martes, 29 de octubre de 2013

Papel de la motivación en el aprendizaje


¿A qué se llama “motivación para el aprendizaje”? ¿Cuántos tipos reconocemos? ¿Qué significa “estar motivado? ¿A qué causas podemos atribuir la desmotivación? ¿Cuáles son las fuentes de la motivación?


Entendemos por motivaciónel conjunto de variables intermedias que activan la conducta y/o la orientan en un sentido determinado para la consecución de un objetivo. Se trata de un proceso complejo que condiciona en buena medida la capacidad para aprender de los individuos.

Es lo que mueve a la persona en una dirección y con una finalidad determinada; es la disposición al esfuerzo mantenido por conseguir una meta. Constituye, por tanto, un factor que condiciona la capacidad para aprender. Al igual que los intereses, depende en parte de la historia de éxitos y fracasos anteriores de la persona pero también del hecho de que los contenidos que se ofrezcan para el aprendizaje tengan significado lógico y sean funcionales.   
En la motivación que un alumno llegue a tener desempeña un papel fundamental la atención y el refuerzo social que del adulto (profesor, padres...) reciba. Por eso son importantes las expectativas que los adultos manifiestan hacia el individuo y las oportunidades de éxito que se le ofrezcan.

Además hay que considerar la motivación como una amplia capacidad que precisa enseñar valores superiores como la satisfacción por el trabajo bien hecho, la superación personal, la autonomía y la libertad que da el conocimiento,... También, la motivación es una cuestión de procedimientos que implica un trabajo importante, utilizar autoinstrucciones, relacionar contenidos, trabajar en equipo, etc. Y por último, exige conocimiento sobre el riesgo que se corre en caso de fracasar en el intento o por el contrario, y más importante, la satisfacción que supone la obtención del éxito.

Podemos distinguir dos tipos de motivación: una intrínseca que hace referencia a que la meta que persigue el sujeto es la experiencia del sentimiento de competencia y autodeterminación que produce la realización misma de la tarea y no depende de recompensas externas. Es el caso del niño que aprende la lista de jugadores de un equipo de fútbol porque realmente le llama la atención, le motiva, significa algo para él, y lo hace sin pretender ninguna recompensa, la aprende porque sí. Y la motivación extrínseca que estaría relacionada con la realización de la tarea para conseguir un premio o evitar un castigo. Como cuando un hijo ordena su habitación con el único fin de salir antes con los amigos y no porque realmente es necesario estar en un espacio ordenado porque resulta más cómodo. O como cuando hacen un recado para acercarse al quiosco y comprarse alguna golosina, etc.

Se ha comprobado además que las personas con motivación intrínseca tienden a atribuir los éxitos a causas internas como la competencia y el esfuerzo, mientras que los individuos con motivación extrínseca tienden a hacerlo a causas externas, como el azar o las características de la tarea, con lo que estos chicos no se consideran capaces de controlar la consecución de las metas que persiguen.

Por todo lo anterior es importante destacar que la educación no debe limitarse a transmitir conocimientos, sino que debe además ser capaz de transmitir valores y actitudes positivas hacia la actividad escolar.

Además debemos apuntar que los sujetos con alta motivación persisten más en la tarea y por tanto es más probable que alcancen sus metas, hacen juicios independientes y se proponen retos sopesando cuidadosamente sus posibilidades de éxito, y el propio éxito alcanzado refuerza su forma adecuada de afrontar las tareas.

Los profesores saben que la motivación es consecuencia de la historia de aprendizaje. Hay que promover la motivación intrínseca, el proceso es interactivo,... Estos autores se preguntan ¿qué es estar motivado? Para motivar a un individuo en el estudio, como en cualquier otra actividad, es necesario poner en juego un conjunto de estrategias concretas. Un primer paso en el medio escolar es hacer las clases atractivas a través, por ejemplo, de actividades lúdicas, novedosas, sorprendentes,... pero dependiendo del nivel educativo en que nos encontremos, sabemos que las situaciones escolares son con frecuencia arduas y requieren disciplina y esfuerzo. Es sabido que el trabajo escolar requiere esfuerzo, y debemos desterrar que el esfuerzo es sinónimo de aburrimiento; es necesario llegar a la conclusión que vale la pena esforzarse en actividades que realmente merezcan la pena.

Las causas de la desmotivación en el individuo son muy variadas. Hay que buscar fundamentalmente en la estimulación que recibe o ha recibido la persona y en su historia de aprendizaje personal. Podemos encontrar explicación a esta pregunta en factores como la familia como primer agente, pero también en el condicionamiento de un medio social desfavorecido, los fracasos escolares que arrastre. La desmotivación supone la existencia de limitaciones contra las que es muy difícil luchar y vencer tales como las bajas expectativas y atribuciones inadecuadas, falta de hábitos, prejuicios, falta de conocimiento y habilidades y un largo etcétera frente a los es difícil obtener algún cambio. La desmotivación está en la base del fracaso escolar y, con frecuencia también, en los problemas de disciplina. Los problemas de motivación en el aula tienen difícil solución.

Por otro lado, no es correcto pensar que la actuación del adulto se base casi exclusivamente en invocar la disciplina o la voluntad como una habilidad que debe ejercitar el alumno con el fin de obtener los objetivos planteados.

¿Cuáles son las fuentes principales de motivación? Los autores antes mencionados afirman en el mismo artículo que la familia es la primera variable y la más constante. La disposición para el aprendizaje se le inculca a la persona a través de las preguntas que se le hacen, los comentarios, sirviendo de modelo y ejemplo de conducta y actitud.

La familia es la primera variable y la más constante; la disposición para aprender se la enseñamos a nuestros hijos con nuestras preguntas y comentarios, o siendo modelo o ejemplo en nuestra vida cotidiana. En el ámbito familiar podemos llegar a citar tres aspectos que tienen una influencia destacada en la motivación escolar de los hijos:
·      su actitud ante el conocimiento y la escuela,
·      el tipo de relación afectiva que establece con su hijo, y
·      las destrezas y habilidades que despliega para motivarle y ayudarle en el trabajo escolar.
·
En el ámbito escolar sabemos que mientras que hay alumnos que realmente animan y ayudan al proceso de enseñanza y aprendizaje, otros, por el contrario, dificultan, entorpecen,... por lo que debemos reconocer que todo lo que se realiza en la escuela tiene una influencia mutua, existe una interdependencia entre la actuación del profesor y el comportamiento y actitudes que manifiesta el alumnado en general.

Como conclusión de este apartado hay que decir que la motivación la debemos entender como una capacidad más de la personalidad del individuo que es educable y que se puede desarrollar, pero que a su vez, exige una adaptación a muy distintos niveles. Para empezar a motivar a una persona hacia los estudios hay que considerar su historia e ir poco a poco sin pretender grandes avances de inmediato puesto que contamos con limitaciones ya citadas anteriormente. Los cambios precisan tiempo, son lentos. Para conseguirlos hace falta que las ayudas no desaparezcan, sean constantes.


Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

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lunes, 21 de octubre de 2013

¿Quién ayuda a ser adulto?


El esquema clásico entendía la familia como la agencia educativa principal. Pero esto fue válido para las sociedades estables y agrarias desde hace años ya no sirve. Hoy, hablar de la familia significa pensar en referencias plurales en el que aparecen tipologías familiares muy variadas. Esto generó nuevas maneras de educar, y nuevos obstáculos ¿Por qué las familias manifiestan tantas dificultades para atender a sus hijos? ¿Ha perdido vigencia el modelo autoritario? ¿Qué rol puede desempeñar la escuela en este marco?
 



Entre la familia y la escuela
La crianza de los pequeños y el acompañamiento de los jóvenes son funciones que los padres han realizado siempre y en todas partes. De manera deliberada o poco consciente, las familias se han preocupado de garantizar, a través de los hijos, la transmisión de valores, de costumbres, de pensamientos y de maneras de hacer.

La influencia familiar sirve a la función transmisora y renovadora del colectivo comunitario al conseguir que los hijos se conviertan en adultos capaces de incorporarse y sentir como propios los ideales, las creencias y los valores de la sociedad.

Éste es el esquema clásico que entendía la familia como la agencia educativa principal, núcleo básico e insustituible, en la configuración de tradiciones culturales. Pero la explicación que fue válida para las sociedades estables y agrarias desde hace años ya no sirve. Hoy, hablar de la familia significa situarnos en un marco de referencias plurales en el que aparecen tipologías familiares muy variadas.

Nuevas familias, nuevas formas de educar
Los cambios sociales han generado profundas transformaciones en el mundo actual. Probablemente, en la institución familiar es donde se pueden apreciar más los cambios que han incidido, con igual intensidad, en adultos y niños. En las últimas décadas, un conjunto de factores: corrientes migratorias, movilidad laboral, la sociedad de consumo, la incorporación masiva de las mujeres al mundo del trabajo, los cambios legislativos en relación a las uniones matrimoniales, más rupturas sentimentales de padres que tienen hijos y las posibilidades para reiniciar nuevas vidas, el aumento de adopciones internacionales, entre otras novedades, explican la aparición de nuevas tipologías familiares que inciden en la composición y en las relaciones de manera diversificada.

Por una parte, en la familia nuclear, se puede observar una tendencia clara a restringir lazos, influencias y afectos entre los miembros de la misma familia. Y, por otra, el aumento de las separaciones matrimoniales y reconstituciones familiares obligan a aprender a estar abiertos y a ser capaces de iniciar nuevos proyectos familiares, lo que puede implicar el establecimiento de nuevas relaciones de parentesco a lo largo de la infancia.

La familia jerarquizada, que fijaba reglas y normas y que formaba parte de una red familiar extensa de hermanos, cuñados, sobrinos y primos que tenían como referentes comunes la voz autorizada y los recuerdos de los mayores, tiende a desaparecer. Y con ella se pierde, desde la perspectiva sistémica, el rico conglomerado de relaciones que facilita tantos aprendizajes importantes para la vida.

A pesar de vivir en la sociedad de la información y del conocimiento, son frecuentes las opiniones de padres que tienen hijos pequeños y adolescentes que manifiestan desconcierto y desorientación a la hora de educar a sus hijos. Los modelos de crianza y educación, inspirados en las maneras de hacer de los propios padres ya no sirven. Para la gran mayoría de las familias actuales, es bien cierto que los consejos de sabios pediatras y las escuelas de padres —que durante unos años parecieron una ayuda eficaz— pueden resultar insuficientes.

Sin embargo, la naturaleza humana continúa teniendo necesidad de protección y atención en los primeros meses de vida, en los años infantiles y en la etapa de tránsito hacia la vida adulta. En este largo período, hoy más largo que en ninguna otra época, los padres saben que han de ejercer las responsabilidades que la sociedad les atribuye.

En casa, y no en otro lugar, se hacen los primeros aprendizajes vividos en el universo de las relaciones interpersonales. En casa, y no en otro lugar, se suceden las primeras situaciones de relaciones interpersonales que nos inician en el largo y difícil camino del autoconocimiento. Mediante las relaciones afectivas familiares se dan los primeros pasos en el aprendizaje y la gestión de todo el universo emocional. En casa, y no en otro lugar, se construye la base más sólida del equilibrio y de la estabilidad personal que nos caracteriza cuando somos adultos.

La familia biológica y las familias de adopción siguen esta función ininterrumpida de ayudar a los recién llegados a convertirse en mayores.

Pero en la complejidad y pluralidad social, en estos momentos, la tendencia competitiva e individualista, también la fuerte presión publicitaria que crea falsas necesidades de consumo, las dificultades para conseguir trabajo y salarios estables, todo en conjunto, llega a actuar como una gran confabulación que impone ritmos vitales más y más acelerados. Esto explica que las familias manifiesten tantas dificultades para atender a los hijos.

Ayudan poco a resolver las dificultades el entretenimiento y el acompañamiento en el crecimiento de los hijos con ingentes cantidades de imágenes violentas y de información vacía de significados valiosos que ocupan demasiadas horas en la vida de nuestra infancia. Las horas de muchos niños son vividas a remolque de la velocidad vital de los padres: jornadas larguísimas de actividades, horarios fijados según las agendas de los adultos y, como complemento, bajo la fuerza implacable de la publicidad, toda clase de ingenios electrónicos que pretenden sustituir compañeros de juegos en los cortos intervalos de tiempo libre de que disponen.

Por otra parte, aunque en el interior de cada familia no ha habido nunca un modelo único para educar a los hijos, en los últimos tiempos, sí que ha variado la pauta de relación que caracterizaba a todas las familias. Entre padres e hijos se imponía la existencia de control, de autoridad y de respeto. Últimamente ha perdido importancia el ejercicio de la autoridad y del control para dejar paso a la comunicación entre iguales y a la toma de decisiones familiares por consenso. En principio, este modelo familiar más democrático o negociador puede ser positivo, pero educar en el ejercicio de la libertad es un reto muy exigente.

Son muchas las interpretaciones que se hacen sobre el hecho de que, paralelamente al aumento de familias negociadoras, haya surgido un tipo de adolescente consentido, que tiene dificultades para ser responsable y al que le cuesta superar la frustración al no satisfacer, instantáneamente, todas sus particulares necesidades.

Además, entre los padres hay una tendencia creciente a evitar los conflictos para establecer relaciones emocionales positivas durante el tiempo escaso de convivencia con los hijos. Es posible que aquel modelo de educación basado en el rechazo de comportamientos autoritarios, junto a la divulgación, difundida en versiones muy particulares, de teorías psicoanalíticas haya tenido consecuencias muy negativas. El modelo de libre desarrollo del niño ha sido muy difundido en la sociedad occidental. Y cuando se ha aplicado de manera literal y sin diferenciar el límite que señala el deseo caprichoso de la necesidad de aprender a ser responsables, las consecuencias han podido ser muy negativas para el propio niño o adolescente. La aparición reciente del Síndrome del Emperador es una devastadora consecuencia.

Éstos y otros elementos son los que caracterizan a las familias. Los medios de comunicación y los discursos públicos manifiestan con insistencia que hay que favorecer la conciliación entre la vida laboral y la familiar y hacer políticas más activas de ayuda y de protección familiar. Es evidente que si las políticas activas a favor de todas las familias no llegan, la escuela continuará siendo receptora de nuevas demandas educativas y un sector de madres y padres, que tiende a ser cada vez más amplio, le continuará exigiendo toda clase de responsabilidades.

Nuevas responsabilidades para la escuela
Los cambios sociales han propiciado que el mundo escolar, aparte de la propia evolución interna, haya sido receptor de encargos bien dispares.

La organización de las actividades escolares y el trabajo de coordinación ha adquirido mayor complejidad. Las tareas docentes, a medida que la escuela ha ido cubriendo más tiempo en la custodia del niño, también se han modificado. A las horas lectivas, se han sumado las horas de comedor e incluso una sexta hora.

Los contenidos del currículum escolar se amplían y se modifican permanentemente. Nuevas tecnologías, educación vial, educación por la paz, la sensibilización ecológica y la educación para el consumo ya son contenidos de los trabajos escolares.

También, ante todas y cada una de las situaciones críticas: prevención de drogadicciones, prevención de enfermedades de transmisión sexual, necesidad de educar en hábitos saludables de alimentación, se ha trasladado a la escuela la responsabilidad de llevar a cabo programas correspondientes.

Y, finalmente, los centros de educación se enfrentan a los conflictos que generan los comportamientos indisciplinados de un número muy pequeño de niños y jóvenes, que en ocasiones deriva hacia la inadecuada respuesta de las propias familias.

¿Dónde está la finalidad de la escuela? ¿Es necesario que nos detengamos un momento? La finalidad de la escuela ha de ser reescrita y hay que volver a pactarla. Neil Postman lo advierte en sus últimos escritos: No hay camino más seguro para poner fin a la escuela que no tener ninguna finalidad. Muchos maestros piensan sobre esto cada día. También los formadores de futuros maestros. Es evidente que ante nuevas demandas sociales, la formación inicial de maestros también obliga a repensar una formación inicial.

Entretanto, gran parte de los maestros de nuestro país, con dosis muy grandes de ilusión y de profesionalidad, han permitido que las escuelas afronten los retos relacionados con los cambios legislativos, con la escolarización de alumnos llegados de todo el mundo, con los cambios en la relación que han de establecer con ellos las familias. Es la nueva complejidad social la que obliga a delimitar y pactar un reparto de responsabilidades sobre la infancia. ¿Qué función les corresponde a las familias? ¿Cuál es la responsabilidad de la institución escolar? ¿Cómo se ponen de acuerdo padres y maestros para trabajar conjuntamente a favor de niños y de adolescentes?

¿Conviene una movilización educativa? La movilización educativa es el reclamo que está utilizando el profesor J.A.Marina recordando el viejo proverbio: para educar a un niño se necesita a toda la tribu.

Iniciativas parecidas hay muchas y son estrictamente necesarias. Lideradas por asociaciones de padres y madres, lideradas por grupos de profesorado desde los centros escolares, o impulsadas desde las universidades. Por eso ha sido un gran acierto plantear el tema en las Segundas Conversaciones Pedagógicas.


Extraído de:
¿Quién ayuda a ser adulto?
Mª Pilar Navarro
Universitat de Lleida

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miércoles, 9 de octubre de 2013

La importancia de cuidar la autoestima


¿En qué consiste el autoconcepto? ¿Y la autoestima? ¿Qué pautas debe seguir una persona para ser “el mejor amigo de si misma”? ¿Cuándo un niño posee una correcta autoestima? ¿Cómo se construye? ¿Qué sucede en la adolescencia?
 


Concepto de autoestima
Es el concepto que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre nosotros mismos hemos ido recogiendo durante nuestra vida.

La autoestima significa saber que eres valioso y digno de ser amado. Valioso porque el niño es capaz de resolver algunas situaciones con éxito y por lo tanto puede estar a la altura de los demás, y digno de ser amado porque se trata de una persona y por lo tanto tiene derecho a ser amada de manera incondicional, es decir, sabe que está rodeada de personas a las que realmente les importa.

El autoconcepto y la autoestima juegan un importante papel en la vida de las personas. Tener un autoconcepto y una autoestima positivos es de la mayor importancia para la vida personal, profesional y social. El autoconcepto favorece el sentido de la propia identidad, constituye un marco de referencia desde el que interpretar la realidad externa y las propias experiencias, influye en el rendimiento, condiciona las expectativas y la motivación y contribuye a la salud y equilibrio psíquicos.

Gloria Marsellach Umbert, en su artículo "La autoestima", marca las pautas para que la persona sea el mejor amigo de sí mismo. Para ello debe concederse:
1.         Aceptación: hay que identificar y aceptar nuestras cualidades y defectos.
2.         Ayuda: debemos planear objetivos realistas.
3.         Tiempo: hay que sacar tiempo regularmente para estar solos con nuestros pensamientos y sentimientos. Debemos aprender a disfrutar de nuestra propia compañía.
4.         Credibilidad: prestemos atención a nuestros pensamientos y sentimientos. Hagamos aquello que nos hace sentir felices y satisfechos.
5.         Ánimos: tomemos una actitud de "puedo hacerlo".
6.         Respeto: no tratemos de ser alguien más. Hay que estar orgullosos de ser quien somos.
7.         Aprecio: hay que premiarse por los logros, los pequeños y los grandes. Recordemos que las experiencias son únicamente nuestras. ¡Disfrutémoslas!
8.         Amor: aprendamos a querer a la persona tan única que somos. Aceptemos nuestros éxitos y fallos.

También hay que tener en cuenta que el conocimiento y la autoestima están relacionados porque la satisfacción que consigue el niño aumenta cuando:
 Ha aplicado en la práctica, y con éxito, el conocimiento que tiene de sí mismo; por ejemplo, un niño que se ve como un buen deportista y marca el gol de la victoria para su equipo.
 Cumple con las exigencias que él mismo se ha marcado; por ejemplo, un niño que valora los resultados académicos y saca la nota más alta en un examen de matemáticas.
 Otros confirman la idea que de sí mismo tienen; por ejemplo, un niño que cree que dibuja bien y al que le alaban un dibujo.
Características de la autoestima

Un niño posee una correcta autoestima cuando...
Aptitudes Positivas - Manifestaciones
está orgulloso de sus actos - "me encanta que todos estemos juntos"
actúa con independencia - "yo me hago el desayuno"
asume responsabilidades con facilidad - "hoy quiero regar las plantas"
sabe aceptar las frustraciones           - "es difícil montar el puzzle pero seguro que lo consigo"
afronta nuevos retos con entusiasmo - "¡bien!, el maestro dice que mañana empezaremos con las divisiones de dos cifras"
se siente capaz de influir sobre otros  - "déjame que te enseñe"
muestra amplitud de emociones y sentimientos  - "me encanta que todos estemos juntos"

Pero para reconocer la capacidad de autoestima de un niño también nos debemos fijar en otras manifestaciones que son negativas como las que siguen.

Aptitudes negativas  - manifestaciones
evita las situaciones que le provocan ansiedad  - "hoy no quiero ir al colegio porque tengo un examen muy difícil"
desprecia sus dotes naturales  - "nunca dibujo nada bien"
siente que los demás no le valoran - "los niños nunca quieren jugar conmigo"
echa la culpa de su debilidad a los demás  - "no he limpiado los cristales porque no me has dicho dónde está la paño"
se deja influir por otros con facilidad - "me lo dijeron ellos"
se pone a la defensiva y se frustra fácilmente - "si no funciona, yo no tengo la culpa; lo voy a dejar"
se siente impotente - "no sé dónde está el material; los ejercicios son muy difíciles; no voy a ser capaz de terminar la tarea"
tiene estrechez de emociones y sentimientos          - "no me importa, me da igual"

La construcción de la autoestima
Las personas más cercanas afectivamente al individuo (padres, familiares, profesores o amigos) son las que más influyen y potencian/dificultan la autoestima. Dependerá de los sentimientos y expectativas de la persona a la que se siente ligado afectivamente el individuo. Si los sentimientos son positivos, el niño recibirá un mensaje que le agradará, se sentirá bien y como consecuencia le ayudará a aumentar la autoestima. Si los sentimientos son negativos, la sensación que el individuo percibe le causará dolor y en definitiva, provocará rechazo a su propia persona y, por tanto, el descenso de su autoestima.

Últimamente la preocupación por la autoestima se ha convertido en una cuestión obsesiva. De ahí que erróneamente se intente formar una autoestima positiva con medios y procedimientos artificiales y a corto plazo que no dejan de ser planteamientos equivocados y que tienden a fracasar. Estos procedimientos equivocados están orientados al logro de un único objetivo: fortalecer el ego de los educandos para que se sientan bien consigo mismos. Veamos a continuación algunas formas erróneas que se usan para la construcción de la autoestima:
1.         Alabar a los hijos o alumnos por sistema, con independencia de su comportamiento. No importa que fracasen en sus estudios a causa de su vagancia; que maltraten a sus padres y hermanos; que derrochen el dinero y que vivan sólo para satisfacer sus gustos y caprichos personales, sin pensar en las necesidades de los demás. Lo único que importa es que se quieran cada vez más a sí mismos.
2.         No culpabilizarlos nunca de nada, suceda lo que suceda (para que no pasen por la humillación de sentirse avergonzados).
3.         No cuestionar ni criticar nunca lo que dicen o hacen (para que evitar que se enfaden).
4.         Rebajar los ideales de vida (para que luego no sufran posibles decepciones).
5.         Rebajar la exigencia todo lo que se pueda. Llegar a la tolerancia total o casi total. Todo vale, todo está permitido. Estos padres tan indulgentes con sus hijos suelen ser los mismos que esperan de ellos solamente una cosa: que triunfen en la vida como sea. Esperan que triunfen en una sociedad muy competitiva con la única actitud que se les ha inculcado: la de quererse a sí mismos

Gerardo Castillo Ceballos en su artículo "El desarrollo de la identidad personal" comenta que los hijos acostumbrados a ser alabados de forma incondicional suelen sentirse muy defraudados cuando, al incorporarse a la vida adulta, chocan con la realidad. Esa colisión les descubre, de pronto, que su autoestima está mal fundamentada y que, por ello, no es real.

La experiencia nos enseña que la autoestima de los hijos o alumnos no se desarrolla por la vía del elogio continuo e injustificado o por la vía de la tolerancia sin límites. Quienes buscan fortalecer el ego por ese camino, lo único que consiguen es debilitarlo y aislarlo. El estar demasiado pendiente del ego de los niños o de los adolescentes favorece que estos últimos se amen a sí mismos de forma inmoderada y excesiva, desentendiéndose así de las necesidades de los demás.

La autoestima, como la alegría o la felicidad, no se puede buscar directamente. Y menos todavía por la vía del engaño. La autoestima es una consecuencia de poner ilusión en lo que se hace y en hacerlo cada día mejor; de realizar con amor los propios deberes; de ser servicial con los demás; de ser buen compañero, buen hermano y buen amigo; de portarse bien con todos; de luchar diariamente contra los propios defectos; de empezar cada día.

La mayor y mejor autoestima es la autoestima merecida, la que se basa en logros reales, la que cada uno se gana con su propio esfuerzo. Si los padres y profesores enseñan a sus hijos o alumnos, desde las primeras edades, a esforzarse por ser un poco mejores cada día (desarrollo de virtudes) y por lograr la excelencia en todo (en los estudios, en la vida familiar, en la vida de amistad...) la autoestima vendrá sola.

La verdadera autoestima se alimenta con la satisfacción que produce alcanzar nuevas metas por uno mismo. Es frecuente que cuando un niño o un adolescente obtiene con su esfuerzo personal, el resultado que buscaba, se encuentre orgulloso del logro. En cambio, los hijos sobreprotegidos jamás podrán tener esa experiencia tan gratificante y tan formativa. Cada vez que los mayores les resuelven la dificultad a la que se enfrentan, se hacen más inseguros y desvalidos.

Siguiendo las indicaciones de Castillo Ceballos, podemos concluir que la autoestima se desarrolla formando el carácter, educando la voluntad: hay que desarrollar en los hijos hábitos de esfuerzo, de trabajo bien hecho, de autodominio, de autodisciplina. Hay que favorecer la adquisición de virtudes como la fortaleza, la templanza, la paciencia y la perseverancia. También hay que animarles a que sean más abiertos y serviciales. Está comprobado que una de las mejores terapias de la autoestima es salir de sí mismo y tratar de ver las cosas como las ven los demás.

La autoestima como motor del comportamiento.
Existen tres buenos motores que determinan el comportamiento y que proceden de lo que se piensa y de lo que se siente por uno mismo. Estos son:
1.         El niño actúa para obtener una mayor satisfacción y creerse mejor. Por ejemplo: busca las alabanzas y la aprobación, haciendo cosas que le gustan y que sabe hacer.
2.         El niño actúa para confirmar la imagen (la idea) que los demás, y él mismo, tienen de él. Tanto para bien como para mal, si el niño piensa que es bueno tenderá a comportarse bien, mientras que si piensa que es malo, buscará (tal vez de forma inconsciente) la reprimenda y el castigo. Esto mismo lo podemos aplicar en los estudios.
3.         El niño actúa para ser coherente con la imagen que tiene de sí, por mucho que cambien las circunstancias.

Todo esto tiene un lado negativo y corresponde a los niños que presentan actitudes negativas acerca de sí mismos que no suelen creerse lo contrario, aunque se les demuestre que es verdad, rechazan la alabanza o la aprobación por aquellas cosas que ya tienen conceptuadas negativamente.

Por otro lado podemos afirmar que la motivación y el rendimiento académico se ven estrechamente influenciados por la mayor o menor autoestima.

Para terminar este apartado podemos afirmar que la autoestima influye sobre el niño y adolescente en:
          cómo se siente
          cómo piensa, aprende y crea
          cómo se valora
          cómo se relaciona con los demás
          cómo se comporta

La autoestima en la adolescencia
En los adolescentes aumenta considerablemente la necesidad de autoestima. Uno de los períodos más críticos para la formación de una correcta autoestima es la adolescencia pues sabemos que es cuando la persona necesita hacerse con una firme IDENTIDAD, es decir, saberse individuo distinto a los demás, conocer sus posibilidades, su talento y sentirse valioso como persona que avanza hacia un futuro. Un adolescente con autoestima aprende más eficazmente, desarrolla relaciones mucho más gratas, está más capacitado para aprovechar las oportunidades que se le presenten, para trabajar productivamente y ser autosuficiente, posee una mayor conciencia del rumbo que sigue. Así las cosas, un adolescente con autoestima...
          ... actuará independientemente
          ... asumirá sus responsabilidades
          ... afrontará nuevos retos con entusiasmo
          ... estará orgulloso de sus logros
          ... demostrará amplitud de emociones y sentimientos
          ... tolerará bien la frustración
          ... se sentirá capaz de influir en otros
Gloria Marsellach Umbert en su artículo "La autoestima en niños y adolescentes" afirma que la autoestima puede desarrollarse convenientemente cuando los adolescentes experimentan positivamente cuatro aspectos o condiciones bien definidas:
          Vinculación: resultado de la satisfacción que obtiene el adolescente al establecer vínculos que son importantes para él y que los demás también reconocen como importantes.
          Singularidad: resultado del conocimiento y respeto que el adolescente siente por aquellas cualidades o atributos que le hacen especial o diferente, apoyado por el respeto y la aprobación que recibe de los demás por esas cualidades.
          Poder: consecuencia de la disponibilidad de medios, de oportunidades y de capacidad en el adolescente para modificar las circunstancias de su vida de manera significativa.
          Modelos o pautas: puntos de referencia que dotan al adolescente de los ejemplos adecuados, humanos, filosóficos y prácticos, que le sirven para establecer su escala de valores, sus objetivos, ideales y modales propios.



Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

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domingo, 29 de septiembre de 2013

Estrategias para mejorar la motivación hacia los aprendizajes


Todos deseamos que nuestros hijos o alumnos estén claramente motivados hacia la adquisición de nuevos aprendizajes ¿Es una tarea simple? Rotundamente no, pero seguramente podemos utilizar algunas estrategias que sirvan para estimular esa motivación, y nos orienten.


Una vez analizado el papel que juega la motivación en el individuo es momento para exponer algunas estrategias concretas para mejorar la motivación sobre todo en el ámbito escolar pero de interés para el ámbito familiar siguiendo fundamentalmente a Martiniano Román y Eloísa Díez en “Currículum y aprendizaje”. Esperamos que estas estrategias (cuya redacción hemos modificado ligeramente) ayuden al lector a tener una idea más clara de los procedimientos a llevar a cabo y actuaciones concretas para empezar un plan progresivo, paulatino, constante que durará, con seguridad, un tiempo más bien prolongado.

1. Evitar las críticas negativas ante los intentos de colaboración de los alumnos.

2. Estructurar la docencia en el aula de forma no excesivamente autoritaria mezclando la directividad con la aceptación de las decisiones de los alumnos.

3. Programar trabajos en grupo o sesiones donde cada alumno pueda colaborar según su nivel.

4. Valorar positivamente los comportamientos de trabajo o de estudio o en su defecto las aproximaciones.

5. El reconocimiento del éxito de un alumno o de un grupo de alumnos motiva más que el reconocimiento del fracaso y si aquel es público mejor.

6. Conocer las causas del éxito o el fracaso en una tarea determinada aumenta la motivación intrínseca.

7. El aprendizaje significativo crea motivación, no ocurre lo mismo con el aprendizaje memorístico y repetitivo.

8. Programar los contenidos y enseñarlos de forma que los alumnos puedan comprenderlos y aplicarlos con un nivel medio de dificultad.

9. Cuidar de que los alumnos con un bajo nivel de motivación consigan pequeños éxitos académicos para que aspiren en un futuro próximo hacia metas que exigen esfuerzos superiores.

10. Tener presente que los alumnos con baja motivación, en un principio suelen manifestar cierta resistencia a abandonar su deficiente situación motivacional puesto que temen que el posible cambio pueda aumentar su, ya de por sí, precaria situación.

11. Fomentar el trabajo cooperativo frente al competitivo.

12. Presentar tareas asequibles a las posibilidades de los alumnos.

13. Programar las actividades de la clase de forma que los alumnos puedan frecuentemente tomar decisiones. El profesor que da autonomía en el trabajo promueve la motivación de logro y la autoestima, aumentando así la motivación intrínseca.

14. Promover actividades en las que los riesgos de fracaso son moderados.

15. No exigir, dentro de lo posible, un programa que sólo se puede aprobar con un alto nivel de dedicación al estudio, puesto que los alumnos poco motivados no están dispuestos a dedicar dicho esfuerzo.

16. Llevar la clase con un nivel medio de ansiedad y evitar las situaciones extremas de máxima ansiedad o de aburrimiento.

17. Programar sesiones de diálogo por grupos de manera que los alumnos menos motivados puedan expresar sus opiniones sin miedo a ser rechazados por sus compañeros.

18. Realizar actividades o trabajos fáciles para los alumnos poco motivados, de manera que pueda valorar sus éxitos y su relativa dedicación.

19. Las tareas creativas son más motivantes que las repetitivas.




Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

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jueves, 19 de septiembre de 2013

Dificultades más frecuentes en el estudio


La escuela debe ser una ayuda para los alumnos, estudiar implica existencia de dificultades, los adultos debemos estar preparados para actuar con eficacia ante las distintas situaciones que se nos pueden presentar ¿Qué consideraciones debemos tener en cuenta? ¿Cuáles son las dificultades más frecuentes en el estudio? ¿Qué acciones podemos seguir?
 


    La vida escolar de los hijos puede pasar por distintas situaciones en cuanto al rendimiento académico. Hay algunos que siguen una trayectoria positiva siempre igual y constante en el rendimiento escolar. Hay otros que han ido bien en Primaria pero al llegar a Secundaria se produce una quiebra en su rendimiento. Otros hay que según van avanzando en los estudios mejoran su rendimiento.

    Cuando surgen estas dificultades conviene afrontarlas cuanto antes, ya que lo que puede ser relativamente sencillo de corregir cuando se produce, pasado algún tiempo, tienden a cronificarse las dificultades y corregirlas es más dificultoso.

    Cuando aparecen los problemas lo importante es enfrentarlos con serenidad, reflexión y rigor.

    Al enfrentarnos al problema que plantea nuestro hijo hemos de tener en cuenta las siguientes consideraciones:

1º.- ¿En qué consiste básicamente el problema?
    Un problema cuanto más precisado está tanto más fácil es encontrar la solución, al contrario cuanto más difuso e impreciso más difícil es darle respuesta.

    Si es posible vamos a tratar de hacer operativo el problema, es decir, en lugar de decir “es un vago”, diremos que habitualmente no cumple el horario de estudio por la tarde, en lugar de decir “tiene dificultades en la lectura” diremos que no sabe entonar lo que lee, su comprensión lectora es escasa y le falta velocidad.

2º.- ¿Cuándo ha comenzado el problema y con qué frecuencia se da actualmente?
    Puede ser que sea al pasar de un nivel educativo a otro, de un colegio a otro, de estar con un profesor y pasar a otra clase. Puede que aparezca según va teniendo más dificultades académicas, al juntarse con determinados compañeros....

3º.- ¿Cuáles son las causas del problema? ¿A qué lo atribuye el propio sujeto?
    Saber la raíz del problema no siempre nos resulta fácil, trataremos de indagar en ello para clarificarnos. Bastante información nos puede aportar el que sepamos a que atribuye nuestro hijo el bajo rendimiento, tiene este aspecto tanto más valor, cuanto más maduro es el chaval, porque ahí nos está dando pistas de por donde pueden ir las dificultades.

4º.- ¿Qué hemos hecho hasta el momento para resolver las dificultades y qué resultado nos han dado esas estrategias?
    Para afrontar un problema hay muy diversas estrategias que hay que valorar la idoneidad que tienen para tal fin. Habrá que desechar las que no han dado el resultado apetecido y buscar otras nuevas.

    Vamos a ver las dificultades más frecuentes en los estudios y que podemos hacer con ellas:

1ª.- No estudiar o hacer como que se estudia
Se caracterizan por lo siguiente:
          Pueden estar ante el libro bastante tiempo, pero sólo eso “estar” puesto que la cabeza la pueden tener en otro sitio bastante lejos.
          Tardan demasiado tiempo para realizar las tareas.
          Omiten un tiempo de trabajo, de estudio para realizar las tareas pendientes.
          Se meten en su cuarto dos horas o el tiempo que sea y todo el mundo está convencido de que el niño está estudiando, pero estos chicos han podido pasarse la tarde entera haciendo un dibujo u oyendo los walkman.
Estrategias de intervención:
    Este tipo de chavales tienen un déficit de hábitos importante. Los hábitos son recursos importantes para educar. Se adquieren por repetición de actos. La ventaja que tienen es que facilitan a la persona la realización de tareas que pueden ser costosas, como sucede con el estudio en los hijos.
 Dedicar todos los días un tiempo al estudio, a la realización de las tareas. Empezar desde poco para ir subiendo según se vaya afianzando. Puede ser como tiempo orientativo, para un niño de Primaria en torno a media hora. Para uno de Secundaria alrededor de una hora.

 Más vale poco tiempo y aprovechado que mucho y disperso.

 Al ponerse a estudiar o trabajar darse un tiempo para cada una de las tareas que va a realizar y exigirse para tratar de hacerlo en el tiempo que se ha dado.

 Hacerse un horario en el que haya tiempo para todo. Poner el estudio en los primeros momentos que se está más descansado.

2ª.- Estudiar los últimos días
Se caracterizan por lo siguiente:
          Estudian pero los últimos días, las últimas horas...
          Se acuestan tarde, se levantan temprano en el último momento, van a “revienta calderas” por el esfuerzo que hacen al final.
          Los padres pueden tener una percepción de que su hijo estudia y se ha esforzado bastante.
Estrategias de intervención:
    Una de las variables que más tiene que ver con el éxito académico, es que el alumno tenga un plan de trabajo diario, así aparece en estudios experimentales. Cuando se deja para el final es imposible asimilar toda la materia, es como querernos comer en un día lo que no hemos comido en diez, por ejemplo.
 Tener un horario diario.

 Dedicar todos los días un tiempo a los repasos. Cada día de la semana a una materia, por ejemplo una hora, así se va estudiando lo que ya se ha visto y que entrará para el próximo examen.

 Que sea consciente que la estrategia de dejarlo todo para el final sirve cuando estamos en escalones inferiores en los estudios, pero al ir avanzando es imposible porque la materia a estudiar nos desbordará.

3ª.- Confundir "lo entiendo" con "ya me lo sé"
Se caracterizan por:
          Confunden el "lo entiendo" con "ya me lo sé". Leen una lección y como la entienden, ya creen que la saben y dejan de estudiar.
          Desconocen que el proceso de aprendizaje implica en un primer momento entender lo que se quiere asimilar y después tiene que haber un momento de fijación en la memoria, que se realiza a través de la repetición de los contenidos.
          Referido a las disciplinas que precisan la realización de ejercicios y prácticas, los chavales que presentan esta dificultad son aquellos alumnos que fallan en las operaciones aunque sepan como se pueden hacer los ejercicios.
Estrategias de intervención:
    Se impone una tarea de clarificación al alumno para que entienda los distintos momentos que tiene el proceso de aprendizaje: comprender los mensajes, elaborar un resumen-esquemático y fijarlos en la memoria. Estos pasos se descubren tras una breve experiencia en los estudios, pero puede ocurrir en los inicios de la vida académica que omitan alguno de los pasos comentados.
 Hacer un seguimiento durante algún tiempo para comprobar que se ha entendido los pasos a seguir para estudiar un tema.

 Que se den cuenta que tareas más difíciles conllevan más esfuerzo: repetición que lo que es más sencillo.

 Preguntarles los padres lo que dicen que han estudiado para comprobar los resultados.

4ª.- Dificultades de concentración
Se caracteriza por:
          Les cuesta mucho concentrarse, les cuesta ponerse a estudiar: desde que se sientan hasta que empiezan a estudiar pasa más de media hora. Están muy "a medio gas" y se les va fácilmente la imaginación.
          Cualquier cosa que acontece a su alrededor atrae la atención y pierden el tiempo.
          Su rendimiento neto es escaso, si se entiende por tal el tiempo en general que se dedica a una actividad menos el tiempo perdido por desconcentración.

Estrategias de intervención:
    Si la concentración es la capacidad de dirigir todas las capacidades del conocimiento a la realización de una tarea, se ve que nos encontramos ante una de las habilidades fundamentales en el proceso del conocimiento. Se podría decir que si no hay un mínimo de concentración es prácticamente imposible el aprender algo, por tanto, la mejora de la concentración conlleva la mejora de la capacidad de aprender.

     Como todas las capacidades, el desarrollo de la concentración es consecuencia de la ejercitación de la misma, por ello es frecuente que quien más dificultades tiene en la concentración es quien menos trayectoria de estudio tiene en su vida y al contrario.
 La eliminación de los estímulos irrelevantes que puedan captar la atención de quien estudia: revistas, fotografías, prendas...
 La eliminación de estímulos a los que pueda prestar atención de tipo sonoro, p.e. la radio o visual, p.e. la televisión.
 Darse un tiempo para la realización de cada tarea o actividad y exigirse para tratar de realizarla en el tiempo previsto. No es conveniente enfrentarse a una tarea con tiempo ilimitado para realizarla.
 Hay que empezar a estudiar a una hora fija para conseguir un buen rendimiento cerebral. Si una persona se acostumbra a hacer el esfuerzo de concentrarse todos los días a la misma hora, al cabo de unos días la cabeza se concentra con más facilidad a esa hora.
 Como la concentración supone un “calentamiento mental” puede ser conveniente que antes de ponernos a estudiar dediquemos varios minutos –no más de cinco- a tachar letras que nos hemos propuesto en una hoja de periódico, p.e. las “a” que encontremos o las “o”, para después a continuación pasar a la actividad que tengamos prevista.
 En la misma línea que el punto anterior podemos trabajar mentalmente series de números y letras combinándolas, p.e. sea la serie 1 2 3 4 A . Se trata de ir corriendo la letra A hasta la izquierda, así :
1 2 3 A 4 / 1 2 A 3 4 / 1 A 2 3 4 / A 1 2 3 4. Estas series se pueden complicar interviniendo más letras o números.
 Tener claras las metas. No cabe duda que cuando algo queremos de verdad y lo proponemos como meta a conseguir, movilizamos todos los recursos que tenemos para tratar de alcanzar esa meta. En la medida que tengamos más claras nuestras metas en el estudio, más concentración tendremos para conseguirla.
 Intercalar descansos. El proceso de atención tiene una curva de manera que cuando se lleva un tiempo decae. Por ello, es conveniente intercalar descansos para recuperar la concentración. Esos tiempos de descanso pueden ser por cada hora u hora y media de estudio, unos minutos de descanso –entre cinco y diez- .
 Para sujetar la imaginación lo que podemos hacer es utilizarla en el estudio: en vez de hacer el esfuerzo de cambiar de pensamientos y empezar de nuevo cada vez que se nos va, hay que poner la imaginación en cada tema de estudio. Si está con volcanes, que se imagine cómo son, la lava que echan, etc. Eso ayuda también a que se grabe mejor las lecciones.

5ª.- Dificultades en la lectura
La lectura y su comprensión constituyen las herramientas de trabajo de nuestro intelecto. Las dificultades que tengan nuestros hijos en la lectura de inmediato se trasladarán en el aprendizaje.

Las dificultades en la lectura se caracterizan por:
          No tener la suficiente velocidad lectora y comprensión de los textos que se leen. Tener que volver a leer algo para enterarse del texto.
          Tener una pobreza de vocabulario significativa que se nota en las dificultades que se tienen para saber el significado de palabras de uso bastante habitual.
          Tener dificultades en la expresión escrita para realizar textos con estructuras correctas y claras.
          Tener tendencia a postergar las tareas. Se siente un rechazo a la lectura como medio de entretenimiento.
Si hay un problema más serio de fondo como puede ser la dislexia habrá que acudir al especialista para su solución, pues no basta con estudiar más.

Estrategias de intervención:
La habilidad lectora como cualquier otra habilidad se desarrolla con el entrenamiento, es por ello que la primera tarea a realizar es el ejercicio. Todos los días dedicar un tiempo a leer en voz alta para adquirir una entonación correcta que ayuda a la comprensión. Volver a repetir la lectura del mismo texto tratando de reducir el tiempo que se tarda en leerlo sin que afecte a la correcta entonación.
 Hacerse preguntas sobre un texto leído acerca de las ideas más importantes que hay en el mismo.
 Corrigiéndole los defectos de lectura ayudándole a hacerse un cuadernito de vocabulario. Con ese pequeño diccionario personal tendrá que hacer ejercicios con las palabras desconocidas.

6ª.- Lagunas en las materias. Falta base
 Se caracteriza por:
    Tener dificultades en las materias en que sus contenidos tienen una gran conexión entre unas partes y otras, p. e. las matemáticas. Es como una escalera con bastantes peldaños entre los que se da una continuidad. De igual manera que si en una escalera falta un escalón, no impide su utilización, pero cuando son varios seguidos se hace imposible transitar por ella, así en una materia que falte un escalón –conocimientos de unos contenidos previos- se puede superar con atención especial. Pero cuando faltan varios escalones –es decir, áreas importantes para proseguir estudios posteriores- es muy difícil avanzar en el estudio adecuadamente.
   No tener asimiladas unas estructuras básicas de los contenidos de las diversas áreas, como consecuencia de un estudio para salir del paso en cursos anteriores.
Estrategias de intervención:
 Dedicación de un tiempo especial a tratar de remediar esa laguna. Puede ser a través de un hermano mayor, los padres o un profesor particular. Se entiende que esta ayuda es complementaria a la marcha de las clases y por tanto, supeditada a éstas.
 Potenciar las técnicas de estudio, no tener las suficientes habilidades para estudiar suele dejar lagunas en las materias que se han estudiado.

7ª.- Ansiedad ante los exámenes
Se caracteriza por:
          Miedo a suspender o por tener un exceso de responsabilidad que les lleva a angustiarse. Suelen ser buenos estudiantes. Comienzan a estudiar y como salen con el gran miedo a suspender, se angustian. Quizá tras un año de malas experiencias, de un fracaso, de haber suspendido muchas... pierden la confianza en sí mismos y se sienten agobiados.
          Tener en los días previos y/o en la realización de los exámenes un nivel de ansiedad o nerviosismo claramente por encima de lo normal. Hay que decir que los exámenes son situaciones generadoras de ansiedad para todos, pero hay una parte del alumnado que responde de manera sobredimensionada en este aspecto, teniendo un efecto negativo para el rendimiento en los exámenes.
          La persona tiene pensamientos negativos y catastrofistas sobre los resultados que va a obtener. Anticipa que suspenderá, que no rinde, que se vendrá abajo....
          Tener una activación de algunos sistemas fisiológicos de la persona, así en el sistema digestivo se suele tener sensación de nudo en el estómago, duermen mal, le sudan las manos, dificultades en poder desayunar porque se puede vomitar.....Aparece tensión muscular en algunos miembros como brazos, espalda o piernas. Pueden darse también palpitaciones.
          Presentar movimientos o acciones automáticas que no puede controlar como comerse las uñas, necesidad de mover la pierna, dar toquecitos con el bolígrafo en la mesa...

Estrategias de intervención:
 Es muy conveniente que se le explique de manera didáctica qué es lo que le está pasando y que sepa que tiene remedio lo que tanto le está afectando.

 Explicarle que la ansiedad se manifiesta en tres niveles de respuesta. El primero es a través de los pensamientos negativos que tiene. El segundo a través de los sistemas fisiológicos de la persona: sudoración, palpitaciones, nudo en el estómago, y el tercer nivel se manifiesta a través de la necesidad de movimientos que tiene, que le puede llevar hasta el abandono del examen.

 Intervenir en los tres niveles anteriores con distintas estrategias. Respecto de los pensamientos, cortando los negativos y catastrofistas, centrando la atención en lo que tengo que hacer aquí y ahora, no compararme con los demás en cuanto a lo que tienen hecho del examen, etc. Respecto del segundo nivel fisiológico, enseñando a nuestros hijos a relajarse. Es conveniente que practiquen algún deporte, pues tiene un efecto relajador. En el tercer nivel conviene que nunca abandonen el examen por mal que se puedan encontrar haciéndolo.

Todas estas estrategias requieren un entrenamiento y por tanto, tiempo y perseverancia por delante para que se puedan notar los resultados.


Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España


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