martes, 27 de agosto de 2019

El teléfono móvil no es ni debe ser un juguete para los niños


¿Para qué quieren los niños teléfono móvil?
Una madre nos escribe preocupada porque descubre, por casualidad, que su hija de apenas 7 años recibe mensajes SMS de un desconocido en su teléfono móvil. El desconocido la invitaba a tener sexo y le explicaba lo que eso significaba, con palabras sencillas para que la niña entendiera.
La madre le quitó el teléfono, intentó averiguar quién era la persona, pero no lo consiguió. Regañó a su hija por haber entablado tal conversación, y le prohibió incluso a que accediera a Internet. Se culpabiliza por no haber tenido más cuidado con eso. Y yo sigo preguntándome: ¿Para qué quieren los niños pequeños teléfono móvil?

¿Necesitan los niños un teléfono móvil?
Mi hija de 10 años también me pide un móvil repetidas veces. Le pregunto para qué, y ella me dice que por que sí. Que porque se puede sacar fotos, divertirse con los juegos, y llamar algunas veces a las amigas que ya tienen móviles.
Para decir la verdad, nada de lo que diga mi hija me convence. No considero conveniente que los niños dispongan de teléfono móvil. No lo necesitan para nada, en absoluto. Lo que sí creo es que se ha creado un círculo vicioso entre todos los niños del colegio, y peor, con la firma de algunos padres. Como a mi amiga se le ha comprado uno, a mí también me lo tenéis que comprar, y así se forma una corriente sin sentido alguno.
¿Los niños tienen la capacidad y responsabilidad suficientes para hacer un uso adecuado de un teléfono móvil? Pues creo que no. No entiendo qué hace una niña de 7 añitos con un aparato por el que puede recibir todo tipo de mensaje, spam, etc. No hay cómo controlar las llamadas que una niña pueda recibir en su móvil. Supongo que los padres no estarán ni podrán vigilar estas entradas las 24 horas del día. El control debería ser de la niña, pero si no está preparada para ponerlo en práctica, no debe tener un móvil ni nada que no lo necesite de verdad.
Tenemos que tener más control sobre todo lo que regalamos a nuestros hijos. Un móvil no es un juguete. Los modismos muchas veces nos hacen cometer grandes errores. Errores que pagarán nuestros hijos, los que aún no tienen la capacidad ni la razón para decidir. Se debe evitar todo el consumo por capricho, y establecer límites, siempre.
Debemos demostrarles que si no tenemos el coche que tiene el vecino no quiere decir que seamos peores personas que ellos. Respeto a los padres que regalan un móvil a sus niños, a los que por alguna necesidad (enfermedades, urgencias) les enseñan a hacer un uso responsable del aparato. Pero también respeto a los que como yo, enseñan a su hijo que para vivir no se tiene que crear demandas. Ellas vendrán cuando tengan que venir. En fin, todo es muy relativo.


Por Vilma Medina Directora de Guiainfantil.com

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domingo, 25 de agosto de 2019

El reggaeton es perjudicial para el desarrollo cognitivo de los niños


Por qué no debes dejar que tu hijo escuche reggaeton antes de los 12años
'Baby, tú no eres la primera pero eres la verdadera'... Dejando atrás el contexto machista de las canciones de reggaeton¿tú crees que un niño de 5 años está preparado para recibir este tipo de mensajes? ¿Qué podrá entenderlos? No, claro que no. Muchos niño cantan sin saber qué están diciendo este tipo de canciones. Pero aunque no lo creas, claro que dejan huella en ellos. Más de lo que imaginas.

La psicóloga mexicana Daniela Muñoz no ha dudado en dejar claro al fin cómo afecta este tipo de canciones a los más pequeños. Ella lo tiene muy claro: el reggaeton es perjudicial para el desarrollo cognitivo de los niños.Te explicamos por qué. 
Por qué el reggaeton no es bueno para los niños pequeños
Las declaraciones de la psicóloga Daniela Muñoz son claras y contundentes: un niño de 5 años no está preparado para entender cierto tipo de frases ni contextos que además afectan de forma negativa a su desarrollo cognitivo. Y es que las canciones hipersexualizadas no están escritas, evidentemente, para un público infantil. Sin embargo, ellos las escuchan a diario, y sí, como tienen ritmo y son fáciles de recordar, las terminan cantando.
Pero... ¿por qué resultan tan dañinas estas canciones para ellos? (No todas, obviamente, no se trata de generalizar). Porque estas canciones necesitan de un desarrollo cognitivo adulto para poder entenderlas, desarrollo que los niños aún no alcanzaron. De hecho, intentar hacer entender a un niño este tipo de canciones, lo único que hace es destrozar suritmo natural de desarrollo cognitivo.
La etapa que va de los 6 a los 12 años es muy importante en cuanto  la asimilación de valores y patrones sociales. Los niños comienzan a entender el significado de ciertos valores: solidaridad, empatía, amistad. Para asimilarlos, buscan un patrón de referencia. Los padres suelen ser los primeros en los que los niños se contemplan.
Pero... ¿qué ocurre cuando de pronto se sienten 'absorbidos por mensajes muy diferentes que le llegan a través de canciones como el reggaeton o el trap? Que los absorben igualmente. El daño que les puede causar es mayor del que imaginamos.
¿Qué tipo de valores asimilan los niños a través de estas canciones?:
a) ¿El éxito se basa en tu aspecto físico?
b) ¿Las mujeres son juguetes de los hombres?
c) ¿A más dinero y bienes materiales más felicidad?
d) ¿Dominar a otras personas te hace más poderoso e importante?
Para intentar evitar esto, la comunicación en la familia es esencial. Los padres deben ser el referente de sus hijos e inculcar valores fuertes y positivos desde que son pequeños.
5 razones para no dejar que tu hijo escuche reggaeton antes de los 12 años
La psicóloga mexicana insiste en que todo tienen una edad. También la música y los mensajes que recibimos a través de ellas. Y ella ha marcado el límite: los 12 años. Según Daniela Muñoz, los niños no están preparados para asimilar los mensajes que les llegan a través del reggaeton hasta que alcanzan esa edad. Escucharlas con frecuencia antes puede tener estas consecuencias:
1. Angustia. La mayoría de canciones del reggaeton presentan unos modelos de sociedad inalcanzables. Esto, a la larga, provoca ansiedad y frustración.
2. Confusión en su escala de valores. Muchas de las canciones de reggaeton son violentas y sexistas. Los valores que transmiten son totalmente opuestos a los de una sociedad tolerante, igualitaria y respetuosa.
3. Hipersexualización. No todas, evidentemente, pero hay que reconocer que en la mayoría de letras del reggaeton, la mujer no es que se encuentre en el mejor lugar. En muchas de estas canciones, se incita a la mujer a hipersexualizarse, ya que según defienden, es su valor más fuerte.
4. Problemas de autoestima. La confusión de valores crea en los niños problemas de autoestima. No saber cuál es el camino correcto sólo provoca confusión y ansiedad.
5. Desarrollo precoz. En la medida en que los niños no están preparados para asimilar este tipo de mensajes, les incitan en cierta manera a 'correr', a intentar acelerar su desarrollo para poder comprender estas canciones. Se rompe de esta forma el ritmo natural en su desarrollo cognitivo.
Es cierto que entre los 7 y 12 años es cuando los niños comienzan a entender su entorno y utilizan la lógica para ello. Pero hasta los 12 años no entienden que el reggaeton no es más que una expresión artística dirigida a un público determinado.



Por
Estefanía Esteban Periodista

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jueves, 13 de diciembre de 2018

NIÑOS Y TECNOLOGÍA: DE LA CULTURA DE LA TEMERIDAD A LA DE LA PRECAUCIÓN


¿Por qué no se pide a las empresas tecnológicas que hagan la prueba de los beneficios educativos de sus productos o de su inocuidad para la salud de nuestros hijos?
Francia quiere proteger a los bebés de móviles, tabletas y televisores con un etiquetado en los embalajes que advierta de los problemas de salud que los más pequeños pueden sufrir por la exposición a estas pantallas. Esa proposición de ley, ya aprobada en el Senado, pero que aún debe ser votada en la Asamblea Nacional, busca obligar a los fabricantes de esos dispositivos a que incluyan un aviso sobre los riesgos para el desarrollo durante la primera infancia (de 0 a 3 años).

¿Medida exagerada? Tenemos pruebas de los riesgos que puede tener el consumo de pantalla en los niños: merma de la atención, aumento de la impulsividad, disminución del vocabulario, etc. Basándose en esos estudios, las principales asociaciones pediátricas recomiendan que los niños de menos de 2 años no estén expuestos a las pantallas, y que los de entre 2 a 5 años no lo estén más de una hora al día. Pero, ¿son suficientes esos estudios?, ¿son exageradas esas recomendaciones? ¿Implica necesariamente que un niño (el mío o el suyo) que usa la tecnología tenga todos esos problemas? ¿Todos los niños que usan tecnología siempre sufrirán esos problemas? Si solo hablamos de riesgos, ¿es un motivo suficiente para prohibir, o para regular a las empresas que diseñan esos dispositivos?
En realidad, de lo que se trata, es mucho más amplio y complejo que de responder a la pregunta de lo que ocurrirá con seguridad si mi hijo usa un dispositivo de forma puntual o continuada. Se trata de entender la diferencia entre la cultura de la temeridad y la de la precaución.
En 1986, el transbordador espacial Challenger explotó 73 segundos después de su lanzamiento al espacio, ante la mirada horrorizada de millones de americanos que seguían el despegue en directo. Fue el accidente más grave en la historia de la conquista del espacio. Murieron siete personas, de las cuales una no era astronauta: Christa, una maestra de primaria que había sido elegida para participar en un programa educativo que consistía en dar clases a los niños americanos en directo desde el espacio. Una idea “innovadora”, que tenía como objetivo la revitalización del interés general por la educación.
Poco después, se creó una comisión Presidencial de investigación para indagar en las causas de la explosión. La comisión estaba formada por personas, o bien afines, o que se debían al Gobierno americano o a la NASA. Solo un miembro era complemente independiente: Richard Feynman, Premio nobel de física. El informe de la comisión fue criticado por ser demasiado complaciente a los intereses de los que lo habían encargado. Algunos ingenieros que estuvieron participando en las pruebas preparatorias de la misión sabían que la explosión no fue un incidente fortuito, sino que fue la consecuencia de varias negligencias serias que se habían identificado antes del despegue. Esos ingenieros intentaron dar fe de esas negligencias durante la comisión presidencial, pero fueron callados, ignorados por los medios, uno incluso fue despedido de su trabajo. Años después, cuenta la verdad en reportajes que ya no son noticias. Y se puede leer la apreciación de los hechos de Robert Feynman en un texto que fue relegado al Apéndice F del informe de la Comisión. Pero, ¿qué es lo que pasó antes del despegue del Challenger?
Los ingenieros ya habían advertido del riesgo de explosión de unas juntas llamadas O-Rings, dada la escasa capacidad de dilatación de esas juntas en presencia de cambios extremos de temperatura. Ante previsiones de temperaturas muy bajas en víspera del despegue, advirtieron del riesgo de explosión, pidiendo un atraso del lanzamiento hasta encontrar una solución al problema de las gomas.
Entonces ocurrió algo inédito. Los altos mandos de la NASA retaron a los ingenieros que recomendaban no despegar, de hacer la prueba de que la nave iba a explotar. Los ingenieros podían proporcionar pruebas del riesgo de explosión de la nave, pero no podrían probar, fuera de toda duda razonable, que la nave iba a explotar. Para entenderlo mejor, es como si la NASA dijera: “Si hay un X % de posibilidades de que explote, no es suficiente para parar el lanzamiento, solo pararemos la misión si nos prueban que el riesgo de explosión es del 100%.” En definitiva, lo que hicieron los altos mandos de la NASA fue, ni más ni menos, invertir el peso de la prueba. ¿Por qué lo hicieron?
Hacía años que el gobierno no había cumplido con una misión espacial y estaba siendo criticado por ello por la prensa. La maestra debía dar clases desde el espacio en días lectivos, retrasar el vuelo hacía caer esas clases en días de fin de semana. El subcontratista de los O-rings no quería quedar mal con la NASA, la NASA no quería quedar mal con el gobierno, y el gobierno no quería quedar mal con la ciudadanía. En definitiva, las expectativas políticas, mediáticas y sociales eran grandes: había presión por cumplir. Y los riesgos eran trabas, obstáculos. Incómodos para los intereses particulares de todos los actores involucrados. La única salida para el despegue: invertir el peso de la prueba.
En su informe, Feynman va más allá y dice que la NASA estuvo sistemáticamente infravalorando los riesgos, que la decisión de incluir a la maestra en la tripulación se tomó con frivolidad, ya que la nave Challenger no era un vuelo comercial, sino una misión experimental. Contrasta la evaluación del riesgo de catástrofe que manejaban los altos mandos de la NASA con la de los ingenieros. Los altos mandos decían que había una posibilidad de catástrofe de 1 sobre cada 100,000 despegues, mientras que los ingenieros hablaban de 1 sobre cada 200. Esa discrepancia de criterio era consecuencia lógica de una cultura en la que no se quería acoger malas noticias, sino solo las buenas -las que beneficiaban a la reputación de la NASA y al Gobierno en la opinión pública-, lo que dificultaba el realismo en la toma de decisiones. Feynman escribe en su informe:
“Es preciso hacer recomendaciones para que los altos mandos de la NASA vivan en un mundo de realidad. Comprender los puntos débiles y las imperfecciones de la tecnología permiten intentar eliminarlos activamente. La NASA se debe a los ciudadanos, de los que pide apoyo, de ser honesto y de dar toda la información, de forma que esos ciudadanos puedan tomar buenas decisiones para la asignación de sus limitados recursos”.
Cuando leo sobre esa historia, no puedo impedir hacer paralelismos con la introducción masiva de las tecnologías en la infancia. No porque piense que algún dispositivo tecnológico vaya a explotar en las manos de nuestros hijos, sino por la inversión del peso de la prueba de un experimento a gran escala. No se pide a las empresas tecnológicas que hagan la prueba de los beneficios educativos de sus productos, o de su inocuidad para la salud de nuestros hijos, sino que se exige a los que invitan a la precaución y a la prudencia (llamándolos “tecnófobos”) que hagan ellos la prueba del daño. Y como la ciencia es muy costosa y muy lenta, y la obsolescencia tecnológica es muy rápida, las evidencias siempre llegarán tarde. Llegarán cuando esa tecnología sea obsoleta y dé paso a otra a la que tampoco verán necesario probar sus bondades o su inocuidad. Y el daño, ya estará hecho.
En realidad, lo que ocurre es que somos a la vez sujeto y objeto de la ciencia, somos a la vez juez y parte de la investigación. Si nos estudiamos a nosotros mismos, entonces ¿no hay peligro de carecer de objetividad en enfocar la investigación y en acatar sus resultados? Quizás esa paradoja puede explicar que nos cueste tanto ser objetivos en encarnar la “sana duda” y que nos resulte tan incómodo hacernos preguntas arriesgadas. Quizás explica que nos cueste tanto creernos los resultados de las investigaciones, o nos cueste tanto difundirlos cuando suponen grandes cambios en nuestros estilos de vida o desautorizan nuestras opiniones o nuestras mayores ilusiones. “No me lo creo”, decía aquel tras leer un informe sobre el cambio climático. ¿Cómo llamar al que ignora o no quiere saber, pero, pese a ello, no duda en actuar? Temerario, sin más. Y cuando hay intereses económicos de por medio, todo se vuelve aun más borroso.
El Premio Nobel Feynman apunta a un fallo entre los datos proporcionados por la ciencia y la toma de decisión de los que gestionan los recursos económicos. Concluye su informe con un llamamiento a la cultura de la precaución: “Para que una tecnología sea exitosa, la realidad debe prevalecer sobre las relaciones públicas, porque la naturaleza nunca puede ser engañada.”


Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/12/04/mamas_papas/1543913018_274281.html
Por
CATHERINE L'ECUYER
Investigadora y divulgadora de temas relativos a la educación y autora de Educar en el asombro y de Educar en la realidad.

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viernes, 23 de marzo de 2018

DECÁLOGO PARA IMPULSAR LA PARTICIPACIÓN DE LAS FAMILIAS


Diez propuestas para avanzar hacia una participación más democrática y eficiente.
Las familias no forman parte del problema sino de la solución; y, por tanto, familia-escuela están condenadas a entenderse. Mal andamos si no partimos de estas dos premisas. Ello exige alianzas, sinergias y complicidades para compartir, cooperar y participar en todo aquello que contribuye al bienestar de la infancia, a la mejora de la enseñanza y a la transformación educativa. Para ello tienen que buscarse formas para conocerse mejor y para ponerse en la piel del otro. Hay centros que lo facilitan o se resisten a ello. Veámoslo con un ejemplo sobre las entradas y salidas. Hay situaciones en que las familias aguardan a sus hijos en la calle, tras la verja del patio. En otras se alcanza franquearlo y llegar hasta la entrada del edificio. Y las hay que incluso pueden permanecer un rato en el aula y a menudo se les invita a colaborar en distintas tareas complementarias y de acompañamiento. ¿Y por qué no tienen derecho a disponer de un espacio propio, al igual que existe la sala de profesores? ¿Acaso ello no enriquecería el contacto entre las familias y con el centro? Diversas investigaciones muestran que los vínculos, con frecuencia, se refuerzan más en momentos y espacios no formales que en las reuniones al uso.

Son varias las razones que explican las dificultades de la participación por parte de los diversos actores educativos. Una tiene que ver con estas preguntas: ¿Mi participación será efectiva? ¿Podré intervenir en la toma de decisiones? ¿Y lo que se decida, será importante? El tiempo es escaso y a nadie le satisface perderlo sintiéndose como un convidado de piedra o un comparsa de lo que otros deciden. Pongamos que hablamos, por ejemplo, de los consejos escolares o de otros órganos de representación formal en que padres y madres -por no hablar del alumnado- perciben que los debates ya han tenido lugar en otras instancias y que los acuerdos ya han sido prácticamente cerrados: solo se les pide su ratificación. Y poco más. La disyuntiva es clara: ¿Se sigue apostando prioritariamente por meros organismos de representación formal o estos u otros logran transformarse en organismos vivos de participación sostenible y de profundización democrática?
¿Cómo avanzar hacia esta necesaria colaboración familia-escuela mediante esta nueva dinámica democrática? A título ilustrativo mencionamos diez puntos que afectan de lleno al porvenir de las escuelas.
  1. 1. A favor de la inclusión y contra toda segregación. Es responsabilidad de todos los actores de la comunidad educativa velar por que se haga efectiva la igualdad de oportunidades y la equidad; para evitar que el centro se convierta en un gueto o que promueva la estigmatización y clasificación del alumnado; y para combatir cualquier discriminación en razón de sexo, etnia o ideología con el objeto de garantizar el pluralismo y la inclusión.
  2. Calidad de la enseñanza. Un principio que tiene que ver con las ratios en las aulas, el tamaño del centro, con los diversos equipamientos, servicios y recursos. También con la suficiente dotación y formación del profesorado y de otros profesionales para atender las crecientes necesidades psicosociales del alumnado.
  3. Educación a tiempo completo. La enseñanza no se reduce al currículo sino que incluye el conjunto de las llamadas actividades extraescolares o complementarias. Todo ello forma parte del derecho a la educación y la comunidad tiene la responsabilidad de hacerlo efectivo en todos los centros escolares, y de modo especial en los que optan por la jornada continua.
  4. Expansión del proyecto educativo a todo el territorio. Porque, en cierto sentido, también este forma parte del aprendizaje situado que conecta con la realidad. De ahí la importancia de movilizar todos los espacios, servicios, actores y oportunidades educativas. Que no son pocas.
  5. Intercambio de conocimientos. Se basa en la idea de trueque y en el principio de reciprocidad en el que se intercambian tiempos, saberes y habilidades entre docentes, alumnos, padres y madres y cualquier vecino mediante una red territorial en la que se cubren necesidades y ofertas. Al propio tiempo también se modifican los roles.
  6. Deberes y tareas compartidas. Se trata de compartir en casa y en familia lecturas, visionados de películas y documentales, diarios de viaje, libros de vida e historias familiares, preguntas y consultas en torno a proyectos u otras actividades escolares. Siempre con el propósito de hacer partícipes a los padres del proceso de enseñanza y aprendizaje.
  7. Espacios más ricos y diversificados. Pensar en una escuela más verde y sostenible, con energías renovables, una alimentación más sana con productos de proximidad y una mayor presencia de la naturaleza. En este sentido convine una transformación radical de los patios para optimizar sus posibilidades como espacio de juego, aventura, encuentro y aprendizaje.
  8. Escuela de madres y padres. Promover su formación permanente para establecer puentes entre la educación escolar y familiar a través de espacios de debate sobre cuestiones relevantes, dinámicas grupales, servicios de asesoramiento y orientación y otro tipo de ofertas en colaboración con las entidades del territorio.
  9. Comunicación virtual y presencial. Hacer un buen uso de los canales de las redes sociales no solo para facilitar información sino también para intensificar la comunicación. Y, al propio tiempo, buscar nuevas fórmulas atractivas para las reuniones presenciales, complementadas con manifestaciones artísticas o presentación de nuevos materiales y trabajos escolares.
  10. Comisiones mixtas. La mejor forma de trenzar vínculos entre familia-escuela es la de compartir espacios de debate, propuestas y toma de decisiones en torno a los más diversos ámbitos del centro: actualización del proyecto educativo, programación de actividades, gestión del comedor, inventario de necesidades y mejoras, transformación del patio escolar,…
Pueden ser estas diez u otras veinte. En cualquier caso, lo imprescindible es potenciar la democracia participativa y compartida de los actores educativos.



Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/pedagogiasxxi/2018/03/21/decalogo-para-impulsar-la-participacion-de-las-familias/
Por
Profesor de Sociología de la Educación y miembro del grupo de investigación de la Facultad de Educación de la Universidad de Vic (Barcelona). Es además director de la revista mensual "Cuadernos de Pedagogía" de la que forma parte de su equipo de redacción desde su primer número en enero de 1975.


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miércoles, 7 de marzo de 2018

PARTICIPACIÓN DE FAMILIAS Y DIÁLOGO IGUALITARIO FRENTE A LA VIOLENCIA


Convertir las escuelas en lugares de tolerancia cero ante cualquier violencia, en los que lo que se dice y se hace están en consonancia, es primordial.
A lo largo de estos días he podido leer muchos mensajes de apoyo y solidaridad a las víctimas y rechazo a cualquier tipo de violencia por personas de diferentes culturas o religiones que dan esperanza en momentos tan duros como este y que rechazan aquellos mensajes islamofóbicos sin ningún argumento de validez. Estos mensajes de solidaridad y rechazo a la violencia son un ejemplo de convivencia pacífica entre culturas que muestran que sí que es posible una sociedad democrática, libre y diversa.

Me preocupa pensar que ahora en las escuelas venga una “oleada de ocurrencias” para trabajar la prevención del terrorismo. En momentos así, más que nunca es necesario aplicar aquello que está demostrado por las investigaciones de primer nivel para prevenir la violencia y conseguir escuelas inclusivas.
Las escuelas que son comunidades de aprendizaje aplican actuaciones de éxito dirigidas a la transformación social y educativa. Este modelo educativo está en consonancia con las teorías científicas a nivel internacional que destacan dos factores claves para el aprendizaje de todos y todas sin exclusiones: la participación de las familias y las interacciones. Pero no cualquier tipo de interacciones sino aquellas que tienen presente los principios del aprendizaje dialógico como son el diálogo igualitario, la inteligencia cultural o la igualdad de diferencias tan importante cuando se trata de atención a la diversidad de culturas, género, religión…
No es cuestión de “hablar más” de valores democráticos o de no violencia, que también, pero las evidencias dicen que tiene que haber coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Para que tenga un impacto y se consiga prevenir que jóvenes lleguen a cometer un acto terrorista como el de Barcelona y Cambrils, las escuelas se tienen que transformar en lugares donde haya un posicionamiento de tolerancia cero a la violencia desde las primeras edades, donde los valientes o los héroes sean los que ayudan, los que son igualitarios, los que no utilizan la violencia y siempre tratan bien. Hay que trabajar por dotar de atractivo a los niños y las niñas que poseen aquellos valores democráticos que deseamos.
Para ello ya hay escuelas que aplican el modelo dialógico de convivencia y se organizan de forma democrática consensuando con toda la comunidad las normas que garantizan relaciones libres de violencia lo que previene y reduce los comportamientos violentos porque todos y todas van a una. También se abren espacios de diálogo en los que se habla de estos temas desde una perspectiva transformadora y preventiva.
En estos días se nos ha puesto como en un espejo el hecho de que los terroristas han sido alumnos de la escuela de la que podemos formar parte. Por ello es urgente garantizar actuaciones en los centros educativos que estén basadas en las mejores investigaciones sobre estos temas para dar la oportunidad a todos los niños y las niñas de que reciban la mejor educación curricular y emocional y se socialicen en relaciones libres de violencia que posibiliten las mejores trayectorias de vida. Gracias a investigadores del más alto nivel científico y humano como Ramón Flecha, hemos podido leer también en estos días que ya hay proyectos en el programa de investigación Europea Horizonte2020 (Proton) que aportan luz a estas cuestiones.


Fuente noticia: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/01/participacion-de-familias-y-dialogo-igualitario-frente-la-violencia/

Por

SARA CARBONELL

Maestra, creo en un mundo más justo mejor para tod@s gracias a la educación basada en evidencias y no en ocurrencias. Sí es posible.


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