martes, 28 de abril de 2020
Rafael Guerrero: “La pandemia afecta a la capacidad del niño de regular el miedo”
domingo, 1 de marzo de 2020
Menores en la era digital: cómo proteger a tus hijos sin violar su intimidad
martes, 26 de mayo de 2009
El éxito académico

Ante lo amplio del problema, lo voy a observar desde una posición determinada, a partir de una pregunta ¿Inciden las actividades familiares en el rendimiento escolar, en el éxito académico? En caso afirmativo ¿Cuáles son las actividades que hacemos en casa que permiten un mejor aprendizaje de nuestros hijos?
A lo largo de muchos años de actividad docente, pude observar en muchas oportunidades que los alumnos con éxito académico en el secundario tenían hermanos en las mismas condiciones, y con una compañera de trabajo nos lanzamos a la búsqueda de los patrones de las conductas familiares que posibilitaban ese acontecimiento, y luego formalizamos los hallazgos, para presentarlos en Congresos de la temática y exponerlos a la crítica de colegas.
De esa manera, entrevistamos a jefes de familias que en forma abierta y generosa nos contaron aspectos de su vida familiar que se relacionan con la escuela. Les cuento algunos de ellos.
Hijos discutidores y responsabilizados
Los padres con quienes dialogamos consideraban que sus hijos eran “muy discutidores”, pero, ¿A qué se debe esto? La respuesta la tenemos en el tipo de liderazgo familiar, que es el basado en reglas, las cuales deben ser cumplidas por todos sin excepciones, y no por caprichos, y no son aceptadas las arbitrariedades. Lo que se discute permanentemente es la aplicación de esas normas, no las normas en si. Si una regla establece que durante el almuerzo o cena, el aparato de televisión permanece apagado, esto no debe ser quebrado por más que el partido de futbol sea muy especial.
Televisión tipos de programas y controles.
Ante la evidente pobreza de nuestra televisión ¿Qué actitud asumieron? Por una parte una discreta vigilancia, y por otra una actitud de acompañamiento y crítica, más que una prohibición. Evitar que el aparato quede prendido permanentemente, como música de fondo y la presencia de uno de ellos en la habitación de los jóvenes son habitualmente recomendados por los expertos en el tema.
Esfuerzos y resultados
Otra característica observable en este tipo de familia, es la preeminencia que se le da al esfuerzo de los hijos. Frente a la obtención de resultados, es frecuente escuchar “Si te esfuerzas, los resultados serán una consecuencia, tarde o temprano”
La lectura
En todos los casos observados, la lectura es una actividad importante para toda la familia, se observan libros en todas partes, ya sean de ficción o de carácter técnico científico.
Cuestionamiento a la escuela y a los docentes
Obviamente la época donde se afirmaba “El docente tiene siempre la razón” se agotó, y también se puede observar el fenómeno en este tipo de familia, pero lo que constatamos es que permanentemente instaban a los hijos a “Ponerse en el lugar del otro”, como estrategia para lograr equilibrios más justos.
En síntesis, esto es un apretado resumen que hace a un hecho de enorme importancia para las familias, que es el de la formación de un capital cultural para nuestros hijos. Lo cierto es que se trata de una tarea compleja, cada vez es más difícil ser padre, y debemos aprender sobre la marcha.La llave que nos puede solucionar el problema es la COOPERACIÓN con la escuela, con otros padres. También mediante la reflexión y el diálogo que lograremos aliviar la pesada carga de ser padres.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Expectativas familiares y control
Resultados de la Investigación

Los estudios muestran que los niños alcanzan mejores resultados académicos cuando sus padres marcan para ellos metas altas pero realistas. Hay un conjunto de conductas familiares que generalmente van asociadas a expectativas altas de rendimiento académico. Incluyen interacciones verbales abundantes, que incorporan preguntas que se hacen a los niños, darles pistas para promover sus respuestas, animarles a utilizar nuevas palabras, y a hablar con precisión. Las familias que tienen altas expectativas de rendimiento académico para sus hijos también les proporcionan una orientación y apoyo consistente en relación con los aspectos escolares. Son conscientes de los progresos de sus hijos y tienen interés en conocer el perfil académico que están trazando. Además de este conjunto de prácticas familiares que se asocian con niveles altos de rendimiento escolar, los investigadores encuentran que una marcada ética de trabajo contribuye a obtener éxito en el ámbito académico. Los padres preparan a sus hijos para las demandas del aprendizaje escolar cuando muestran a través de sus propias actividades y de las metas que marcan para ellos que trabajar duro es importante. El hecho de trabajar mucho es más beneficioso cuando coincide con una actitud familiar en la que se hace ver que los resultados se obtienen más a través del esfuerzo que de las habilidades innatas o de “sacar provecho de las situaciones o de las oportunidades”. Además, los niños se benefician a largo plazo cuando sus padres conocen todo sobre sus hijos, quienes son sus amigos, lo que ven en televisión, y mantienen contacto con sus profesores.
Aplicación
Se pueden utilizar varios ejercicios para ayudar a los padres a entender las metas y pautas que están marcando para sus hijos. Un ejercicio consiste simplemente en hacer un esbozo del programa de actividades típicas que realiza su hijo durante la semana después del horario escolar. ¿Cuándo estudia habitualmente?, ¿Cuándo lee?, ¿Cuándo juega con los amigos? ¿Cuándo ve televisión? Analizar este programa proporciona una idea de la prioridad relativa que la familia concede a cada actividad.
Con frecuencia los padres acuden a los profesores para buscar pautas de orientación. La expectativa de que los niños inviertan una mínima cantidad de tiempo al día estudiando y leyendo (quizá 10 minutos por cada grado y nivel) puede ser una de estas pautas. Puede que se exagere sobre el peligro que implica ver televisión, pero cuando los niños la ven más de 90 minutos diarios, el rendimiento académico disminuye. De algún modo, la cantidad de tiempo que se invierte en ver televisión se le roba a otras actividades más productivas, tales como leer o estudiar.
A veces es necesario recordarles a los padres que los niños se benefician cuando realizan actividades variadas, incluyendo las recreativas y sociales, y que el trabajo escolar no tiene que reemplazarlas. Sin embargo, la lectura y el estudio son prioritarios. Los padres pueden ayudar a sus hijos a planificar su propia agenda semanal, permitiéndoles asignar tiempo para divertirse si han dedicado primero el tiempo adecuado para estudiar.
Quizá el reto más difícil para un padre es saber cuándo un niño está haciendo las cosas lo mejor que puede. Marcar expectativas altas pero realistas es más fácil de decir que de hacer. Sin embargo, cuando se trata del trabajo escolar, un buen enfoque es tener en cuenta los hábitos y actitudes del niño hacia la escuela, más que centrarse sólo en las calificaciones. Esto no significa que las notas no sean importantes; pero pueden ser engañosas. Algunos niños obtienen resultados razonablemente altos con poco esfuerzo, y como consecuencia fallan en desarrollar buenos hábitos de estudio. Otros niños trabajan duro, pero nunca consiguen las notas más altas; quizá estén haciendo todo lo que pueden y por eso su dedicación al aprendizaje merece reconocimiento. Por ello, hacer comparaciones entre los hijos es muy peligroso.
Una regla simple para los padres es que sepan siempre dónde están sus hijos, qué están haciendo, y con quién están. Conocer a sus amigos, y saber los nombres y direcciones de sus padres es un buen pre-requisito para permitir al niño pasar tiempo con ellos. Es igualmente importante mantener una comunicación regular con los profesores de los niños.
Extraído de
ACADEMIA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN OFICINA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN
SERIE DE PRÁCTICAS EDUCATIVAS
Familias y centros escolares
Sam Redding
sábado, 7 de febrero de 2009
RIESGO DE DEPRESIÓN
MADRID.- No sale bien parada casi nunca. Los distintos estudios científicos que evalúan el impacto que en los niños produce la excesiva exposición a la televisión determinan que la 'caja tonta' es una de las principales responsables de la obesidad, el sedentarismo, el comportamiento agresivo, la anorexia, la bulimia y la falta de horas de sueño. También es culpable, al parecer, de los síntomas depresivos que padecen muchos chicos y chicas cuando llegan a la juventud, tal y como acaba de reflejar una nueva investigación, dirigida por Brian Primack, de la Universidad de Pittsburgh, en Pensilvania (Estados Unidos).
"Existen muchos mecanismos diferentes por los que la exposición a los medios electrónicos (televisión, radio, videos o juegos de ordenador) puede influir en el desarrollo de depresión. Por ejemplo, los adolescentes que dedican un tiempo excesivo a ellos, pierden la oportunidad que tienen sus semejantes de dedicar tiempo a actividades sociales, intelectuales o deportivas que ejercen un papel protector frente a la enfermedad", reza el estudio, publicado en el último 'Archives of General Psychiatry'.
Otras vías por las que 'atontarse' ante la pequeña pantalla puede asociarse a un mayor riesgo depresión son "porque altera el sueño, necesario para el desarrollo emocional y cognitivo; porque muchos de los contenidos de la programación pueden causar ansiedad... o, simplemente, porque se exhiben mensajes que pueden engendrar una visión negativa y temerosa del mundo", recalcan los investigadores.
Para conocer mejor esos riesgos y cuál de los medios electrónicos tiene más impacto en la mente juvenil, los autores partieron del Estudio Longitudinal de la Salud de los Adolescentes (Add Health, sus siglas en inglés), que contó con 6.504 chicos y chicas que fueron entrevistados en sus casas y que 'confesaron' dedicar 5,68 horas diarias a los medios electrónicos (la mitad de este tiempo frente al televisor). Finalmente, seleccionaron a 4.142 participantes que no tenían depresión en 1995, cuando se inició el mencionado trabajo.
Siete años después, cuando los chavales ya tenían una media de 21 años, fueron sometidos a un chequeo (un cuestionario con 20 ítems para evaluar si tenían o no la enfermedad mental). De todos ellos, 308 (7,4%) desarrollaron síntomas depresivos. Tras analizar los datos, los investigadores encontraron que la exposición a la televisión y no al resto de medios es la que "más estrechamente se relaciona con la patología, sobre todo en el sexo masculino", determina el estudio.
Pasividad y ansiedad
"El mensaje de este trabajo es importante por varias razones. Porque constata que en los niños con cierta predisposición a sufrir depresión ver mucho la tele eleva su riesgo de desarrollarla y este hecho obedece, en parte, a que no hacen otras cosas, como salir con los amigos, que son comportamientos protectores. También porque ver la tele es una actividad pasiva. Lo máximo que se puede hacer es 'zapping' y no hay decisión sobre sus contenidos. Los adolescentes observan imágenes de cosas inalcanzables o se comparan con estereotipos, lo que les puede provocar ansiedad y frustración", destaca Celso Arango, jefe de la Unidad de Adolescentes del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.
Tanto los autores del estudio como el experto madrileño defienden que pediatras y médicos de familia pregunten a los padres si sus hijos ven mucha televisión. En el caso de que la respuesta sea afirmativa "deberían someterlos a una evaluación con el fin de sopesar si su funcionalidad psicosocial es la adecuada, así como realizarles un chequeo sobre síntomas depresivos".
Es interesante observar que en el caso de las mujeres, "no se ha podido establecer esta asociación, tal vez porque mientras que ellas suelen recurrir más a los amigos, a los padres o a los profesionales, los chicos buscan distraerse (viendo la tele), cuando se están adaptando a un cuadro depresivo subyacente", recalcan los autores.
jueves, 18 de septiembre de 2008
Familias con hijos abanderados II
En las entrevistas surge en forma casi unánime que los padres consideran que sus hijos son “discutidores”, pero ¿a qué se refieren?. Se trata de familias con liderazgo basado en normas, pero no son estas precisamente el objeto de las discusiones, sino su aplicación. Es criterio de justicia la aplicación universal de esas reglas en el ámbito familiar. En la escuela se reproduce el esquema de liderazgo, y la existencia de reglas que no deben ser cuestionadas, por lo que la adaptación a la escuela surge como “natural”. Las familias ven en esto un aspecto positivo y deseable, escuchamos por ejemplo a
H: ¡Já! ¡ Son terribles!, todos. Y todos están pendientes. Yanina (la segunda hija) es callada ante la gente, pero después aparece, por ejemplo me imitaba cuando yo decía cuando íbamos a comer: ¡no chicos, ahora la tele no! Y al día siguiente les decía ¡a ver chicos!, ¡denme el control remoto que está el partido!
G y M: ¡Son terribles! (risas). Tienen sus ideas y las defienden a muerte, y discuten con quién sea, tal vez las cosas están cambiando, tal vez sea la época
G: Hacen cumplir las normas hasta en los mínimos detalles, si en la mesa hay que esperar y alguien quiere probar, entonces ¡chá!

Lo más destacable en todos los casos es que dentro de los canales más visto por los jóvenes, están los llamados “culturales”, algunos ven habitualmente canales dedicados a la salud y la medicina, otros a la vida salvaje, otros el canal de los documentales, o el de la historia. Si bien están al tanto de la programación de los “canales de aire”, no parecen estar demasiados interesados...
La escuela exige permanentemente obediencia a reglas impersonales, a postergar sus necesidades, a evitar críticas, lo que significa para el alumno un esfuerzo continuo. Si bien en nuestro país muchas veces se premian resultados sin esfuerzos, en la escuela esto puede ser considerado como algo fortuito, por lo tanto, las estrategias consisten en resaltar los esfuerzos, que son imprescindibles para la consecución de los objetivos familiares.
En todos los casos se observó que la lectura es una actividad muy importante para la familia, basta con ver la casa donde viven, para observar gran cantidad de libros, desde la lectura de periódicos, o, la lectura referida a las respectivas profesiones. Además desde la edad temprana, los chicos participaban de esas actividades, y antes algún adulto les leía.
Siendo la escuela un mecanismo vital en las estrategias familiares, no es posible degradarla o descalificarla. Se verifica que con el correr de las décadas, la cantidad de años de escolarización de los padres fue superando a la de los docentes, y por lo tanto, observamos alguna sutil variación, dependiendo de la época donde estudiaron los “alumnos abanderados”. Los de las décadas del 60’ ó 70’, se observa el clásico “el maestro tiene siempre la razón”, a partir de los 80’ se observa alguna diferencia, mientras que en la actualidad, ante alguna aparente arbitrariedad, los padres se muestran preocupados por hacer escuchar a sus hijos “las dos campanas”, o bien en casos extremos, que de esa experiencia se puede sacar algo positivo.
En la familia se observa un liderazgo burocrático en el sentido weberiano. Al referirse a sus hijos como “discutidores”, lo hacen sobre la aplicación de las reglas, y nunca sobre la existencia de estas reglas, las cuales son aceptadas “a libro cerrado”. Dentro de esas normas aceptadas sin discusión está la de otorgar gran importancia a los aprendizajes, y esto lo observamos por la tendencia a mirar en los ratos de ocio los canales tipo “Discovery”.



