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sábado, 5 de diciembre de 2009

La televisión y nuestros hijos

Como madre de familia estoy muy preocupada por el tiempo que pasan nuestros hijos frente a un televisor, muchas veces es mayor que el tiempo que pasan estudiando, leyendo un buen libro, jugando o practicando algún deporte.

Me parece una muy buena idea la de acostumbrar a nuestros hijos a no ver televisión entre semana y mejor fomentar la lectura o que practiquen algún deporte. Es más fácil crearles este hábito desde pequeños.


Si ya hay hijos adolescentes, no pensemos que ya se perdió todo, estamos a tiempo aún, debemos hablar con ellos sobre los programas que pasan en la televisión, así como los contenidos de los anuncios; explicarles que hay cosas que no es sano verlas ni ponerles atención; formarles un criterio para que ellos sepan elegir bien qué ver y qué no ver. Motivarlos a tener un horario para ver televisión, seleccionando programas que de verdad tengan un buen contenido y en los cuales aparte de entretener les deje algún aprendizaje.


Jokin de Iralda en unos de sus artículos compara al televisor con una nevera. Me gustó mucho esta idea de ver al televisor como una refrigeradora, la que sólo se abre cuando es necesario. Así debemos educar a nuestros hijos, a ver sólo el televisor cuando salga un buen programa, de preferencia que tenga un contenido educativo. Que sólo lo enciendan a determinadas horas y por un tiempo determinado. Encendamos el televisor de la misma forma en la que abrimos una refrigeradora. Cuando abrimos una refrigeradora sacamos sólo lo necesario y cerramos la puerta, y no la dejamos abierta por horas, y volvemos a abrirla sólo cuando necesitamos sacar algo más.


Aquí tres consejos sobre el uso del televisor:

1.- No es bueno tener televisores en las habitaciones, porque no podríamos controlar el uso de éste, se pueden quedar viendo televisión hasta altas horas de la noche; afectándoles así su descanso y rendimiento académico por falta de sueño. Aparte de que no podríamos estar al tanto de qué tipo de programas puedan estar viendo nuestros hijos, y no nos podemos arriesgar a que vean programas no aptos para su edad o con un alto contenido de violencia o de sensualidad.


2.- Tener un solo televisor en una sala familiar, donde se pueda compartir y se pueda tener más control del uso de éste. Esto nos sirve también para que ellos aprendan a negociar, tratándose de poner de acuerdo sobre qué programa, de los permitidos, se podrá ver en ese momento.


3.-Poner horarios y programas. Así como hacemos un horario de estudio, así debemos tener un horario para ver televisión, no pueden ni deben pasar viendo televisión todo el día. Es de suma importancia elegir programas, no nos podemos sentar a ver televisión sin saber qué programas podrían estar pasando. Debemos buscar programas y canales didácticos, que les dejen mensaje y un poco de enseñanza a nuestros hijos.


Es muy importante unirnos como padres para presionar a las televisoras a que mejoren los temas de sus programas. A que tengan mayor cuidado con la publicidad que sacan en horarios infantiles. También debemos pronunciarnos con las agencias de publicidad para que cuiden el contenido de sus anuncios y contraten sólo horarios nocturnos para pasar los anuncios que no sean aptos para niños.


Pero lo más importante es no considerar la televisión como parte de la diversión familiar o la única diversión familiar, siempre busquemos otras actividades más educativas y formativas para nuestros hijos.


 


Georgina González de Padilla*

Miércoles, 21 de Octubre de 2009

*Máster en Educación Familiar. georgina.padilla@gmail.com

http://www.elsalvador.com/


 


 

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jueves, 26 de noviembre de 2009

Televisión familia y educación

         Hace algunos días, la academia de Educación de Argentina dio a conocer un pronunciamiento fuertemente crítico sobre  los efectos negativos del contenido de los programas televisivos sobre la sociedad.

         Especialmente estos efectos se dan  en mayor grado entre los sectores de "menor nivel educativo, los niños y los jóvenes", dice su declaración.


         Esta expresión de la Academia, es para reflexionar, también se refiere a "que en vez de ser el gran aliado de la educación, los medios son muchas veces su principal adversario".


         Un miembro de dicha Academia, Julio Labaké, tocó un punto esencial. Apunta al corazón de la justificación mediática de por qué se pasa o no un programa, al decir que "hay confusión entre el interés público y el consumo de la gente .lo que se consume no necesariamente es de interés público" y "no se le da al público lo que el público pide, sino aquello que se le acostumbra a pedir".


         Hubo consenso en la Academia en que los padres son "responsables y permisivos" frente a la vulgaridad y la pobreza e los contenidos televisivos y que muchas veces "renuncian al ejercicio de una autoridad sana".


         ¿Cuántos informes y pronunciamientos similares podríamos citar? . Muchos y de todas partes, incluso de nuestro país. Un informe elaborado por profesores de comunicación de la Universidad de Arizona señalaba años atrás que las escenas de contenido sexual son cada vez más frecuentes en las programaciones de las cadenas de televisión estadounidenses, en las que casi se ha duplicado su presencia en  los últimos siete años.


         El estudio se basa en un análisis de 1154 programas y fue realizado por encargo de Kaiser Family Foundation, de California.. La investigación mostraba algo que se ha ido extendiendo como un tsunami: en las horas de máxima audiencia es cuando se pone en pantalla la mayor cantidad de escenas con sexo, dado que un 92% de ellas muestran relaciones amorosas o algún tipo de referencia verbal  al sexo.


         Las seriales, tanto las humorísticas como las de estilo dramático, lo hacen en un 87%.El informe señala que hacia el año l998, las referencias y escenas de contenido sexual en la TV eran algo más de tres cada hora. Ahora están en el orden de las seis, antes en un 56% de las emisiones aparecían escenas o referencias sexuales, subiendo ahora al 70%.


         Este informe, cuyas conclusiones no eran en realidad ni novedosas ni exclusivamente estadounidenses, no hacía sino mostrar la exacerbación y deformación del sexo en la cultura actual, produciendo un divorcio entre sexo y amor entre el acto físico y la esfera moral.


         Por lo tanto, no nos puede extrañar el aumento de los embarazos en niñas y adolescentes, la baja en la edad del inicio sexual y el desborde permisivo que sobre esto hay muchas veces desde los propios hogares a los medios.


         Ni que decir, que la violencia, el sexo, el éxito a cualquier precio y los modelos trastocados de conducta humana, hacen un cóctel "molotov" que explota día a día en las diferentes sociedades del mundo.


         Es que estamos ante un verdadero asesinato del carácter de los niños y adolescentes, si por carácter entendemos destino.  El carácter que se forje en la juventud determinará su futuro y condicionará el de los que vendrán después de ellos. Si ese carácter fue mal formado, el resultado será una vida con dificultad de personalidad y relacionamiento.


         Lo fácil sería decir que la "TV es mala". O que tal o cual personaje o programa es culpable de transmitir valores perversos. Pero, en realidad el problema de la formación y educación de los niños y adolescentes es un deber prioritario que empieza en la familia y sigue en la escuela.


         Es la crisis de la familia y la decadencia de la educación que empiezan por la pobreza de su contenido filosófico y  valórico lo que le dio poder extralimitado a los medios como la televisión como formadores o deformadores del carácter.


         En México como en otras partes del mundo, un niño en edad escolar, pasa más horas delante de una pantalla de televisión que en la escuela, incluso la mayoría hace sus tareas frente al aparato.


         Una familia desunida y conflictiva y una paternidad de liderazgo espiritual, moral y afectivo débil o inexistente, una escuela que no transmite valores espirituales y éticos arrojan a los niños y adolescentes a un mundo confuso donde el mal se disfraza del bien, donde todo lo sagrado es ridiculizado y donde permanentemente estamos cruzando límites  y  cada nueva invasión es justificada por la anterior.


         Estamos creando modernos Frankestein a los que nada detendrá. Hay un viejo y conocido refrán que dice que el que siembra vientos cosecha tempestades.


         La responsabilidad del contenido de los medios es de nosotros los ciudadanos, por lo tanto a actuar.


 


© Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez para Informe Uruguay


http://www.uruguayinforme.com/news/30102009/30102009_daniel_gorosito_educacion.php


 


 

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