Mostrando entradas con la etiqueta diálogo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta diálogo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La comunicación en familia

El papel del lenguaje

Las personas se relacionan a través de la comunicación que se hace mediante el lenguaje ayudado por los gestos, los movimientos del cuerpo. El lenguaje es el primer sistema de señales que emplea el hombre para relacionarse con su medio y para aprender lo que le rodea.

El niño, desde la más temprana edad, aprende a identificar los primeros sonidos y su significado y distingue el tono con el que se le habla. Hacia los nueve meses, sabe si sus padres están enfadados o le tratan con afecto y cariño.


El aprendizaje del lenguaje es un paso previo e indispensable para el aprendizaje de la lectoescritura y supone la forma de tomar conciencia de todo lo que se aprende del entorno en el que se vive.


Además del lenguaje, el hombre cuenta con gran cantidad de mecanismos para manifestarse que le permiten ponerse en contacto con los demás: los gestos, las miradas, la expresión del rostro... Estos elementos ponen de manifiesto actitudes, sentimientos, predisposiciones y motivaciones que permiten una comunicación interpersonal trascendente. Desde los primeros momentos de la vida, el bebé capta la intensidad del afecto, aprecia si se le aguanta o se le abraza; valora el tono afectivo de la mirada del adulto cuando le acerca un juguete. También ocurre esto entre las personas adultas y entre los miembros de una familia.



El lenguaje está limitado por los conocimientos de cada uno, es social; sin embargo, los símbolos son personales, inagotables. La posibilidad de combinar ambos lenguajes (verbal y gestual) implica comunicación.




El diálogo, otra forma de comunicación.


Cuando sólo se usa el lenguaje verbal (difícil, pues en la práctica nunca aparece desligado del gestual) hablamos de diálogo. Se dan dos formas extremas de diálogo: por exceso o por defecto. Ambas, provocan distanciamiento entre padres e hijos. Hay padres que, con la mejor de las intenciones, procuran crear un clima de diálogo con sus hijos e intentan verbalizar absolutamente todo. Esta actitud fácilmente puede llevar a los padres a convertirse en interrogadores o en sermoneadores, o ambas cosas. Los hijos acaban por no escuchar o se escapan con evasivas. En estos casos, se confunde el diálogo con el monólogo y la comunicación con el aleccionamiento.


El silencio es un elemento fundamental en el diálogo. Da tiempo al otro a entender lo que se ha dicho y lo que se ha querido decir. Un diálogo es una interacción y, para que sea posible, es necesario que los silencios permitan la intervención de todos los participantes.


Junto con el silencio está la capacidad de escuchar. Hay quien prescinde de lo que dice el otro, hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar las opiniones de los demás. Cuando sucede esto, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y acaba por perder la motivación por la conversación. Esta situación es la que con frecuencia se da entre padres e hijos. Los primeros creen que estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones. Escuchan poco a sus hijos o si lo hacen es de una manera inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los hijos. Esta situación es frecuente con hijos adolescentes. Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paternofiliales: creer que con un discurso puede hacerse cambiar a una persona.



A través del diálogo, padres e hijos se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la convivencia. Por esto, transmite y educa mucho más la convivencia que la verbalización de los valores que se pretenden inculcar.


Por otro lado, todo diálogo debe albergar la posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del otro y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las condiciones básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de autoridad no habrá diálogo. La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los interlocutores.


Hay que tener presente que la familia es un punto de referencia capital para el niño y el joven: en ella puede aprender a dialogar y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.



La importancia de la comunicación

Si es importante el diálogo en las relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación. La comunicación está guiada por los sentimientos y por la información que transmitimos y comprendemos. La comunicación nos sirve:

- Para establecer contacto con las personas.
- Para dar o recibir información.
- Para expresar o comprender lo que pensamos.
- Para transmitir nuestros sentimientos.
- Para compartir o poner en común algo con alguien.
- Para conectar emocionalmente con otros.
- Para vincularnos o unirnos por el afecto.


Facilitadores de la comunicación
Estos son algunos facilitadores de la comunicación:
Dar información positiva.

Ser recompensante.
Entrenarnos para mejorar nuestras habilidades de comunicación.
Empatizar o ponernos en el lugar del otro.
Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
Saber escuchar con atención.
Expresar sentimientos.
Crear un clima emocional que facilite la comunicación.
Pedir el parecer a los demás



Enemigos de la comunicación


Cuanto más estrecha sea la relación, más importancia tendrá la comunicación no verbal. Cuando un miembro de una familia llega a su casa puede percibir un mensaje de bienestar o tensión sin necesidad de mirar a la cara al resto de la familia. En ocasiones, la falta de verbalización (de hablar) supone una grave limitación a la comunicación. Muchas veces la prisa de los padres por recibir alguna información les impide conocer la opinión de sus hijos y, de igual forma, impide que sus hijos se den cuenta de la actitud abierta y predisposición a escuchar de los padres.


La situación anterior es especialmente importante en la adolescencia. Son múltiples las situaciones en que los padres sienten curiosidad por lo que hacen los hijos y estos, ante una situación de exigencia responden con evasivas.


Otro impedimento para la comunicación es la impaciencia de algunos padres para poder incidir educativamente en la conducta de sus hijos. Todo el proceso educativo pasa por la relación que establecen padres e hijos, y ésta se apoya en la comunicación; por eso es tan importante preservarla y mantener la alegría de disfrutarla. Para ello es suficiente que los padres no quieran llevar siempre la razón y convencerse que comunicarse no es enfrentarse.


La vida familiar cuenta también con unos enemigos claros para establecer conversaciones y la relación interpersonal. La televisión en la comida, los horarios que dificultan el encuentro relajado, los desplazamientos de fin de semana... Hay que luchar frente a estas situaciones y adoptar una actitud de resistencia provocando un clima que facilite la comunicación.


Estos enemigos sirven de obstáculo para comunicarnos. Los podemos resumir así:
Generalizaciones: ("Siempre estás pegando a tu hermana","nunca obedeces"). Seguro que en algún momento hace algo distinto de pegar a su hermana. Posiblemente, alguna vez, sí ha sabido obedecer.

Juzgar los mensajes que recibes: La madre, cuando el padre llega de la calle, dice: "Parece que hoy llegas más tarde". El padre replica: "¿Qué pasa?, ¿los demás días llego antes? ¡Siempre estás pendiente de la hora a la que vengo!
No saber escuchar para comprender bien lo que quieren decir realmente.
Discutir sobre tu versión de algo que sucedió hace ya tiempo. ¿Para qué darle tanta importancia a sucesos ya pasados?
Poner etiquetas
Tener objetivos contradictorios.
El lugar y el momento que elegimos.
Hacer preguntas llenas de reproches.
Abusar de los: "Tú deberías", "Yo debería hacer"; en vez de los: "Qué te parece si...", "Quizás te convenga", "Yo quiero hacer", "Me conviene", "He decidido".
Cortes en la conversación porque se presta más atención a lo que quieres decir, que a escuchar al otro.


Tipos de padres según el uso de la comunicación
En función de las palabras que dirigimos a los niños podemos comunicar una actitud de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención. Según analiza el psicólogo K. Steede en su libro Los diez errores más comunes de los padres y cómo evitarlos, existe una tipología de padres basada en las respuestas que ofrecen a sus hijos y que derivan en las llamadas conversaciones cerradas, aquellas en las que no hay lugar para la expresión de sentimientos o, de haberla, éstos se niegan o infravaloran:


Los padres autoritarios: temen perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar al niño a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta las necesidades del niño.


Los padres que hacen sentir culpa: interesados (consciente o inconscientemente) en que su hijo sepa que ellos son más listos y con más experiencia, estos padres utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando las acciones o las actitudes de sus hijos. Comentarios del tipo "no corras, que te caerás", "ves, ya te lo decía yo, que esa torre del mecano era demasiado alta y se caería" o, "eres un desordenado incorregible". Son frases aparentemente neutras que todos los padres usamos alguna vez.

Los padres que quitan importancia a las cosas: es fácil caer en el hábito de restar importancia a los problemas de nuestros hijos sobre todo si realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los nuestros. Comentarios del tipo "¡bah, no te preocupes, seguro que mañana volvéis a ser amigas!", "no será para tanto, seguro que apruebas, llevas preparándote toda la semana", pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o a un joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi inmediato hacia el adulto que se percibe como poco o nada receptivo a escuchar.


Los padres que dan conferencias: la palabra más usada por los padres en situaciones de "conferencia o de sermón" es: deberías. Son las típicas respuestas que pretenden enseñar al hijo en base a nuestra propia experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.


Por último, hay que mencionar la cantidad de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque parezca paradójico). En la vida de un hijo, como en la de cualquier persona, hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el apoyo silencioso. Ante un sermón del padre es preferible, a veces, una palmada en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que siente el otro.



Consejos prácticos

1. Observar el tipo de comunicación que llevamos a cabo con nuestro hijo. Dediquemos unos días de observación libre de juicios y culpabilidades. Funciona muy bien conectar una grabadora en momentos habituales de conflicto o de sobrecarga familiar. Es un ejercicio sano pero, a veces, de conclusiones difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera todas las previsiones ideales.


2. Escuchar activa y reflexivamente cada una de las intervenciones de nuestros hijos. Valorar hasta qué punto merecen prioridad frente a la tarea que estemos realizando; en cualquier caso, nuestra respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no menospreciar su necesidad de comunicación.


3. Si no podemos prestar la atención necesaria en ese momento, razonar con él un aplazamiento del acto comunicativo para más tarde. Podemos decir simplemente: "dame 10 minutos y enseguida estoy contigo". Recordemos después agradecer su paciencia y su capacidad de espera.


4. Evitar emplear el mismo tipo de respuestas de forma sistemática para que nuestro hijo no piense que siempre somos autoritarios, le hacemos sentir culpable, le quitamos importancia a las cosas o le damos sermones.


5. Dejar las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy no hemos sido un modelo de comunicadores, pensemos que podemos mejorar y adaptarnos a una nueva forma de comunicación que revertirá en bien de nuestra familia suavizando o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los hijos.

6. Cuando decidamos cambiar o mejorar hacia una comunicación más abierta, es aconsejable establecer un tiempo de prueba, como una semana o un fin de semana, terminado el cual podamos valorar si funciona o no y si debemos modificar algo más. Los padres tenemos los hábitos de conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, paciencia (¡con nosotros mismos!).


 



 



Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España



 

Continue Reading...

sábado, 15 de mayo de 2010

Fracaso escolar

Dialogar, la mejor solución.

"Sabemos que el fracaso escolar es difícil de comprender y definir porque no es un fenómeno natural, sino producido por las condiciones de interacción entre la propuesta de enseñanza, la apropiación de los aprendizajes por parte de los alumnos, los modos de enseñar y de evaluar, y aspectos contextuales, escolares y familiares."

"El espacio escolar es el primer espacio institucional donde el niño participa sistemáticamente y se encuentra con pares que tienen características similares y diferentes a él, como niño y como alumno".

"Es importante habilitar un espacio de diálogo para poder hablar sobre qué le pasa al niño frente a lo que dicen sobre él, no sólo e las cualidades menos agradables, también en aquellas donde la valoración es alta."

"La entrevista con el maestro o directivo, puede generar posibilidades de reflexión por parte de los educadores sobre sus prácticas, asumiendo que pueden tener errores y presentando otras alternativas para superar la tensión producida; pero también encontramos que otros prefieren volcar la problemática en el niño o su familia, no involucrándose en la situación… Muchas veces la tensión generada entre los adultos no favorece el avance en el aprendizaje del niño…"


Imposible no acordar con esta aguda descripción del problema.

Sin embargo, queremos focalizar en una recomendación que se reitera de diferentes formas, como la clave para resolver estas complejas cuestiones: el diálogo.

Al llegar a este punto, últimamente suele asaltarme la misma preocupación, sea o no el ámbito educativo al que se refiera: con el "diálogo" pasa como con la paz, todos dicen quererla y necesitarla, pero siempre hay alguna guerra. ¿Qué es lo que pasa? ¿Es mera hipocresía de los actores sociales o nos estamos salteando la consideración de algunos requisitos previos al diálogo sobre el contenido de que se trate? Porque, en verdad, uno podría pensar que si los niños estuvieran en manos de adultos capaces de dialogar sinceramente, asumir las respectivas responsabilidades y disponerse con madurez a un trabajo conjunto, prácticamente no habría, salvo excepciones, fracaso escolar, propiamente dicho. Veamos si hay algo más descartada, en principio, la hipótesis de la hipocresía generalizada.

Como cualquier otra interacción entre personas, para que sea posible, hay que querer que ocurra. A veces pasamos rápidamente por alto que hay personas que no quieren dialogar. Por diversas razones, a veces difíciles de explicar desde la lógica, pero con seguras raíces psicològicas. Quieren imponer, evitar, derrotar, manipular, etc. Y, como dijo no hace mucho un importante líder político: "yo estoy dispuesto a extender mi mano, si el otro abre su puño…" Muchos conflictos entre las personas tienen que ver con pretender que dialogue el que no está dispuesto a hacerlo, (o, a la inversa, no darle la oportunidad al que sí está dispuesto). Sería entonces importante entrenarnos en la destreza para distinguir una cosa de otra. Y en estrategias para hablar, antes que de ninguna otra cosa, de la negativa a hablar. 

Para que un niño crezca razonablemente bien, se requiere que se produzcan tres alianzas:


  • la alianza entre dos individuos, con distintas historias y características, provenientes de diferentes familias, para constituirse en pareja.

  • La alianza entre esa pareja y los hijos que decidan tener para constituirse en familia.

  • La alianza como familia, con lo extrafamiliar, con otras instituciones especialmente la escuela (en la que convergen a la vez innumerables representantes de familias diversas de alumnos y de docentes).


Estas alianzas, si bien se suceden en el tiempo, no lo hacen ni armónica ni ordenadamente, por lo cual, cuando se está tratando de resolver la tercera, a menudo hay aún escaramuzas cuando no verdaderas batallas respecto de las otras dos. Y, por ende, cuando el niño entra a la escuela (y con él de algún modo su familia toda) lo hacen con todo eso encima. Y con las enormes expectativas que todos los padres proyectamos por infinitas razones sobre nuestros hijos. Unos más y otros menos, pero siempre.

La escuela, por su parte, tampoco es un ente monolítico, coherente y totalmente racional en sus decisiones. Porque debe conciliar, también, a su modo, diversas alianzas. El personal directivo entre sí con los docentes, con las autoridades del sistema, con los muy diversos padres y madres, con los alumnos, con el personal administrativo, con los gremios, etc. etc. Cada sector con sus "razones" y sus cuestiones no resueltas.

Tales cuestiones "no resueltas" hacen que mucha gente se instale en lo que ha dado en conceptualizarse últimamente como "Síndrome de enojo crónico" (SEC). No es gente "que se enoja" por algo sino que "está enojada", "vive enojada", y por tanto descarga ese enojo donde puede y cuando puede. Y suele comportarse como el escorpión de la fábula que, alentado por la ingenua y "racional" rana, se hunde él mismo por no poder "dejar de ser quien es"…

Un terapeuta solía preguntar a sus pacientes enredados en esos "juegos de suma cero", donde la ganancia de uno es la derrota del otro: "¿vos querés tener razón o ser feliz?" Y a veces esa sola pregunta les hacia replantear años enteros de sus vidas.  A su vez, el poeta T.S. Eliot hace decir a un personaje de su obra "The cocktail party" que "mucho del daño que se hace es porque la gente quiere sentirse importante". Y cuando ese afán, por diversas razones, es muy acuciante, mucha gente se embarca en relaciones interpersonales en las que no prima el deseo de coordinar intereses, sino el de confrontar posiciones. Y por supuesto, imponer la suya.

La comunicación es un arte, y la negociación también. Y ni la mayoría de los padres ni la mayoría de los maestros han sido entrenados en ellos. Crear un clima y a la vez un marco normativo adecuado para que el tan mentado diálogo no sólo sea posible, sino también eficaz, es un prerrequisito ineludible. Establecer, por ejemplo, de qué vamos a hablar, cómo, cuándo, dónde, y también, de qué no vamos a hablar, y por qué…etc., etc.

El clima tiene que ver con el bienestar mínimo de los participantes, y la normativa, con el sentido del encuentro. Sin tener eso en cuenta lo que habrá no será diálogo sino ruido y desorden. Más aún en condiciones como las actuales en las que en nuestro ámbito social se ha instalado muy fuertemente una especie de "cultura de la acción directa" basada en el descrédito bastante generalizado de las instituciones mediatizadoras. La paradoja parece ser: "si no hago ruido no me escuchan, pero si lo hago sólo se escucha el ruido".

Es claro que estas precisiones no van dirigidas a minimizar las posibilidades y méritos del diálogo como herramienta, pero si a ubicarlo como algo que hay que aprender a usar. A conciencia de que es difícil, y que así como la libertad de expresión es poder decir aún lo que el otro preferiría no oír, escuchar, estrictamente hablando, es estar dispuesto a oír lo que preferiríamos que nadie nos dijera. Y eso, requiere ciertas condiciones personales e institucionales. Condiciones que se construyen, que se elaboran, que se aprenden. Condiciones vinculadas a la metacomunicaciòn, o sea, a pensar sobre como pensamos y a hablar sobre cómo hablamos.

En ese sentido, desde las escuelas sería deseable que se hiciera llegar a las familias mensajes destinados a generar el mayor bienestar posible y a esclarecer al máximo el sentido, tan complejo y trabajoso del vínculo que inevitablemente los une.

                                                               Lic. Rolando Martiñá*
Para profundizar:
Martiñá, Rolando: "La comunicación con los padres", Troquel, 2007.  
________________________________________
(*) Rolando Martiñá, padre de dos hijos y abuelo de cuatro nietos, es Maestro Normal Nacional, Licenciado en Psicología clínica y educacional. Posgrado en Orientación Familiar, convenio Fundación Aigle- Instituto Ackerman de Nueva York. Miembro del Programa Nacional de Convivencia Escolar, Ministerio de Educación de la Nación. Consejero familiar y de instituciones educativas. Autor de "Escuela hoy: hacia una Cultura del Cuidado", Geema, 1997; "Escuela y Familia: una alianza necesaria", Troquel, 2003; "Cuidar y Educar", Bonum, 2006 y "La comunicación con los padres", Troquel, 2007. Mail de contacto: rmartina@fibertel.com.ar

Continue Reading...

domingo, 25 de abril de 2010

La comunicación familia escuela


Muy interesante trabajo, que trata sobre la entrevista del tutor del establecimiento con los padres de familia. Comunicación verbal, no verbal y contexto.


Es un video didáctico sobre habilidades comunicativas, donde se destacan tres formas de abordar la comunicación:
Modelo de comunicación agresivo
Modelo de comunicación inhibido
Modelo de comunicación asertivo


Considero que la buena relación entre la familia y la escuela, es condición imprescindible para encontrar el camino de la calidad educativa, y para ello la función del tutor es de vital importancia.



Continue Reading...

lunes, 9 de marzo de 2009

La relación padres-hijos

Los niños se benefician de las relaciones padres-hijos que cuentan con un lenguaje rico y están basadas en el apoyo emocional.

Resultados de la investigación
El desarrollo del lenguaje comienza en el momento del nacimiento y es central en las interacciones que el niño mantiene con sus padres. Existe un conjunto de conductas familiares que han probado ser importantes para preparar el aprendizaje del niño en el centro escolar: hablar con el niño, escucharle con atención, leerles a los niños y escuchar cómo leen, hablar sobre lo que los padres y el hijo están leyendo, contar historias, hablar todos los días, y escribir cartas. Todas estas actividades conllevan interacciones verbales entre los padres y el hijo. Por ello, es difícil separar las interacciones verbales de los vínculos emocionales y afectivos que subyacen en ellas. Por esta razón, en esta exposición mantenemos unidas las expresiones de afecto de los padres y las actividades verbales de conversación, vocabulario, lectura y comentario. También es importante para la relación padres-hijos la demostración constante de que el aprendizaje es una parte natural de la vida -alegre por derecho propio, es parte de la experiencia familiar, y especialmente gratificante cuando se produce a través del descubrimiento en museos, zoos y lugares históricos.

Aplicación
A primera vista puede parecer simplista sugerir que cuando las familias mantienen conversaciones sobre hechos de la vida diaria, sus hijos trabajan mejor en el centro escolar.

¿No hablan todas las familias sobre hechos de la vida diaria? Quizá, pero hay una gran variación en la calidad y cantidad con que se produce esta interacción. ¿El tono que subyace en la conversación es positivo, reforzante? ¿Transcurre la conversación en ambas direcciones –entre padres e hijos? ¿Las dos partes escuchan y hablan? Cuando los niños van creciendo, el tiempo que se invierte en la conversación con los padres puede disminuir. Las rutinas diarias de interacción, como un tiempo relajado para cenar, proporcionan continuas oportunidades para la conversación familiar.

Un vínculo emocional consistente entre padres e hijos, demostrado de modo palpable a través de expresiones de afecto, proporciona al niño un mayor bagaje psicológico para enfrentarse a las situaciones de tensión y a los retos que presenta la vida fuera del hogar, especialmente en el centro escolar. El afecto constituye también un lubricante social para la familia, afianzando relaciones y facilitando el desarrollo de actitudes positivas hacia la escuela y el aprendizaje.

Cuando la familia habla sobre libros, noticias del periódico, revistas, y programas de televisión, la mente de los niños está expuesta a las delicias de la indagación verbal. El juego de descubrir hechos, de confrontar diferentes opiniones, y la emoción que produce la información, abre las puertas a los niños a la actividad intelectual. La curiosidad se mantiene viva. Este mismo estímulo hacia el deseo de descubrir cosas, de pensar a través de lo que sucede en nuevas situaciones, y de intercambiar opiniones de modo entusiasta, es alimentado también por las visitas que hace la familia a las bibliotecas, museos, zoos, lugares históricos, y acontecimientos culturales.

El vocabulario es la pieza central para la construcción del pensamiento y de la expresión. A todos los niños pequeños les encanta probar palabras nuevas. En algunas familias se estimula la exploración con palabras; de hecho, constituye una fuente continua de placer para la familia. Pero a algunos niños se les ridiculiza cuando pronuncian mal o cuando utilizan erróneamente una palabra nueva; su atracción por las palabras puede extinguirse, y pueden sentirse forzados a centrarse en un vocabulario limitado.

A los padres se les puede enseñar, a través del “role playing” o de otras técnicas, a desarrollar la habilidad de escuchar bien a sus hijos, para convertir los diálogos diarios simples en conversaciones familiares enriquecidas, y para jugar con sus hijos a juegos con palabras que promuevan interés por el vocabulario. También se les puede animar a visitar museos y otros lugares estimulantes y a que impliquen a sus hijos en actividades donde puedan sentir la emoción de descubrir cosas. Los padres pueden aprender también la importancia que tienen los contactos afectivos con sus hijos, especialmente en los momentos en que el niño se siente temeroso o ansioso –por ejemplo, al salir de casa por la mañana o al acostarse por la noche.

Las familias que están muy ocupadas pueden olvidar el hábito de conversar diariamente. Pedir a los padres que inviertan al menos un minuto diario en conversar deliberadamente con cada hijo, escuchando con atención lo que el niño tiene que decir sobre lo que le ha pasado en el día, sin distraerse con otros miembros de la familia o con la televisión, les demostrará lo irrepetible y preciosos que pueden ser esos momentos. Compartir estas experiencias con otros padres, en contextos de grupos pequeños, amplia su impacto.



Extraído de
ACADEMIA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN OFICINA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN
SERIE DE PRÁCTICAS EDUCATIVAS
Familias y centros escolares
Sam Redding
Continue Reading...
 

Histats

Stat Counter

Escuela y familia Copyright © 2009 WoodMag is Designed by Ipietoon for Free Blogger Template