. Cuando vi todo lo que le pedían, le pregunté si cuando va al colegio le daban tanto. Me dijo que sí. Yo no creí que les dieran tanto contenido", se sorprende.

Santino estaba empezando primer grado. Está trabajando con las vocales, su nombre, el apellido, los números.
"No me parece tan grave la suspensión de las clases. En casa hacen todo, la única diferencia es que acá no tienen recreo. Después, todo lo que podían llegar a hacer en la clase, lo hacen en casa.
En ese sentido no le veo mucho la diferencia ni creo que estén perdiendo el año. Después, es como estar en el colegio, pero con mamá y papá", resume. 

Caballito: la tarea pierde contra la Play
Natalia Tróccolli es de Caballito. Sus chicos van a un colegio privado, aunque es una escuela que no cuenta con tecnología que lo diferencie de una estatal.  De hecho, indica ella, las tareas para hacer en casa están pensadas para resolver en papel. La presencia de los docentes se limitó, hasta ahora, a enviar las tareas que semanalmente los chicos deben resolver, en una casa donde tanto la madre como el padre hacen teletrabajo. 

"La escuela en casa cuesta. Por lo menos a mi hijo, que no lo ve como algo obligatorio... aunque a él le gusta hacer la tarea, de eso no me puedo quejar, el tema es convencerlo de que se siente. Tiene siete años,  lo que piensa es que está de vacaciones, todo es vía libre: la play, la comida... todo se desorganiza con esta cuarentena", dice.
Sobre la rutina de los adultos, agrega: "Mi marido está haciendo home office y yo también. Me pasa que hay cosas del trabajo que tengo que suspender para hacer la comida, o porque los chicos me demandan algo y luego termino trabajando más horas, porque todo se atrasa. No hay una rutina".

Respecto de la dinámica del colegio, dice: "Nos manda las tareas semanales. El tema es que la impresora de casa se quemó, entonces se nos está haciendo complicado tener las tareas en papel. La metodología del colegio no está tan buena, porque no permite que trabajen on line y no podés copiar en el cuaderno de los chicos la cantidad de cosas que les mandan. Hay cosas que hace a medias... la realidad es que yo tampoco me vuelvo loca, porque está en segundo grado. Trato, sí, de que practique... pero ¡qué se yo! No es tan fácil".

Su preocupación es que "los docentes no están en línea. El colegio puso algunos canales interactivos, donde los nenes pueden subir cosas, por ejemplo la maestra de segundo grado nos encargó hacer un escudo familiar en contra del coronavirus y subirlo a una página, pero no es en línea. De hecho, yo le subí la foto a la página y le puse 'hola seño, te extrañamos mucho'... ni me contestó. A algunos contesta, a otros no...". 

Se queja de que "el colegio de mis hijos es muy básico: no tiene mucha tecnología, no es doble jornada sino jornada simple, no está muy modernizado, más allá de que todas las informaciones sean por mail. Pero supongo que a los docentes todo esto los tomó por sopresa y están haciendo lo que pueden. Es mi primer experiencia con la escolaridad, porque mi hija menor tiene cuatro años, no tengo otros colegios con los que comparar, qué se yo".

Sobre los contenidos en tele, afirma: "De los recursos subidos por el gobierno a internet o la tele, algunos usamos. Vimos programas de TV y mi marido entró a la página web con el más grande. Igual, mi nene está en una edad bien complicada para la escuela virtual: toda la sala, todo segundo grado está en la play. Es así..."

Cuenta que "Nosotros armamos una rutina. Nos levantamos a las 8, y si fuera por él a las 8 y un minuto estaría conectado a la Play. Tuvimos que ponerle un poquito de horarios, que juegue de doce a una, porque si no...  y encima el Fornite que no me gusta mucho... pero también es que no podés decirle que no: si nosotros estamos trabajando, ¿él qué puede hacer? Está encerrado, no puedo entretenerlo porque estoy trabajando... y bueno. Esperemos que esto termine y vuelva todo a la normalidad".

Mar del Plata: "No es fácil lidiar con los berrinches y el enojo"
"Cuesta un montón porque las mamás no tenemos el vínculo pedagógico que tienen las docentes, con otro distanciamiento: venimos atravesadas ya por todos los conflictos que genera la cuarentena, los enojos y berrinches... generar un espacio para sentarse a hacer las tareas no es fácil" apunta Claudia Barrenechea, periodista de Canal 10, de Mar del Plata. Vive en un barrio residencial de La Feliz en el que todos tienen conectividad plena y acceso a la tecnología y puso tomarse licencia para cuidar a los hijos. Su hijo Iñaki está en primer grado de una escuela privada: "no había llegado a completar la adaptación al nuevo ciclo cuando le tocó, de sopetón, aprender en casa", define la mamá. Su estrategia es disfrazarle de juego gran parte de lo que tiene que enseñarle.

"Hay que regular el uso de los dispositivos electrónicos, que ahora están al alcance de la mano las 24 horas, y hacerlo lidiando con otras angustias, como que extrañen al papá, que es grupo de riesgo y como estamos separados vive en otra casa, o a toda la red de cuidados que formaban parte de su cotidianeidad cuando yo iba a trabajar. Ahora estoy en uso de la licencia que dio el gobierno para cuidarles", detalla.

"Creo que ni los docentes ni los padres teníamos las herramientas para abordar el aprendizaje en casa. Es algo que se va tratando de acomodarse sobre la marcha. Por ejemplo, estamos trabajando con una plataforma, de la escuela, pero que ninguno de nosotros sabe usar, entonces nos llegan los videos reenviados por otra familia, desde el grupo de padres en whatsapp. Con dificultad y a cuentagotas nos llegan videos, planillas con tareas, que nos piden que reenviemos por mail para hacer correcciones. Aula virtual no hay.

"En general, lo que mejor me funcionó es sacarme las dudas en el grupo de familias, en whatsapp sobre cómo resolvieron las tareas. Al principio nos mandaban todo para imprimir; yo, por ejemplo, vivo en un barrio alejado del centro de Mar del Plata y no tenemos impresora en casa. Imprimir las hojas para hacer las tareas era imposible, era ponerse a copiar a mano, pero los recuadros para completar eran inviables... y estamos hablando de un sector social en el que contamos con conexión a internet" sostiene.

"En casa, lo que trato de hacer es adaptar los conceptos que mi hijo tiene que aprender a situaciones de la cotidianeidad. Nosotros ya habíamos empezado a usar un almanaque para orientarnos en tiempo y espacio y después nos mandaron tareas vinculadas. También ejercicios de matemático. Yo trato de correr la situación de la evocación áulica y proponer con escenas más cotidiana la reflexión; por ejemplo cómo se mide el tiempo, o para que nos sirven los calendarios. Lo que veo es que tengo que sacarlo de la planilla para que preste atención. Le estoy dedicando unas dos horas por día a trabajar con lo que pide la escuela, aunque no todos los días. Trato de que pasen, disfrazadas, muchas situaciones de aprendizaje, como pedirle que me ayude a hacer el listado de lo que hay que comprar", detalla.

Lo cierto es que en todas las clases sociales, lo más probable es que la suspensión de clases por la cuarentena haya resignificado para los padres el rol de los docentes, no suelen contar con el apoyo de una parte importante de la opinión pública.




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