domingo, 5 de abril de 2020

Hacia lo significativo


  • Hagamos de este momento único un proyecto educativo global, en el que toda la comunidad educativa se vuelque en construir el conocimiento necesario para enfrentarnos juntos a este reto. Hagámosles partícipes. No hablemos de solidaridad, pongámosla en práctica.



Son tiempos inciertos. Y lo son porque afectan a todo el mundo y porque parece que algo va a cambiar en nuestras vidas de aquí en adelante. Aunque, si lo pensamos, no son menos inciertos que los que viven y vivían millones de personas en el mundo, que sufren hambre, abusos, guerras, epidemias… Sólo que ahora nos afecta a todos, en mayor o menor medida.

Son muchos los esfuerzos que se están realizando de manera silenciosa desde la comunidad docente. De la noche a la mañana hemos pasado de dar clases de forma presencial, en centros educativos, con ratios elevadas, a hacerlo telemáticamente, desde casa. Pero desde que empezó el confinamiento no hago nada más que darle vueltas a qué es lo que estamos haciendo realmente. Porque si algo está provocando toda esta situación es que, una vez más, se agrande la desigualdad entre los estudiantes. Esta situación no sólo no garantiza el derecho a la educación, sino que lo dificulta por razones que ya se han explicado en profundidad en este mismo medio en artículos como el que se publicaba recientemente de Jesús Rogero.

Veo a compañeros y compañeras terriblemente frustrados por no poder hacer llegar a su alumnado las tareas, invirtiendo horas y horas en la búsqueda de canales para tratar de continuar las clases y avanzar en el currículo. Y, ahora, en pleno momento de evaluación, la cosa se va a complicar mucho más. Nos enzarzaremos en un frenesí de notas, de actas y criterios de evaluación que no harán más que reforzar la idea de que esta situación es muy compleja y de que, hagamos lo que hagamos, vamos a ser injustos con los que más importan: los alumnos y alumnas.

Yo mismo puedo decir que más de la mitad de mi grupo, todos ellos mayores de 16 años, no cuenta con un ordenador para hacer las tareas, un tercio no dispone de la conexión a Internet necesaria para poder realizar un seguimiento óptimo del trabajo a través de la red y uno de ellos ni siquiera cuenta con un móvil para mantener una comunicación diaria con nosotros, sus tutores. Y a todo esto se le suma que el cien por cien de mis alumnos no tiene el apoyo suficiente en sus casas como para generar los hábitos que se requieren para estos nuevos tiempos de educación remota. Por lo que la mayor parte gastan más energías en eludirnos que en avanzar en el temario. Y lo entiendo, porque en estos momentos inciertos, ¿quién puede estar pensando en operaciones matemáticas, más allá de aquellos que las necesitan para desarrollar su trabajo estos días?

Y es que precisamente a eso me refiero. Nunca fue tan significativo el uso de las matemáticas que en estos tiempos. Cuando aparecen los datos de la curva de infectados o el número de ERTE que se han registrado, no puedo evitar pensar en mi alumnado y sus familias. ¿Sabrán interpretar estas gráficas? ¿Podrán decodificar los datos y saber lo que está sucediendo realmente? Y cuando nos hablan de los virus y de lo importante que es lavarse las manos, ¿tendrán en la cabeza lo mismo que yo cuando imaginan un virus en sus manos? O cuando cada día un ministro anuncia una medida nueva y nos hablan de lo importante que es la solidaridad y el apoyo mutuo, ¿serán capaces de vislumbrar mínimamente lo que se nos viene encima? ¿Estarán preparadas sus familias para luchar por mantener sus salarios o para solicitar el paro si llegase la ocasión? ¿Cómo elaborarán el duelo si pierden a algún familiar querido a causa de esta terrible pandemia? ¿Y cómo podrán hacerlo si, además, no pueden siquiera despedirse de él o ella? Pienso en ellos cuando recibo una de esas decenas de noticias falsas que circulan por las redes y me pregunto cómo les afectarán y si tendrán las herramientas para extraer el grano de la paja.
No hago más que pensar en nuestro papel en esta crisis. Y una vez más veo a muchos maestros y maestras obcecados en la instrucción. Y recibo bromas y memes en los que hablan las familias que, a pesar de todo, siguen viendo en nosotros a los privilegiados que hemos dejado de dar clases, de cuidar a sus hijos e hijas, y que no hacemos otra cosa que enviar costosas tareas. Pero que al final de mes tendremos nuestro salario garantizado. No sólo se abre la brecha entre el alumnado, sino entre docentes y familias.

Quizás esta pandemia nos ofrezca una oportunidad. La misma de la que algunos llevamos tanto tiempo hablando. La de convertir nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje en algo realmente significativo y comprometido con la realidad que vivimos. Estos tiempos inciertos son a su vez, únicos e intensos. Nos dan la posibilidad de transformar no sólo el medio, como parece que se ha impuesto a causa de la distancia, sino la mirada, el enfoque con el que nos enfrentamos a nuestra acción educativa. Sé que para muchos será difícil, porque se encuentran en cursos escolares claves en su proceso formativo, como son los estudiantes que tienen que hacer la EBAU este año. Pero en la medida de lo posible, olvidémonos del currículo por una vez y centrémonos en lo verdaderamente importante.

No me parece bien que se cierre el curso, que sigamos minimizando la educación a los tiempos de la escuela, a los meses del curso. Ayudemos a nuestros alumnos y alumnas, y por ende, a sus propias familias, a entender lo que está sucediendo. Sé que no será fácil, que nosotros mismos no somos capaces de encontrar el ánimo, el conocimiento necesario, la herramienta… Pero hagamos de este momento único un proyecto educativo global, en el que toda la comunidad educativa se vuelque en construir el conocimiento necesario para enfrentarnos juntos a este reto. Hagámosles partícipes. No hablemos de solidaridad, pongámosla en práctica.

Seamos creativos. Iniciemos este camino juntos, de verdad. Y para comenzarlo será imprescindible conocer lo que piensa nuestro alumnado, sus preocupaciones, sus miedos, y también, cómo no, sus esperanzas y anhelos. Sistematicemos nuestra acción tutorial, poniéndola al servicio de esta experiencia que, además, es colectiva. Saquemos el máximo partido de ella. Se me ocurren diversas actividades al respecto: recabar información científica sobre los virus y pandemias; investigar si esto ha ocurrido anteriormente y cómo lo resolvieron; analizar las noticias que nos llegan y su veracidad; abordar los datos de la epidemia y el contexto geopolítico en el que se está produciendo esta crisis… Y, sobre todo, estar cerca del alumnado y sus familias para poder, tal y como nos alientan en todas partes, juntos, comprender lo que ocurre a cada momento; acompañarles en las pérdidas (familiares, laborales, económicas…), en los duelos que estén por venir; y también, en la esperanza, en el futuro que se abre ante nosotros en el contexto histórico actual.

Me parece un buen momento para seguir incidiendo en los graves problemas que nos acucian y que parecen haberse quedado en un segundo plano: el cambio climático, las guerras, la vulneración de los derechos humanos… Y, cómo no, las posibles causas, que no culpas, que nos han traído hasta aquí. Y, partiendo de este punto, realizar un análisis y una batería de propuestas conjunta sobre qué podemos aprender de esto y cómo salir de esta crisis más fuertes. Porque no olvidemos que las posibilidades de que nuestro mundo, nuestra sociedad, no sea la misma después de esto, son bastante grandes. Y, como sucede con cualquier cambio, estos pueden ser a mejor o empeorar la situación. Por eso, valdría la pena reforzar la idea de no volver a la normalidad anterior, sino avanzar hacia una utopía disponible, tal y como decía Marina Subirats en este mismo medio. ¿Para qué sirve la educación si no ayuda a las personas a enfrentarse a la vida, al presente?

Cuando pienso en el papel de los docentes en esta crisis, no puedo evitar cierta frustración e impotencia. Creo que nos estamos esforzando mucho, como es habitual, pero no estamos enfocando bien nuestra mirada. En los tiempos en los que por fin se le da valor a la utilidad de lo que hacemos y la necesidad que cumple en nuestra sociedad, por encima del valor económico, desde el punto de vista productivo; tiempos en los que los cuidados son el eje fundamental, en los que incluso se ensalzan labores tan menospreciadas como limpiar, cuidar a nuestros mayores, reponer productos, repartirlos o venderlos en un supermercado y que tan necesarias son ahora… Seamos eso que tanto se ha admirado siempre en los docentes. Seamos personas que ayudan a otras a desarrollarse en este mundo tan complejo, independientemente de su condición, de su estatus económico. Seamos quienes, suceda lo que suceda a partir de ahora, aborden esta crisis desde otra mirada, siendo facilitadores de la construcción común de utopías disponibles. Seamos útiles. E iniciemos esta senda, por una vez, juntas.





por 
Carlos Candel
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sábado, 4 de abril de 2020

Gisela Marziotta sobre la suspensión de clases: "La escuela y los docentes son irremplazables y las mamás y papás no podemos cumplir ese rol"


Como madre de dos niños en edad escolar, la diputada y vicepresidenta de la comisión de educación sostiene los padres deben descomprimir la exigencia. Habló con Página12  de la importancia de mantener la regularidad de los chicos que no puedan cumplir con las tareas.



 “Yo creo que la escuela es irremplazable, los maestros y maestras son irremplazables y por eso las mamás y los papás no podemos cumplir ese rol”, dijo la diputada.  
La vicepresidenta de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados y diputada nacional del Frente de Todos por la Ciudad de Buenos Aires, Gisela Marziotta, reflexionó en diálogo con PáginaI12 acerca de algunas de las dificultades que trae para las familias con hijos en edad escolar la extensión de la cuarentena obligatoria para evitar el avance del coronavirus en el país.

 “Yo creo que la escuela es irremplazable, los maestros y maestras son irremplazables y por eso las mamás y los papás no podemos cumplir ese rol”, dijo la diputada con respecto a la suspensión de clases que comenzó el 13 de marzo y se extenderá, en principio, hasta el 13 de abril. En ese sentido, y como madre de dos niños en edad escolar, la diputada reflexionó que “los padres tenemos que descomprimir la exigencia que nos estamos poniendo sobre la espalda de querer reemplazar a los docentes, porque no se puede”. Luego agregó que “esta es una situación extraordinaria y hay que entender que la prioridad, tal como dijo el presidente, es la salud”. 

La vicepresidenta de la Comisión expresó que desde el Ministerio de Educación “se puede dar un acompañamiento, se pueden dar materiales optativos de trabajo para que los chicos estén en contacto con algún material acorde a la edad que tienen y a lo que deberían estar trabajando en el aula, pero eso no puede condicionar la continuidad o no del ciclo lectivo de ese niño o niña”. En ese sentido, Marziotta subrayó que le parece fundamental trabajar para que ningún niño o niña pierda la regularidad por no poder cumplir con las tareas que se brindan mediante las distintas herramientas tecnológicas ya que, detalló que “no todo el mundo tiene el alcance a los dispositivos necesarios o está preparado para hacer ese acompañamiento del niño o niña en sus casas”. 

“De por sí, el sistema de la cuarentena es opresivo. No tiene sentido, además, agregarnos nosotros, los padres y madres, y a los niños que también están encerrados, la exigencia o presión extra de tener que hacer cosas de manera obligatoria", reflexionó la diputada y agregó que para ella: "hay que hacer las actividades, si se puede, y si no se puede, no pasa nada porque la escuela va a empezar cuando el Presidente de la Nación levante la cuarentena”. Por otra parte, recordó que cuando comenzó la cuarentena obligatoria los alumnos habían iniciado las clases hacía tan solo 10 días y, según sus palabras, en ese corto lapso de tiempo “solo llegaron a conocer a la maestra y repasar algún contenido del año anterior”.

Todos los contenidos audiovisuales, recreativos y culturales que está produciendo el Ministerio de Educación son fundamentales, sostuvo la diputada. “Es importante que sean herramientas que los chicos tengan a disponibilidad y que puedan utilizar ellos solos, generando cierta autonomía”, apuntó, pero como madre de alumnos de la escuela pública en Capital Federal, Marziotta indicó que es importante resaltar que “no toda la gente tiene todas esas herramientas”.

Para graficar esa situación, que es la de muchas familias porteñas, la legisladora puso como ejemplo una experiencia personal que atravesó estos días de encierro con la escuela a la que asiste su hijo mayor. “Me pidieron que hagamos una tarea, que la escanee y que luego la mande por mail al colegio. El problema es que no siempre se tiene escáner. Yo, por ejemplo, no tengo y como no enviamos la actividad me mandaron un mail desde la institución diciendo que no podían hacer un seguimiento del desempeño de mi hijo. Ese tipo de cosas tienen que cambiar”, opinó.

Por último, la diputada remarcó la importancia de que se tomen medidas que vayan dirigidas a aquellos niños y niñas cuyos padres y madres están realizando trabajos considerados esenciales en el marco de la emergencia sanitaria. "Habría que pensar en algún espacio para que se queden estos chicos, ya que de otro modo seguramente se tengan que quedar bajo el cuidado de personas mayores, que son población de riesgo", explicó. 



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jueves, 2 de abril de 2020

Suspensión de clases: Cómo hacen los padres de distintos niveles económicos para ayudar a aprender a sus hijos


La educación a distancia que impuso el coronavirus implica una revalorización de la tarea docente. Los testimonios de los padres dan cuenta de que el ministerio de Educación ayuda, pero los adultos manifiestan dificultades para transmitir el conocimiento como se hace en la escuela de manera presencial.


El desafío de la educación a distancia contados por padres de distintas clases. 
Las madres de todas las clases sociales reconocen el rol que el ministerio de Educación desarrolla para que los estudiantes de todos los niveles puedan seguir aprendiendo en vez de tomarse este parate en las clases presenciales como vacaciones. Pero no es lo mismo vivir en un asentamiento de San Martín, en un PH de Caballito o en un barrio residencial de Mar del Plata. Las problemáticas son distintas y PáginaI12 recogió testimonios de familias de diferente nivel socioeconómico para que cuenten sus experiencias en este nuevo oficio de acompañar de otro modo la educación de sus hijos. Lo que queda claro, más allá de las distintas situaciones, es la revalorización de la tarea docente que suele ser mirada de reojo en tiempos "normales" por una parte importante de la opinión pública.

Costa Esperanza, en San Martín
Cintia Navarro tiene dos hijos en edad escolar, en primer grado y primer año del secundario. Viven en el barrio Costa Esperanza, en el partido de San Martín, en una zona de asentamientos ubicados entre el primer y segundo cordón del Conurbano. Los ingresos de la familia provienen de la economía popular. Integrante de una organización social, Cintia trabaja en uno de los comedores que hoy preparan viandas para los vecinos. Para aprender en casa, sus hijos están completando los cuadernillos que distribuyó a través de las escuelas de la provincia el ministerio de Educación bonaerense, más una serie de trabajos prácticos. La tecnología de que disponen en el hogar es un telefóno celular.

“Tengo dos chicos, Santino de 6 años y Bianca de 12. Los dos están trabajando con cuadernillos que fui a buscar al colegio, unos cuadernillos que mandó la provincia. A Bianca, que está en primer año, los profesores le encargaron además trabajos prácticos usando el celular, cuenta.
A la mañana trabaja en el comedor, armando viandas para los compañeros que trabajan en las cooperativas. Vive  en el barrio Costa Esperanza, de Loma Hermosa, en el partido de San Martín. "En casa vivimos mi marido, mi hijo mayor, mi nuera y mis dos chicos", relata.

"En casa, los más chicos están con mi hijo mayor, que se ocupa de hacerles el desayuno", dice Bianca.  Después, ella se pone con Santino para que haga sus deberes, A la tarde, vuelve del comedor y después de que meriendan se ponen a hacer otro poquito de tarea hasta que llega la hora de cocinar. "El trabajo es más con Santi, porque está acostumbrado a salir a jugar y ahora con todo esto tratamos de entrenerlo adentro", dice. A él le dieron seis fotocopias. A Bianca, que está en primer año, le dieron mucho más, entre el cuadernillo y los trabajos prácticos.

"En casa no hay computadora, pero mi hijo tiene un teléfono celular. Igualmente lo que tienen que hacer es completar los cuadernillos, que tengo que llevar completados el 31 para que cierren las primeras notas", relata.

Y agrega: "Si tenemos alguna consulta, hay un facebook en el que contesta la directora. Los profesores hasta ahora solo mandaron los trabajos, pero cuando los fui a buscar me dijeron que cualquier duda, el directivo iba a estar en el colegio y que las maestras tenían horario para ir al colegio y contestar las consultas".

"Yo hice hasta la escuela primaria. Para ayudar a la mayor, si hay cosas que entiendo se las explica mi hermana, que terminó la secundaria. Cuando vi todo lo que le pedían, le pregunté si cuando va al colegio le daban tanto. Me dijo que sí. Yo no creí que les dieran tanto contenido", se sorprende.

Santino estaba empezando primer grado. Está trabajando con las vocales, su nombre, el apellido, los números.
"No me parece tan grave la suspensión de las clases. En casa hacen todo, la única diferencia es que acá no tienen recreo. Después, todo lo que podían llegar a hacer en la clase, lo hacen en casa.
En ese sentido no le veo mucho la diferencia ni creo que estén perdiendo el año. Después, es como estar en el colegio, pero con mamá y papá", resume. 

Caballito: la tarea pierde contra la Play
Natalia Tróccolli es de Caballito. Sus chicos van a un colegio privado, aunque es una escuela que no cuenta con tecnología que lo diferencie de una estatal.  De hecho, indica ella, las tareas para hacer en casa están pensadas para resolver en papel. La presencia de los docentes se limitó, hasta ahora, a enviar las tareas que semanalmente los chicos deben resolver, en una casa donde tanto la madre como el padre hacen teletrabajo. 

"La escuela en casa cuesta. Por lo menos a mi hijo, que no lo ve como algo obligatorio... aunque a él le gusta hacer la tarea, de eso no me puedo quejar, el tema es convencerlo de que se siente. Tiene siete años,  lo que piensa es que está de vacaciones, todo es vía libre: la play, la comida... todo se desorganiza con esta cuarentena", dice.
Sobre la rutina de los adultos, agrega: "Mi marido está haciendo home office y yo también. Me pasa que hay cosas del trabajo que tengo que suspender para hacer la comida, o porque los chicos me demandan algo y luego termino trabajando más horas, porque todo se atrasa. No hay una rutina".

Respecto de la dinámica del colegio, dice: "Nos manda las tareas semanales. El tema es que la impresora de casa se quemó, entonces se nos está haciendo complicado tener las tareas en papel. La metodología del colegio no está tan buena, porque no permite que trabajen on line y no podés copiar en el cuaderno de los chicos la cantidad de cosas que les mandan. Hay cosas que hace a medias... la realidad es que yo tampoco me vuelvo loca, porque está en segundo grado. Trato, sí, de que practique... pero ¡qué se yo! No es tan fácil".

Su preocupación es que "los docentes no están en línea. El colegio puso algunos canales interactivos, donde los nenes pueden subir cosas, por ejemplo la maestra de segundo grado nos encargó hacer un escudo familiar en contra del coronavirus y subirlo a una página, pero no es en línea. De hecho, yo le subí la foto a la página y le puse 'hola seño, te extrañamos mucho'... ni me contestó. A algunos contesta, a otros no...". 

Se queja de que "el colegio de mis hijos es muy básico: no tiene mucha tecnología, no es doble jornada sino jornada simple, no está muy modernizado, más allá de que todas las informaciones sean por mail. Pero supongo que a los docentes todo esto los tomó por sopresa y están haciendo lo que pueden. Es mi primer experiencia con la escolaridad, porque mi hija menor tiene cuatro años, no tengo otros colegios con los que comparar, qué se yo".

Sobre los contenidos en tele, afirma: "De los recursos subidos por el gobierno a internet o la tele, algunos usamos. Vimos programas de TV y mi marido entró a la página web con el más grande. Igual, mi nene está en una edad bien complicada para la escuela virtual: toda la sala, todo segundo grado está en la play. Es así..."

Cuenta que "Nosotros armamos una rutina. Nos levantamos a las 8, y si fuera por él a las 8 y un minuto estaría conectado a la Play. Tuvimos que ponerle un poquito de horarios, que juegue de doce a una, porque si no...  y encima el Fornite que no me gusta mucho... pero también es que no podés decirle que no: si nosotros estamos trabajando, ¿él qué puede hacer? Está encerrado, no puedo entretenerlo porque estoy trabajando... y bueno. Esperemos que esto termine y vuelva todo a la normalidad".

Mar del Plata: "No es fácil lidiar con los berrinches y el enojo"
"Cuesta un montón porque las mamás no tenemos el vínculo pedagógico que tienen las docentes, con otro distanciamiento: venimos atravesadas ya por todos los conflictos que genera la cuarentena, los enojos y berrinches... generar un espacio para sentarse a hacer las tareas no es fácil" apunta Claudia Barrenechea, periodista de Canal 10, de Mar del Plata. Vive en un barrio residencial de La Feliz en el que todos tienen conectividad plena y acceso a la tecnología y puso tomarse licencia para cuidar a los hijos. Su hijo Iñaki está en primer grado de una escuela privada: "no había llegado a completar la adaptación al nuevo ciclo cuando le tocó, de sopetón, aprender en casa", define la mamá. Su estrategia es disfrazarle de juego gran parte de lo que tiene que enseñarle.

"Hay que regular el uso de los dispositivos electrónicos, que ahora están al alcance de la mano las 24 horas, y hacerlo lidiando con otras angustias, como que extrañen al papá, que es grupo de riesgo y como estamos separados vive en otra casa, o a toda la red de cuidados que formaban parte de su cotidianeidad cuando yo iba a trabajar. Ahora estoy en uso de la licencia que dio el gobierno para cuidarles", detalla.

"Creo que ni los docentes ni los padres teníamos las herramientas para abordar el aprendizaje en casa. Es algo que se va tratando de acomodarse sobre la marcha. Por ejemplo, estamos trabajando con una plataforma, de la escuela, pero que ninguno de nosotros sabe usar, entonces nos llegan los videos reenviados por otra familia, desde el grupo de padres en whatsapp. Con dificultad y a cuentagotas nos llegan videos, planillas con tareas, que nos piden que reenviemos por mail para hacer correcciones. Aula virtual no hay.

"En general, lo que mejor me funcionó es sacarme las dudas en el grupo de familias, en whatsapp sobre cómo resolvieron las tareas. Al principio nos mandaban todo para imprimir; yo, por ejemplo, vivo en un barrio alejado del centro de Mar del Plata y no tenemos impresora en casa. Imprimir las hojas para hacer las tareas era imposible, era ponerse a copiar a mano, pero los recuadros para completar eran inviables... y estamos hablando de un sector social en el que contamos con conexión a internet" sostiene.

"En casa, lo que trato de hacer es adaptar los conceptos que mi hijo tiene que aprender a situaciones de la cotidianeidad. Nosotros ya habíamos empezado a usar un almanaque para orientarnos en tiempo y espacio y después nos mandaron tareas vinculadas. También ejercicios de matemático. Yo trato de correr la situación de la evocación áulica y proponer con escenas más cotidiana la reflexión; por ejemplo cómo se mide el tiempo, o para que nos sirven los calendarios. Lo que veo es que tengo que sacarlo de la planilla para que preste atención. Le estoy dedicando unas dos horas por día a trabajar con lo que pide la escuela, aunque no todos los días. Trato de que pasen, disfrazadas, muchas situaciones de aprendizaje, como pedirle que me ayude a hacer el listado de lo que hay que comprar", detalla.

Lo cierto es que en todas las clases sociales, lo más probable es que la suspensión de clases por la cuarentena haya resignificado para los padres el rol de los docentes, no suelen contar con el apoyo de una parte importante de la opinión pública.




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miércoles, 1 de abril de 2020

Estamos educando a los niños y las niñas en contra de su propia supervivencia»


  • Yayo Herrero es una de las voces principales del ecofeminismo. Hablamos con ella para analizar la situación en la que nos encontramos, los retos que habría que afrontar en los próximos meses para que, tras la crisis sanitaria, se enfrente la crisis económica y social de un modo diferente a como se hizo en 2008.

Empieza la tercera semana de confinamiento, con medidas más restrictivas en este sentido, que intenta aliviar la presión sobre el sistema sanitario. Un sistema que se ha visto desbordado de mil maneras. Todo el país, todo el sistema, se encuentra en una situación similar. Hasta el 9 de abril solo podrán salir a trabajar aquellas personas que lo hagan en sectores estratégicos.
Yayo Herrero cree que es necesario plantear unas nuevas políticas sociales y económicas más cercanas a lo sociocomunitario, que permitan, entre otras cosas, una redistribución de la riqueza (para evitar que las capas sociales menos favorecidas no sean quienes paguen el pato de la crisis económica derivada del coronavirus). Para ella, entre otras cosas, la situación actual ha puesto de manifiesto cómo los trabajos de cuidados, invisibilizados y poco valorados habitualmente, se han tornado esenciales para sostener el confinamiento. Intentamos sacar algunas conclusiones sobre qué hacer para que no salgamos de la crisis actual como lo hicimos de la de 2008.

Parece que la crisis sanitaria está rompiendo ciertas costuras del sistema. ¿Cómo ves la situación?
La crisis sanitaria, del COVID-19, ocurre en un marco fuertemente tensionado. En 2008 se desencadenó la crisis anterior y la salida se basó en políticas de “austericidio”, en políticas de recortes de servicios públicos, del rescate y el mantenimiento de las estructuras financieras. En muchos casos, a costa de una precarización de la mayor parte de la gente.
Por un lado, el importante desmantelamiento de la red de servicios públicos: sanidad, educación, dependencia; y por otro lado, la fragilización del trabajo, es decir, que las condiciones laborales que ya eran frágiles, se deterioraron mucho más. Antes de las crisis del COVID-19 éramos un país con altas tasas de desempleo, con gran cantidad de empleo de baja calidad (ya sea por la temporalidad o por la parcialidad), personas que tienen trabajo pero son pobres, fuerte crisis habitacional con la generación de la burbuja, ahora, alrededor de los alquileres y un modelo económico que, estructuralmente, es tremendamente dependiente. Dependiente de energía del exterior, de materiales, también en clave alimentaria y basado en el monocultivo como el turismo que es tremendamente frágil.
La crisis llega en ese marco estructural. Por delante, nos encontramos que las emergencias no son solo las sanitarias. Hemos declarado la emergencia climática, todas las proyecciones del IPCC dicen que nuestras economías se van a resentir por la influencia del cambio climático. Y esa crisis económica que venía siendo anunciada ya desde hace tiempo.
Esto es importante tenerlo en cuenta para analizar y tratar de presionar para ver qué tipo de políticas públicas se ponen en marcha para afrontar esta crisis sanitaria del virus. Si la salida es parecida a la de 2008, pero partiendo de un punto más precario, mucho más frágil, lo que podemos encontrarnos cuando todo esto termine es una situación de empobrecimiento generalizado y precarización aún mucho mayor. Y, sobre todo, cuando los discursos de corte ultra derechista, o neofascistas van calando en algunos sectores de la población que cada vez tiene más miedo, o que pretende blindar de alguna manera su propia situación identificando un enemigo que es el otro, el que está fuera, ante el que se tiene que defender.

¿No crees que habremos aprendido algo con respecto a 2008?
Ahora mismo no lo parece. Desde la UE se han hecho discursos grandilocuentes sobre cuántos millones de euros se iban a invertir en medidas sociales. Pero, en cuanto rascas un poco, ves que buena parte de esas medidas son más bien de impulso y sostén del sistema financiero. Dar dinero a los bancos para que tengan liquidez para prestar a la gente para salir por la vía del endeudamiento.
No da la impresión, a nivel Europeo, que 2008 haya dejado un aprendizaje interesante, al menos, desde el punto de vista de las condiciones de vida de las personas. Quizá desde otros puntos de vista, desde los intereses de los grandes capitales, sí; no les salió tan mal y por eso pretenden reeditarlo.

¿Y en el ámbito más local?
Si miras dentro de nuestros propio Gobierno, lo que va trasluciendo son también tensiones importantes. Una parte que quiere mantener un poco el pacto de estabilidad, el déficit, la dinámica un poco más neoliberal de fortalecimiento financiero; y otra parte del Gobierno que presiona para intentar sacar adelante medidas como la mejora de las condiciones de los ERTE, o la prohibición del despido a partir de ahora por causa del coronavirus. O algunas medidas que esperamos como la suspensión de alquileres, aunque sea con una pequeña protección a los propietarios que tengan alquilada la casa y sea su único ingreso.
Sin estar satisfecha y siendo bastante crítica, desde luego me planteo qué pasaría en esta circunstancia si tuviéramos un gobierno digamos completamente neoliberal.

A pesar de las tensiones, ¿dirías que la sociedad está viendo que los servicios públicos se han convertido en algo esencial?
Ese es de los grandes aprendizajes de las últimas semanas. Tengo la sensación de que una parte importantísima de la sociedad, diría mayoritaria, de repente es consciente de lo importante que es tener un sistema sólido de salud pública que hace que cualquier persona, venga de donde venga y tenga lo que tenga, tenga el derecho y la posibilidad de ser dignamente atendida en un hospital. Independientemente de que en este momento, la lógica de recortes haga que esté teniendo que hacerse en unas condiciones tremendamente precarias. Hay una explosión de reconocimiento, de agradecimiento hacia todas las personas que trabajan en el ámbito de la sanidad pública, y no solamente: cuidadoras, empleadas domésticas, reponedoras, carretilleras, transportistas… de repende, nos damos cuenta de que una buena parte de los trabajos, que por cierto, están mayoritariamente feminizados y que han sido absolutamente precarios, despreciados, mal vistos, desprotegidos, cuando llega el momento de afrontar una cosa de estas, son los que no pueden dejar de funcionar.

¿Miraremos a esos trabajos de otra manera a partir de ahora?
Creo que mucha gente probablemente sí. Para mucha gente lo que haya después va a ser distinto a lo que había antes y el ver, de repente, este frenazo, muestra una fragilidad de todo el sistema económico tremenda y cómo nuestras vidas, al final, dependen de un cúmulo de relaciones poco sólidas, precarias, muy basadas en la lejanía. Que cuando caen o se desploman nos llevan a todos por delante.
Es muy interesante también, creo, en sociedades tan atomizadas como las nuestras, sobre todo en los ámbitos urbanos, ver cómo precisamente, la orden de aislarnos, de tener que encerrarnos y mantener la distancia social, ha sido el desencadenante de que mucha gente empiece a mirar por las ventanas, por los balcones, empiece a nombrar a sus vecinos, a preocuparse un poco por otras personas que están en el exterior de sus casa. Teniendo la conciencia de que preocuparte de otras personas va a hacer también que otros se preocupen por ti. Es como un reconocimiento de la interdependencia muy fuerte.
Esta situación parece haber dejado claro que la interdependencia es mucho mayor de lo que parecía antes…
Absolutamente. Son sociedades que están hiperconectadas por arriba, totalmente hiperconectadas en lo económico, en lo político y, sin embargo, en los últimos años se han venido atomizando mucho por abajo. Estamos en un momento de convulsión en el que muchas personas, de forma intuitiva, se ven obligadas a reconectarse rápidamente por pura súperviviencia, material y emocional también.
Vemos cómo el frenazo tan brutal de la economía se lleva por delante los empleos, la normalidad tal cual la conocíamos y, a la vez, paradójicamente, hace que la atmósfera sea respirable, que el agua esté más clara, que se reduzcan las emisiones. Y desvela, yo creo, el gran problema civilizatorio que tenemos, el de tener una economía que, cuando crece, destruye las posibilidades de seguir vivos de una forma digna, y cuando decrece, como ahora, con la lógica de poder que hay, decrece violentamente sobre las personas más pobres y vulnerables. Y creo que esa doble tensión, también puede hacer que muchas personas sean más conscientes de que salir de aquí requiere cambios profundos en nuestras formas de organizar la economía, la política y la vida.

Parece que la crisis sanitaria tiene que ver con la ingesta de animales salvajes, en este caso, el pangolín. ¿Hay relación entre esto y un sistema económico que empuja a las personas a buscar estas formas de alimentación?
Hay que ser cauta. Tenemos que leer bastantes más estudios antes de sacar conclusiones apresuradas. Dicho esto, lo que sí me parece absolutamente clave es el hecho de que la cadena alimentaria, y digamos, las atrocidades que se cometen en ella, son un factor de riesgo en la salud importantes.
Sabemos ya mucho sobre la presencia de pesticidas, de productos contaminantes, alteradores hormonales y endocrinos en algunos productos alimentarios, otros de consumo cosmético o cotidiano. Ahora, por ejemplo, todo lo que sale con el pangolín. Pero acordémonos de la encefalitis esponjiforme que la transmitían las vacas. Hablábamos de vacas que habían sido alimentadas con restos de proteína animal.
Obviamente el saltarse y el alterar ciclos y dinámicas naturales en muy poco tiempo (aunque estos no sean estáticos y cambien con el tiempo) genera distorsiones y consecuencias que no sabemos ni por dónde nos vienen.
Me parece interesante, según he ido viendo, varios artículos en diversas publicaciones europeas sobre la incidencia que tiene la pérdida de biodiversidad en la transmisión más acelerada del virus y en la llegada de esos virus a las cadenas más altas de las redes tróficas, es decir, que la desaparición de la biodiversidad hace que cada vez haya menos especies interpuestas entre los virus y mamíferos. Eso sí acrecienta la expansión de los virus y pandemias.
También otros elemento que salían estos días y que habrá que comprobar, que hablan de que la expansión del virus ha sido más dura en los lugares que previamente tenían un nivel de contaminación más fuerte. Algunos de los investigadores a los que he preguntado me han dicho que tienen que hacer estudios, experimentación. Pero obviamente, si tienes un virus que afecta en mayor medida a personas que tienen patologías previas o afecciones cardiorespiratorias; y vivimos en ciudades en donde la gente respira durante años aire sucio y los científicos nos han dicho que esto hace a las personas más vulnerables a las enfermedades caradiorespiratorias, obviamente, generar condiciones de vida, ya sea en los sistemas alimentarios, en el aire que respiramos o en el agua que bebemos que fragilicen y hagan más vulnerables los propios órganos y organismos en los que vivimos, acelera y nos coloca en una situación de mayor riesgo ante virus y pandemias. Que además, van a aumentar a causa del cambio climático.

¿Qué crees que deberíamos aprender de esta crisis socialmente?
Lo plantearé de forma general aunque esto tiene su traducción a políticas públicas de corte sociocomunitario. Creo que si asumimos y tenemos clara la conciencia de que esta situación de emergencia no es una cosa coyuntural sino que es una nueva normalidad, que es lo que nos está diciendo la comunidad científica queramos o no queramos escucharlo, necesitaríamos actuar en tres ejes distintos: apostar de forma clara por un principio de suficiencia.
Aprender a vivir con lo suficiente. Cuando hablamos de esto, quiere decir para todas las personas. Eso supone un cambio en los modelos productivos, en los estilos de vida y de consumo absolutamente radical. El segundo sería la cultura del reparto. Para que personas que están en situaciones tremendamente vulnerables, empobrecidas y precarias puedan vivir con lo suficiente, es necesario abordar la redistribución de la riqueza, y también de los tiempos y trabajos que hacen falta para mantener nuestra especie. Fíjate tú la cantidad de trabajo de cuidados que se ha desvelado como necesario a partir de esta crisis. Y, por último, y acompañando a los otros dos, una política pública basada en la precaución, en la cautela y el cuidado. Parece fácil pero es radicalmente incompatible con la lógica que defiende que hay que correr cualquier riesgo o sacrificar cualquier cosa con tal de que la economía crezca. Ese principio del cuidado, desde la lógica del reparto y la justicia para que todo el mundo tenga lo suficiente, supone una manera de abordar la política pública y la economía que está en las antípodas de las que tenemos en el momento actual.

Igual que el sistema sanitario se ha visto tensionado, el educativo también… ¿Qué respuesta puede dar el sistema?
Igual que una parte importante del coronavirus está siendo asumido por una parte importante de las familias. Es decir, más allá del sistema público de sanidad donde van las personas que están más enfermas, una parte de las personas que tienen síntomas como consecuencia de la situación de confinamiento, son mayoritariamente familias, que bregan con ello como pueden. Tengo la sensación de que por la premura y la rapidez con la que ha sucedido todo esto, parte de lo que está sucediendo ha caído directamente sobre el profesorado, que está asumiendo la situación como puede. Estoy viendo un compromiso brutal del conjunto del profesorado para intentar atender, hacerse cargo de una situación que se ha caído a plomo. Por mucho que quieras adaptarlo todo rápidamente, cae de sopetón. Cualquier persona que haya trabajado en educación sabe que es completamente distinto tener una educación presencial y que te sirvas de instrumentos informáticos como herramientas, a que todo esté en los instrumentos informáticos. Es una forma de enseñar y trabajar que ni se parece. La gente está haciendo todo lo que puede por asumir esa situación. Y luego, están las familias. Se dice que el virus afecta igual a todo el mundo y que no conoce ni clases ni nada. El virus probablemente no, pero sus consecuencias son marcadamente diferentes en función de tu posición de clase, de dónde se venga, de si eres gitana o paya, de la edad que tengas.
Cuando tú vives en una casa de 120 metros, tienes una buena conexión de wifi, una familia que te puede resolver una duda o te puede ayudar a organizar el cuadrante de tareas, estás en muchas mejores condiciones que si vives en una casa de 40 metros, no tienes conexión o es muy precaria y, además, tu familia no te puede echar un cable. La vuelta de tuerca la tienes cuando tienes profesorado que se encuentra confinado en su casa y a su vez tiene hijos e hijas; y que brega con esto como puede.

Las administraciones parecen no darse mucha cuenta de esta situación de dificultad y se ha dado por hecho que todo esto iba a funcionar…
Completamente. Creo que, además, se da por hecho que tú un lunes, has ido por la mañana al cole y el miércoles ya no vas y todo va a fluir y la gente va a seguir aprendiendo… A parte de la situación de los niños y las niñas, que no pueden salir a la calle, una necesidad básica como la de socializarse. De repente se ven separados de su entorno de compañeros de clase… es todo bastante marciano.
Decía la ministra que aspira a que por los menos los últimos 15 días puedan ir al cole y hacer alguna actividad de repaso. Pero, claro, me parecía poco para saber qué es lo que quieren que pase con el curso escolar y cómo se va afrontar esto. De hecho, en lo único en lo que hay un poco más de certeza es con la EVAU.

Desde Ecologistas en Acción habéis hecho crítica por la escasa aparición de la enseñanza sobre la emergencia climática en la LOMLOE. No sé si creéis que la situación actual pueda cambiar esto
Según la revisión que hicimos de la LOMLOE efectivamente nos parecía que se quedaba muy corta, sobre todo, por la declaración de emergencia climática que hizo el Estado. Es verdad que se introducía una asignatura obligatoria, pero en la que se quieren dar temas sobre sostenibilidad, coeducación y la perspectiva de género, junto a temas de educación para la paz… Nos daba la sensación de que se hacía un mix, con cuestiones todas ellas centrales, pero insuficiente. También observamos que la sostenibilidad, que se desarrollaba en esta asignatura específica, no estaba considerada como elemento que debía estar transversalizado en todo el currículo, desde infantil a bachillerato. Nos preocupaba. Aunque hubiese una asignatura solamente de educación para la sostenibilidad, que sería estupendo, esta tendría que ocuparse de desmentir o pugnar con muchas de las cosas que se estudian en las otras asignaturas.
Lo necesario, básicamente, es pensar en el conjunto del currículum desde la perspectiva de aquellos conocimientos, aptitudes, competencias, valores que las personas que se educan han de adquirir para poder desenvolverse en un futuro y sean capaces de entender las cosas que están sucediendo y de actuar frente a ellas. En ese sentido nos parecía insuficiente.
Ese trabajo hemos tenido ocasión de compartirlo con la ministra Teresa Ribera, que lo recibió de forma abierta, y sabemos que la ministra (Isabel) Celaá se mostraba abierta a hacer modificaciones durante la tramitación. Esperemos a ver, cuando se retome la actividad normal, si somos capaces de mejorarla un poco y vamos poniendo las bases para que el decreto de enseñanzas mínimas incorpore estas cosas con fuerzas.

Entonces ¿debería haber un cambio de valores en todo el currículo? ¿Tener más peso estos temas que hoy son subsidiarios, pero parecen más necesarias?
Absolutamente. Muchos llevamos trabajando desde hace años, también desde la FUHEM sobre el currículo ecosocial y la transversalización. No es que necesitemos solo ser conscientes, que es imprescindible, de que somos ecodependientes e interdependientes, sino que necesitamos una forma de aprender la economía, la física, las matemáticas, la filosofía, la tecnología que también sea consciente de esa ecodependencia e interdependencia. El problema es que cuando revisas, muchas veces, los contenidos básicos de ciertas asignaturas, estos adolecen de no ser conscientes de la situación de crisis civilizatoria que atravesamos. Ni siquiera son conscientes de hasta qué punto algunas de estas convicciones y conocimientos están en el corazón del problema y necesitan ser revisados desde otra perspectiva, simplemente para que chicas y chicos que están aprendiendo no sean educados en contra de su propia supervivencia. Es un poco bestia decirlo, pero es que es así. Estamos educando a los niños y las niñas en contra de su propia supervivencia y eso es terrible.


por 
Pablo Gutiérrez de Álamo
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martes, 31 de marzo de 2020

¿Cómo gestionar mejor los WhatsApp escolares? 3 efectos secundarios y 7 recomendaciones para evitarlos


Los grupos de WhatsApp de madres y padres del colegio pueden ser una buena herramienta, pero es importante pactar el qué, el para qué, el cuándo y el cómo del grupo.

Desde hace un tiempo hacia aquí al olor a lápices nuevos, a libros recién forrados y agendas por estrenar les acompaña la versión digital de los corrillos de padres, madres y demás familiares en la puerta del colegio: los grupos de WhatsApp. Los hay de muchos tipos y con dinámicas diferentes, y aunque ya llevan un tiempo con nosotros, nos falta aún aprender un poco de convivencia digital. La mayoría expresan un estado de ánimo general de amor-odio hacia esos grupos que pudiendo ser útiles, a veces pueden llegar a ser molestos o, incluso, contraproducentes. Por ello hoy nos dedicamos a los efectos secundarios no deseados y planteamos algunas recomendaciones para utilizar y convivir en los grupos de forma razonable durante todo el curso.


Vale la pena entender estos grupos como comunidades, espacios de interacción colectiva que, en función de quién esté incluido, la naturaleza que tenga y quién lo lidere, funcionará de una forma u otra. Y, como cualquier comunidad, se necesitan algunas líneas comunes de convivencia. Los grupos escolares de WhatsApp se pueden dividir en dos tipos: los primeros suelen abrirse como canal de comunicación oficial entre el centro y las familias. Suelen liderarlos los educadores (profesores, directores, coordinadores, entrenadores…). Los segundos y los más interesantes para hoy, son aquellos en los que sólo participan familiares. Empiezan como un canal ágil, rápido e informal y pueden terminar en grupos cansinos, sobresaturados y con faltas de respeto.

3 efectos secundarios
1.      El primero de los efectos secundarios es la rumorología y el caldo de cultivo que amplifica los malos entendidos y da vueltas al problema sin terminar de resolverlo. Imaginemos que hay algún problema con algún profesor o alguna asignatura en concreto: ¿tiene sentido que aquellos problemas de la escuela se queden cociendo en los grupos sin que lleguen a dialogarse con las partes implicadas? Probablemente no. Porque además, abre la puerta al segundo efecto colateral.
2.      Interpretaciones y triples lecturas: la comunicación en directo y presencial nos permite comprender el mensaje en su complejidad, esto es, captamos lo que se dice pero también el cómo, en qué contexto y con qué emoción nos hablan. En WhatsApp, por muchos emoticonos o aclaraciones que pongamos, los malos entendidos y el malestar innecesarios acaban siendo más abundantes de lo que desearíamos. Los audios pueden solucionar eso, pero restan agilidad y discreción a los mensajes escritos. Hasta aquí, podríamos decir que son cuestiones comunicativas, pero hay un efecto secundario silencioso y preocupante a la vez:
3.      Es muy común que los adultos se conviertan en agenda y los salvavidas de los hijos. Por ejemplo, cuando la circular de la próxima excursión no ha llegado donde tenía que llegar y por tanto no sabemos si hay que llevar comida o la hora de salida, o bien cuando se dejan el libro en el cajón o la taquilla pero pueden hacer los deberes gracias a las fotos de alta resolución que circulan para los despistados. También existe la versión post-entreno en la que los padres intentan localizar los calcetines perdidos.
Podríamos considerarlo la versión digitalizada de cogerles la mochila para que no la carguen. Ahí estamos evitando que se hagan responsables de mirar su agenda de tareas, de organizarse, de decidir qué deben llevarse y cuándo. En definitiva, les lanzamos un mensaje de “sois peques, no podéis” pero sobre todo, les impedimos que experimenten las consecuencias de sus actos y les arrebatamos la oportunidad de aprender de ello.

7 recomendaciones
A continuación proponemos algunas recomendaciones para cuidar esa convivencia digital en los grupos de WhatsApp escolares, pero extensibles a cualquier grupo de virtual que tenga por objetivo ser un canal de comunicación informativo, práctico y multitudinario.
1.      Comentar previamente la necesidad de crear un grupo, acordando qué personas incluir. Informar antes y pedirles permiso para añadirlos.
2.      Consensuar y explicitar al inicio la finalidad del grupo (p. ej. “avisos cole”, o “Equipo de hockey”), etc. Suele ir bien un mensaje inicial donde conste para qué sirve el grupo.
3.      Usar el canal estrictamente para los temas acordados y no aprovecharlos para volcar informaciones de forma masiva (evitar reenviar cadenas, memes…).
4.      Abrir grupos temáticos cuando surja la necesidad con las personas interesadas únicamente. Por ejemplo para hablar de los regalos a profesores u organizar la salida de familias, o un canal exclusivo para bromistas.
5.      Responder sólo cuando sea necesario, con la máxima brevedad y evitando añadir informaciones superfluas.
6.      Limitar la circulación de fotografías de los menores (a no ser que se tenga consentimiento expreso de todos). Por ejemplo en los festivales de final de curso, excursiones, etc.
7.      Consensuar unos horarios de uso del grupo, para evitar el bombardeo constante de notificaciones.
En definitiva, ¿la clave? Pactar y negociar con los integrantes del grupo el qué, el para qué, el cuándo y el cómo. El consenso es la única manera de favorecer un sentido común compartido y corresponsabilizar a los que forman parte en su mantenimiento.



Autora
Liliana Arroyo
Fuente
https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/20/como-gestionar-mejor-los-whatsapp-escolares-3-efectos-secundarios-y-7-recomendaciones-para-evitarlos/
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