domingo, 30 de noviembre de 2008

Un programa de aprendizaje de la lectura

En este artículo se pretende explicar básicamente la política que la Administración educativa está llevando a cabo en relación con la lectura. Es necesario que las familias sigan esforzándose en colaborar con el ámbito educativo para que los niños adquieran un correcto nivel y ritmo lector que les facilite un rendimiento adecuado a sus posibilidades. Es por ello que este artículo se propone como OBJETIVO explicar cuáles son las líneas básicas de la enseñanza de la lectura, los objetivos que se derivan de las grandes finalidades, los principios en que se fundamenta esa enseñanza, las experiencias lectoras que se utilizan, así como las características propias de todo programa lector.Hoy día, la Administración educativa está haciendo un esfuerzo importante para realzar el prestigio que la lectura debe tener en la escuela y para toda persona. El FOMENTO DE LA LECTURA se plasma en los distintos Reales Decretos de Enseñanzas Comunes para las distintas etapas que componen el nuevo Sistema Educativo establecido por la conocida Ley de Calidad. En estos Reales Decretos, la comprensión lectora y la capacidad de expresarse correctamente serán desarrolladas en todas las áreas del currículo. También se ordena que las administraciones educativas promoverán las medidas necesarias para que en las distintas áreas se desarrollen actividades que estimulen el interés y el hábito de la lectura y de la expresión oral.

La importancia de la lectura en la formación de los estudiantes y en el desarrollo cultural, llevó al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a iniciar un Plan de Fomento de la Lectura que en su primera fase, se extiende de 2001 a 2004. Este Plan supone una primera respuesta a la necesidad de abordar acciones institucionales de fomento de la lectura desde diversos campos con el fin de, por una parte, consolidar este hábito en el ámbito educativo y, por otra, difundirlo entre sectores más amplios de la sociedad.

El objetivo básico del Plan es potenciar los hábitos de lectura, especialmente entre la población infantil y juvenil. Sus elementos principales son la mejora de la Red de Bibliotecas públicas y escolares; el fortalecimiento de las campañas de comunicación, promoción y dinamización de la lectura; la colaboración con las actividades del sector del libro, fundaciones y otras instituciones en relación con la promoción de la lectura, y el carácter abierto a la incorporación de nuevas iniciativas y a la colaboración con otras instituciones públicas y privadas, y con los medios de comunicación.Entre las acciones contempladas en el Plan figuran varias que el Ministerio realiza en colaboración con otras administraciones e instituciones, como el programa de Bibliotecas Públicas del Estado, de titularidad estatal y gestión autonómica, y el programa de animación a la lectora que se desarrolla con la Federación Española de Municipios y Provincias.En cuanto al desarrollo del plan de fomento de la lectura hay que decir básicamente que se compone de cinco líneas de actuación:a) Instrumentos de análisisb) Bibliotecas Escolares y otros programas en el área educativa.c) Bibliotecas Públicas.d) Acciones de comunicación.e) Actividades de animación a la lectura.

Una vez vista la política que la Administración educativa sigue en relación con el fomento de la lectura, debemos centrarnos en cómo es un programa de aprendizaje lector. Actualmente se aplica la idea de que la enseñanza de la lectura debe ser más amplia que en el pasado para satisfacer las exigencias cada vez mayores del mundo desarrollado.

Un programa de lectura no se limita a desarrollar en los niños las técnicas básicas y destrezas interpretativas de unos signos escritos; no se limita a desarrollar la capacidad para agrupar palabras en unidades de pensamiento; no puede limitarse a desarrollar hábitos y métodos de estudio tales como lectura de mapas, interpretación de gráficas, cartas, etc.

Además de lo anterior, la instrucción lectora en nuestro Sistema Educativo se propone como grandes FINALIDADES DE LA LECTURA las siguientes:
1. Desarrollar la actitud que estimule al lector a buscar información y referencias, ampliar sus intereses y cultivar el gusto lector que permita al sujeto elegir sus libros con acierto;
2. Desarrollar la independencia del lector fomentando la confianza en sus propios recursos, capacitándole para iniciar por su cuenta actividades lectoras y facilitándole la tarea de adaptarse al tipo de lectura adecuado para diversos fines;
3. Desarrollar la capacidad crítica del lector;
4. Desarrollar la aptitud para establecer relaciones entre lo leído y los problemas que pretende resolver;
5. Desarrollar la capacidad de síntesis del individuo;
6. Desarrollar la capacidad para distinguir los hechos de las opiniones del autor, la propaganda y los prejuicios de la realidad;
7. Desarrollar la aptitud para sacar conclusiones de lo leído;
8. Desarrollar la capacidad de goce lector y;
9. Desarrollar la aptitud de compartir libros y material interesante a través de la lectura oral interpretativa y la discusión sobre el contenido.

De estas grandes finalidades ha de surgir un programa de aprendizaje de la lectura. Los padres deben tener en cuenta que EL CRECIMIENTO EN LECTURA ES UN PROCESO EVOLUTIVO Y CONTINUO en una doble dirección:

1. El alumno aumenta progresivamente su capacidad para leer materiales cada vez más complejos, lo que requiere la ampliación sucesiva de sus conocimientos y de su capacidad para organizarlos, en orden a una más perfecta asimilación de los nuevos conceptos que la lectura le ofrece.
2. el lector aumenta también progresivamente su capacidad para leer material cada vez más específico en contenido, lo que exige un incremento de vocabulario especial de cada materia, una mayor capacidad para adaptar las técnicas lectoras a las exigencias del texto y la comprensión de materiales cada vez más diferenciados.

En numerosas ocasiones los padres han consultado una programación sobre cómo se enseña a leer o los primeros pasos en la lectura de los niños. O bien han preguntado a los maestros cómo pueden ellos, en casa, ayudar o colaborar para favorecer el aprendizaje de la lectura en los niños. Es interesante saber cuáles son los objetivos que los docentes se plantean en cualquier programa lector.

Por eso, las grandes finalidades citadas anteriormente se materializan dentro del programa de aprendizaje de la lectura en unos OBJETIVOS que podemos enumerar de la siguiente manera:
HABITOS Y ACTITUDES LECTORAS: valoración de la lectura como un medio de comunicación; preocupación por los libros; curiosidad intelectual y consideración de la lectura como un medio de satisfacer esta curiosidad; autoexigencia de comprender lo leído; hábito de prestar atención a las palabras y a su significado, hábito de iniciar actividades lectoras; confianza en sí mismo y en los propios recursos.RECONOCMIENTO DE PALABRAS: adquisición de un extenso vocabulario visual; desarrollo de la capacidad para reconocer las distintas variables de las palabras conocidas; desarrollo de las aptitudes para reconocer palabras nuevas.EFICIENCIA EN LA UTILIZACIÓN DEL MATERIAL IMPRESO: desarrollo de aptitudes y destrezas para localizar el material de lectura; utilización eficiente de libros y material de referencia; desarrollo de técnicas para la ordenación del material leído; interpretación de mapas, gráficos, índices, tablas y otros medios auxiliares.
COMPRENSIÓN LECTORA: desarrollo de los aspectos básicos de la comprensión; desarrollo de los distintos tipos de comprensión.

ADAPTACIÓN A LAS EXIGENCIAS LECTORAS DE LAS DIVERSAS ASIGNATURAS: adaptación de la velocidad lectora a las exigencias del texto; selección de motivos adecuados al contenido de cada asignatura; eficacia para la lectura de textos de contenido discontinuo, como los libros de geografía; eficacia para la lectura de textos de contenidos acumulativo, como los libros de ciencias; eficacia para la lectura de texto cuyo contenido tiende a ejercer influencia sobre el sujeto, como los libros de conocimientos sociales.AMPLIACIÓN DE LOS INTERESES LECTORES Y CULTIVO DEL BUEN GUSTO: fomentar el interés por diversas facetas de la experiencia humana; despertar el deseo de compartir las experiencias, ideas y conocimientos de los autores; cultivar un gusto lector exigente.DESTREZA EN LA LECTURA INTERPRETATIVA ORAL: expresar una idea; participa de una experiencia; interpretar a un autor.Pero también debemos saber que todo programa de enseñanza de la lectura tiene que incluir cuatro tipos fundamentales de EXPERIENCIAS LECTORAS, a saber:
1. Programa básico: las destinadas a enseñar al niño cómo leer.
2. Actividades diseñadas para que el escolar aplique sus conocimientos lectores a las diferentes materias del programa.
3. Programa de lecturas dirigidas o literatura para niños: experiencias concebidas con finalidad recreativa y del perfeccionamiento personal.
4. Programa correctivo: experiencias destinadas a reeducar a los niños que presentan pequeñas dificultades de aprendizaje.

Estas experiencias nos ayudarán a conseguir los objetivos propuestos en el programa de aprendizaje lector. Los padres han de conocer los fundamentos en que se basa dicho programa para así poder colaborar de forma coordinada siguiendo las orientaciones de los docentes. Estas sugerencias de trabajo o de refuerzo que las maestras y maestros transmiten a las familias están basadas en las siguientes CARACTERÍSTICAS que todo programa de aprendizaje de la lectura posee:
1. El desarrollo lector se asemeja más a un proceso continuo que a un avance a través de etapas sucesivas y relativamente independientes entre sí.
2. El programa de lectura es ordenado, consecutivo y sistemático.
3. El proceso lector es significativo e intencional. El aprendizaje por “ensayo y error” u ocasional resulta ineficaz para la lectura.
4. El programa de lectura no se limita a señalar lo que el niño debe leer en cada materia de enseñanza, sino que determina también cómo leerlo.
5. El programa de lectura prevé la preparación discente para cada uno de los niveles instructivos.
6. Los libros de lectura deben ser interesantes, atractivos y adecuados al nivel de madurez del niño.
7. La dificultad de los materiales debe ser proporcional a la capacidad lectora del individuo. Ya sabemos que los libros de lectura infantiles nos orientan sobre la edad infantil más recomendada.
8. En la escuela y en casa debe haber una atmósfera amistosa, intelectualmente estimulante y favorecedora de la creatividad.
9. El programa está integrado por unidades ajustadas a los principios básicos de la enseñanza de la lectura.
10.El programa de lectura incluye unidades didácticas variadas. La diversidad es necesaria porque los objetivos lectores son variados.
11. La enseñanza de la lectura debe ajustarse al ritmo de desarrollo individual.
12. La lectura oral es más un objetivo que un método de enseñanza.
13. El aprendizaje debe realizarse en condiciones favorables. Se consiguen mejores resultados con aquel niño que sabe que utiliza la lectura como herramienta de aprendizaje que el que lee con ansiedad o miedo al fracaso.
14. Amplitud del programa lector. En el aprendizaje de la destreza lectora se incluyen los distintos tipos de experiencias que hemos comentado anteriormente.

Mientras tanto y para finalizar, una vez que conocemos un poco más el esfuerzo de la Administración educativa en el fomento de la lectura y la esencia de un programa de aprendizaje lector nos queda sugerir que se lea en casa y una de las formas más atractivas e interesantes es la LECTURA EN VOZ ALTA. La lectura en voz alta es una práctica esencial. Tanto el leer mientras otros escuchan como escuchar lo que otro lee, produce en el niño un extraordinario placer. Quizá el escuchar la lectura de un cuento sea el modo más adecuado de implicar e interesar al niño en la lectura y ayudarle a adquirir un rico y extenso vocabulario, antes incluso de que pueda leer por sí mismo.

Pero, sobre todo, cuando ya vaya adquiriendo cierta soltura, la práctica diaria de la lectura en voz alta contribuirá, en el incipiente lector, a mejorar además su escritura y su capacidad de expresión oral.

Otra ventaja de la lectura en voz alta es que, al ser una experiencia compartida, aumenta el interés de los niños por participar y les entrena en las destrezas de escuchar, prestar atención y hacer una síntesis mental de lo leído o escuchado. La lectura en voz alta debe convertirse en práctica habitual de todos los miembros de la familia.

Es muy importante que el niño sepa que su padre, su madre y cada uno de sus hermanos siempre tienen un libro en la mesita de noche y que cuando terminan uno empiezan otro, y otro... ¡Que vivan el espíritu y el ansia de leer desde los primeros años! El entorno cultural es determinante siempre para el futuro intelectual de cualquier persona; no lo olvidemos los padres.

Del programa español de lectura
Extraído de http://www.isftic.mepsyd.es/w3/recursos2/e_padres/html/lectura.htm
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sábado, 29 de noviembre de 2008

¿Para aprender hay que esforzarse?

En el artículo titulado “El valor del esfuerzo en la formación de la persona” se analiza qué se entiende por esfuerzo, cuál es la importancia que el Sistema Educativo da al esfuerzo, la relación del esfuerzo como valor de la persona con otros valores como la disciplina, la obediencia, el trabajo bien hecho, etc.En el presente artículo queremos reflexionar sobre las posibilidades que existen de fomentar el valor del esfuerzo en el niño, la importancia que tiene el esfuerzo de la persona para un mejor aprendizaje, veremos cómo sí es posible que su hijo aprenda a esforzarse y enumeraremos (además de las ya citadas en el artículo citado) unas pautas concretas que usted, padre/madre, puede poner en práctica para ayudar a su hij@ a esforzarse.

Por ESFUERZO entendemos la “acción enérgica del cuerpo o del espíritu para conseguir algo”. También “empleo de elementos costosos en la consecución de algún fin” (Diccionario Espasa Calpe, 2001).

Algunos autores afirman que existe aprendizaje sin esfuerzo. Parte de verdad tienen porque hay que recordar que buena parte de las competencias funcionales que el individuo adquiere (la comunicación, la capacidad de andar, etc) se aprenden con muy poco esfuerzo.

Si consideramos la segunda acepción de la definición de esfuerzo que hemos citado, el esfuerzo supone poner en juego “elementos costosos” ante una tarea, planificar los pasos que deberán realizarse, anticipar sus consecuencias, pensar en indicadores de progreso, supervisar la actividad mientras se realiza, revisar los resultados intermedios, introducir las correcciones necesarias, buscar alternativas de solución a un incidente no previsto, evaluar la adecuación del proceso seguido y la pertinencia del producto obtenido, aprender de los errores cometidos para próximas tareas, y esto sustentado sobre mecanismos de automotivación que la persona debe crear como alimentar el propio interés, controlar la ansiedad, reducir los sentimientos de miedo a fracasar, persistir en el empeño, o pedir apoyo y ayuda cuando sea necesario.

Según lo anterior, el esfuerzo es también una cuestión de grado como sucede con la motivación. No hay una sola manera de esforzarse, sino muchas. El simple hecho de escuchar un momento a un adulto supone para muchos niños un esfuerzo enorme aunque no se impliquen en absoluto en la explicación. Debemos tener en cuenta que el esfuerzo en sí mismo no garantiza el aprendizaje. Sin esfuerzo es difícil que haya aprendizaje, pero a menudo el simple esfuerzo conduce únicamente al hastío o a aprendizajes de ínfima calidad.

EL ESFUERZO SE APRENDE. Hay quien dice que todo aprendizaje implica un esfuerzo. Un factor determinante del éxito escolar en todas sus etapas es el desarrollo, cultivo y afianzamiento de la voluntad de aprender. Esta voluntad de aprender posee un doble sentido: por un lado, se trata de un querer saber (actitud de atención hacia el mundo, nosotros mismos, etc.).

Por otro, es también un querer poner los medios para saber: quiere decir, estar dispuesto a movilizar la mayor cantidad de recursos posible para conseguir el aprendizaje mediante el esfuerzo. Es preciso presentar el esfuerzo como un progreso sostenido a lo largo de un proceso de aprendizaje.

Es en el periodo de 3 a 5 años cuando se deben establecer las bases para que el individuo pueda ir interiorizando la necesidad de esforzarse como parte esencial de su responsabilidad en el proceso educativo.

Para el aprendizaje del esfuerzo contamos con una serie de principios que orientan la enseñanza de estrategias de autorregulación del esfuerzo. Estos principios son tres:

  • Las estrategias se deben centrar en la comprensión de la necesidad de esforzarse en determinadas circunstancias y de ajustar ese esfuerzo al objetivo y condiciones de la tarea en cuestión.
  • Las estrategias han de permitir al niño tomar conciencia del conjunto de decisiones y operaciones mentales que pueden facilitar el mantenimiento y regulación de su esfuerzo.
  • Las estrategias han de focalizar el trabajo en la gestión de los factores emocionales que acostumbran a acompañar a aquellas actividades que exigen un cierto nivel de esfuerzo como pueden ser la ansiedad, el desánimo, la impotencia, la incertidumbre, etc.

Teniendo en cuenta estos principios, desde el primer momento, el adulto debe poner en juego una serie de estrategias que se resumen en favorecer el interés y anclar en esa actitud las exigencias de un rendimiento cada vez mayor.


Los padres deben saber que en el Sistema Educativo se busca alcanzar la finalidad de la personalización del esfuerzo a través de los siguientes objetivos que también se han de buscar en el ámbito familiar:
1. Suscitar el interés de los chicos, diseñando una variedad de actividades motivadoras que promuevan o faciliten el esfuerzo y logren captar el interés del niño.

2. Ayudar a organizar la información y ofrecer las herramientas necesarias que posibiliten la adquisición de los conocimientos y refuercen la confianza en las propias capacidades.

3. Diseñar estrategias para superar las dificultades, disfrutar los logros y compartir unas y otras experiencias con los demás.

4. Mantener la continuidad en la exigencia.


Pero no en todos los ámbitos familiares se fomenta de igual manera el esfuerzo. Así nos encontramos distintas formas de actuar o PATRONES DE CONDUCTA FAMILIAR a la hora de inculcar en los niños este valor:
1. No querer traumatizar a los niños obligándoles a esforzarse. Creen que “bastante se han esforzado y se esfuerzan ya ellos".

2. Incoherencia al obligar a sus hijos a esforzarse en determinados ámbitos, generalmente el académico, y no mostrar la misma firmeza ante otras cuestiones como pueden ser asumir responsabilidades en cuanto a hábitos de autocuidado, compartir tareas de la casa, prescindir de algo en beneficio de los demás..., convirtiéndose en “asistentes” de sus hijos y colaboran con la ingenua creencia de que si les liberan de estas tareas van a tener más energías y tiempo para estudiar.

3. Transmitirles un doble mensaje contradictorio: uno de modo explícito que consiste en insistir en el valor del esfuerzo para alcanzar y mantener metas de tipo material o de estatus social y otro implícito por la realidad percibida por el niño de unos padres insatisfechos por una vida extremadamente competitiva, falta de tiempo, estrés, etc. que hace preguntarse a los hijos si merece la pena esforzarse para alcanzar ese resultado.

4. Creer que es mejor no intervenir directamente en la educación de sus hijos “que la vida ya les enseñará lo que deben hacer y lo que cuesta ganarse las cosas” o bien “que la naturaleza ya se encargará de hacer su trabajo e irlos madurando”.

5. Pensar que la motivación implica entretenimiento y que básicamente ha de venir la escuela. “Mi hijo no aprende porque la escuela, los profesores o el método empleado no son atractivos para él”.

6. Obstinarse en que sus hijos se esfuercen por alcanzar metas adecuadas desde el punto de vista paterno, sin tener en cuenta las capacidades, motivaciones o intereses del niño.7. Fijar la atención solamente en los comportamientos inadecuados y en las equivocaciones, potenciando, así, la inseguridad y la apatía.

8. Fomentar diferencias entre los roles de género, reforzando la elección de caminos distintos en función del sexo.


El problema con el que nos encontramos los adultos es que debemos enseñar a los niños a esforzarse, a comprender el valor y el sentido del esfuerzo, a esforzarse en la dirección adecuada. Para enseñar a esforzarse es imprescindible transmitir los BENEFICIOS DEL ESFUERZO. En primer lugar los conocimientos que producen una satisfacción íntima, ayudan a comprenderse a sí mismo y al mundo en el que nos ha tocado vivir.

Nos ayudan a encontrar respuesta a las muchas preguntas que nos surgen; conocer las propias limitaciones y tener el valor suficiente para seguir arrancándole a la vida los innumerables secretos que encierra. En segundo lugar, los productos del conocimiento ya que gracias a ellos, el hombre ha evolucionado y ha conseguido mejorar su calidad de vida. Por último, el desarrollo de la propia personalidad. Con el esfuerzo, el hombre consigue el máximo de sí mismo.


Extraído de http://www.isftic.mepsyd.es/w3/recursos2/e_padres/html/aprendi_esfuerzo.htm

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Cómo aprenden los niños

En otra ocasión hemos hablado sobre la necesidad de enseñar a poner límites a nuestros hijos. Para llevar a cabo esta necesidad, quizá sea de interés comprender el modo en que las personas aprendemos nuestras conductas, como camino para analizar las de nuestros hijos.

Empecemos por precisar algo sobre el concepto de conducta. A un niño no se le puede enseñar a ser bueno ni a ser obediente... Se le adiestra en conductas que le hacen parecer bueno, obediente... Las conductas son acciones concretas -adecuadas o inadecuadas- en circunstancias determinadas. Enseñamos a los niños a realizar conductas adecuadas en momentos determinados o a modificar conductas inadecuadas o que se producen en circunstancias inadecuadas.

La psicología del aprendizaje describe tres modelos principales de incorporación de conductas en la persona:
Condicionamiento clásico.
Condicionamiento operante o instrumental.
Aprendizaje observacional o vicario.

Condicionamiento clásico.
El condicionamiento clásico surge de los estudios de I. P. Pavlov sobre los estímulos condicionados en animales, que naturalmente tuvo reflejo importante en las teorías sobre el aprendizaje de conductas en las personas.

Las personas utilizamos esta forma de aprendizaje a través de la asociación de estímulos significativos para la supervivencia con otros no significativos biológicamente (apartarnos con urgencia ante el sonido de la sirena de una ambulancia), pero también sabemos que una sonrisa de nuestro interlocutor puede significar aprobación y que la ausencia de contacto visual con él supone, entre otras cosas, que no le interesa lo que le estamos diciendo y, por tanto, nos callamos.

En los niños este proceso de aprendizaje se da de manera más significativa. Rápidamente asocian estímulos condicionados con estímulos incondicionados. El niño que se muerde las uñas y se las untan con un líquido de sabor desagradable acabará asociando morder las uñas con la sensación de un sabor desagradable, de tal forma que acabará no mordiéndoselas aunque sus uñas no estén untadas.

Se puede utilizar esta forma de aprendizaje para descondicionar conductas. Si un niño tiene miedo al agua y se resiste a bañarse, la mejor manera de quitárselo sería exponerle al agua, de forma no traumática (sin aguadillas o empujones), y estar con él hasta que se tranquilice. Evidentemente este procedimiento sólo sirve en casos de miedo, no en el de fobias para las que es recomendable tratar con un profesional.

Condicionamiento operante o instrumental.
En el condicionamiento clásico lo que realiza el animal es una asociación entre dos estímulos que provoca una respuesta. El psicólogo norteamericano B. F. Skinner descubrió que a partir de la respuesta que da el animal se obtiene un reforzador que permite que se repita esa respuesta. (La paloma aprende a apretar una palanca para conseguir comida)

Si queremos que un niño repita una conducta tendremos que reforzársela, darle un estímulo, y si lo que buscamos es que deje de realizarla deberemos evitar cualquier refuerzo. Los estímulos reforzadores no tienen que ser siempre materiales. En los niños, son más reforzadores una sonrisa o una felicitación de los padres que una golosina.

El castigo está incluido en este procedimiento de aprendizaje: el niño que da una respuesta no aceptable obtiene un estímulo desagradable. Dentro del modelo se comprueba que reforzar positivamente las conductas es más efectivo que el castigo, ya que este, aunque no carezca de cierta eficacia, produce agresividad en el individuo y, cuando se abusa de él, indefensión.

El modelo también explica cómo enseñar conductas complejas, mediante un proceso de aproximaciones sucesivas. Si queremos que el niño aprenda un conducta compleja, descompongamos ésta en partes, ordenadas por el grado de dificultad, y vayamos reforzando su realización sucesiva. Un ejemplo: si queremos que nuestro hijo de seis años colabore en casa poniendo la mesa, al principio le pediremos que coloque el mantel y le felicitaremos por realizarlo. Después de varios días, cuando haya aprendido a poner el mantel, le pediremos que coloque el mantel y que lleve los platos y le felicitaremos por realizarlo. Así sucesivamente hasta conseguir el objetivo.

Aprendizaje observacional o vicario.
A diferencia de los dos paradigmas anteriormente citados en los que el sujeto pone en marcha sus habilidades frente a las situaciones, los psicólogos A. Bandura y R. H. Walters plantean el aprendizaje como un proceso que trasciende las características individuales: el sujeto no podría aprender conductas nuevas sin poseer un elenco de conductas previas, es decir, aprende observando cómo actúan otras personas.

Los niños, más que nadie, son propensos a imitar las conductas que ven en personas significativas. Por tanto nos encontramos con una herramienta potente en el proceso de enseñanza de conductas pero también con una fuente de aprendizaje de conductas poco adecuadas. Un niño no necesita a nadie que le enseñe a ser violento si descubre que hay héroes de la televisión o del deporte que realizan conductas violentas y son aplaudidas por ellas.

Podemos utilizar sus personajes favoritos para señalarles aquellas conductas que nos parezcan apropiadas, o comportarnos delante de ellos como queremos que se comporten.

Algunas ideas más
El refuerzo, la ausencia del refuerzo o el castigo han de ser contingentes a la conducta desarrollada. No se puede castigar o premiar una conducta semanas después de que ha sucedido porque el niño no asociara conducta y refuerzo.

Si se refuerza o se sanciona una conducta, se ha de ser consistente. No se puede reír una conducta que horas después será amonestada. De este modo se refuerza y castiga la misma conducta lo que produce desorientación en el niño.

El refuerzo o castigo han de ser proporcionales. No se puede premiar el que un niño ponga la mesa con una videoconsola, ni castigar el que rompa accidentalmente un vaso con la retirada de la paga de dos meses.
Se ha de ser coherente con las conductas que se exijan, y con los premios o castigos que se prometan. Los padres han de cumplir aquello que piden a sus hijos.


Extraído de http://www.isftic.mepsyd.es/w3/recursos2/e_padres/html/com_apren.htm
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viernes, 28 de noviembre de 2008

Cómo ayudar a nuestros hijos en los estudios

La tarea educadora de los hijos es un derecho y deber primario que tienen los padres. El resto de las instituciones que aparecen a lo largo de la escolaridad de un niño tratan de educarlo por delegación implícita que hacen los padres de ese derecho primero. Pero delegar una tarea, no quiere decir olvidarse, es por ello, que los padres no pueden omitir el derecho y deber primero a la educación de sus vástagos.La interrogante que surge es.¿cómo ayudar a nuestros hijos en los estudios?, a esta pregunta vamos a tratar de darle respuestas:

1.- Creando un ambiente de estudio en casa
El ambiente que nos rodea es la influencia que tiene en nosotros el entorno que nos rodea. Watson uno de los iniciadores del conductismo en psicología, ya decía: “Dadme un niño y podré hacer de él o un criminal o un santo”. Con ello quería poner de manifiesto la influencia decisiva que tiene el entorno que nos rodea en la personalidad o en la manera de conducirnos. Somos lo que hemos aprendido a ser.
Crear un ambiente no es la actuación de unos días concretos, sin continuidad de manera esporádica para tratar de conseguir unos objetivos educativos. Crear un ambiente significa una actuación sistemática, perseverante para conseguir los objetivos marcados.¿Cómo se crea el ambiente de estudio?:
Incidiendo desde todos los planos posibles para conseguir el objetivo, es decir, desde los valores a fomentar, ser laboriosos, ser constante en las tareas, valorar el esfuerzo, etc.
Cuidando los detalles materiales que favorezcan el trabajo: que exista un sitio para estudiar, este lugar deberá reunir algunas condiciones mínimas del tipo de las siguientes: aislamiento de ruidos y cosas que distraigan; iluminación suficiente; silla y mesa de trabajo funcionales para las tareas que se realizan normalmente.
Respetando los padres el tiempo de tareas sin interferir con otros encargos que puedan surgir, que la televisión no esté puesta en el tiempo de trabajo, etc.
Creando hábitos de estudio, es decir, repitiendo siempre el mismo horario de estudio, de trabajo.. en un ambiente de silencio.
Aprovechando los padres el tiempo de estudio para realizar ellos, si es posible, diversos trabajos que tengan pendientes para que sus hijos los puedan ver como modelos que van por delante y son dignos de imitar.
Teniendo un material base para el estudio: diccionarios, enciclopedias, libros de consulta.
Promoviendo para el tiempo libre actividades que tengan que ver con la cultura, con la lectura, con el afán de saber más.

2.- Los padres han de ir por delante en su afán por la cultura
Si los padres tiene, por ejemplo, curiosidad intelectual, afán de saber y afición por la lectura, serán un ejemplo estimulante para el estudio de sus hijos.
Los padres tienen que preguntarse hasta qué punto fomentan, sobre todo con el ejemplo, la cultura familiar. En este punto puede surgir la pregunta de cómo van a hacerlo, si los padres posiblemente no tienen el nivel de estudios idóneo, no son universitarios, y apenas pueden responder a las preguntas que les plantean sobre las dudas en las tareas escolares. En este punto hay que decir, que los hijos no piden un profesor particular en los padres, sino la coherencia en su preocupación por los temas culturales, su sensibilidad ante lo artístico, el afán de saber que han mostrado en su trayectoria personal. Son manifestaciones de esa sensibilidad cultural, la existencia de una biblioteca familiar, las revistas que entran, las conversaciones que se tienen, etc.

3.- Manteniendo una estrecha colaboración con el tutor y profesores de los hijos
Padres y profesores están metidos en una misma tarea: la educación de los niños, por ello, se ha de tirar unos y otros en la misma dirección y se precisa de una colaboración mutua.En este punto como en tantos otros, hemos de estar en el término medio, no pasarse por un extremo ni por el otro.
Hemos de estar en contacto con los profesores, pero no podemos estar un día si y otro no requiriendo información del profesor sobre cómo va nuestro hijo, porque ello puede resultar agotador para el profesorado. Tampoco hemos de pasarnos por el otro extremo, el no aparecer por el centro, el que nos desconozcan, por mucho que requieran nuestra presencia.
Término medio puede ser una entrevista en cada evaluación, en otros casos que nuestro hijo requiere una tutorización mayor por el colegio y los padres, la periodicidad de la reunión puede ser una vez al mes.Los aspectos que se pueden tratar en esas entrevistas pueden ser:
Intercambiar información sobre la forma de ser: conducta del hijo estudiante: que capacidades mentales tiene más y menos desarrolladas y cómo las usa.
Qué disposición tiene hacia el estudio: ir tirando con el mínimo esfuerzo, muestra interés o no, es perseverante en lo que se propone o enseguida abandona...
Cómo estudia: qué dificultades principales encuentra en la realización de su trabajo, en qué necesita mejorar en concreto.
Que valores son los que se insiste en casa, y cuáles son los que se proponen en el centro.
Esta información del centro educativo se obtiene sobre todo a través de entrevistas periódicas entre padres y profesores.
Conviene que los padres acudan a dichas entrevistas habiendo pensado que tipo de información necesitan y qué tipo de información pueden, a su vez, facilitar al tutor o a los profesores.Convendrá fijarse conjuntamente algún objetivo común para la actuación de los padres y del centro.
Conviene que sea preciso y medible, para que en la próxima entrevista que se tenga, empezar por la revisión del objetivo marcado, cómo ha ido, qué dificultades han surgido, cómo adaptarlo para ahora, etc.
En el intercambio de información bidireccional entre padres y profesor, ocurrirá que el profesor o los padres no pueden proporcionar la información sobre algún dato concreto que se le pide.
Esto es perfectamente comprensible. Pero los padres no deben por ello renunciar a conseguir lo que se proponían.
Pueden pedir al tutor que consiga esa información para la entrevista siguiente, bien a través de su observación personal, bien a través de otras personas de entre las que trabajan en el centro educativo (profesores de las diferentes asignaturas, psicólogo, etc.).

4.- Orientando a los hijos en el manejo de las técnicas de estudio
Los buenos resultados en el estudio depende de querer estudiar, saber estudiar y hacerlo, es decir nos estamos refiriendo a la motivación, a las técnicas de estudio y a la fuerza de voluntad para realizar lo previsto.
Ahora nos vamos a referir a la importancia de tener la suficiente competencia en el manejo de las técnicas de estudio. Éstas son el instrumento del trabajo intelectual, y de igual modo que si quisiéramos tener un jardín arreglado necesitamos de un instrumental: azada, rastrillo, tijeras.... para realizar nuestro propósito, de igual modo nuestra inteligencia necesita de un instrumental para ser eficaz en el estudio.
Por otra parte, nuestro método de estudio siempre es perfeccionable, siempre algo se puede hacer mejor con el menor esfuerzo, mejor y en el menor tiempo posible.
Hay que decir que el primero y principal instrumento que se necesita para el estudio es la lectura, de manera que nuestro hijo tenga las suficientes habilidades en comprensión, velocidad y entonación correcta en la lectura. Si este aspecto básico no se ha desarrollado en su momento con la suficiente eficiencia, posteriormente será la causa originaria del fracaso escolar que aparecerá.
Otras técnicas de estudio que nuestro hijo debe manejar adecuadamente son:
Saber organizarse el tiempo.
Saber hacer esquemas, resúmenes.
Saber subrayar un texto.
Pasos a seguir para estudiar un tema.
Es muy probable que en el centro educativo haya un plan de acción tutorial en el que figurarán la impartición a los alumnos de las técnicas de estudio, pero a veces no se practica lo suficiente, y los padres tienen que suplir en ello.
Así pues, la primera tarea es detectar en qué falla nuestro hijo, los defectos de estudio más comunes son: memorismo, estudiar sólo para el examen, dependencia excesiva del profesor y del libro de texto (falta de iniciativa), no saber distinguir lo importante de lo secundario, dificultad para expresar oralmente y por escrito, dificultad para relacionar y sintetizar conocimientos, mal uso del tiempo...Una vez que entendemos en qué falla y en qué hay que actuar, habrá que hacer un plan para tratar de superar esos puntos débiles.

5.- Animando al estudio sin sermonear
Hay que empujar al estudio sin que se note, sin sermonear, ya que el insistir en un mensaje con oportunidad y sin ella en los adolescentes, puede ser contraproducente.
Sermoneamos en la medida que insistimos demasiado en un punto sin que sea el momento oportuno para ello.Hemos de valorar el esfuerzo y la dedicación de nuestro hijo al estudio más que sus resultados. No ha de centrarse toda la valoración de su hijo en sus notas.
Hay que mirarle como persona y en un contexto más amplio que el mero rendimiento académico.Resaltar sus propios progresos, aunque no estén a la altura de lo que a nosotros como padres nos gustaría. Hay que dar tiempo, lo importante es que vaya subiendo cota, aunque en un momento parezca que está retrocediendo. Recuerden que los éxitos, aunque sean o nos parezcan pequeños, son una pieza clave para mantener el interés.
No poniendo, de entrada, las metas demasiado lejos, para que no cunda el desánimo. Por regla general, son más eficaces los pactos familiares sobre aspectos concretos y con refuerzos también concretos, que los grandes discursos de los que se suele abusar.

6.- Procurando las ayudas pedagógicas oportunas cuando sea necesario
Cada hijo tiene su propio ritmo de aprendizaje, los puntos fuertes en el conocimiento y materias en las que presenta lagunas o dificultades. A estos alumnos hay que dar la respuesta pedagógica adecuada, que puede ir desde nuestra ayuda personal hasta ponerle un profesor particular.
Vamos a analizar algunas de las posibles respuestas:
a) Encargarse los padres.Teóricamente parece una de las más idóneas porque el conocimiento profundo que los padres tienen de sus hijos les lleva a saber exactamente qué es lo que tiene que superar su hijo, además los padres están revestidos de una autoridad que no tienen otros que pueden intervenir, como son los hermanos.La dificultad que tiene esta opción es que los padres han de disponer de suficiente tiempo para poder dedicarlo a la ayuda escolar de los hijos. Asimismo han de tener los suficientes conocimientos para ayudar a sus hijos en esas materias.
b) Encargarse algún hermano mayor.Tiene la ventaja de hacer partícipe a un hermano mayor de la responsabilidad de ayudar a un hermano. Esto crea más unidad familiar entre los miembros al tener un propósito común. Otra ventaja es que entre alumnos se explican de manera más didáctica y con el mismo lenguaje las cosas que tienen dificultades.Puede tener la dificultad de la falta de autoridad que tiene un hermano de manera que no siga las indicaciones que se le hacen. Otra dificultad es la falta de perseverancia en el encargo que se ha asignado a ambos cuando surgen las dificultades. Suele pasar que el hermano a quien se le ha encargado la atención académica, se escude en que él tiene bastante que hacer y no puede perder el tiempo con su hermano, que además no responde a veces a sus indicaciones.Para subsanar estas dificultades puede ser conveniente asignarle una paga al hermano con el fin de darle más seriedad y responsabilidad.
c) Tener un profesor particular.Que puede reforzar aquellas materias en las que tiene más dificultades. Para que un profesor particular sea una ayuda para nuestro hijo, hemos de tener en cuenta los siguientes puntos:
Los contenidos que se vean en las clases particulares han de estar supeditados y ser complementarios a los que se desarrollan en el centro educativo por el profesor de esa materia.
Es conveniente que sea una situación provisional, durante un tiempo. Hemos de tener en cuenta que lo normal es que vaya avanzando por los distintos cursos sin que necesariamente precise de un profesor particular. Se requerirá para situaciones extraordinarias: unos suspensos que indican lagunas importantes, dificultades significativas con área determinada, promocionar a un curso superior sin tener afianzado el anterior, cuando el niño no pueda seguir el ritmo normal de la clase....Sin embargo, puede pasar que lo extraordinario se convierta en ordinario.Los padres deberán contar con la opinión del tutor y otros profesores.
De esta forma, en caso afirmativo puede establecerse, además, una colaboración entre el profesor particular y los profesores del centro.

7.- Siguiendo el quehacer diario sin agobiar
Hemos de seguir el día a día del quehacer diario. El criterio es que cuanto más pequeños más de cerca hemos de hacer el seguimiento de las tareas de nuestros hijos, cuando van siendo más mayores y han ganado en autonomía y responsabilidad, les podemos dar más distancia en el seguimiento.
Hay que saber qué exámenes tienen, qué resultados están obteniendo, con qué dificultades se encuentran, cuáles son sus actitudes, disposiciones....
Hay que guardar un equilibrio entre dos posturas extremas, una hacer un seguimiento pormenorizado, que puede resultar agobiante a nuestros hijos, y que en algún momento determinado hay que seguir esa estrategia porque requiere una tutorización especial, pero que si se aplica más tiempo puede ser contraproducente.
Y la otra postura es no preocuparnos por sus cosas, seguirlo a mucha distancia, de manera que indique despreocupación por nuestra parte.
El criterio como se ha dicho antes es ir de más seguimiento a menos según va teniendo más años, pero cada caso es único.Un objetivo educativo que hemos de marcarnos los padres es que tengan la suficiente madurez y autonomía para organizarse nuestros hijos en el tema de los estudios, y también sería extensible a otros ámbitos. Pero centrándonos en el primero, lo deseable sería que cuando están en el primer ciclo de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir, con 13-14 años, nuestros hijos se pudieran organizar por si mismos el horario de estudio, si se van a levantar por la mañana o se quedan por la noche porque tienen un examen....
Hemos de tener en cuenta, que los padres podemos mandar que estudien, que hagan esto o aquello otro, pero esto se puede hacer cuando tienen pocos años, porque aceptan nuestras indicaciones sin rechistar, pero cuando llegan a la adolescencia, si no va saliendo de ellos mismos el hacer las cosas, porque entienden que así lo tienen que hacer, poco podremos hacer con imposiciones si nuestros hijos no están dispuestos a estudiar.
Para ir consiguiendo esta meta educativa, los padres tenemos que empezar desde pequeños, poco a poco, que sean ellos los que hacen las cosas porque así lo van decidiendo, con autonomía, aunque a veces haya que mandarles, pero con la tendencia que sean los que llevan las riendas de los estudios.


Extraído de http://www.isftic.mepsyd.es/w3/recursos2/e_padres/html/
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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Los hábitos de estudio también se adquieren en casa

Los padres somos los responsables de las actitudes, valores y hábitos de nuestros hijos. En el caso de los hábitos de estudio, la escuela juega un papel indiscutible, pero de ningún modo suficiente. Para que los niños aprendan buenas destrezas de estudio, los maestros y los padres deben trabajar juntos.

El éxito escolar, que contribuye de manera importante al desarrollo de una buena automestima en los niños, es el resultado de una óptima interacción entre el niño, los profesores y la familia. Esta última tiene una importante tarea en la adquisición de hábitos de estudio, en el interés por el aprendizaje y la facilitación de un ambiente adecuado para la realización del trabajo escolar.Para muchos padres, se hace cada vez más difícil encontrar el tiempo suficiente para sentarse a estudiar o ayudar a sus hijos a hacer sus tareas. Sin embargo, más importante que acompañarlos físicamente, lo fundamental es enseñar a los niños a adquirir hábitos de estudio y una organización eficiente de sus tareas.En los primeros años de la enseñanza básica, es importante que el padre o la madre se mantengan cerca cuando hace sus tareas o estudia y organicen juntos un horario que considere un breve descanso después de llegar del colegio, la realización de las tareas o estudio, y tiempo libre para realizar alguna actividad de su elección.A medida que avanzan en la enseñanza básica, los niños y niñas van adquiriendo, paulatinamente, mayor autonomía en su trabajo; pero siempre será de suma importancia ayudar a los niños a construir buenos hábitos, que les permitirán a desarrollar un sistema de trabajo individual, adecuado a sus estilos de aprendizaje.Las tareas escolaresLas tareas escolares ayudan a los niños a repasar, practicar e integrar efectivamente las lecciones vistas y aprendidas en la clase, a prepararse para la clase del día siguiente, a aprender a aprovechar los recursos que tienen a su disposición, a desarrollar las destrezas necesarias para investigar, tales como localizar, organizar y condensar la información, y finalmente a investigar las materias más a fondo que lo que el tiempo les permite durante la clase.Pero los beneficios de las tareas se extienden más allá de la escuela. Ellas permiten inculcar en los niños hábitos y actitudes importantes: la capacidad de trabajar por su cuenta (autonomía e independencia), un sentido de responsabilidad por el aprendizaje, autodisciplina y manejo del tiempo (recordemos que para muchos niños las tareas representan la primera oportunidad en su vida de programar el tiempo y trabajar bajo la presión del reloj), el desarrollo de la iniciativa y el gusto por los estudios.


Extractado de http://www.educarchile.cl/

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