jueves, 30 de diciembre de 2010

Entender lo que se lee es un trabajo que surge desde la cuna

Los especialistas subrayan que el Informe PISA, que pone a Canarias en la cola en lectura comprensiva, no analiza cómo ha sido el proceso desde abajo. La enseñanza primaria debe reforzar el aprendizaje infantil

Lograr que el niño antes de que ingrese en la educación secundaria comprenda más allá de la lectura sintáctica de frases primarias como Mi mamá toma tomate, por ejemplo, es un trabajo de aprendizaje que ha de iniciarse prácticamente desde la cuna, a partir del año y medio de vida y reforzarse en Primaria.


Un trabajo que en los colegios de las Islas, primero, y en los institutos, después, parece que no se está realizando de forma adecuada, y tampoco está siendo alentado convenientemente en el ambiente familiar, a juzgar por los resultados del Informe PISA 2009 publicados esta misma semana, que han revelado para Canarias un rendimiento escolar por debajo de la media española y del promedio de los países de la OCDE.

"Cuando pensamos en la comprensión lectora", explica Isabel Luján, catedrática de Psicología Evolutiva de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), "lo hacemos con niños mayores, de 12 a 15 años, como a los que se encuesta para realizar el informe. Se hace una evaluación de un punto de llegada pero, en realidad, no se analiza cómo ha sido el proceso desde abajo. Porque los niños desde los 3 años se puede decir que ya tienen comprensión lectora, a su nivel, claro".

Y es desde entonces cuando se les debe motivar a la lectura para desarrollar esta competencia no sólo como conocimiento para lograr su lugar en el mundo sino, también, para proporcionarle el placer suficiente que, a su vez, hará el ahora difícil trabajo futuro de ir alimentando su gusto por los textos.

Pilares
Esa es la edad en la que los pequeños se inician con los libros, más copados por imágenes que por letras. "Con esos pictogramas el niño ya es capaz de comprender una secuencia. No todo es lúdico. Se trata de los pilares básicos para que pueda conseguir más tarde esa capacidad".

Rosa Marchena, profesora del Departamento de Educación de la ULPGC, doctora en Psicopedagogía e investigadora, rebaja la edad del primer contacto emocional con el libro. "Yo lo aconsejo a partir del año y medio. Y se puede hacer cuando, por ejemplo, lo llevamos a la cuna. Leer una frases es suficiente. De esta forma el bebé acaba asociando esta acción con la cercanía a los padres, un momento de tranquilidad en el que se le estimula, etc. Y a partir de entonces va a querer más de esos momentos".

Marchena propone que en todos los centros se coloque en lugar prominente la frase ya hecha célebre por el flamante Premio Nobel de Literatura: "Aprender a leer... es la cosa más importante que me ha pasado en la vida", toda una declaración de intenciones de la trascendencia que posee la lectura.

Y es que "para tener una buena comprensión lectora es imprescindible leer. No hay otro camino", afirma Belén Estupiñán, psicóloga y docente. "Es cierto que está habiendo muchas dificultades de comprensión en niños y adolescentes".

Los alumnos no son incompetentes, señala, sólo que la realidad no es especialmente motivante. "No cogen un texto por que para ellos no les hace falta, no lo necesitan. Estamos viviendo en una sociedad muy audiovisual en la que todo nos entra por los ojos y por los oídos".



 



Autora

CARMEN SANTANA

Fuente

http://www.laprovincia.es

Continue Reading...

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Mi hijo era un buen estudiante

"Resulta demasiado obvio decir que nuestros hijos crecen y que van cambiando conforme van pasando los años. Es lo natural que cuando llega el momento, esos pequeños que con su llegada a nuestro hogar lo revolucionaron todo, iluminando cada rincón de la casa, vayan cambiando su aspecto físico. De pronto, unos de manera más precipitada (casi como de un día para otro...), otros con más calma (como si les costara dar el paso...) dan el estirón. A ellas les viene la regla, se les van redondeando las formas, les crecen los pechos, pasan más tiempo encerradas en el cuarto de baño, absortas en frente del espejo, como intentando reconocerse en esa imagen que les devuelve, distinta, sin más. A ellos les cambia la voz, les sale barba y miran desconcertados como les crece "todo". Y, los más, tienen que soportar esos granitos que aparecen en la cara y que les convierte, ante la mirada curiosa del resto del mundo, en lo que son: adolescentes.
   
    Y, nosotros, sus padres y sus madres, nos convertimos en sufridores. En ocasiones, llevamos tiempo esperando este momento, leyendo libros o escuchando las experiencias de otros padres o poniendo la atención en lo que dicen los gurús en el tema. Aún así, la llegada de la adolescencia de nuestros hijos nos pilla de sorpresa y con la sensación de que no sabemos cómo acercarnos a ellos, nos sentimos tan vulnerables, tan ignorantes... Y eso que ya llevamos doce, trece o muchos más años siendo y ejerciendo de padres y madres (y no lo hemos hecho tan mal).
   
   Para empeorar las cosas, comienzan a venir los notas del colegio llenas de "no promociona". No nos lo podemos explicar, ¡si antes mi hijo era un buen estudiante!".


    Son muchos los padres y las madres que subscribirían estas palabras.



    No podemos negar que los años de la adolescencia son particularmente duros y difíciles, pero sobre todo para los propios adolescentes. Aunque esto último, a veces, se nos acaba olvidando intentando comprender sus cambios, los porqué de sus comportamientos tan "raros", tan diferentes de otros tiempos y que nos lleva a cometer un primer error: poner en cuestión nuestro buen hacer y saber de padres. No podemos caer en la tentación de trasladar el problema de ellos a nosotros, culpabilizándonos o responsabilizándonos de los resultados académicos. Mucho menos adecuado será intentar ignorar el asunto, echar la culpa a los profesores o al nuevo grupo de amigos del instituto.



    También es cierto que no existe la adolescencia sino que existen los y las adolescentes y que, por tanto, no valen las mismas recetas para todos. Esto nos puede llevar a pensar que no en todos ni todo en ellos va a ser conflicto, tensión o provocación. Y que la mayoría dispone de los recursos necesarios para atravesar esta nueva etapa de su vida sin grandes traumas o angustias.



    Estos chicos y chicas están iniciando un largo camino en el que son muchos los aprendizajes que tendrán que ir adquiriendo hasta llegar a ser adultos. No sólo cambian físicamente, como nos transmitía el testimonio de la madre que transcribíamos al comienzo. Eso sólo es parte de un proceso que va a ser multidimensional: desarrollo moral, cambios en su imagen corporal, nuevas perspectivas en sus relaciones, paso de un pensamiento concreto a un pensamiento formal, abstracto, lograr un rol masculino o femenino, conseguir la independencia emocional, responder a las exigencias externas y a las internas...



    Focalizaremos nuestra atención en dos aspectos que nos pueden dar claves para entender mejor a esos chicos que, siendo buenos estudiantes, comienzan a traer los tan temidos "no promociona" en sus notas.

Formación de su identidad



    Cabe diferenciar dos fases en este proceso de autoconstrucción de su persona. En un primer momento, comienzan a darse reacciones de carácter negativista, de rechazo de casi todo lo que hasta ese momento adoraban (entre ese todo también están los padres). Algunos autores lo llaman el periodo de la crítica anárquica.



    Después vendrán los intentos de reconstrucción, de reorganizar con peculiar estilo su manera de interpretar el mundo y de dar sentido a la vida. En ese proceso volverá a retomar muchos de los elementos que desestimó y otros muchos nuevos que vaya experimentando en función de su itinerario existencial (y ahí volverán a estar los padres, aunque de modo diferente a como estuvieron durante la infancia, todo depende de lo presentes o ausentes que hayan estado en esa fase de la vida de los adolescentes).



    En esa primera fase, no resulta difícil entender que cuestione esos valores que le hemos ido transmitiendo durante los años de convivencia con nosotros. Entre esos valores pueden estar el buen hacer en el colegio para "ser algo el día de mañana", la necesidad de ser el mejor para ser competitivo en el futuro y ganar dinero, el poder llegar a ser lo que "yo no pude ser"... (cada cual verá dónde está).

Desarrollo cognitivo



    Si el resto de los cambios son importantes, éste es especialmente relevante. Muchos teóricos de la psicología y la pedagogía le han dedicado abundantes trabajos. Este momento de la vida de nuestros hijos les permite pasar de un tipo de pensamiento ligado a lo tangible y a lo concreto, a un modo de pensar en el que ya pueden hacer hipótesis, abstracciones, reflexionar sobre sus propias ideas, criticar las de los demás, tomar decisiones anticipando las consecuencias, adquirir nuevos valores... y, por tanto, distanciarse de la realidad para crear su propia realidad de un modo, a veces, muy radical. Se pone en evidencia un egocentrismo, diferente del que tenían cuando eran pequeños, que les lleva a crear sus fábulas o historias personales en las que se convencen de que lo que les pasa sólo les ocurre a ellos y que el resto del mundo les observa tanto como ellos se miran a sí mismos (el auditorio imaginario).



    Al final, nos encontramos ante chicos y chicas que están tan ensimismados en esta tarea de hacerse adultos y tan sorprendidos por lo que les pasa, que no es de extrañar que sus intereses estén alejados de los contenidos del currículo de la ESO, por muy bien presentados y pensados que estén.



    Dicho esto, ¿qué hacer cuando llegan los "no promociona"?, ¿cómo lograr que sean algo anecdótico y que no se convierta en algo crónico?



Algunas pautas:



    La actitud de los padres debe ser serena y tranquila.



    No podemos permitirnos dejarnos llevar por el enfado (aunque nos disguste lo que ocurre) o por el dramatismo (no es el fin del mundo).



    Dialoguemos con nuestro hijo y escuchémosle (a veces, tras el bajo rendimiento hay preocupaciones que una conversación relajada puede resolver).



    Prestemos atención por si hay otras señales de alarma (en ocasiones, las malas notas van unidas a "llega tarde", "creo que últimamente me falta dinero", "falta a clase"...). Con lo cual, el problema ya no son las notas.



    Estemos en contacto con los profesores y escuchemos los datos que éstos nos ofrezcan (no hay que olvidar que son profesionales de la educación y que pasan mucho tiempo con sus alumnos).



    Transmitámosle con firmeza y con confianza que el estudio forma parte de sus responsabilidades y que ninguno de sus argumentos -quizá muchos y buenos- pueden anteponerse a esta tarea. No nos dejemos enredar en "su dialéctica".



    Ayudémosle a organizar sus tiempos de estudio y respetemos sus tiempos de ocio y descanso.



    Siempre es más rentable proponerle actividades de refuerzo que de castigo. Y si hay algo que le motive con intensidad como un deporte o una afición (aunque no nos guste en exceso), no lo utilicemos como sanción. No resultará y hará que nos confirme como sus enemigos.



    Critiquemos sus comportamientos ante el estudio, pero no su persona (es fácil entrar en desvalorizaciones como "es que eres un vago" o "si no lo haces es porque no quieres").



    Cuando hablemos con nuestro hijo, centremos el tema en el estudio. No mezclemos contextos ("y además de no estudiar, ¿por qué no has hecho tu cama ni has ordenado tu habitación?). Ya habrá otro momento.



    En clave de diálogo y no de amenaza, advirtámosle que sus comportamientos tienen unas consecuencias ("si no estudias por la tarde durante el tiempo pactado, no verás la televisión esta noche").



    Seamos coherentes y firmes durante todo el proceso, que en ocasiones, será largo. No podemos decir hoy algo y mañana negarlo porque no nos viene bien a nosotros ("esta vez te levanto el castigo...", porque mantenerlo significa quedarnos con él en casa supervisando sus tareas).



    Démosle tiempo para el cambio, nada se resuelve de un día para otro.



    Cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia, no podemos seguir tratándoles como a niños. Los adolescentes opinan, piensan y deciden. Pasemos de imponer a negociar, escuchar y compartir, pero sin renunciar a lo que creemos adecuado para ellos.



 



 



Fuente



Escuela de Padres



MEC



Ministerio de Educación de España



 



 

Continue Reading...

La comunicación en familia

El papel del lenguaje

Las personas se relacionan a través de la comunicación que se hace mediante el lenguaje ayudado por los gestos, los movimientos del cuerpo. El lenguaje es el primer sistema de señales que emplea el hombre para relacionarse con su medio y para aprender lo que le rodea.

El niño, desde la más temprana edad, aprende a identificar los primeros sonidos y su significado y distingue el tono con el que se le habla. Hacia los nueve meses, sabe si sus padres están enfadados o le tratan con afecto y cariño.


El aprendizaje del lenguaje es un paso previo e indispensable para el aprendizaje de la lectoescritura y supone la forma de tomar conciencia de todo lo que se aprende del entorno en el que se vive.


Además del lenguaje, el hombre cuenta con gran cantidad de mecanismos para manifestarse que le permiten ponerse en contacto con los demás: los gestos, las miradas, la expresión del rostro... Estos elementos ponen de manifiesto actitudes, sentimientos, predisposiciones y motivaciones que permiten una comunicación interpersonal trascendente. Desde los primeros momentos de la vida, el bebé capta la intensidad del afecto, aprecia si se le aguanta o se le abraza; valora el tono afectivo de la mirada del adulto cuando le acerca un juguete. También ocurre esto entre las personas adultas y entre los miembros de una familia.



El lenguaje está limitado por los conocimientos de cada uno, es social; sin embargo, los símbolos son personales, inagotables. La posibilidad de combinar ambos lenguajes (verbal y gestual) implica comunicación.




El diálogo, otra forma de comunicación.


Cuando sólo se usa el lenguaje verbal (difícil, pues en la práctica nunca aparece desligado del gestual) hablamos de diálogo. Se dan dos formas extremas de diálogo: por exceso o por defecto. Ambas, provocan distanciamiento entre padres e hijos. Hay padres que, con la mejor de las intenciones, procuran crear un clima de diálogo con sus hijos e intentan verbalizar absolutamente todo. Esta actitud fácilmente puede llevar a los padres a convertirse en interrogadores o en sermoneadores, o ambas cosas. Los hijos acaban por no escuchar o se escapan con evasivas. En estos casos, se confunde el diálogo con el monólogo y la comunicación con el aleccionamiento.


El silencio es un elemento fundamental en el diálogo. Da tiempo al otro a entender lo que se ha dicho y lo que se ha querido decir. Un diálogo es una interacción y, para que sea posible, es necesario que los silencios permitan la intervención de todos los participantes.


Junto con el silencio está la capacidad de escuchar. Hay quien prescinde de lo que dice el otro, hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar las opiniones de los demás. Cuando sucede esto, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y acaba por perder la motivación por la conversación. Esta situación es la que con frecuencia se da entre padres e hijos. Los primeros creen que estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones. Escuchan poco a sus hijos o si lo hacen es de una manera inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los hijos. Esta situación es frecuente con hijos adolescentes. Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paternofiliales: creer que con un discurso puede hacerse cambiar a una persona.



A través del diálogo, padres e hijos se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la convivencia. Por esto, transmite y educa mucho más la convivencia que la verbalización de los valores que se pretenden inculcar.


Por otro lado, todo diálogo debe albergar la posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del otro y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las condiciones básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de autoridad no habrá diálogo. La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los interlocutores.


Hay que tener presente que la familia es un punto de referencia capital para el niño y el joven: en ella puede aprender a dialogar y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.



La importancia de la comunicación

Si es importante el diálogo en las relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación. La comunicación está guiada por los sentimientos y por la información que transmitimos y comprendemos. La comunicación nos sirve:

- Para establecer contacto con las personas.
- Para dar o recibir información.
- Para expresar o comprender lo que pensamos.
- Para transmitir nuestros sentimientos.
- Para compartir o poner en común algo con alguien.
- Para conectar emocionalmente con otros.
- Para vincularnos o unirnos por el afecto.


Facilitadores de la comunicación
Estos son algunos facilitadores de la comunicación:
Dar información positiva.

Ser recompensante.
Entrenarnos para mejorar nuestras habilidades de comunicación.
Empatizar o ponernos en el lugar del otro.
Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
Saber escuchar con atención.
Expresar sentimientos.
Crear un clima emocional que facilite la comunicación.
Pedir el parecer a los demás



Enemigos de la comunicación


Cuanto más estrecha sea la relación, más importancia tendrá la comunicación no verbal. Cuando un miembro de una familia llega a su casa puede percibir un mensaje de bienestar o tensión sin necesidad de mirar a la cara al resto de la familia. En ocasiones, la falta de verbalización (de hablar) supone una grave limitación a la comunicación. Muchas veces la prisa de los padres por recibir alguna información les impide conocer la opinión de sus hijos y, de igual forma, impide que sus hijos se den cuenta de la actitud abierta y predisposición a escuchar de los padres.


La situación anterior es especialmente importante en la adolescencia. Son múltiples las situaciones en que los padres sienten curiosidad por lo que hacen los hijos y estos, ante una situación de exigencia responden con evasivas.


Otro impedimento para la comunicación es la impaciencia de algunos padres para poder incidir educativamente en la conducta de sus hijos. Todo el proceso educativo pasa por la relación que establecen padres e hijos, y ésta se apoya en la comunicación; por eso es tan importante preservarla y mantener la alegría de disfrutarla. Para ello es suficiente que los padres no quieran llevar siempre la razón y convencerse que comunicarse no es enfrentarse.


La vida familiar cuenta también con unos enemigos claros para establecer conversaciones y la relación interpersonal. La televisión en la comida, los horarios que dificultan el encuentro relajado, los desplazamientos de fin de semana... Hay que luchar frente a estas situaciones y adoptar una actitud de resistencia provocando un clima que facilite la comunicación.


Estos enemigos sirven de obstáculo para comunicarnos. Los podemos resumir así:
Generalizaciones: ("Siempre estás pegando a tu hermana","nunca obedeces"). Seguro que en algún momento hace algo distinto de pegar a su hermana. Posiblemente, alguna vez, sí ha sabido obedecer.

Juzgar los mensajes que recibes: La madre, cuando el padre llega de la calle, dice: "Parece que hoy llegas más tarde". El padre replica: "¿Qué pasa?, ¿los demás días llego antes? ¡Siempre estás pendiente de la hora a la que vengo!
No saber escuchar para comprender bien lo que quieren decir realmente.
Discutir sobre tu versión de algo que sucedió hace ya tiempo. ¿Para qué darle tanta importancia a sucesos ya pasados?
Poner etiquetas
Tener objetivos contradictorios.
El lugar y el momento que elegimos.
Hacer preguntas llenas de reproches.
Abusar de los: "Tú deberías", "Yo debería hacer"; en vez de los: "Qué te parece si...", "Quizás te convenga", "Yo quiero hacer", "Me conviene", "He decidido".
Cortes en la conversación porque se presta más atención a lo que quieres decir, que a escuchar al otro.


Tipos de padres según el uso de la comunicación
En función de las palabras que dirigimos a los niños podemos comunicar una actitud de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención. Según analiza el psicólogo K. Steede en su libro Los diez errores más comunes de los padres y cómo evitarlos, existe una tipología de padres basada en las respuestas que ofrecen a sus hijos y que derivan en las llamadas conversaciones cerradas, aquellas en las que no hay lugar para la expresión de sentimientos o, de haberla, éstos se niegan o infravaloran:


Los padres autoritarios: temen perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar al niño a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta las necesidades del niño.


Los padres que hacen sentir culpa: interesados (consciente o inconscientemente) en que su hijo sepa que ellos son más listos y con más experiencia, estos padres utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando las acciones o las actitudes de sus hijos. Comentarios del tipo "no corras, que te caerás", "ves, ya te lo decía yo, que esa torre del mecano era demasiado alta y se caería" o, "eres un desordenado incorregible". Son frases aparentemente neutras que todos los padres usamos alguna vez.

Los padres que quitan importancia a las cosas: es fácil caer en el hábito de restar importancia a los problemas de nuestros hijos sobre todo si realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los nuestros. Comentarios del tipo "¡bah, no te preocupes, seguro que mañana volvéis a ser amigas!", "no será para tanto, seguro que apruebas, llevas preparándote toda la semana", pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o a un joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi inmediato hacia el adulto que se percibe como poco o nada receptivo a escuchar.


Los padres que dan conferencias: la palabra más usada por los padres en situaciones de "conferencia o de sermón" es: deberías. Son las típicas respuestas que pretenden enseñar al hijo en base a nuestra propia experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.


Por último, hay que mencionar la cantidad de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque parezca paradójico). En la vida de un hijo, como en la de cualquier persona, hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el apoyo silencioso. Ante un sermón del padre es preferible, a veces, una palmada en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que siente el otro.



Consejos prácticos

1. Observar el tipo de comunicación que llevamos a cabo con nuestro hijo. Dediquemos unos días de observación libre de juicios y culpabilidades. Funciona muy bien conectar una grabadora en momentos habituales de conflicto o de sobrecarga familiar. Es un ejercicio sano pero, a veces, de conclusiones difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera todas las previsiones ideales.


2. Escuchar activa y reflexivamente cada una de las intervenciones de nuestros hijos. Valorar hasta qué punto merecen prioridad frente a la tarea que estemos realizando; en cualquier caso, nuestra respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no menospreciar su necesidad de comunicación.


3. Si no podemos prestar la atención necesaria en ese momento, razonar con él un aplazamiento del acto comunicativo para más tarde. Podemos decir simplemente: "dame 10 minutos y enseguida estoy contigo". Recordemos después agradecer su paciencia y su capacidad de espera.


4. Evitar emplear el mismo tipo de respuestas de forma sistemática para que nuestro hijo no piense que siempre somos autoritarios, le hacemos sentir culpable, le quitamos importancia a las cosas o le damos sermones.


5. Dejar las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy no hemos sido un modelo de comunicadores, pensemos que podemos mejorar y adaptarnos a una nueva forma de comunicación que revertirá en bien de nuestra familia suavizando o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los hijos.

6. Cuando decidamos cambiar o mejorar hacia una comunicación más abierta, es aconsejable establecer un tiempo de prueba, como una semana o un fin de semana, terminado el cual podamos valorar si funciona o no y si debemos modificar algo más. Los padres tenemos los hábitos de conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, paciencia (¡con nosotros mismos!).


 



 



Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España



 

Continue Reading...

Dificultades más frecuentes en el estudio

Introducción

    La vida escolar de los hijos puede pasar por distintas situaciones en cuanto al rendimiento académico. Hay algunos que siguen una trayectoria positiva siempre igual y constante en el rendimiento escolar. Hay otros que han ido bien en Primaria pero al llegar a Secundaria se produce una quiebra en su rendimiento. Otros hay que según van avanzando en los estudios mejoran su rendimiento.

    Cuando surgen estas dificultades conviene afrontarlas cuanto antes, ya que lo que puede ser relativamente sencillo de corregir cuando se produce, pasado algún tiempo, tienden a cronificarse las dificultades y corregirlas es más dificultoso.

    Cuando aparecen los problemas lo importante es enfrentarlos con serenidad, reflexión y rigor.


    Al enfrentarnos al problema que plantea nuestro hijo hemos de tener en cuenta las siguientes consideraciones:


1º.- ¿En qué consiste básicamente el problema?

    Un problema cuanto más precisado está tanto más fácil es encontrar la solución, al contrario cuanto más difuso e impreciso más difícil es darle respuesta.
    Si es posible vamos a tratar de hacer operativo el problema, es decir, en lugar de decir "es un vago", diremos que habitualmente no cumple el horario de estudio por la tarde, en lugar de decir "tiene dificultades en la lectura" diremos que no sabe entonar lo que lee, su comprensión lectora es escasa y le falta velocidad.


2º.- ¿Cuándo ha comenzado el problema y con qué frecuencia se da actualmente?



    Puede ser que sea al pasar de un nivel educativo a otro, de un colegio a otro, de estar con un profesor y pasar a otra clase. Puede que aparezca según va teniendo más dificultades académicas, al juntarse con determinados compañeros....


3º.- ¿Cuáles son las causas del problema? ¿A qué lo atribuye el propio sujeto?



    Saber la raíz del problema no siempre nos resulta fácil, trataremos de indagar en ello para clarificarnos. Bastante información nos puede aportar el que sepamos a que atribuye nuestro hijo el bajo rendimiento, tiene este aspecto tanto más valor, cuanto más maduro es el chaval, porque ahí nos está dando pistas de por donde pueden ir las dificultades.


4º.- ¿Qué hemos hecho hasta el momento para resolver las dificultades y qué resultado nos han dado esas estrategias?



    Para afrontar un problema hay muy diversas estrategias que hay que valorar la idoneidad que tienen para tal fin. Habrá que desechar las que no han dado el resultado apetecido y buscar otras nuevas.

    Vamos a ver las dificultades más frecuentes en los estudios y que podemos hacer con ellas:


1ª.- No estudiar o hacer como que se estudia



Se caracterizan por lo siguiente:

Pueden estar ante el libro bastante tiempo, pero sólo eso "estar" puesto que la cabeza la pueden tener en otro sitio bastante lejos.
Tardan demasiado tiempo para realizar las tareas.
Omiten un tiempo de trabajo, de estudio para realizar las tareas pendientes.
Se meten en su cuarto dos horas o el tiempo que sea y todo el mundo está convencido de que el niño está estudiando, pero estos chicos han podido pasarse la tarde entera haciendo un dibujo u oyendo los walkman.
Estrategias de intervención:

    Este tipo de chavales tienen un déficit de hábitos importante. Los hábitos son recursos importantes para educar. Se adquieren por repetición de actos. La ventaja que tienen es que facilitan a la persona la realización de tareas que pueden ser costosas, como sucede con el estudio en los hijos.

Dedicar todos los días un tiempo al estudio, a la realización de las tareas. Empezar desde poco para ir subiendo según se vaya afianzando. Puede ser como tiempo orientativo, para un niño de Primaria en torno a media hora. Para uno de Secundaria alrededor de una hora.

Más vale poco tiempo y aprovechado que mucho y disperso.

Al ponerse a estudiar o trabajar darse un tiempo para cada una de las tareas que va a realizar y exigirse para tratar de hacerlo en el tiempo que se ha dado.

Hacerse un horario en el que haya tiempo para todo. Poner el estudio en los primeros momentos que se está más descansado.


2ª.- Estudiar los últimos días



Se caracterizan por lo siguiente:


Estudian pero los últimos días, las últimas horas...

Se acuestan tarde, se levantan temprano en el último momento, van a "revienta calderas" por el esfuerzo que hacen al final.

Los padres pueden tener una percepción de que su hijo estudia y se ha esforzado bastante.

Estrategias de intervención:

    Una de las variables que más tiene que ver con el éxito académico, es que el alumno tenga un plan de trabajo diario, así aparece en estudios experimentales. Cuando se deja para el final es imposible asimilar toda la materia, es como querernos comer en un día lo que no hemos comido en diez, por ejemplo.


Tener un horario diario.

Dedicar todos los días un tiempo a los repasos. Cada día de la semana a una materia, por ejemplo una hora, así se va estudiando lo que ya se ha visto y que entrará para el próximo examen.

Que sea consciente que la estrategia de dejarlo todo para el final sirve cuando estamos en escalones inferiores en los estudios, pero al ir avanzando es imposible porque la materia a estudiar nos desbordará.


3ª.- Confundir "lo entiendo" con "ya me lo sé"



Se caracterizan por:


Confunden el "lo entiendo" con "ya me lo sé". Leen una lección y como la entienden, ya creen que la saben y dejan de estudiar.

Desconocen que el proceso de aprendizaje implica en un primer momento entender lo que se quiere asimilar y después tiene que haber un momento de fijación en la memoria, que se realiza a través de la repetición de los contenidos.

Referido a las disciplinas que precisan la realización de ejercicios y prácticas, los chavales que presentan esta dificultad son aquellos alumnos que fallan en las operaciones aunque sepan como se pueden hacer los ejercicios.


Estrategias de intervención:

    Se impone una tarea de clarificación al alumno para que entienda los distintos momentos que tiene el proceso de aprendizaje: comprender los mensajes, elaborar un resumen-esquemático y fijarlos en la memoria. Estos pasos se descubren tras una breve experiencia en los estudios, pero puede ocurrir en los inicios de la vida académica que omitan alguno de los pasos comentados.


Hacer un seguimiento durante algún tiempo para comprobar que se ha entendido los pasos a seguir para estudiar un tema.

Que se den cuenta que tareas más difíciles conllevan más esfuerzo: repetición que lo que es más sencillo.

Preguntarles los padres lo que dicen que han estudiado para comprobar los resultados.



4ª.- Dificultades de concentración

Se caracteriza por:

Les cuesta mucho concentrarse, les cuesta ponerse a estudiar: desde que se sientan hasta que empiezan a estudiar pasa más de media hora. Están muy "a medio gas" y se les va fácilmente la imaginación.

Cualquier cosa que acontece a su alrededor atrae la atención y pierden el tiempo.

Su rendimiento neto es escaso, si se entiende por tal el tiempo en general que se dedica a una actividad menos el tiempo perdido por desconcentración.

Estrategias de intervención:

    Si la concentración es la capacidad de dirigir todas las capacidades del conocimiento a la realización de una tarea, se ve que nos encontramos ante una de las habilidades fundamentales en el proceso del conocimiento. Se podría decir que si no hay un mínimo de concentración es prácticamente imposible el aprender algo, por tanto, la mejora de la concentración conlleva la mejora de la capacidad de aprender.

     Como todas las capacidades, el desarrollo de la concentración es consecuencia de la ejercitación de la misma, por ello es frecuente que quien más dificultades tiene en la concentración es quien menos trayectoria de estudio tiene en su vida y al contrario.


La eliminación de los estímulos irrelevantes que puedan captar la atención de quien estudia: revistas, fotografías, prendas...
La eliminación de estímulos a los que pueda prestar atención de tipo sonoro, p.e. la radio o visual, p.e. la televisión.
Darse un tiempo para la realización de cada tarea o actividad y exigirse para tratar de realizarla en el tiempo previsto. No es conveniente enfrentarse a una tarea con tiempo ilimitado para realizarla.
Hay que empezar a estudiar a una hora fija para conseguir un buen rendimiento cerebral. Si una persona se acostumbra a hacer el esfuerzo de concentrarse todos los días a la misma hora, al cabo de unos días la cabeza se concentra con más facilidad a esa hora.
Como la concentración supone un "calentamiento mental" puede ser conveniente que antes de ponernos a estudiar dediquemos varios minutos –no más de cinco- a tachar letras que nos hemos propuesto en una hoja de periódico, p.e. las "a" que encontremos o las "o", para después a continuación pasar a la actividad que tengamos prevista.
En la misma línea que el punto anterior podemos trabajar mentalmente series de números y letras combinándolas, p.e. sea la serie 1 2 3 4 A . Se trata de ir corriendo la letra A hasta la izquierda, así :
1 2 3 A 4 / 1 2 A 3 4 / 1 A 2 3 4 / A 1 2 3 4. Estas series se pueden complicar interviniendo más letras o números.
Tener claras las metas. No cabe duda que cuando algo queremos de verdad y lo proponemos como meta a conseguir, movilizamos todos los recursos que tenemos para tratar de alcanzar esa meta. En la medida que tengamos más claras nuestras metas en el estudio, más concentración tendremos para conseguirla.
Intercalar descansos. El proceso de atención tiene una curva de manera que cuando se lleva un tiempo decae. Por ello, es conveniente intercalar descansos para recuperar la concentración. Esos tiempos de descanso pueden ser por cada hora u hora y media de estudio, unos minutos de descanso –entre cinco y diez- .
Para sujetar la imaginación lo que podemos hacer es utilizarla en el estudio: en vez de hacer el esfuerzo de cambiar de pensamientos y empezar de nuevo cada vez que se nos va, hay que poner la imaginación en cada tema de estudio. Si está con volcanes, que se imagine cómo son, la lava que echan, etc. Eso ayuda también a que se grabe mejor las lecciones.


5ª.- Dificultades en la lectura

La lectura y su comprensión constituyen las herramientas de trabajo de nuestro intelecto. Las dificultades que tengan nuestros hijos en la lectura de inmediato se trasladarán en el aprendizaje.
Las dificultades en la lectura se caracterizan por:


No tener la suficiente velocidad lectora y comprensión de los textos que se leen. Tener que volver a leer algo para enterarse del texto.
Tener una pobreza de vocabulario significativa que se nota en las dificultades que se tienen para saber el significado de palabras de uso bastante habitual.
Tener dificultades en la expresión escrita para realizar textos con estructuras correctas y claras.
Tener tendencia a postergar las tareas. Se siente un rechazo a la lectura como medio de entretenimiento.Si hay un problema más serio de fondo como puede ser la dislexia habrá que acudir al especialista para su solución, pues no basta con estudiar más.

Estrategias de intervención:

La habilidad lectora como cualquier otra habilidad se desarrolla con el entrenamiento, es por ello que la primera tarea a realizar es el ejercicio. Todos los días dedicar un tiempo a leer en voz alta para adquirir una entonación correcta que ayuda a la comprensión. Volver a repetir la lectura del mismo texto tratando de reducir el tiempo que se tarda en leerlo sin que afecte a la correcta entonación.

Hacerse preguntas sobre un texto leído acerca de las ideas más importantes que hay en el mismo.

Corrigiéndole los defectos de lectura ayudándole a hacerse un cuadernito de vocabulario. Con ese pequeño diccionario personal tendrá que hacer ejercicios con las palabras desconocidas.


6ª.- Lagunas en las materias. Falta base



Se caracteriza por:

    Tener dificultades en las materias en que sus contenidos tienen una gran conexión entre unas partes y otras, p. e. las matemáticas. Es como una escalera con bastantes peldaños entre los que se da una continuidad. De igual manera que si en una escalera falta un escalón, no impide su utilización, pero cuando son varios seguidos se hace imposible transitar por ella, así en una materia que falte un escalón –conocimientos de unos contenidos previos- se puede superar con atención especial. Pero cuando faltan varios escalones –es decir, áreas importantes para proseguir estudios posteriores- es muy difícil avanzar en el estudio adecuadamente.

   No tener asimiladas unas estructuras básicas de los contenidos de las diversas áreas, como consecuencia de un estudio para salir del paso en cursos anteriores.

Estrategias de intervención:

Dedicación de un tiempo especial a tratar de remediar esa laguna. Puede ser a través de un hermano mayor, los padres o un profesor particular. Se entiende que esta ayuda es complementaria a la marcha de las clases y por tanto, supeditada a éstas.
Potenciar las técnicas de estudio, no tener las suficientes habilidades para estudiar suele dejar lagunas en las materias que se han estudiado.


7ª.- Ansiedad ante los exámenes

Se caracteriza por:


Miedo a suspender o por tener un exceso de responsabilidad que les lleva a angustiarse. Suelen ser buenos estudiantes. Comienzan a estudiar y como salen con el gran miedo a suspender, se angustian. Quizá tras un año de malas experiencias, de un fracaso, de haber suspendido muchas... pierden la confianza en sí mismos y se sienten agobiados.

Tener en los días previos y/o en la realización de los exámenes un nivel de ansiedad o nerviosismo claramente por encima de lo normal. Hay que decir que los exámenes son situaciones generadoras de ansiedad para todos, pero hay una parte del alumnado que responde de manera sobredimensionada en este aspecto, teniendo un efecto negativo para el rendimiento en los exámenes.

La persona tiene pensamientos negativos y catastrofistas sobre los resultados que va a obtener. Anticipa que suspenderá, que no rinde, que se vendrá abajo....

Tener una activación de algunos sistemas fisiológicos de la persona, así en el sistema digestivo se suele tener sensación de nudo en el estómago, duermen mal, le sudan las manos, dificultades en poder desayunar porque se puede vomitar.....Aparece tensión muscular en algunos miembros como brazos, espalda o piernas. Pueden darse también palpitaciones.

Presentar movimientos o acciones automáticas que no puede controlar como comerse las uñas, necesidad de mover la pierna, dar toquecitos con el bolígrafo en la mesa...

Estrategias de intervención:

Es muy conveniente que se le explique de manera didáctica qué es lo que le está pasando y que sepa que tiene remedio lo que tanto le está afectando.

Explicarle que la ansiedad se manifiesta en tres niveles de respuesta. El primero es a través de los pensamientos negativos que tiene. El segundo a través de los sistemas fisiológicos de la persona: sudoración, palpitaciones, nudo en el estómago, y el tercer nivel se manifiesta a través de la necesidad de movimientos que tiene, que le puede llevar hasta el abandono del examen.

Intervenir en los tres niveles anteriores con distintas estrategias. Respecto de los pensamientos, cortando los negativos y catastrofistas, centrando la atención en lo que tengo que hacer aquí y ahora, no compararme con los demás en cuanto a lo que tienen hecho del examen, etc. Respecto del segundo nivel fisiológico, enseñando a nuestros hijos a relajarse. Es conveniente que practiquen algún deporte, pues tiene un efecto relajador. En el tercer nivel conviene que nunca abandonen el examen por mal que se puedan encontrar haciéndolo.

Todas estas estrategias requieren un entrenamiento y por tanto, tiempo y perseverancia por delante para que se puedan notar los resultados.

Para más información, consultar de nuestra web temática "Orientación Educativa" el artículo: Ansiedad ante los exámenes


Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España



 

Continue Reading...

lunes, 27 de diciembre de 2010

Motivación familiar

Coloco el resumen y las conclusions del trabajo de investigación sobre Motivación Familiar, el resto pueden leerlo en Scribd.

RESUMEN
Con base en el Modelo de Expectativa-Valor de Elecciones (Jacobs y Eccles, 2000) se realizó un análisis cualitativo del proceso de interacción madre-hijo(a), vinculado con la motivación de este(a) último(a) hacia el aprendizaje escolar. Participaron 12 diadas madre-hijo(a). Los niños(as) cursaban 2º, 4º o 6º grado de primaria (niño y niña de
cada grado con alta motivación y grupo equivalente con baja motivación) y fueron seleccionados mediante la Escala de Orientación Intrínseca versus Extrínseca en el Salón de Clases de Harter (adaptada por Jiménez y Macotela, 2008). Se videograbó la interacción madre-hijo(a), mientras el niño(a) realizaba una tarea escolar en el hogar y después, se les entrevistó por separado. Se encontró que las madres de los niños(as) con alta motivación enfatizan los logros de sus hijos(as), les apoyan con mayor gusto y dedicación en la tarea escolar y establecen condiciones favorables en el hogar. Las madres cuyos hijos(as) presentan baja motivación, suelen limitarse a supervisar el cumplimiento de la tarea y emplean frecuentemente la crítica. Se concluye que es necesario diseñar programas para fomentar la motivación hacia el aprendizaje en el hogar.

CONCLUSIONES
El estudio de casos específicos en detalle y la comparación con otros casos permite hacer una generalización representativa del contexto y de los(as) participantes estudiados, que podrá hacerse extensiva a otras familias provenientes de un medio sociocultural semejante.
Dicha generalización constituye una hipótesis a considerar y no una conclusión. La información recolectada en el presente estudio verifica en lo general, la relevancia y la dinámica de las variables consideradas en el Modelo Cognoscitivo-Social de Expectativa-Valor y el Modelo de Socialización de los Valores en el Hogar de Eccles-Parsons y col. (en Jacobs y Eccles, 2000), los cuales sirvieron de base en la planeación de la investigación y el análisis de los datos.
En el grupo estudiado se confirma que las condiciones del hogar y las creencias y prácticas de las madres que enfatizan y estimulan el aprendizaje escolar, favorecen la motivación de sus hijos(as) hacia el aprendizaje.
El análisis detallado mostró la importancia que tiene la actitud de la madre hacia su hijo(a) y su trabajo escolar, en particular la confianza en las capacidades de su hijo(a) y el interés y entusiasmo con que realiza su labor de apoyo.
Los datos señalan que diversos factores socioeconómicos son mediadores de las creencias y conductas de las madres y los niños(as), y también permiten
apreciar que la interacción entre las madres y sus hijos(as) con alta motivación al aprendizaje, es más positiva. Se observó que el nivel socioeconómico influye
en las actitudes de la madre hacia el aprendizaje escolar de su hijo(a) y que el apoyo del padre al sostén del hogar y la relación de armonía y colaboración entre padre y madre, favorecen la dedicación de ella al trabajo escolar de su hijo(a).
En todos los casos analizados, se identifican deseos de progresar y se da importancia a los estudios; la diferencia estriba en lo que las madres hacen y sobre todo en cómo lo hacen, lo que señala la necesidad de impulsar y orientar la labor de las madres y los padres para que su esfuerzo en el hogar impacte favorablemente en la motivación de los niños(as) por aprender.

motivación familiar

Si no pueden bajar el PDF de Scribd, pueden solicitarlo a achristin@gmail.com
Continue Reading...
 

Histats

Stat Counter

Escuela y familia Copyright © 2009 WoodMag is Designed by Ipietoon for Free Blogger Template